África
1
Con tu rostro de bronce.
Con tus dientes de nácar.
Con tu diadema verde.
Con tu ojos de noche.
Con tu talle esculpido.
Con tu colgante de oro.
Con tu paso ritual.
Con tu hijo entronado.
Con tu atrevido sol.
Con tu mejor mirar.
Con tu eterno trabajo.
Me enamoras.
Me enamoras.
 
2
La que los niños ríen.
La que las madres lloran.
La que la guerra diezma.
La que la hambruna azota.
La que la luz del alba redibuja es
La que el hombre abandona para salvarla.
 
3
De desierto dorado
y de océano azul aprisionada
mira al mar
la África marinera
traginando sin voz sus pensamientos.

Allá, enrojecido el sol se esconde
huyendo de lo visto,
invitando a la ruta del occidente.

Hay quien sobre el mar
le persige
mojándose los pies
mojándose los pechos,
cegándose los ojos del resplandor
prometido.

A los demás, la brisa
recupera sus esfuerzos
preparando la oscura
noche de los amores.

Y de un cuerpo partido
su sola alma
simpatiza
con la luz
que cae de las estrellas.
 

4
Entre sueños.

Entrañables tambores
con su son
jubiloso
para África reclaman
atención.
La mirada,
la sonrisa
y el juego de manos tantaneando
imaginan
su siempre retoñar.
El África que canta
y no llora
sus desgarros
alienta con sus ritmos sobreponerse
a la contradicción del corazón.

En la alejada noche su voz retumba
desvelando
el reposo
europeo.

5
La sabana infinita
y desnuda
por el rigor del sol
a fluir para la vida la lluvia viste y muda
cíclica a fecundar tanta ansiedad.

Paraíso animal ¡a cual más bello!
¡a cual más delicado!
orgullosos de ser
se temen y respetan
sabios en sortear
el peligro que acecha.
A la vista perdido, un universo
encantado
de vida a ras del suelo
oculta su armonía.

La sabana ardiente que el día excita
se relaja
cuando el atardecer
le arrebata la luz.
Se enciende el horizonte
y se apaga el amor
fuera del corazón
que el lecho enfervoriza.
La sabana en silencio
vela el sueño.
 

6
Al resplandor del sol
un mirar
interroga
a la osada verdad
que resiste la luz
que todo lo desvela.

Al resplandor del sol
esculturales cuerpos
en el hosco granito
esculpidos
desafían constantes
al fuego abrasador sobrevivir.

Al resplandor del sol
destacan los tocados en la mujer
que luce con orgullo
el color
que engalana un hogar
de esperanza.

Al resplandor del sol
adorable
desnudo crece un niño,
dos, tres, un grupo que
mano a mano hilvanando ensoñaciones
para el destino van.
 

7
Arrebatar le quieren
el duende a la mujer
que el amor amar le hace
y del hombre
igual la dicha espera
en el itinerario
de los besos.

Arrebatar el gozo
de ser la que más goce
al abrir la preciada
caja de las más íntimas
fantasías.

Arrebatarle ser en la pasión
que sostiene la vida
quien anime la llama
que reclama
del amigo el abrazo
cómplice del amor.

Mutilar la esperanza
y los brazos sumisos dejar caer
sin defender el cuerpo
que contiene
lo propio y personal de una existencia
que la naturaleza
sólo deja
que se viva una vez.
 

8
Densa la noche negra
que luz alguna presta
referencia de qué
asir, de qué amar,
de a dónde dirigir
los anhelos del alma,
los esfuerzos del cuerpo,
la inquietante ansiedad de edificar
un hogar renovado,
una patria ordenada,
un continente en pie.

Densa y baldía noche
de tiempo excusado para crecer,
de sólo conocerse
y mecer las ideas
de venganza,
rehusando alentar
los socorridos sueños
en que los puentes unen,
en que abrigan los puertos,
en que sacian las presas,
en que lo más adusto se regenera.
 

9
Extendieron la estera,
ofrecieron del té,
alargaron sus manos
al amigo
de ojos claros y rostro
arenoso.

Aceptaron al que era
como aquellos
que diezmaron su pueblo
portándolos
como esclavos
a medrar sus dominios.

Extendieron la estera para acoger
con honores de huésped las blancas manos
rebeldes a pedir
el perdón
que la generosa África
en silencio esperó.
 

10
La línea que contiene
a la mar
en su sereno límite horizontal
besa el rayo
que el sol del mediodía
posa en la imaginaria cintura de África,
ecuador de los designios.
Ortogonalidad
ejemplar
para engendrar la vida.
Origen ancestral,
cuna de los misterios,
continente que calla
y esconde los secretos.
 
11
Volé a buscar amar
más allá de mi nido,
traspasando fronteras,
islas y continentes
para encontrar amante
quien amara
el perfil de mi cuerpo, el alma mía
y mi entraña.

África me abrazó
y me hizo compañero
de su lecho.
Su gozo enalteció el interior
de mis venas.
Generosas caricias acompasaron
el yacer en su regazo.
Más amor del que cabe
en un cuerpo
hacia mí esparcía
con la ternura
que sólo puebla un pecho
dadivoso.
Al fundirme en su abrazo
nuestras carnes desnudas se desbordaron
una en la otra
como lenguas ansiosas satisfaciéndose
con la fruta jugosa.

Casando nuestra piel,
las aristas punzantes de un corazón
afilado
con que herir y escudarse
del hermano
rasgó mi alma
más que cualquier sangrienta arma mortal
me hubiera traspasado.
 

12
Dibujaste un poema
de color,
desposeído de voces,
sólo con color,
Las letras ausentes
las cubre el color,
describiendo la imagen
al son del color,
al juego de la sombra, contrasentido
del color,
en falso conjugando la metáfora
de cada color
y los íntimos ritmos
que inspira el color.
Metonimias la piel
de cada color,
las estampas proclaman
su propio color
y entonadas las flautas
silban su color.
Las síntesis abrevian
a un solo color
y en cada pleonasmo
rezuma color.
De África tu poema impresionó
el color.
 
13
Atalaya,
trono excelso,
cima de África.
Entraña de tierra aparecida,
reposado volcán, faro de plata
que orienta los caminos
de la extensa sabana.

Lazo de hielo y sol. Kilimanjaro.

Al alba revestido de ocres matices,
al día el refulgente
esplendor
de las nieves perpetuas,
entre sombras y rosa
cuando mudan
las luces de la tarde.

Lazo de luz y color. Kilimanjaro.

Fuente de los arroyos
y nube que refresca
el bosque tropical
que tapiza los pies de sus laderas.
Padre de los torrentes que se descuelgan
en cascada
de balcón en balcón.

Lazo de agua y de son. Kilimanjaro.

Laberinto de flores
sumergidas en la húmeda vegetación.
se miman y cubren enamoradas
de perpetuarse esquivas
al abrazo
del viajero,
novias del ave galán.

Lazo de alma y amor. Kilimanjaro.
 

14
Silencio, sol, arena
soledad,
camino, reflexión, identidad,
duna tras duna,
llano que sigue al llano,
extendido, igual, inalterado,
indefinido, nómada,
caravana,
hermanarse,
relente, té, luceros,
noche, eternidad,
cementerio, oasis,
espejismo,
sueño, paz.
 
15
A través de sus ojos
África te interroga
frente a frente,
sin esconder el rostro,
sin bajar la mirada,
no altiva, bien sincera, de tú a tú
se descubre
hermana del hermano,
amiga del amigo,
receptora del huésped
que a la casa algún ánimo
le atrae.
 
16
África en el latir del sentimiento
del alma que no acalla
la emoción,
el recuerdo de haber reeditado
la pasión de gozar
un envés de la vida
que detiene el morir
un algo cada día.
 
17
Expresar el sentir,
transparentar el alma
nada como la voz puesta en común
lo hace para un pueblo
cuando a coro
las gargantea se abrazan
en lamento,
alegría,
recuerdo o tradición.

El compás
enardece los pasos,
emborracha los gestos,
embruja las miradas,
retira los temores,
traba en un mismo ritmo recios y débiles
cuerpos, y los abuelos
que se van
bailan por los adentros.
 

18
Sol de soles
padre, señor y rey en el desierto
de un imperio sin sombras
en el que proyectar sobre la arena
uno a uno sus rayos inmaculados.

Quien asedia
al que asentar cobijo
busca bajo la sombra artificial
de un cándido tejido;
a quien reta
cruzar en su corcel
los tórridos destinos
del Sahel;
a quien un espejismo
encanta de vencer
el asedio del sol
siendo del sol vencido.
 

19
África, un valor,
joya en el corazón.
Te desean,
quiérente desnudar de las riquezas,
tu entraña de platino arrebatarte,
collar de sus codicias
de tu torso la piel.

Yo por tu alma te anhelo,
por la humana virtud de tu acoger,
por tu ánimo de espíritu al despertar,
por no dar la esperanza
por perdida,
por engendrar hermanos que se sostienen,
por velar el resguardo de una verdad.
 

20
África sé tú misma
siempre joven
vigorosa
estela desafiante evocadora
de ensueños
colorista
retina del recuerdo tic tac eterno
tiempo imperecedero
fértil alma gemela
de una naturaleza exuberante
medio sol exaltando el horizonte
ciega noche total
silencioso respeto al pensamiento
del amor
la hora del secreto.

Alba luz
cuando manda el espejo reconocerse
quien se es
qué forjar
a dónde dirigir los pasos
que construyen la historia
que se ama y desecha
en misma proporción.
 
 

FIN

Jorge Botella