Mochila de venturas

Jorge Botella

A los y las profesionales
que restablecieron mi salud.
 

1

La frontera radiante de la luz
del oscuro sanguino
al fulgor que destella los encantos
con que caracteriza
la existencia el desnudo de sus cuerpos
asombrosa
se introduce
inundando la mácula del ojo
que a la vida despierta.

Titubeo de párpados
custodiando las vírgenes retinas
que atrevidas ansían retener
lo que fuera del nido
con misterio
en figuras y formas se prodiga.

Alternancias
para ver y mirar
con dormir y soñar las fantasías
aprendidas,
apretando la mente sensaciones
que desbordan
la indiciaria instancia del saber.

Pertinaces
las imágenes
resplandores reiteran
alumbradas del sol
que el dormir reemplaza,
y desconsoladoramente huyen
cuando el manto nocturno la luz ciega.
 
 

2

Destacada figura la que actúa
y su gesto protege
y su mano acariciando
al venero que nutre acerca el labio
de su boca.

La sensible facultad
de gustar del pezón el tibio humor
segregado
significa el amparo
que los cuerpos se ofrecen
y el cobijo a buscar en el contacto
de la piel
que el calor rememora
del albergue
en que ayer se formó.

La caricia aproxima el cariño
deseado,
la tutela precisa,
el cuidado aceptado,
y rehuye el temor que se sostiene
al saludo espontáneo
de los gestos insólitos.

El apego entre cuerpos
como ley establece de la especie
la experiencia del tacto
que enardece
los sentidos y aplaca el desconsuelo.
 
 

3

Despojadas
las palabras de sentido
para quien por primera vez percibe
los susurros de un son
amistoso mimando sus oídos
en el timbre
en el tono
se encarece de aquel el afectuoso
ignorado mensaje
de esperanza que inspira.

Distinguir en la oscura soledad
el amparo guardián
del runrún habitual
es alivio
para fiar a la paz el transcurrir
del monótono tránsito del tiempo
en que se ha de crecer.

Acobarda el silencio que pregona
el olvido,
abandono del hálito custodio,
asentismo del próximo debido,
aislamiento,
nulidad.

Reclamar atención a su lamento
reivindica sonoro
de la cuna
la amargura de un llanto
indomable
por blandir sus conquistas.
 
 

4

Sostenerse y andar como uno más
el primer objetivo en pundonor
a lograr en la vida.

Disponer a capricho de la magia
unos pasos
que a la lógica niega
la mecánica
de los cuerpos erectos.

Equilibrios que enseñan
lentamente a caer y levantarse,
a dudar y confiar
en las fuerzas posibles para dar
por segura la libre independencia
que vislumbra la mente.

Liberar ataduras naturales,
descubrir actitudes escondidas,
alcanzar los primeros desafíos
entusiasman a ser
a crecer
a saberse gestor
del dominio posible.
 
 

5

La simpleza del ruido
con la cierta armonía de la voz
rivalizan
en misterio
para quien los vocablos permanecen
despojados de signo
desvestidos de efecto
pululando en la acedia existencial.

Ilumina la mente el captar
la ilación entre signo,
la palabra,
y la cosa o la acción que significa
si redunda la réplica
como fin del mensaje.

La costosa tarea de formar
los fonemas
lentamente aproxima el balbuceo
subjetivo de hacerlo,
que permite expresar
los deseos,
con el tardo progreso articular
de lograr un perfecto entendimiento.
Qué feliz ingresar al colectivo
de una lengua
que concede entenderse,
que nomina al objeto,
que titula el sentir,
que conjuga los tiempos,
que en el diálogo ilustra,
que humaniza,
que propicia el pensar.
 
 

6

Cuando bailan los frutos del sentido
en la mente
abstrayendo la esencia deleitosa
aparece
la pasión por el juego
recreando en un mundo personal
ilusiones factibles en las cosas
encubiertas
al desdén racional.

Universo infantil
centinela de ensueño y fantasía,
ideal,
fundamento acertado del futuro
desarrollo intuitivo del espíritu
para ser
pasajero de vuelos imposibles,
orador del silencio,
exquisito,
soñador.

Apreciado juguete,
inicial compañero de intenciones,
desahogo de amarga soledad,
confidente leal,
consolador.

Animadas imágenes
replicando el recreo de la vida,
seduciendo por horas la atención
a muñecos
a mascotas
a encantadas figuras con poder
de atracción infinita
que encandilan los ojos de ilusión.
 
 

7

Asociarse,
talismán pensamiento de la masa
que el humano no excluye
y su entraña profunda manifiesta
en el pronto del niño
al igual arrimarse y conjuntar
de sus vidas el gusto preferido.

En el tira y afloja
de a lo propio sumar la compañía
de los juegos ajenos
la amistad sin saberla se persona
en el cénit del alma emocional
anidando
la experiencia recién amanecida.

El recíproco roce que cautiva
sucesivas mañanas
se pervierte por la ira y el antojo
infantil
del envés de una tarde de alboroto,
que enmendar del sosiego del reposo
necesita
para ansiar la rehuida relación.

Amistad,
promoción del complejo matizar
la importancia del yo
que por horas se impone
al nosotros
y por días se relaja estimando
lo plural que mitiga
la sutil soledad.
 
 

8

Al asalto de números y letras
del abstracto cajón
de enigmáticos signos
se aventuran los niños en la escuela
entre dudas
si porfiar por saber
o añorar la envoltura de los mimos
que le daban los suyos en el limbo
infantil.

Penetrar en el túnel del deber
invariable subyuga al pequeño
y al mayor
al rigor de la rutina,
madurando
la conciencia de ser
del destino dominio inapelable
en el tránsito mágico de un mundo
de venturas.

En los modos se muestra cada cual
entusiasta del juego de aprender,
reticente al esfuerzo,
perezoso,
sufridor de un pupitre
cuyo corro de rostros
desconoce.

Convivir desatranca los pavores
infantiles que infunde el severo aula
hasta que insta fecundo hogar en ella,
donde más se disfruta
que se sufre,
donde más se suscitan ilusiones
que temores,
de todo aprendiendo.
 
 

9

Transparencias,
sinsabores,
percepción inaudita,
escrutar los rincones corporales,
aflicción sensiblera,
encontrados matices en el gusto,
vehemencia,
parapetos,
soledad.

Impetuoso avivar de la conciencia,
agitada premura adolescente
por sentirse
conductor de la propia existencia
cuando aún
la experiencia adolece
los vaivenes de la indefinición.

Pubertad indecisa
de aflorar los triunfos morfológicos
de los jóvenes cuerpos
que se codician debidos
con retardo
por el lento correr de los hostiles
marcadores.

Precursora refriega con el tiempo,
de las más que tendrá el calendario
de la vida,
que encandila el latir del corazón
explayándose el ansia por probar
lo vedado
lo prohibido hasta ayer
con arcano
para que hoy a escondidas
gratifique el honor de disfrutarlo.
 
 

10

Descubrir del amigo o en la amiga
un destello de brillo
singular,
una forma perfecta donde había
uniforme y formal composición,
fascinantes maneras de captar
la atención
a la vista ignoradas
cuando como uno más
ambos se eran.

Sugestivos detalles que entusiasman
persuasivos
el afecto
la pasión despertó
donde ayer la mirada observaba
inocentes siluetas.

Como imanes
encaríñanse cándidos sus cuerpos
conquistados de un mutuo sentimiento
desbordado
de deleites recién apetecidos
por un tacto
que transporta del juego y pasatiempo
al jardín del amor.

Terciopelo del mimo,
carantoñas de pana,
en la seda los besos,
abrigados abrazos,
agasajos de cuero.
Instruyendo el sentir lo que a la espalda
de la escuela se aprende
al vivir.
 
 

11

Desapego a la madre,
desapego del padre,
desapego del niño que se fue,
de las sombras del gel adolescente
para alarse y libre poder volar
un espacio de frescas sensaciones,
de surgidas
experiencias al ser rector de un cuerpo
a la mar de los júbilos botado.

Entregar y adueñarse
el calor y la esquiva recompensa
entretiene el aciago itinerario
por las noches turbadas, imprecisas,
incapaces
de ofrecer la tersura
que perdura
sin doblez
en la ansiada amistad comprometida.

Retener la conquista apreciada
por la lucha invertida en derrotar
el desdén
de las ásperas réplicas,
de los hoscos patrones de distancia,
del recelo
cuando aún la frugal penetración
de las almas amantes
al descarte porfían inexpertas
de apresar
de la savia del otro el caramelo
complaciente.

Sinsabores y dulces golosinas,
aguardiente y licor paradisíaco,
el color disputando con el gris
al vestir,
madurando el amor de juventud.
 
 

12

Escoger
disyuntivos futuros del azar
a juzgar
a la luz tan escasa de una mente
primavera
inexperta del árido verano,
del otoño
decadente,
del rigor invernal.

Decidir la labor profesional,
el estilo de familia,
la cultura a inmiscuirse,
el paraguas que ampare la augurada
tempestad
predicada a los años por venir
por la coz de la actual generación.

Juventud es poder
poseer vigorosas las espaldas,
sostener avispada inteligencia,
ilusión insaciable,
certidumbre constante,
optimismo.

Con la luz que disipa las tinieblas
la esperanza destierra el desaliento,
los gigantes se tornan diminutos,
se evaporan las dudas
del camino a seguir
entregado al esfuerzo que tritura
los enredos
de la mente
en el salto preciso al porvenir.
 
 

13

Lucidez
para idear a la madre de los hijos
para idear de los hijos al papá,
sensatez y paciencia
para amar el valor,
la virtud,
la manera de ser condescendiente
a la vida en común;
quien escuche,
quien concuerde,
quien infunda
lucidez al espacio por morar.

Lo inmediato se capta en lo sensual
que seduce,
el trasfondo resiste disfrazado
a mostrarse cual es por prevención
a quebrar la expectativa del éxito;
comodín de socorro
decisivo será la inteligencia
en el par a evaluar.

"Quien arriesga consigue"
se perfila en el ánimo amador
atrevido a vencer dificultades
y obtener su objetivo
de en futuro engendrar,
atender,
proteger,
en la noche velar,
vigilar en la pena,
educar.
 
 

14

Dominante,
responsable
y feliz de poder determinar
el destino ideal
en un marco de libres relaciones,
de atractivas vivencias
enfilando proyectos laborales,
ilusiones de amor,
descubriendo rincones en la Tierra;
sin descanso soñar,
sin descanso vivir,
sin descanso gozar.

Sucederse de auroras exigentes,
de mañanas a ritmo abrumador,
sobremesas urgidas,
extenuantes jornadas cuyo fin
se apetece
para holgarse en la noche que resarce
la fatiga
el agobio
la presión del deber encomendado.

Lo mejor barajado rato a rato
con el rígido examen
del recelo social que dictamina
tolerar el nivel de madurez
alcanzado
para estar en el lado favorable
del afán.
 
 

15

Tobogán del vivir sin vuelta atrás
cuando el límite cierto del hacer
lo decide la plata disponible
en el bolso,
la salud,
ataduras del alma,
la pasión por el riesgo
o el azar caprichoso.

Aventuras
para henchir el montante de la saca
de experiencias
que el neófito ha de conseguir
para andar con firmeza, con finura,
con cautela y con tino en el parqué
pateado durante muchos años
del experto
que también prosperó a base de hábiles
correrías.

Afianzarse
en la fuerza y constancia
del tirón que del alma hace un cuerpo
saturado de vida
excitado de asir resoluciones
que meneen la atmósfera anodina
del desdén
a las joyas ocultas
que revela la osada juventud.
 
 

16

Hay venturas que besan como el viento
y venturas que atrapan cuerpo y alma
como pez en la red
por los días eternos de la vida.
De las más absorbentes,
de las más hechizantes: madre ser
para el hijo,
para la hija.
Relación intimista,
personal,
permanente en el roce cuerpo en cuerpo
que motiva la mente con pasión
inaudita.

Regalada experiencia la del hombre
de saberse del hijo autor genuino,
responsable de haber puesto su parte
para hacerle existir.
Amistad singular en el futuro
a forjar
en la entraña social,
en el círculo crítico del auge
de la idea
esencial del destino.

Conformar en pareja
un conjunto de tres
descoloca de algunas pretensiones
del pasado inmediato
cuando siempre uno mismo la razón
se otorgaba.
Con los hijos arriba un nuevo tiempo
de matiz especial
que corona
y a gemir desafía
en angustia
o emoción.
 
 

17

Vendaval de deberes:
trabajar en el tajo,
el afán de la casa en su decoro
y atender a los hijos
si el dinero no alarga
para a quien contratar y que socorra
a llevarlo
cuando el hábitat ciudadano esquilma
la porción principal de los salarios
que al hogar se devengan.

Medicina el asueto
del casual escaqueo del deber
postergado
para urdir un escape
de relajo si el cuerpo lo demanda
exigiendo
del agobio evadirse sumergido
en el ocio.

Excursiones mentales
conjugando el deseo de las artes
personales
con estar en recreo junto amigos
entrañables
o a través de parajes naturales
observando el color,
el olor,
los arrullos,
la caricia del viento,
el silencio de paz.
 
 

18

Afición a evadirse en el deporte
activando entre ardid
y agudeza
las propias aptitudes
de vigor  y energía,
con pasión en el jaque colectivo,
con afán incansable en el deporte
personal,
superando
la carencia de tiempo
despertando las fiestas
en las horas que duerme
el hogar,
asistiendo en la puerta de la noche
al gimnasio,
o entregando el descanso
que pudiera a la mesa concernir.

Afición a evadirse en el sillón
de la casa
del estadio
del café
observando emplear a los ajenos
deportistas su fuerza,
artimaña, tesón y agilidad,
al compás que del vaso se consume
el licor,
que las piernas se cruzan relajadas,
un cigarro se lía,
se conversa,
enardece la tez el forofismo,
se suplica ganar,
se detesta perder,
sin apenas gastar.
 
 

19

Descubrir horizontes singulares
cuando el sol ilumina
complaciente
un sendero ignorado
en la ruta del brío laboral
sugiriendo sonrisas vespertinas
en el ánimo torpe con que el alba
despertó la monótona jornada
de invernal nebulosa.

Superarse y sentirse
competente
para alzar la mirada y emprender
desafíos
que aguardaba el destino a ofrecer
cauteloso
de escoger en sazón al individuo
oportuno
que mejor respondiera.

La mirada situar en la atención
a lo más placentero que el trabajo
como causa
de un efecto de canje de servicios
retribuye
entre quien justiprecia
su labor por el fáctico bien
que entre el grupo social se disemina
protegiendo el futuro bienestar,
convencido
que el poder del dinero especulado
incitante a comprar
es estatus superfluo
incapaz de rendir felicidad.
 
 

20

Disfrutar del crecer de los pequeños
custodiando sus ansias de aprender
demasiado
y sentirse maduros,
el mayor
por poder alcanzar el pavimento
con los pies en la silla acomodado,
el mediano
por callar las primeras experiencias
que enrojecen la tez,
la pequeña
por argüir replicando
la opinión desusada del abuelo,
todos tres
por discutir el horario
en que ir a dormir.

Enseñar a soñar
a la luz que dibuja el matutino
quehacer
que evapora la sórdida pereza
y espabila
congraciarse en el épico deber
de acudir cada día
a la escuela
a empaparse de sabias disciplinas
que darán para hablar
presumiendo
del saber alcanzado.

Repasar los criterios enredados
con el hijo o la hija madre o padre
ilusiona con misma intensidad
al que aprende
y al que enseña
al fundir el acervo intelectual
al caer de la tarde
en familia.
 
 

21

Delicioso contacto de los cuerpos
al sereno reposo del hogar
como el agua ofrecida que alivia
del viajero la sed,
como el beso de paz
cuando no urge la guerra,
como el bálsamo aísla
la fatiga reunida
y enaltece
la pasión del primor
consentido.

Encontrarse
reiterando aventuras
asegura concordia al amador
implicado
sin sorpresa
sin asombro
sin temor
enlazándose lo íntimo con rito
habitual.

Mariposas de igual pigmentación
atesoran la cálida ensoñación
del dormir absoluto
que prosigue al amor gratificado
en la noche que calma
la ansiedad
de rozar los adentros portentosos
que confortan la mutua
conmoción.
 
 

22

Transcurrir primaveras
no consume
el amor a los hijos.
Si relumbran modales atrevidos
si se tuercen confianzas
si se alargan distancias sensoriales
el cariño se ensancha
en la bolsa del alma
que el transcurso del tiempo
configura en el ser progenitor.

A la espalda la carga
por ceder a los hijos los caprichos
que consumen sus ojos
que despiertan la gana de alternar
tan que crecen en carne y pensamientos
tan que envidian del otro la preciada
novedad
que reclamo y bandera constituye
del haber.

En la mente
el afán maternal de preservar
la inocencia
al poder depredador
de las sombras que ciernen su celada
sobre el ansia
con que el joven se apresta
a gozar las veladas alegrías
de la vida.

En la boca
la palabra que advierte
y el oído aguardando singladuras
que no arriban.
 
 

23

Confirmar a los hijos en valores
reedita la hazaña intelectual
de pulir la verdad
de asumir convicciones
de cribar ideales
en la edad que desnuda el sentimiento,
cuando afloja la cincha idealista
y el espejo refleja
en el rostro pragmático la estela
responsable
de constar el estímulo que se es.

Certidumbres cribar
desechando la fría nutrición
de la mente
y ceder a los suyos
el calor sustancioso de la idea
sazonada en los pasos
del deber,
la verdad
y el austero encuentro con el sosiego
interior.

Transferir andariego itinerario
como ruta prudente
de las muchas calzadas practicadas
en el ir y venir
traginando sentires de la vida
infumables,
consecuentes
y apropiados al alma en la busca
del consuelo debido por su hacer.
 
 

24

Inquietud de aprender
el saber resistido de atrapar
en el tiempo propicio del estudio
por la gana
de lo práctico
para ser suficiente
hilvanando
la razón con triviales argumentos
que restaban leal protagonismo
a la firme cultura.

La ignorancia que lastra la apropiada
opinión que se debe cada cual
espolea
la conciencia a colmar las oquedades
del saber exigible para aquel
que en los años adultos añora ser
respetado
valorado
encomiable en alguna disciplina
personal.

Trabajar los sentidos en captar
el vivir de las gentes distanciadas
por los mares
los desiertos
las montañas
divisorias de antiguo levantadas
preservando leyendas increíbles
que se antoja palpar
y testigo erigirse de ficciones
que los atlas predican
invitando a viajar.
 
 

25

Pegadiza pasión
de asaltar el tranquilo universo
del ajeno trajín
cotidiano
como sombra irreal
que vigila y edita
en la imagen impreso testimonio
de pasar
de pisar
el allá del allá
el jardín del reposo existencial
que se alcanza por libre voluntad
de elegir
desplazarse desnudo de rutinas
con ropaje de incógnito
entre arroyos y mar de multitudes
observando todo ojos
con tensión hormonal.

Colección de visitas
que concede al viajero pasaporte
de inquietante madurez
de intrigante actitud por conocer
diferentes modales de asumir
en la faz desafíos semejantes
a los propios.
El apremio del tiempo y la barrera
idiomática impide poco más
percibir
del sentir de los pueblos visitados.

Aderezo del viaje en la retina
permanece
el color
el calor
las inmensas montañas
los desiertos eternos
las auroras
los misterios nocturnos
el candor del recuerdo.
 
 

26

Tras la máscara
de persona feliz,
de tener encauzadas las venturas
del trotar
de los años idénticos sin más
sorprendentes señales
que el surgir las primeras plegaduras
en la piel
y el recurso a las lentes,
las congojas de un alma antojadiza
atropellan la paz
interior.

El deseo
de los juegos prohibidos,
refutados por la ética ajustada
al modelo de vida establecido
con los suyos,
se revela de forma impertinente
inquietando obrar
y no hacerlo
en la misma proporción
por pasión de holgar
por temor de perder
el dominio de sí tan arduamente
hostigado del fluir las coyunturas
que se van sin lucrar el regocijo
extraviado.
 
 

27

Agridulce sabor el paulatino
ausentarse del nido familiar
el bullir juvenil
de los hijos
convertidos en hombres y mujeres
afanados en frescas intenciones
despegadas
de sus padres,
despegadas
de su ayer.

Y los muros
encerrando silencios que conmueven
rememoran
los primeros días
de habitar en pareja,
pero ahora
su afonía trasciende por los poros
de una piel melancólica
oponiendo el sosiego
al constante reír de aquellos tiempos
de paredes desnudas
y sobrada alegría.

Del hogar sobreviven los rincones
de tejer los apoyos
a ofrecer a los hijos en susurros
de teléfono,
como quien paseara pensamientos
oportunos
por si alguno causara
el tirón del recuerdo
y el calor del abrazo rezagado.
 
 

28

Extraviadas las viejas amistades
en el curso de hollar encrucijadas
absorbentes
del deber,
o en volar a distantes paraísos
laborales,
o a inciertos pesares de parejas
malqueridas,
o al olvido indebido,
se restaña la ausencia
apreciando a personas sugestivas
sin la unión
sin el nexo de ayer.

Bienmedida amistad
la que forja el adulto encadenando
los caprichos y el gozo compartido,
sin hallar aliciente en la disputa
que la voz encendía,
la pasión alentaba
y exaltaba el afán
de imponer el enfoque personal
que eludía el respeto consecuente
al pacífico estar.

En la paz que se anhela
se desoyen
se sortean
se relegan
los conflictos menores
que inmerecen segar las pertinentes
relaciones que ablandan
el perfil ondulado del carácter
que ni al alma curtida
ni al confiado prestigio
les complace tener.
 
 

29

Ilusiones
que estimulen el ánimo
tan exiguas suceden
en el ciclo otoñal de la existencia
que la boda del hijo, de la hija,
como un rayo
encandila
la infeliz medialuz de la rutina
que abarcaba en sus brazos
el mayor proceder del día a día.

Se remarca esa fecha en uno y  mil
calendarios que el tiempo controlaran
con augusta ansiedad
de citar a los íntimos amigos
y posarles la nueva en sus oídos
como si algo inaudito aconteciera
que no fuera
de normal esperar.

Disminuye de peso la cartera
y se esfuma el ahorro
que el salir de los hijos de la casa
permitió
preveer para tales ocasiones
anheladas.

De los padres
el semblante reluce en sonrisa
maternal
del logrado objetivo
de concluir un trayecto
y dejar a los vástagos en sana
compañía.
 
 

30

Traspasado en la vida el ecuador
de optimismo
que predican actuarios atrevidos
a retar al destino,
se amortizan los tiempos consumidos
se computan los años permisibles
de salud
y si el ceño se frunce
es la duda quien reina en la conciencia
es la noche quien ciega la esperanza
de la fe
observada.

Existencia difusa,
vegetar de contrastes,
dirimir si guardar los mandamientos
de la carne
del espíritu
del reflujo social
que vejó la señal identitaria
en la cual
se creció.

Turbulencias mentales
al querer los contrarios imposibles
de seguir
de cumplir
de servir a la par
entre sombras y luces que se filtran
intrigantes
disputando el alivio a la razón
con fingidas verdades
con velados embustes
con manidas argucias que apacigüen
la rocosa conciencia del forjado
proceder.
 
 

31

¡Zancadilla a la vida sosegada!
Por la espalda a la mesa inesperada
se convida indolente afección
a quebrar la salud
que lucía el semblante
que escurría del cuerpo a la apacible
aventura de un alma
asomándose
al balcón
de la quinta decena.

Despertar de temores que atornillan
el ensueño a la dura realidad
del dolor,
del vagar la memoria en soledades
represadas,
del quebranto del ánimo
serenado tras años de apretado
pundonor,
del aciago pesar por la oquedad
inflingida al medrar profesional,
de la turbia infección de la esperanza.

Constreñir los desvelos de la mente
a matar el dañino mal que atenta
lozanías,
al intruso allegado a perturbar
los anhelos que ahora más preciados
se prodigan que cuando contemplar
las estrellas
no inspiraba un suspiro melancólico.

Rebeldía en el cuerpo,
inquietud del pensar,
jerolífico para la razón.
 
 

32

Madurez de otoño
apacible en el día
y de tardes de rojos horizontes
exprimiendo
biensabidos oficios de ganar
lo supérfluo
y gastarlo en rutinas imitando
cada rato la copa precedente
y el paseo
sobre la hoja canela que tapiza
del parterre la arena que pisar.

El frescor aliviando
el cargante recuerdo del dolor
ya concluido
robustece las ganas de vivir
agradables tertulias en que hablar
de cuestiones
reiteradas a diario para dar
solución imposible
al adusto pregón del devenir.

De la lluvia avenida en sensaciones
por la quiebra del son
que bailaba la vida,
en la noche
convalece
adherida al recuerdo la ternura
recibida, la réplica
omitida, la queja
ahogada y la audaz  composición
de la luz del allá.

Y por ello los árboles desnudan
en sus ramas las hojas
remansando la savia
en crecer para adentro
y afianzar la raíz al corazón
de la finca
que abrazó la niñez que se apreció.
 
 

33

Susurrante la voz inesperada
de la hija
a la madre revela con recato
la ventura
que su entraña le anuncia con caricias
intimísimas
de albergar el retoño deseado.

Sus miradas se hincan de alegría
por el hijo
que corona a la madre como abuela,
que auspicia
al hogar renovadas experiencias
del bullir
alterando la paz sobrevenida.

Al oscuro silencio de la noche
cuchichea
al marido su par la enhorabuena
sorprendiéndole
sin saber si le besa la traición
de los sueños
o los ángeles le hablan reventando
de la hija
el secreto rogado de guardar.

Al instante se abrazan los abuelos
conservando
el calor emotivo de sus cuerpos
sin mediar
baladíes palabras que distraigan
la energía
que se prestan fundiendo su pasión.
 
 

34

Sibilino se cuela un malestar
que ni mata ni hiere
pero embota la mente,
entumece los músculos
y a los huesos mohínos les aqueja
del esfuerzo
por la instiga del viento y la humedad.

Desagrada el trabajo acometer
esfumado el vigor
que los hábitos iban sosteniendo
con solvencia,
y por ratos aflige estar ocioso
con los brazos caídos
aguardando ansioso el inmerecido
alimento
que la vista desdeña inapetente
si el antojo no inquieta.

Estiradas se siguen las semanas
en que el sol evasivo
desalienta
de atacar la jornada nebulosa
con el brío
que el calor aportaba para alzarse
victorioso
a la luz de la aurora.

Conjetura
del invierno
de la vida
augurando el revés de los afanes.
 
 

35

Sin querer
a galope tendido
desemboca en la mar indefinida
el prestado transcurso de la vida
con la prisa
que de joven se urgía a las semanas
para ser domador de los requiebros
de un destino
demasiado nervioso de cumplirse
sin respeto
para el cuerpo que veja lo intrincado
del sentir.

El remanso del lago reivindica
la conciencia
que contempla el ir de las venturas
a la par de las aguas
que las mueven
hacia el fin convenido de alcanzar
sin sosiego
sin ternura
como objetos superfluos de un espacio
necesario de urgente renacer.

Disfrutar
el paisaje de la íntima
reverencia que ofrece
la nostalgia a los sueños por cumplir,
la arrogancia que cede
al humilde decoro de quien sabe
prometer en verdad,
la sutil conversión de lo precario
en granado nidal
de ilusión.
 
 

36

Enigmático irrumpe en la conciencia
un bosquejo futuro de la vida
de mayor
con su rango de achaques,
con el dato precario del dinero
que dará la pensión,
con la queja a quedar desatendido
de los suyos
y la mueca de olvido de la huella
personal
que pisó el vergel contemporáneo.

Se aposenta en el alma
sensación de lo frágil que se vuelve
la sustancia senil
por el simple transcurso de los años
de una vida medianamente usada
en medrar
lo que pronto se esfuma,
lo querido que espanta,
la cordura diluida en consumir
imposibles de dar continuidad
al retén de la dicha.

El pesar de las sombras venideras
en momentos
adormece los éxitos aupados
en volandas
por lo exiguo
que la estima conserva en la memoria
del enhiesto trabajo
de hilvanar a la historia los desvelos
invertidos
en casar el deber y la apetencia.
 
 

37

La solaz del retiro
desengancha sin pausa
la afición sostenida a la entidad
laboral,
la amistad consecuente del esfuerzo
compartido en jornadas extenuantes,
el afable dominio del reloj,
la cadencia a crear resoluciones
pertinentes
para encauzar derivas
sorpresivas,
el secreto fervor edificado
a la estima
personal.

La solaz del retiro
establece un después diferenciado
al vigor del carácter
dominando la inútil aflicción
por los humos ajenos,
por las vueltas al punto de partida,
por los vacuos adagios ,
por la suerte quebrada,
por el tedio baldío,
precisando regir el derrotero
de la mente
al sosiego del juicio convincente.

La solaz del retiro
recupera el estado de silencio
para oír el crujido del pesar
confinado en el alma
en los tiempos
apremiantes
en que todo debía demorarse
para el día propicio
que jamás se alcanzó.
No se estilan excusas
si las horas aprestan a pensar
los por qué que el ayer
ignoró.
 
 

38

A la par congratula y entristece
la visita del nieto
por nostalgia y por gozo.
Alborozo al llegar
en los besos y abrazos,
en las miradas y risas,
en los juegos y bromas,
con los dulces
y regalos
que embelesan la mutua compañía.
Amargura al partir por el silencio
que custodia
el recuerdo que deja
el amor compartido.

Melancólicos ratos recelando
de la torpe impericia
que atribuye a los padres en el rol
de pulir
a la joya que es
el menor.

Melancólicos ratos ponderando
el escaso periodo
del crecer del pequeño que poder
amparar,
pues el fin se apresura a liquidar
la potencia en declive
para ver
para oír
para dar con soltura las pisadas
que acompañen
el destino añorado para el nieto.
 
 

39

Atrapado el coraje que mantiene
el espíritu
en el sesgo que ataca la esbeltez
que lucía elegante
la persona en un tiempo precedente
sobreviene la duda
si exhibirse caduco para el duelo
de poderes
o dejar que se muestre transparente
la flaqueza que el cuerpo
le transmite.

Lozanía del alma cautivada
de la eterna
juventud
que desdeña los límites impuestos
por el paso implacable
de los años
a los juegos de antaño,
al matiz incansable de alargar
en las horas sin término la fiesta,
al reír contagiados de la broma
inocente
como niños de escuela,
a escapar sin destino por correr
aventuras
sorprendentes con ánimo insaciable.

Seguirán los placeres
en las calles
en las playas
en las barras de bar
en los corros de amigos no afectados
por la edad.
 
 

40

Los silencios que el alma no quisiera
escuchar
de las voces ausentes
de los suyos partidos para allá
de la vida
insinúan augurios en la frágil
existencia de quien
sobrevive
aguardando en vigilia su segura
soledad.

Importuna el olvido
carteado en tarjetas deleznables
mensajeras de dichas imposibles
de llegar.
Importuna el olvido
que denuncia el mutismo del rinrín
telefónico
que cedió de avisar.
Importuna el olvido
del tocar en la puerta los vecinos
pregoneros del pulso
del portal.

Imprecisos recuerdos reverberan
en la bóveda
de la mente
evocando las voces que mitigan
la carencia afectiva
acoplando escenarios
con los rostros
con las sombras
con los nombres
con las luces
con las suertes o esquivos infortunios
compartidos.
 
 

41

El reposo que aúpa el meditar
en la vida pasada
valorando
lo logrado y la opción alternativa
de ventura
que instigaron los sueños atrayentes
reescribe en las tardes de verano
la nostalgia
de los rumbos diversos que el azar
desechara
para dar a la historia aquella página
en vez de otra.

Azuladas memorias se entremezclan
con vaivenes en gris
inundando de lágrimas abyectas
unos ojos
que sancionan la culpa compartida
de quebrar la armonía
por la cólera
por la rabia
por las iras amargas que el honor
ilusorio
engendró.

Revirados recuerdos,
azuzando en la entraña a la conciencia,
en la noche
reinterpretan los logros del dominio
y a la luz
enaltecen los actos de servicio
que indulgentes salieron de las manos
en los días
generosos
que ofrecían agrado sin medida
al gestar
beneficios de paz.

Pensamientos que estiman el balance
de lo dado y tomado
y de cuánta ocasión desbaratada
que el destino prestó a negociar
condiciones de tregua
al sujeto paciente
que ahora se escabulle
temeroso
de saldar su ventura.
 
 

42

Al nublarse la luz ante los ojos
cercenando los ecos
que mecieron las últimas
esperanzas
se recoge la mente al interior
de su funda
desprendida
del sentir caducado,
del dominio,
del recuerdo,
en razón del fatal escepticismo
en que emigran los seres arrancados
de la vida.

Se diluye evacuado en la tiniebla
quien ni un punto ya ocupa del espacio
despojado del cuerpo
que le dio entidad circunstancial
habitando un planeta igual que él
destinado a tener
una historia compleja y limitada
a extinguirse en el tiempo
de su estrella
y abdicar su existencia
reducido a la nada.

¡O quizá renacer
en un modo de ser desconocido!
 
 

F I N