ALMA DE VIDA, ALMA DE MUERTE
                                                                                                                           Jorge Botella
 

                     EL DIA

                                  1
 

¿A dónde vas ? con tu pequeña giba
y esa carga de hombros.
Rompe el velo de soledad
con que de los demás te has cubierto.
¿A dónde vas? con esos pasos tan cortos
en ese vano intento de descifrar
una amalgama de cruces en el pensamiento.
¿A dónde vas? escondiéndome el rostro
por haber sentido del cuerpo el golpear
a esa tu alma, a tus sentimientos.
¿Por qué ese tú ya no es un nosotros?
sólo pasó una noche, y al despertar
ese primer apunte de tu bigote al viento, 
marcaste la distancia que te deja solo 
buscando respuesta en tu intimidad
a un crucial descubrimiento :
sé que por primera vez sientes el peso
de ser dueño de tu propio cuerpo.

 

                                           2
 

Siete letras, tu Chantrea.
Es tu casa, el jardín y un perro,
son tus mejores recuerdos;
años de escolar aprendiendo,
tus amigos, tus juegos.

Siete letras, tu Chantrea.
Su aire, su cielo,
casas, campos abiertos;
tus primeros sueños, 
inspiración de tus versos. 

Siete letras, tu Chantrea.
Donde vas la llevas dentro
sin dejar que la olvide el tiempo;
límpido aire, suave viento
que conserva tu contento.

Siete letras, tu Chantrea.
Del deporte el alevín intento,
golpes que allí nacieron,
triunfos que tornan nuevos
engarzan con aquellos viejos.

Siete letras, tu Chantrea.
El amigo que partió al Cielo,
el atardecer color de fuego;
instantáneas de un momento
ordenadas en el revuelo.
 

                                           3


¿Cuál será tu lucero?
el que en la noche habla
y junto a ti acampa
compartiendo tus sueños.
Buscabas verlo
al clarear la mañana,
y según despertabas,
el lucero huyendo.
Solo, ante tu lienzo, 
con la imagen vaga,
sin captar la palabra
que te posó en silencio
- como un beso -
repleta y cargada 
del emotivo ansia
de causar reflejo.
Entre vida y sueño,
flota una imagen creada
sin perfil, nebulosa;
quien te tiene prisionero 
por sutiles amarras
de que atisbas y no hallas
como componerlo.
 

                             4
 

Te quiero recordar siempre 
con aquel traje azul,
- color de mar - añil fuerte,
que componía una luz
más en nuestra primavera ;
entonando con el cielo
que el sol, pasado a la espera, 
dejaba en la tarde abierto.
Y en aquel caminar juntos
- solos tú y yo - subiendo
olvidados del mundo
al camino polvoriento
a la derecha del río, 
vadeando la hierva verde
del prado y el tomillo
perfumando el ambiente.
Nos deteníamos sobre
el barandal del viejo
puente de madera noble
carcomida del tiempo.
A veces cubierta 
con aquel delantal 
cuajado de florecillas
casadas de par en par,
rojas, verdes, amarillas, 
que parecían bailar, 
en su juego de colores,
con tus ojos al trabajar
tus labores.
Y al revivir los paseos
que perdida la tarde
hacíamos por el pueblo
he renacido en la parte
que de mí poseías tú.
Te quiero recordar siempre
con aquel traje azul
- color de mar - añil fuerte. 
 

                                           5
 

Me han cargado sobre estas espaldas
un tiempo de más que no es mío.
Yo me paré a contemplar,
a saborear
la vida en un momento preciso; 
y dejé el mundo 
discurrir a mi alrededor
sin querer vivirlo.

Fueron endureciéndose las ideas,
- las carnes -
de tantos amigos, 
y se agrietó la casa, esa funda
que me dio cobijo.
Hicieron crecer la historia
añadiendo páginas al libro, 
esas hojas las llevará el viento
disipándolas en el olvido.

Yo conservo mis sueños,
un ideal
con hilos de espíritu en 
mi piel tejido,
con la misma ilusión 
que marca ese borde superior
de una adolescencia recién cumplida.

No quiero prender fuego al papel
que, para jugar en el teatro del mundo
he aprendido;
ni quiero cambiar los escenarios
que lentamente he construido.

Me han cargado sobre estas espaldas
un tiempo que no es mío.

Han hecho de sus vidas un calendario
que lentamente van ahogando
en un mar de deseos vencidos,
de días perdidos.

Me prefiero así,
anclado en esta edad joven,
tiempo de ilusiones;
independientemente concebido el mundo
sin llegar a alcanzar
el despertar de un sueño.
Con las pasiones alentadas
- fuego de guerra -
y conservando mi dominio.
 

                                           6
 

¡Cuántos versos vírgenes dejó el poeta en el aire prendidos!
Las mejores páginas de su cuaderno
- la vieja libreta -
están en blanco.
Cuántos gritos, cuántas voces dormirán calladas
hablándonos con su silencio de lo perdido.
Lo mejor de su pluma, de su intelecto,
su sensibilidad abierta,
sus mejores vuelos,
están flotando en el aire como un sueño.
Fue componiendo al tiempo que sus pasos agotaban el camino.
No escribió para nadie, no remitió ese verso, 
lo voló simplemente al viento.
¡Cuánto dicen los silencios de un poeta!
¡Cuánto habla su alma para dentro!
¡Cuanto dolor sin gemido apurado!
Cómo templó el artista su corazón herido
para verter algo humano en el recipiente Divino.
Se durmió con un cuarteto en los labios,
sin papel, sin necesitar espacio.
Solo,
con mil obras llenas de soledad en el vacío
esperaba cabalgatas de nuevos soles y lunas
con quienes trenzar su silencio. 
 

                                          7
 

Que solo está
el mirador de la abuela.
Sus ventanas, 
amarilleadas por la luz,
apenas si soportan
los cristales oscurecidos
al posarse el polvo
                    -¡de tanto tiempo!-
Cuántas horas pasó ella
allá, velando 
con la aguja en la mano,
a la cálida luz 
de la tarde cayendo.
Desde aquel mirador
vio crecer a los muchachos;
                    -¡qué pronto pasó el tiempo!-
los conocía uno a uno,
                    -sus virtudes
                     sus defectos-.
Los había sentido nacer 
al lado del médico;
les había enseñado las letras
en la única escuela.
Era testigo de sus amores
                       -los que volaron-.
Les despidió en silencio
mirándolos pasar 
con el equipaje al hombro.
Acompañó con su oración
aquel cortejo,
camino de la iglesia,
camino del cementerio,
mientras las campanas
golpeaban a esponsorios,
mientras las campanas
tañían a duelo.
Nadie pagó en el pueblo
aquel desvelo,
un día quedó el mirador vacío
gastándose en silencio.
 

                             8
 

Tú y yo seguimos
sumidos en esta embriaguez
de desdichas,
de miserias,
de revuelos en el alma,
mientras caminamos
con pasos falsos,
con la mirada caída,
con los sueños en falta.

Tu y yo seguimos
consumiéndonos, al tiempo
que lentamente se gastan las horas
que van pasando;
con una carga
que -porque la voluntad no puede-
soportan a duras penas
en un afán de equilibrio
nuestras piernas.

Tú y yo seguimos
sin avistar más allá
de este sendero.

Odiamos a un tiempo
ruido, silencio,
sol, tiniebla,
calma, viento,
vergel, desierto.
Odiamos lo que tantas veces
antes amamos;
y la mano amiga
que no abrió su puerta 
en el último momento.

Tú y yo seguimos,
sin recuerdo,
sin hogar, 
sin el abrazo querido,
sin los hijos de que fuimos    desposeidos.
Sólo nos queda
un suspiro de vida
y la sangre que se agolpa
con prisa en nuestras venas, 
que también quiere dejarnos
para volver a la tierra.

Tú y yo seguimos
sin destino,
pero así:
¿Hasta cuándo?
 
 

                        LA NOCHE

                             9


Confieso que al tener que pasar otra página,
siento morir mucho ese tiempo.
Ocho años,
lo que para ti es nada
a mí se me hace eterno.
Cuántos amores quedan escondidos
en los torcidos renglones
que fui escribiendo.
De cada letra seguirán prendidos
miles de latidos de corazón
fundidos en el recuerdo.
Cuántos silencios
llenarán los espacios en blanco
que nadie alcanzará leer.
Tú y yo allí estamos
sin que nada apenas sigamos siendo.

Muero.

He de pasar esa página
-ocho años-
y he de comenzar de nuevo a escribir.
¡Me da miedo!

¡Señor! Por qué no hiciste
que la vida sea un momento;
¿Por qué esos espacios necesarios de llenar
a un paso tan lento?
¿Por qué tanto misterio?
Tras las despedidas,
que difícil para el hombre comenzar de nuevo;
cuando sólo quedan recuerdos -vida muriendo-
recuerdos -atardeceres vencidos-
recuerdos siempre perdidos.
Pasar de página es más morir
que haber vivido.
 

                                        10
 

Cuando la realidad del día

que el sol dibujó en el espacio
se vierte
desprendiéndose de la luz,
todo se desvanece despacio, en silencio,
matando los gritos de ansia de vida
que en sus colores se envuelve.
En la noche, cara a la muerte,
has de tomar cuenta del tiempo transcurrido
saldando lo que cayó en olvido,
imposible de recomponer
a la tiniebla de un candil.
El engaño de los sueños.
En la apariencia de vivir
mueres anhelando pensamientos informes
que se escapan de las manos,
de la voluntad, del intelecto.
Quizá el niño llegue a prender
el fruto prohibido.
Quizá se reúnan dos amigos.
Quizá se junten dos amores
que desvanece el aire del amanecer.
En la noche, 
como detrás de la muerte,
nadie miente.
 

                                         11
 

 
Los espejos han callado,
no me dicen mi figura.
Los libros aherrojados
no me hablan.
El amanecer
no desemboca en la aurora.
Yo a la espera
en una antesala desnuda,
fría, muda.
Cesó el rumor del viento.
La estufa apagó su fuego.
En la esfera del reloj pararon las agujas.
El corazón quedó en silencio.
¡Ya no es tiempo!
Mis colores se enfriaron en los lienzos,
sólo queda espacio para el gris.
¿Quién enterró mis poemas 
bajo esa lápida tan fría?
¿Cuándo perdió la fuerza mi brazo?
Aquí, yerto,
confieso sin rubor que caigo vencido.
Sólo queda esperar la muerte
y la sentencia de su justo juicio.
 

                                        12
 

 
El calor de la muerte deshace el frío;
tendido en la nieve contemplo el cielo,
las estrellas me llaman a su mundo infinito.
La realidad se abre al entendimiento:
el mundo no es más que un sueño.
Nunca sentí tan lejos el vacío,
sin nada ni nadie
nunca fui tan rico.
 

                                        13
 
 

Si supieras
que desde la puerta de la muerte
no te envié estas letras
habrías sufrido.
Si las hubieras leído 
habrías sufrido.
En el dintel del tránsito
sólo queda espacio para la verdad.
Sostén la imagen del silencio
que compré con tanto dolor.
No quiero que llores
cuando sepas que me he ido.
¡Si la muerte, como el amor,
no hacen ruido!
Quiero partir
como la brisa
que apenas si acaricia lo que toca;
con el misterio del sueño de un niño,
que caliente,
hierve en la cuna.
He sido requerido 
y me voy con mi silencio,
sin tu reproche, 
sin tu aliento.
Prefiero callar
y guardar para mi alma toda la pena.
 

                                        14
 

 
Vencido en el cuerpo
traigo en el alma, supurando
tres heridas de muerte.
¡Madre! Busca algo que alivie mi suerte
y en su regazo recobre la calma.
Da vuelta a mi mano,
lee en la palma lo escrito:
caerás por otro más fuerte.
¡Madre! busca quien venga y desentuerte
este hechizo que tiene presa mi alma.
Se agotó el tiempo,
esta noche no romperá en día,
a la postrera batalla iré sin lanza,
sin escudo, sin yelmo, sin guía.
Me llegó un fin no esperado, que conocía.
 

                                           15
 

Prefiero morir como un poeta
a vivir como un caballo.

La ruina en la verdad
a la chanza y la mentira.

La agonía del silencio
al retal de la palabra baja.

El verso del alma
al renglón del entredicho.

El suspiro de la abuela
al lamento de la hiena.

El milagro del trabajo
a las rentas del burgués.

Prefiero morir como un poeta
a vivir como un caballo.
 
 

                               16
 
Pesa conmigo
cuanto he muerto hoy mi cuerpo.
No hables, concede un respeto,
es la hora del duelo que voy consumiendo.
Guarda silencio y quiéreme así
como un hombre siempre partiendo.
Despego una esquina el alma del cuerpo,
de este tiempo que inexorablemente mata el movimiento.
Un tiempo;
vamos cayendo por tiempos.
Humanos acotados
torpemente atados en tan finito espacio.
Agotamos un hoy
y creamos para un mañana
que no sabemos si será nuestro.
 
                      17
 
Cuando el imponente silencio
con que rodea la muerte
va callando los ecos del recuerdo,
quedas solo, desnudo de historia, desprendiéndote del hilo de voz
que te tiende el compañero.
Sin suspiros,
sin quebrantos,
ansiando lo eterno.
Se ahoga el movimiento,
se diluye el espacio
y en él dolor y sentimientos.
Tan de cerca la muerte no causa miedo,
es sólo un paso del alma
con el bagaje asido
en un hatillo apretado.
Atrás queda en testimonio
testamento y herencia.
Es tiempo de amar,
es tiempo del eterno presente.
 

                                        18
 

 
Se miran,
sentados frente al fuego
sin más luz que el cálido resplandor del leño.
Se miran
compartiendo su silencio
sin querer mostrar la pena que llevan dentro.
Se miran
perdonándose los yerros
sin romper el espacio que se marca entre ellos.
Solos
entre la tierra y el cielo
respiran un hogar que se va consumiendo.
Solos
gastaron hasta los recuerdos
mil veces descritos entre la realidad y el sueño.
Solos 
comparten su destierro
de lo que fue aquella casa en otro tiempo.
El la mira
y la ve partiendo 
y él agotar la soledad bajo este techo.
El la mira
y se ve muerto
posándole un nuevo dolor sobre su pecho.
Ella le mira
y ansía su deseo 
emprender la huida en el mismo tiempo.
 

                                        19
 
 

No hay como la muerte
para conocer la muerte,
caer tantas veces
bajo el peso del dolor,
bajo el peso del amor,
lentamente.
Haber de sustentar un golpe
para yacer en el vacío de los silencios,
y componer un nuevo aliento
con que alzar un grito
capaz de mutilar el miedo.
Supurar lucha
en los remansos del cuerpo,
sin bandera, sin batalla, 
sin mortal enemigo,
sin ser dejado huir
ni encontrarse a sí mismo.
Con la esperanza partida, 
las defensas del alma ajadas,
despojado de un espacio al cual asir
los requiebros internos
tronchados y sin vida.
Quisiera mamar un trago de mi historia
para recomponer la fuerza de mi brazo,
poder levantar los párpados
ver la luz del sol en mis pupilas
y a ti, que me miras. 
 

                                        20
 

 
No es morir dejar atrás lo más amado,
hogar, esposa fiel, amigos,
el huerto cavado con las manos,
camino abierto paso a paso;
contemplar el valle, el arroyo,
la sombra familiar del árbol.
Las esperanzas del trabajo, 
los silencios, el dolor contenido,
el desgarro por la pérdida del hijo.
No es morir dejar atrás lo más amado,
es preparar un hatillo el partir,
guardar en él lo más querido,
aceptar emprender un viaje
y mirar hacia el infinito.
 

                                        21
 

 
Abrir la ventana al patio iluminado,
y seguir sin ver.
Fundir la llama en los humildes candiles,
y seguir sin ver.
Prender los viejos cabos de cera,
y seguir sin ver.
Buscar en los cajones la vieja linterna,
el carburo,
el petróleo,
una tea,
y seguir sin ver.
Te has de rendir sobre el lecho
y seguir sin ver.
 

                                        22
 

 
La muerte la pintamos
rodeada de umbrías,
sin soles,
sin colores,
sin narcisos que se abran a ti.
La muerte la entonamos
rodeada de silencios,
sin clarines,
sin laudes,
sin baladas que te canten a ti.
La muerte la narramos
rodeada de misterios,
sin poemas, 
sin rimas,
sin sonetos que te hablen a ti.
La muerte la soñamos
rodeada de recuerdos,
sin jazmines, 
sin violetas,
sin amores que te besen a ti.
La muerte la probamos
rodeada de ruinas, 
sin abrazos,
sin amigos,
sin hermanos que te sigan a ti.
 
 
                                23
Vivo angustiado por ese ocaso ya próximo
de días y horas sumadas en un número que ignoro
anotado en el envés de un papel con siete precintos.
He de darme prisa por forjar en el aire
un historial que marque mi destino
al dar una cruz en la casilla de los pares.
He de darme prisa para enhebrar 
en un rosario de estamentos
los libros aún no sugeridos.
He de darme prisa,
he de sacar de la orza lo escondido,
he de vivir lo no vivido,
he de revelar lo íntimo.
Espera un poco hermana
que para mí los días han sido cortos,
acepta esta caricia,
y espera, hermana.
Espera al menos a que 
mis ojos vean,
mis oídos escuchen,
mis labios hablen,
mis manos palpen la costra de un mundo
que, esfumado junto a mí, no he conocido.
 

                                         24
 

 
La muerte será liberación
de las esclavitudes de mi soledad.
De cáñamo mortal contra mi cuerpo
las amarras fatales de un destino
sogan para mí este destierro.
Mi niña, mi hogar, mi pluma, 
aquella luz sincera,
palabras claras,
voces amigas.
Todo cuanto amé quedó a mi espalda
y hasta el aire que respiro no es mío.
¡Me ahogo en este exilio!
¡Dónde está la solidaridad de vuestras manos
que ayudarme prometieron!
¡Dónde estáis ahora!
Y en la hora de la muerte,
¿Dónde estaréis?
El retiro de un hombre
es para beberlo solo
a cortos sorbos, 
con la mirada perdida en el vacío
y el corazón abierto en el suelo.
¡Silencio! Silencio
para quien quiso
prender el fuego de sus venas
en los bastiones dormidos.
¡Silencio! Silencio
para acortar unos pasos
que abrieron nuevos senderos
y ahora yacen cansinos.
¡Silencio! Silencio hasta hacer callar mi alma.
La muerte será liberación
de las esclavitudes de mi soledad.
 

                   LA AURORA

                            25


Apaguemos las últimas voces, 
las últimas voces de la noche que se ahogan en la oscuridad.
Apaguemos las últimas voces, que los que velaron duerman
                                                   y que despierten los que
en la noche duermen,
los que duermen en los silencios sus penas.
                                   Redimamos sus penas
en los silencios del alba,
                           del alba que mata la noche de los espectros.
Repica una única campana
sin romper el silencio.
Repica una única campana en el interior de un cuerpo.
Repica lenta e íntima, declamando un verso,
                                                       un verso de bienvenida, un beso.
La alborada te acaricia, te recibe con un beso,
                                               un beso mitad frío
                                                                                 mitad ardiente.
La luz te va borrando la máscara,
                 la máscara de los ayeres.
La luz te va concediendo sus colores,
                                   tus colores de siempre.
Déjate abrazar de este aire fresco,
            de este aire nuevo que cubre tu desnudez con 
un velo.
Déjate abrazar y cubrir con un velo,
                           velo nuevo
                                                     velo terso,
                                                un velo que envuelve tu cuerpo
sepultando sus deseos,
sepultando sus recuerdos,
sepultando sus misterios.
Solo y desnudo enfrentado a toda la luz del alba,
                                      luz de sol,
                                            de sol creciendo.
Solo y desnudo enfrentado a toda la luz del sol,
prisionero sin cadenas
      sin rejas
      sin guardias
      sin prisión prisionero
                         prisionero del sol.
Alza la cara,
        la cara al sol sin miedo.
El fuego del horizonte no prenderá tu piel,
                                           tu piel que ya no es tuya
como nunca fueron tuyos los luceros que ya no contemplas,
                             los luceros que fueron amigos,
                             los luceros que la luz ha perdido.
Ya no tienes más, cara al sol, que un destino.
Ese destino labrado en roca viva,
         labrado golpe a golpe,
        día a día;
en los días dulces
y en los días de niebla difusos.
Un destino que separa el trigo de la avena.
Un destino que criba la suerte de tus días.
Despierta a los sueños estériles,
                                      tamiza,
                                      contempla,
                                      tamiza,
                                      contempla los sueños que puedes conservar en este alba, los sueños reales que puedes extender a la luz clara sin que
se mellen los perfiles de su contorno.

Tamiza y expón al sol tu misterio.

Repica una única campana
sin romper el silencio.
Repica a campo nuevo,
          de nuevos olores
                                        de hierbabuena, jara y romero.
Repica a campo nuevo en la mañana,
a nueva casa abierta al sol que nace
               al sol que puedes mirar de cara,
               al sol que no ciega tus ojos,
                         que no quema.
Repica una única campana
sin romper el silencio.
 
 

                                                      FIN