CLÁUSULA DE RESCISIÓN
 
                                                                                                                                                           Jorge Botella
 
 

Madrid, 1 de Agosto 2005

     Querido padre :
                              En primer lugar decirle que no me hago a la vida de no verles cada día. Europa es muy grande, pero para mí lo más grande son ustedes, mis hermanos, mi casa, ese pueblo entrañable que ha forjado mi corazón. Mi mayor triunfo será que cuando pasen los meses y los años pueda comprobar que ningún veneno ha embrujado mi cerebro y siga siendo mi cariño fiel a mis mayores.
     Desde que llegué a Madrid, todo han sido atenciones y parabienes. El tío Doj lo tenía todo controlado, de modo que no me he encontrado solo en ningún momento. Todo lo contrario, entre los periodistas, que no cesan de interesarse por mí, y los amigos del tío, que parecen me consideran su filón, todo son atenciones que te llevan y te traen, hasta el punto que en estos primeros días me han vuelto un poco loco.
     El tío me había alquilado una casa grande, con jardín, piscina, garaje, dos chicas y un cocinero. Había muchas habitaciones y en un local que antes había debido ser biblioteca había instalado un pequeño gimnasio; dice que para que me mantenga en forma.
     Después de estar unos días en la casa, porque era el único sitio que tenía para vivir, me he trasladado a un pequeño apartamento, donde estoy solo, con buenas vistas a un parque y con mucha tranquilidad. El tío Doj se ha enfadado mucho, pero yo le he intentado explicar que para qué quiero yo un cocinero y dos criadas, y una casa fabulosa e inmensa que parece diseñada para una película. ¿Para qué un coche si no tengo permiso de conducir? Además, en esta ciudad las calles están tan atestadas de vehículos que en algunas horas todos se paran y no pueden avanzar. ¿Para qué quiero un gimnasio en casa si el preparador físico me deja chafado y lo que necesito es descansar?
     El tío insiste en la necesidad de tener una casa de gran representatividad. Dice que es muy importante tener la apariencia de un gran señor y que nadie me tome a menos por venir de África. En esta sociedad -me repite siempre que le doy la oportunidad- la estima depende del dinero que uno aparenta tener. Yo le insisto en que he venido a jugar al fútbol, y él dice que sí, pero que es mi representante y tiene que velar por mis intereses. Se le olvidó añadir que son los suyos también.
     En cualquier caso a mí me parece que por muy alto que sea mi contrato no creo que justifique un derroche, y decidí trasladarme a este apartamento, que está suficientemente bien equipado.
     Lo que más me ha sorprendido es que está vigilado por policías todo el día, y hay cámaras de televisión en los pasillos. Yo pensé que en un país civilizado, como me habían dicho que era España, no se corría peligro, pero cuando ves tantas medidas de seguridad te acaba entrando el miedo en el cuerpo. Creo que es mejor temer a las boas que a las personas.
     Al día siguiente de llegar firmé con el club el contrato. Se ve que tenían prisa, como si les urgiera amarrarme o alguien estuviera necesitado de esa fotografía a mi lado.
     Ellos y el tío estaban empeñados que firmara por cinco años, pero como yo ya les había advertido desde Kinshasa que no firmaría más de tres, al final han tenido que ceder, aunque han negociado con el tío una posible renovación posterior, pero yo les he dejado claro que después de las tres temporadas yo quedo libre para decidir lo que quiera.
     Como ya sabéis, le prometí a Zenia que dentro de tres años volvería para hacerla mi esposa, y lo que pase después lo decidiremos entre los dos. Cuando comenté estas razones a los compañeros se quedaron extrañados de que haya entregado mi palabra a tan largo plazo, y sobre todo a que me sienta comprometido a cumplirla.
     En el contrato le han obligado al tío a incluir una cláusula de rescisión del mismo por importe de trescientos millones de Euros, algo así como el mismo importe en dólares. Deben de estar locos para pensar que haya alguien dispuesto a pagar esa cantidad para conseguir fichar a un hombre por pegar patadas a un balón, aunque lo haga con cierta gracia. Yo creo que estos europeos están un poco desquiciados. El tío Doj está muy orgulloso de que sea la cláusula de rescisión más alta de la historia del fútbol, y dice que eso me da mucho prestigio, pero cuando veo que con ese dinero se podrían hacer todos los hospitales que necesita nuestra región me da mucha pena, porque no vale más un gol que la vida de un niño.
     Aunque ustedes me digan que no, yo les mandaré dinero ara ayudar en casa con todos los gastos de una familia tan numerosa. Padre, si usted no considera razonable que un padre viva de su hijo, al menos lo tomará por mis hermanos. Creo que con lo que ganaré habrá para conseguir que estudien todos, y sobrará para ayudar a otros muchos. Padre, yo lo pongo en sus manos porque sé que serán, como siempre vi que han sido, las manos generosas que ayudarán a tantos necesitados. Mejor estarán los dineros ahí que en la bolsa de este hijo suyo joven e inexperto, a quien por hoy le basta con lo necesario para vivir y aprender.
     Del tío Doj, me fío muy poco, y aunque parece un felino para los negocios no quisiera mezclarme tejiendo asuntos comunes fuera de los estrictamente necesarios que me ligan a él como mi representante. Creo que los años que lleva aquí le han maliciado. De hecho siempre está dando vueltas al tema del dinero, y si a esto o aquello le puede sacar beneficio. Él dice que se ha convertido en un ejecutivo europeo, y que aquí las cosas se ven de otra manera. Yo sólo sé que ha perdido la alegría con que le recordaba y realmente parece tan triste como todos los demás, que viven de continuo angustiados, y no acierto a saber por qué ya que tienen casi todos los avatares protegidos.
     Algunos opinan que por eso el fútbol tiene tanto éxito y mueve tanto dinero, porque por un lado, se desfogan como espectadores de tanta tensión acumulada, y por otro, es algo que de alguna manera queda fuera de la absoluta previsión; con los mejores jugadores se puede perder. Yo creo que lo que les pasa es que en este deporte encuentran una reminiscencia de la pasión por la guerra. En cualquier caso lo que es cierto es que me encuentro metido de lleno en este apasionado mundo y que intentaré hacer lo mejor que pueda mi papel, eso sí sin olvidar que sólo es un deporte.
     Como prometí a madre, les tendré al tanto de todo lo que afecte a mis sentimientos, y a pesar de la distancia estas cartas nos mantendrán unidos.
     Espero con ansia las suyas, en las que espero recojan los sabios consejos del abuelo que siempre he estimado en tanto, y que aunque él no sepa escribir queda usted o alguno de mis hermanos comprometidos a transcribírmelos.
     Se ha hecho de noche mientras escribía. Mañana cono todos los días de esta pretemporada está anunciado un día de duros entrenamientos físicos, por ello me retiro a la cama a descansar. Mientras, duermo sueño con mi pueblo.
     El que les quiere tanto a todos :
                                                     Nimba.
 
 
 

Madrid, 14 de Agosto de 2005

     Mi muy querida Zenia :
                                        Las cartas con las que te me entregas son mi mayor alegría y fuente de ánimos para soportar los días de nuestra separación.
     Lo más duro de este destierro al que me ha llevado esta afición por el balón es el no tenerte a mi lado cada día. Echo en falta el eco de tu voz, la caricia de tus cálidas manos, la dulzura de tus besos, tu ánimo, tu comprensión, la inmensidad de tu cariño.
     Siempre te agradeceré que fueras quien más me animara a decidirme a venir hasta aquí, aunque con ello fueres, como me dices en tus cartas, quien más haya perdido con esta ausencia. Tanto como tú, mi corazón sufre y encuentra como único bálsamo leer y releer tus cartas, que me trasladan hasta el aroma de tu abrazo donde me quedo entregado cada noche contigo.
     En tus cartas me pides que te cuente de los amigos que voy haciendo. ¡Y de las amigas! Me dices ¿No me estarás celosa? A quien podría querer que me quisiera como me dices querer. Entonces, no tienes nada que temer.
     Ser un jugador famoso, del que se dice que gana su peso en oro no creas que te convierte de la noche a la mañana en un ser querido, en todo caso en un ser codiciado, pero nada más.
     El poco tiempo que llevo en este mundo civilizado me ha llevado a observar que aquí la amistad en una quimera, las relaciones las marca la conveniencia. No es raro encontrar a quien de su mejor amigo, con sorna, se complace en relatar un tren de defectos. Lo mismo que en nuestra tierra a veces hacéis las mujeres con quienes no consentís contar entre vuestros amigos, aquí se practica por igual entre hombres y mujeres; por ello tengo que insistirte en que aún dudo si puedo hablar de tener algún amigo. De los compañeros de equipo creo que tardaré bastante en llegar a hacerme una idea de sus sentimientos, porque a la misteriosa concepción de las relaciones entre estos europeos hay que añadir la competitividad, los celos y la envidia que reina en el vestuario, donde cada uno se cree el mejor.
     Es como se esta gente de aquí no hubiera llegado a entender que la unión es quien nos confiere la fuerza. Hablando con algunos de este tema me dicen que ese individualismo es un reflejo de la libertad, pero yo creo que tiene más que ver con la inmadurez.
     Pero todo esto al fin y al cabo no son más que impresiones de un recién llegado. Posiblemente cuando lleve más tiempo, llegue a descubrir que estoy equivocado, lo que no me desagradaría, porque estas formas de civilización me resultan tristes.
     He hecho amistad con Rut, una chica israelí que acude también a recibir clases de español. Ella es informática y está casada con un chico palestino. Se han venido a España porque sus respectivas familias les hacían la vida imposible por causas del enfrentamiento entre sus pueblos. De eso sí que conocemos tú y yo mucho. La gala de la tribu contra la que tanto nos queda por luchar. El día que superemos ese nuestro mayor problema África será mayor de edad.
     También he conocido a Marcelo, un madrileño que tiene con otros amigos una pequeña movida de enseñar a jugar al fútbol a los chicos que viven en los barrios marginales. Dice que lo hace sobre todo para que a través de la ilusión del deporte no se dejen atrapar en el mundo de las drogas.
     Cuando ahí en Kinshasa indagué por ver cómo era Madrid, todas las informaciones hablaban de una ciudad moderna. Una vez aquí me he quedado sorprendido con la existencia de barrios donde la miseria salta a la vista. Muchos son emigrantes que deben haber venido a buscar el progreso y se han chocado con la ruina.
     Bueno, el caso es que con motivo de que un día vino a buscarme al final de los entrenamientos para pedirme si quería colaborar dando alguna clase a sus chicos, Marcelo y yo hemos hecho buenas migas.
     Así que ya conoces a mis amigos: Rut y Marcelo. Luego a través de ellos he contactado con más gente de sus grupos, pero fundamentalmente con ellos es con los que mejor me llevo.
     No creas que el mundo aquí es como lo reflejan las películas que veíamos. Yo creo que hay dos notas muy distintas: que son mucho menos creativos y que viven confundiendo el como son con el como les gustaría ser.
     Allí en nuestro pueblo todo es mucho más natural, hay mucha menos falsedad, mucha menos hipocresía. Ahora, entiendo por qué, a pesar de todo, África engancha. Ojalá progresemos, sí, pero sin que perdamos esa manera tan nuestra de sentir.
     Se me ha hecho muy tarde escribiéndote esta carta, pero es como si te hubiera tenido aquí a mi lado mientras juntos reflexionábamos sobre estas cosas.
     Te quiero tanto, y me gusta tanto tu forma de ser, que quizá sea lo que me haga ver todo esto tan deficiente.
     Te querré siempre.
     Despide el día con este beso tu :
                                                      Nimba
 
 
 

Madrid, 29 de Agosto de 2005

     My muy admirado entrenador y por siempre maestro Arka :
                                                                                                Respondo a su carta en la que tanto se interesa por mí, para decirle que no estoy nada de acuerdo con que debo olvidarme de todo lo que he aprendido hasta ahora, vaciarme -como me decía- para llenarme de las maneras de hacer de los grandes entrenadores europeos. No estoy de acuerdo porque los esquemas tácticos con los que ha hecho de mí un jugador, son excepcionales.
     Desde los primeros partidos ha intentado mantener las ideas fundamentales de sus enseñanzas, han dado muy buen resultado, y todos dicen que soy un gran creador en la cancha.
     Aquellos elementos básicos que nos fue metiendo como esquema elemental del juego aquí no se practican; quizá porque más que equipos de escuela son conglomerados de figuras que cuesta un mundo entero articular.
     Aquellos esquemas de que la cancha es un rombo y no un rectángulo, porque tiene dos vértices que marcan las porterías, o el sistema de los rombos elásticos, parece que aún aquí no se han descubierto. En España predomina el juego ortogonal y por eso algunos alucinan con mi juego cuando hago uso principalmente de la diagonal proyectada, tanto sorprende que los primeros que alguna me vez pierden son mis compañeros.
     En mi nuevo equipo el sistema determina menos, y el juego queda más abierto a la aportación personal de los jugadores. Aquella enorme disciplina que nos exigía sobre el campo para formar un bloque, aquí se entiende de muy diversa manera. Tanto es así, que cuando a un jugador se le cambia de sitio, la estructura se resiente porque está diseñada no por sí, sino por los hábitos de cada jugador.
     Si en Europa los clubes con todos los recursos que tienen se dedicaran a enseñar a jugar, esto sería excepcional.
     A modo de ejemplo, tengo que decirle que el club ha asegurado mis piernas en quinientos mil dólares mensuales, por si quedo lesionado, pero a nadie se le ha ocurrido asegurar la integridad de mi cabeza, que es con lo que realmente juego.
     Siempre recuerdo aquella vieja idea suya de que el fútbol volvería a ser vistoso cuando se retrasara la línea de fuera de juego hasta la mitad del terreno de cada equipo en la cancha, con lo que se recobraría el fútbol de ataque cien por cien. ¡Qué grandes partidos hemos jugado de esa manera!
     Yo no pongo en duda que los entrenadores de aquí sepan mucho de fútbol, no me vaya a entender mal, lo que quiero decirle es que se mueven con otros parámetros ¿Cómo diría yo? Que más que proponerse enseñar se dedican a organizar, ya que todos los jugadores nos consideramos sobresalientes, que ya lo sabemos todo y que por eso han pagado lo que han pagado por nuestro fichaje.
     No tengo por más que alabar su sabiduría cuando me decía: olvídate lo que sabes y dedícate a aprender. El gran problema es que te enseñan poco. No hay tiempo para aprender, aquí se llega con la lección bien sabida, o rindes porque tus modos encajan en los del equipo técnico o fracasas.
     Bueno, mi querido Arka, realmente no he hecho más que empezar, y aunque todo lo que le cuento le pueda parecer negativo, no es cierto que sea así. Estoy contento de jugar en un país donde el fútbol levanta tantas pasiones, lo que ocurre es que visto desde fuera, pensabas que esto era una máquina perfectamente organizada, y cuando aterrizas te das cuenta que todo es mejorable.
     Posiblemente estos europeos no se percaten de ello, pues les sería fácil optimar sus muchos recursos, y sobre todo, conseguir un enriquecimiento del espectáculo.
     Contribuiré en lo que pueda a ello.
     El campeonato nacional, que aquí denominan liga, comienza dentro de una semana. Le tendré al tanto de los resultados que vayamos obteniendo.
     Un fuerte abrazo :
                                 Nimba.
 
 
 

Madrid, 14 de Septiembre de 2005

     Reverendo Pière-Paul :
                                        Como le prometí al despedirme me siento comprometido a recordarle en mis oraciones, y como testimonio de ello, porque Nimba siempre cumple su palabra, le pongo estas letras en la fiesta de la Cruz que con tanto honor celebramos en la diócesis. Me uno desde aquí a todos ustedes, y me gustaría estar acompañandoles, pero me he de conformar con hacerlo mediante estas letras y a tanta distancia.
Le hecho mucho de menos. Cuando uno está lejos de la familia, de la novia, de la tribu, y de los que sabes que te quieren, es una gran suerte contar con Dios. He podido comprobar la verdad de todas esas enseñanzas que con tanta paciencia nos iba usted dejando en el alma. Una de mis mejores experiencias es sentir esa compañía tan cercana, cuando todo lo mío queda tan lejano.
     Es curioso, pero había llegado a identificar tanto a Dios con el ambiente de nuestra comunidad que casi lo sentía como una dimensión cultural más de lo nuestro; ahora al estar tan lejos y poder sentirle tan cerca he ahondado realmente en lo que supone esa dimensión espiritual, inmaterial, trascendente.
     Por otra parte, ese descubrimiento ha supuesto un claro contraste con el sentir tan material, tremendamente materialista, de las personas de aquí.
     Cuando enseñándonos la religión nos hablaba usted de los siglos de cristianismo en Europa y de la historia de los misioneros belgas en nuestra tierra, yo me había forjado la idea de que en el viejo continente sería habitual la sensibilidad por la religión.
     En estos dos meses que llevo aquí me estoy percatando de que la realidad es muy distinta de lo que había imaginado. Además todo es muy desconcertante. Por un lado existen muchas iglesias, pero están casi siempre vacías, a lo sumo alguna viejecita reza y apresurada amarra su bolso cuando apercibe mi presencia.
     Los domingos sí que hay más gente, se llenan de gente seria y aburrida, con caras de circunstancia que me recuerda a las de los nuestros en las ceremonias de entierro. Y es que en este país la gente apenas ríe.
     Por otra parte la incultura religiosa es enorme, pues hablando con los compañeros del equipo en los muchos ratos que nos deparan las concentraciones he descubierto que apenas les suenan las verdades cristianas más elementales que todos nosotros conocemos perfectamente. Cosas tan fundamentales como la Trinidad o la naturaleza del alma apenas he encontrado quien me diera alguna vaga noción y por cierto bastante desvariada.
     Si esta es la Europa que nos civilizó, creo que pagaremos la deuda teniendo que venir a reconvertirles dentro de poco.
     Me parece que esta carencia está muy relacionada con la falta de valores espirituales. ¡Qué poco se respeta a los mayores! ¡Qué instrumentalización de la amistad! ¡Qué poca solidaridad! Cada uno se considera su propio Dios. Como si cada cual fuera el autor del diseño de su vida. En el fondo esta civilización mantiene unos hábitos que semejan a los antojos de los pequeñuelos.
     Hasta hace poco algunos se burlaban de que diera gracias a Dios al comenzar a comer, como hacemos en nuestras familias. Luego me he dado cuenta que bastantes jugadores se santiguan al comienzo del partido, no se si de verdad se dirigen a Dios o lo hacen como un fetichismo buscando la buena suerte.
     El agradecimiento es otra virtud que brilla por su ausencia, quizá porque cada cual considera un deber de los demás el servirle.
     Comprenderá, mi buen Pière-Paul, que es posible que exagere, al fin y al cabo usted procede de esta cultura y le parecerá que estas sensaciones mías proceden más bien de mi falta de mundo. Tan sólo busco ser sincero, como siempre me pidió que lo fuera, y le exponga lo que veo. Es muy probable que en una próxima carta suya -la espero- me de luces para interpretar algunos de estos modales. Me cuido mucho de no comentar estos pareceres con otros que con los amigos más íntimos, para que no pueda parecer ingrato.
     Me gusta cuando en esos ambientes de confianza podemos intercambiar ideas. Los amigos me dicen que me siento excesivamente seguro de mis planteamientos, en contraste a como ellos viven en una especie de duda metódica, como si fuera imprescindible cada días reconsiderar cuanto se tenía por verdad.
     En contraste con la seguridad que siempre he percibido en nuestros mayores, da la sensación que los nuevos europeos permanecen anclados en la adolescencia. Cierto que su grado de cultura es muy superior, pero parece como si no la hubieran digerido.
     Comprenda que le hablo de una porción reducida de las personas con las que trato, muchas de ellas jóvenes; sobre todo es que mis expectativas cuando salí de Kinshasa era que me iba a encontrar un ambiente mucho más racional y me he quedado un poco decepcionado.
     Más adelante le escribiré y quizá tenga que rectificar algunas de mis percepciones. Lo haré con mucho gusto; mientras, aprendo muchas cosas, muchas de las cuales creo que convendría importar en nuestra tierra.
     Espero su carta. Cuando uno está lejos de los suyos cada carta es un tesoro.
     Siga rezando por mí, como me consta que siempre lo hizo.
     Le pido su bendición :
                                       Nimba.
 
 
 

Madrid, 21 de Septiembre de 2005

     Estimados excompañeros de equipo y amigos para siempre :
                                                                                                De vestuario a vestuario os envío estas líneas. Por Zenia sabréis que estoy bien, y he esperado a escribiros a estar más metido en el ambiente y tener más que contaros.
     Aquí ya ha comenzado el campeonato y llevamos dos partidos y el primer gol de Nimba en Europa.
     Un diario en la portada, a propósito de ello, mostraba una foto mía disparando a puerta con la siguiente leyenda: Inversión rentable.
     Para algunos cada gol no es más que pura rentabilidad. Pero he de confesaros que juego con la misma ilusión que lo hacía en L´Esportive, ahí en Kinshasa. El madridismo me ha cogido y siento los colores como el que más. Por otra parte recuerdo lo que siempre nos inculcó Arka, de que el fútbol es como una batalla en la que para ganar es necesario: primero, estar convencido de poder ganar, y segundo, sentir que cada uno es el guerrero que conduce al triunfo a los demás.
     Recuerdo que una vez Arka me contó -quizá alguno se lo hayáis oído- que el Imperio Romano se vino abajo cuando en sus filas reclutaron mercenarios que no sentían pasión por Roma.
     Eso es lo que creo que ocurre en algunos clubes de Europa, donde jugamos gentes de tan variados orígenes. Si por un lado las tendencias adquiridas de juego son tan diversas, y por otro se identifica más cada partido con un affaire que con una conquista, esto no funciona.
     Todo deporte de equipo es lucha, competitividad, y para ello es necesario estar motivado, dejarse la piel, vencer el miedo. Sin olvidar que no es más que un juego y que por encima del orgullo en el campo debe haber veintidós deportistas que sepan digerir que gane el mejor.
     Todo esto, que conocéis tan bien como yo, os lo relato al tiempo que hago examen, porque la verdad es que las cosas deberían ser así, pero pocas veces se consigue.
     Cuando se mueve tanto dinero, esto se convierte en puro negocio, se trasforma en espectáculo del que mucha gente vive, mamando de unos presupuestos difícilmente justificados para una competición deportiva. Dentro de esta vorágine lo más trascendente es no llagar a perder el sentido del deporte, que en el fondo es: humanidad, compañerismo, saber perder y respeto al contrincante, que nunca es un enemigo como algunos podrían pensar cuando tomamos el símil de una batalla.
     Cada vez más metido en este ambiente, poco a poco me ha ido surgiendo una duda de identidad: ¿Profesional o deportista ? Porque lo que siempre para mí no fue más que un deporte, se ha convertido en un enorme montaje que me absorbe. Mi tío Doj, que lleva mi representación, me dice que sí, soy un profesional y que con ello puedo ganar mucho dinero. El cruce de pasiones e intereses es lo que produce rentabilidad. Pero yo me pregunto si no es todo una farsa, si no es cierto que a través de las cifras multimillonarias con que nos recompensan nos convierten en peones de un entramado de intereses meramente materialistas. Y ahí, ¿Cabe el espíritu auténtico de la competición deportiva? ¿Juego con el mismo sano espíritu con que siempre lo hice o estoy simplemente para producir rentabilidad? Como titulaba la prensa.
     Visto desde fuera puede parecer una tontería, pero mi conciencia me acusa muchas veces de si no soy cómplice de todo este supermontaje económico que deja de lado en que todos esos recursos se emplearan en alguna de las causas humanas tan necesarias. ¿Es proporcional todo este tinglado de la sociedad occidental?
     Para los compañeros que han nacido o crecido en este ambiente el choque emocional no existe, pero para los que tenemos una cultura asentada en los sentimientos el impacto se hace brutal.
     Los psicólogos del club me dicen que es un problema de madurez, que dejarse llevar por los sentimientos en esta sociedad es un contrasentido. Pero si a un hombre le robas los sentimientos ¿En qué queda?
     Me he puesto muy metafísico, espero que me disculpéis, pues necesitaba comunicarme con alguien que pudiera escucharme con cariño, como sé que vosotros lo hacéis.
     Tampoco quisiera que llegarais a la conclusión de que no lo paso bien, o de que estoy decepcionado. Estoy bien, e incluso los compañeros a veces me llaman Alegrías en vez de Nimba.
     Aun estando contento, no dejo de plantearme esas cosas, y creo que todo ello no es más que una muestra de que estoy vivo, y quizá de que corre por mis venas la pujanza de nuestro continente.
     Echo de menos la luz África, aunque aquí en Madrid tenemos habitualmente buen tiempo y sol radiante. Con el comienzo del otoño, los días acortan y comiencen las lluvias. Al bajar las temperaturas el rendimiento en los entrenamientos ha mejorado. Podemos dedicar más horas casi con el mismo esfuerzo. Para mí ha sido un descubrimiento.
     Chavales -como se dice en Madrid- espero que os acordéis de mí también para ponerme unas letras. Estoy con todos vosotros.
     Un abrazo en piña :
                                   Nimba.
 
 
 

Madrid, 2 de Octubre de 2005

     Querido padre :
                             Una vez más aprovecho para contarle con más detalle de lo que las conferencias telefónicas nos permiten las últimas novedades de mi vida en Europa.
     Deportivamente me va bien, miro con acierto la portería contraria y los éxitos se suceden, aunque sé que pueden venir tiempos de sequía. Todos en Madrid alaban mi forma de jugar y en especial esa forma física que me ayuda a romper en el borde del área. De esa fuerza física, de mi altura y corpulencia tengo que estarles a ustedes muy agradecido, y aunque sé que siempre me has dicho que es un don de Dios, al menos tengo que reiterarles mi agradecimiento de que me trajeran al mundo.
     Los españoles tienen un dicho: qué de tal palo, tal astilla; y no puedo negar que la constitución la tengo heredada.
     Aquí los jugadores suelen ser más endebles, y muchos si unieran a su toque de balón y sentido de la estrategia una mayor corpulencia física, doblarían su eficacia.
     Hablando de otro tema, quiero insistirle en que mi decisión de invertir todos mis ingresos en mi tierra es irreversible. Sé que madre dice que es mejor que invierta en Europa, que es más seguro; pero yo tengo claro que donde hacen falta los recursos es ahí, y por encima de la rentabilidad está el servicio que pueda dar a la gente a la que me debo.
     Tanto al tío Doj como a los directivos del club, les parece que esa es otra de mis locuras, lo que les lleva a pensar que soy un inmaduro y un irracional. Incluso he oído a más de uno que a mis espaldas recalca que siendo tan salvaje no merecería ganar lo que gano.
     Todo depende de hacia donde dirigir el balance de la eficacia, si hacia la rentabilidad de lo propio y personal, o hacia los demás, con los que tienes tantas deudas morales pendientes.
     Por eso, padre, le pido que gestione este pequeño patrimonio, y que lo haga siempre pensando en invertir allá donde sea más útil para las necesidades de nuestro pueblo, con independencia que a la postre vaya a dar más o menos beneficios. Yo, con mis piernas y mi cabeza creo que siempre tendré la oportunidad de conseguir recursos para mantener la familia.
     Al fin y al cabo no hago más que poner en práctica aquel consejo que me dio cuando con todos sus esfuerzos me permitió poder ingresar en la universidad. Recuerdo que me decía que no se esforzaba usted para darme un porvenir personal, sino que nunca olvidara que tenía que estudiar para mejor servir al desarrollo de nuestro pueblo. Ahora que el destino me ha brindado esta aventura de cambiar los libros por los goles, llevándome tan lejos, al menos que los beneficios sigan repercutiendo sobre los nuestros.
     Desde el punto de vista de la economía práctica con que se vive en occidente, parece una locura, pero si lo analizas más despacio, creo que mi decisión es la más coherente del mundo.
     La mayoría de mis compañeros invierten sus ganancias al estilo liberal, de modo que sólo valoran los rendimientos dinerarios, y ni siquiera saben para que se utiliza su capital. Ellos dicen que con jugar al fútbol y ganar buenas rentas se conforman, y que lo importante es que se multipliquen, sea de la manera que sea, que para eso existen los expertos. Creo que pierden un protagonismo vivencial muy interesante.
     A mí, padre, lo que me interesa es que me diga como vamos invirtiendo para que pueda llegar a capitalizar empresas agrícolas, abrir pozos, adquirir maquinaria para talleres, hacer una instalación de producción energética, crear una escuela en la que algún día yo pueda dar clases. Recuerde que le prometí que después de esto del fútbol, volvería a completar los estudios en la universidad y ejercería de profesor, lo que desde chico quise ser. Creo que esta experiencia, que me permite ver otros mundos y otras culturas, me ayudará algún día a ser ese buen profesor que le prometí; y Nimba siempre cumple sus promesas.
     El otoño en Madrid es muy sugerente. La luz es distinta, sobre todo en las horas de la tarde, cuando los días se acortan. Los árboles pierden las hojas. Es curioso ver como se desnudan, como si se hubieran quemado; toman un aspecto algo fantasmal, de misterio, como si fuera un preludio de la muerte. Me gusta salir a correr por los parques para sentir el chasquido de las hojas secas bajo los pies.
     En general los madrileños son bastante amables, pero sus reacciones hacia mí son muy diversas. Utilizo mucho los transportes públicos, aunque tío Doj me diga que es un peligro para un hambre como yo, y ahí se da desde el que mira de mala gana que un africano grandote se siente a su lado, hasta el que descubre a su ídolo como jugador. Todas esas reacciones se les traslucen en la cara, porque casi nadie se comunica contigo; tan sólo las chicas jóvenes son las más atrevidas en pedirte que les firmes en las carpetas de estudios o incluso te demandan una foto ¿Cómo si yo fuera un artista?
     Mis progresos en el español son lentos. Manejarte en lo esencial es fácil en esta lengua para los que conocemos el francés, pero luego entender es complicado porque a cada forma fónica le corresponden varios sentidos de cosas muy diversas sin ninguna relación.
     Si me es posible a comienzos del año próximo me gustaría empezar con clases de inglés para mejorar lo que aprendí en la escuela. Siempre me será muy útil en el futuro.
    Para mis hermanos la última línea. No dejéis de estudiar y cuando os canséis os relajáis escribiendo a éste que se alegra especialmente con vuestras noticias.
    Basas: las marcas que me dices que estás haciendo en mil quinientos empiezan a ser buenas. Ten paciencia, ya sabes que al principio es más fácil rebajar los tiempos; cuando te acercas a tu techo natural el progreso comienza a ser mucho más lento y fruto de la constancia. No te desanimes.
    Para todos mil besos y abrazos. Sigo estando en medio de vosotros; el espíritu vuela :
                                                                                                                                      Nimba.
 
 
 

Madrid, 28 de Octubre de 2005

     Muy estimado Arka :
                                     Como me pide en su carta, procedo a tenerle al tanto de mis avatares futbolísticos acaecidos en las últimas semanas. Con el campeonato nacional funcionando y la liga de campeones europea en marcha, el ritmo que se ha impuesto de competición es vertiginoso.
     Semanalmente tenemos dos partidos oficiales en los que hay que rendir al máximo porque no hay adversarios pequeños. El nivel de pasión del fútbol europeo es altísimo y se refleja en que todos los equipos tienen muy buenos profesionales, que en cada partido van por todas. Muy especialmente cuando han de enfrentarse a un club con la categoría e historial como el nuestro ponen toda la carne en el asador -con un dicho español-. De tal modo que no existen partidos fáciles, no cabe espacio para la relajación.
     El problema principal que yo observo es la dificultad que entraña el mantener la preparación física entre tantos partidos de competición. Al tener dos enfrentamientos oficiales por semana, con la tensión y exigencia física que en la cancha te requiere, hace que los días previo y posterior no admitan sesiones altas de preparación física y así no quedan días en la semana para hacerlo.
     Recuerdo sus palabras cuando nos decía que el mejor entrenamiento es la competición, pero aunque estoy con ello, también es verdad que la competición desarrolla esencialmente la específico, mientras que lo secundario queda sin fortalecer. Por ello estoy comprobando que aquí existen muchas más lesiones que en nuestra tierra. Al principio creí que se debía a la diferencia de constituciones, pero no, lo que ocurre es una deficiencia en la preparación física que se va acumulando conforme pasan las semanas, al revés de lo que el nivel de competición podía augurar.
     Aún teniendo una gran naturaleza atlética, que muchos jugadores no cuentan con ella, es necesario trabajarla, y más, si partes de unas condiciones naturales algo más deficientes. Y esa preparación física continuada es la que echo en falte debido al calendario tan apretado de partidos oficiales.
     El club te exige un alto rendimiento propiciado por la necesidad de cubrir sus altos presupuestos con muchos ingresos, y así cuantos más partidos se jueguen, mejor. Si además tu ritmo de trabajo está dando resultados, el míster cuenta contigo , y al final acabas jugando dos partidos a la semana, que en el fondo es lo que a todos los jugadores nos gusta, pero el problema que yo he observado es que empiezas a no encontrarte en cada partido íntegramente en forma y repercute en que se pierdan puntos que nunca deberían haberse perdido.
     Le digo esto no como queja, sino como opinión personal del por qué aparecen esos vaivenes en equipos aparentemente compactos y bien diseñados. ¿Cuál es la razón de que cada semana no mantengamos el mismo nivel de juego? ¿Es un problema de determinismo? ¿Es un problema psicológico? Yo creo que la respuesta hay que buscarla en la preparación atlética, y para ello es necesario que existan las pautas posibles donde mantener ese trabajo.
     Para que el equipo pueda estar en lo alto en dos o tres competiciones simultáneas, es necesario tener prácticamente dos plantillas, de modo que sea posible hacer una programación de las actuaciones más idóneas de cada componente, y a mismo tiempo prever las semanas programadas en especial a la atención física.
     Por mucho que un jugador pueda estar valorado en el mercado, ello no le convierte en una máquina, y precisamente para que pueda dar lo más de sí es preciso el mantenimiento programado.
     Echo de menos esas sesiones de preparación física que nos hacía usted padecer en Kinshasa tres días por semana. Duras, exigentes, pero que conseguían ese propósito suyo de hacernos atletas que jugamos al fútbol. Esa fortaleza que quizá es el argumento que llevó a fijarse en mí a los ojeadores que los mejores clubes europeos enviaron al campeonato de África. Aquí no se trabaja con la misma intensidad. La fase de pretemporada sí fue muy exigente, pero ahora en plena competición, es muy difícil de mantener entre tanto partido, y sin embargo para estar a plena forma el cuerpo te lo pide.
     Tengo que confesarle que a veces me escapo fuera de las horas de entrenamiento a correr por mi cuenta un poco, porque es como si la dosis general se me quedara un poco corta.
     Mi colocación en el campo varía bastante, pues a veces el míster retrasa mi posición de delantero en punta, a centro adelantado. Muy especialmente en ese puesto procuro jugar sin balón, cediendo con rapidez, porque si no los defensas contrarios te siegan las piernas. En esa posición me valen de mucho sus enseñanzas en estrategia cuando año tras año nos insistía en que la ventaja está en sorprender. A mis compañeros les comento el símil de la caza en la selva, en que el éxito depende de la capacidad de sorprender. Una estrategia por sorpresa -les digo que usted evaluaba- tiene un setenta por ciento de probabilidades de éxito, una jugada prevista para el defensor apenas cuenta con un treinta por ciento. Aquí es donde aparece el ingenio, la cabeza. Dicen que los jugadores africanos tenemos rapidez, fortaleza, chute y a veces toque, pero que carecemos de ideas. No creo que eso sea verdad, al menos porque en la escuela de entrenadores como usted, siempre nos han insistido en ese aspecto. Me acuerdo cuando éramos juveniles, aquellos entrenamientos con jeroglíficos para agilizar las mentes. De seguro que aquí a ningún preparador se le ocurre trabajar con cosas así.
     Me gustaría que me viera jugar para escuchar sus sabios consejos. En cualquier caso no me puedo quitar tantos vicios como en todos estos años ha ido acumulando. El míster en algunas ocasiones se enfada mucho; yo le pido paciencia, y de verdad, le confieso que me esfuerzo en adaptarme a sus ideas, pero cuesta, cuesta. A cambio le gusta que haga diabluras, como las llama, porque incluso a veces acaban en gol.
     Al principio se tomaba a mal que me riera cuando me corregía. Él pensaba que no me lo tomaba en serio, hasta que poco a poco se ha ido dando cuenta que sonreir es mi pronto, y que no hay ninguna malicia detrás. ¡Y es que él se pasa de serio!
     Si tuviera que resumirle todo en una palabra, sería: feliz. Sí, me encuentro feliz, a pesar de todas las diferencias, que bien miradas no son más que un motivo de aprender y contrastar otras experiencias.
     Por las noticias que he tenido L’Esportive en Kinshasa sigue triunfando ¿Se da cuenta usted cómo ninguno somos imprescindibles salvo el mágico entrenador?
     Un fuerte abrazo :
                                 Nimba.
 
 
 

Madrid, 8 de Diciembre de 2005

     Mi muy querida Zenia :
                                        En este aniversario de aquel día en que te me prometiste, no puedo, además de cuanto te ha dicho por teléfono, pasar sin que la letra te transmita lo que siente mi corazón ¡Si fuera verdad que los sentimientos se pudieran reflejar con las palabras! Pero al menos que esa pequeñez que sean capaces de referir te llegue de este Nimba siempre y sólo tuyo.
     Me da mucha alegría oír tu voz, pero también me da mucha alegría leer y releer tus cartas, que contienen el mejor tesoro del mundo: tu amor.
     Cuento los días del calendario que restan hasta Navidad, cuando dé respiro a este destierro y pueda estar contigo, aunque sean unos breves días ¡Cuatro días completos! Toda una eternidad.
     Tu imagen y tus besos me acompañan cada día y son mi talismán para vencer en tantas dificultades que cada día se presentan. Habrá quien piense que para un futbolista u otra persona famosa en lo alto de la ola, las cosas son fáciles, pero quien tan a la ligera juzga se equivoca por completo. Yo creo que las más de las contrariedades te vienen porque te toca, por una parte, y por la otra, en función de la receptividad de tu alma. Hay al que todo le resbala, y quien todo lo siente. De eso y no de la fortuna depende que al final tengas más o menos contradicciones. En este país además la envidia está muy a flor de piel, es una de las especialidades de su sensibilidad, y parece que les cuesta que un africano pueda triunfar.
     Por eso te digo que tu imagen me trae a la memoria tus ánimos, siempre tan positivos, y tu admirable espíritu de superación es mi acicate. A pesar de los miles kilómetros que nos separan, te siento a un tiempo tan cerca y tan lejos, porque son muchas las cosas que querría compartir contigo cada día; las buenas que son tantas, y las malas que no faltan.
     A veces aparece la soledad. Entre tanto ruido y ajetreos, donde parece que no hay cabida para nada, ni tiempo para pensar, te da la sensación que te falta un soporte, que no llegas, que quisieras no tener que estar, que el tiempo volara, pero estás ahí y tienes que afrontar como mejor puedas la solución. No hablo de la soledad del aburrimiento, que gracias a Dios, tengo muchas cosas que hacer y por si me sobrara tiempo está Marcelo que me lo reclama para jugar con sus muchachos. Además, hay tantas cosas por hacer. Por ese lado no tengas miedo.
     A la distancia se te hace que la vida debe ser mucho más distinta, pero luego te das cuenta que las personas son realmente iguales en todas partes. En tus cartas se trasluce ese temor de que la soledad me llevara a buscar compensaciones. Sí, es lógico ese temor de mujer, pero te juro, hoy día de nuestro aniversario, que no ha habido nada que no pudieras tu haber contemplado. Si conocieras a Rut, a Montse, a Tania, ese pequeño grupo de mis amistades, te darías cuenta que son tus amigas de tanto que les hablo de ti.
     No te niego que le ambiente en este país no ayuda a la fidelidad, y que tienen razón en decir que todo se contagia; pero sé que si te pierdo entonces sí que me hundiría en la soledad.
     Con las compañeros hablamos mucho de mujeres; quizá demasiado, en eso te doy la razón. El tema es muy distinto según el grado de superficialidad de cada uno. He de serte sincero que algunos hablan de mujeres como de pura mercancía, de un cigarro que se fuma y se tira, me decía uno el otro día. A mí me dan mucha pena, porque tienen los mismos criterios morales de quienes traficaron con nuestros antepasados. Pero son los menos, no te vayas a creer. Quizá son los que más hablan y fantochean, pero a la hora de la verdad, en los vestuarios en que nos vemos todo, no creas que tienen mucho de qué presumir. En otros muchos lo que se les aprecia es esa pátina de frivolidad que cubre toda esta civilización, donde la fidelidad está poco arraigada ya que todo lo que supone sacrificio hiere la sensibilidad. El otro día cuando le pregunté a la profesora que expresión se correspondía a la francesa de mortificación, me dijo que se decía igual y entre un gesto de repulsa comentó: mortificación, ¡qué fuerte!.
     Quizá estos chicos no han tenido una experiencia verdadera de amor, por la que hayan encontrado razón de entregarse. Muchos piden fidelidad, pero sólo par ellas, en eso se parecen a tantos de nuestra raza. Yo creo que también es un problema de educación, cualquier cosa se convierte en un imposible si antes en la inteligencia no se acepta como asequible. Posiblemente todo se reduce a que no han tenido la suerte de encontrarse con una mujer como tú.
     Pero sé bien que tengo los pies de barro, y como antes te decía, todos los hombres nos parecemos y se nos cruzan los mismos deseos; es cuando, aunque la voluntad la tengas entrenada y en forma, puede sucumbir la aparente fortaleza. Cuento con tu ayuda y tu comprensión. Tu cariño es mi mejor escudo. Entre los dos podremos conseguir que lo nuestro siga siempre, y si caigo en el camino recuerda que a la meta no sólo llegan los que nunca caen sino también los que siempre se levantan.
     Necesitaba hablarte de esto, y creo que me he puesto un poco trascendente, e incluso pesimista; pero aunque objetivamente la separación pudiera ser causa que enfriara nuestra relación, creo más bien que está sirviendo para tomar más en cuenta el valor de la misma. Algo así como cuando un dolor atenaza un músculo es cuando te hace realmente sentir la importancia del mismo y descubrir cuán escondida quizá pasaba su influencia.
     En estos días de Navidad que estaremos juntos no quiero dejar perder ni un minuto, ni una caricia, ni un beso. Mientras, me alimento de saber que en el corazón de África la mujer más maravillosa del mundo me espera, de ello vivo, y con ello sueño.
     Quien más te quiere :
                                      Nimba.
 
 
 

Madrid, 16 de Diciembre de 2005

     Queridos colegas :
                                 Vuelvo a escribiros para agradecer vuestra interminable carta colectiva. Supuso una enorme alegría el que al ir leyendo fuerais surgiendo uno a uno como en la presentación del equipo al comienzo de temporada. También os agradezco la foto con esa dedicatoria en la que creo que os habéis pasado en mi consideración. La he enmarcado y os tengo a mi vista para desearos todo tipo de éxitos.
     Mi experiencia en las competiciones europeas sigue adelante, y hasta ahora con éxito. Nos hemos clasificado para la fase final de la europea, y en la liga española vamos los primeros, aunque en un escaso margen de tres puntos estamos cinco equipos. El nivel de competición es muy alto pero se hace muy difícil jugando cada tres días mantener la tensión al máximo.
     Se nota mucho en que pasamos más días a la semana concentrados que en casa, y a veces no es fácil tanta convivencia entre los jugadores porque te empiezas aburrir de escuchar las mismas historias.
     Entre los compañeros hamos llegado al acuerdo de que no se habla de fútbol, ni para bien ni para mal; me refiero no a que no hablemos de fútbol en general, sino el ahorrarnos nuestros comentarios sobre las propias actuaciones. El míster quiere que lo olvidemos en seguida, dice que sólo nos quede el hábito adquirido sobre el terreno de juego, pero que los fallos ya no tienen solución y que en los aciertos no se ha cumplido más que la obligación.
     Creo que es positivo, pero se hace a veces difícil de cumplir. Y digo positivo porque si vieras la cara que se te queda cuando has fallado una ocasión cantada; todo el estadio se te cae encima y te deja laminado ¡Cómo para que encima venga alguien a criticarte!
     Como la música amansa a las fieras, algunos del equipo hemos formado una banda. Todo empezó en como llenar las horas tediosas que preceden a los partidos. Parecía que teníamos que encontrar algo relajante, que absorbiera tensión, pero lo difícil es algo nuevo que gustara a un grupo. Lo de la banda nació bastante espontáneamente. Yo, que viajo siempre con y la trompeta, aprovechaba para retirarme a tocar un rato. Pronto éramos dos que ensayamos juntos, luego cuatro intentando compenetrarnos, y ahora tocamos hasta seis. Hay dos guitarras, un bajo, unas maracas, una armónica y mi aportación con la trompeta, o incluso a veces viajo con los timbales. Como podéis ver es un grupo de lo más original, y si nos vierais cantando ya es demasiado. Pero hemos conseguido que los desplazamientos se nos hagan más amenos, y mejorar un poco en ambiente de trato.
     Vosotros que prácticamente os habéis forjado como jugadores juntos, como un gran grupo de amigos, no es fácil que os hagáis a la idea de que cuando uno aterriza en un equipo de estrellas de distintas constelaciones todo es muy distinto.
     Por otro lado siempre existe un resquemor, pues de los veintisiete de la plantilla, sólo juegan once; y es difícil aceptar, porque a todos se les supone una profesionalidad reconocida, el que habitualmente no seas seleccionado para jugar o el que el de al lado te haya desplazado del puesto que creías consolidado. Aunque aún no he tenido que pasar por ello, debe ser muy duro el entrenar a tope todos los días del año para no jugar más que apenas algunos minutos en contadas ocasiones.
     Aquí en España se comenta que triunfan los equipos que tienen mejor banquillo; cuando los teóricos suplentes cubren cualquier puesto de titular sin que apenas se note. Yo tengo mis reservas a esa teoría, pero en cualquier caso no hace más que confirmar la heroicidad de un reserva que tiene categoría de titular.
     Todas esas cosas repercuten mucho en el rendimiento del equipo, y no sólo a nivel de competición, sino también a nivel de relaciones personales.
     Con todo esto comprenderéis que como en casa y con los amigos no se está en ninguna parte, pero estamos aquí y tenemos cada uno que intentar aportar la mejor para conseguir el ambiente de trabajo y convivencia más adecuado. Sólo ahí es donde se entiende que haya surgido lo de entretenernos con la música.
     Conforme van pasando los meses la amistad con algunos de los compañeros va creciendo. No creáis que no causa un poco de reticencia para algunos el oscuro de nuestra piel. Tenemos que hacer el doble de virtud para justificar nuestra personalidad, y con todo difícilmente se deshace ese cierto velo de distanciamiento.
     Con los que primero trabé amistad fue con los sudamericanos, que son muy abiertos y acogedores. Pero yo he intentado siempre el que no hubiera el grupo de españoles y el de los extranjeros. Por ello he intensificado mis esfuerzos en tratar a todos interesándome por sus vidas, pero en general los europeos son bastante cerrados y cuesta lo suyo.
     La profesionalidad con que aquí se interpreta el deporte exige que los jugadores se dediquen exclusivamente a esto, y no es como en Kinshasa donde muchos compartíamos estudios en la universidad. Es una de las cosas en que se apercibe más diferencia en el ambiente; nosotros además del fútbol teníamos todo un mundo de otras ilusiones en la cabeza; aquí, en general, es como si con este deporte ya se tocara el techo del mundo. Sobre todo al principio me chocó mucho y gracias a que acudía a un liceo a aprender clases de español el impacto no fue tan grande.
     No hago más que contaros cosas de este ambiente, por lo que me decís en vuestras cartas os interesa, aunque creo que comprendáis que es mi visión particular. Pudiera ser que si os escribiera otro compañero lo viera todo el revés.
     A mí, y esto no se lo he contado a nadie, lo que me da vértigo es viajar en avión. Esto me supone un gran esfuerzo y para intentar superarlo me ha dado algunas sesiones un psicoanalista, pero es inútil porque la idea de que el espacio no es el habitat natural del hombre no se me retira de la mente. El caso es que contemplar los campos y las ciudades desde arriba es reconfortante, pero la idea de estar suspendido en los cielos no se me va de la cabeza durante todo el viaje. Los demás dicen que me paso los vuelos durmiendo, pero tras los ojos cerrados la procesión va por dentro, como se dice en España. Uno de los del equipo, que es un bromista, tiene todo un repertorio de chistes con accidentes de aviones, que gusta de contar mientras viajamos. Sin decirle nada procuro tomar asiento lo más alejado posible. Como se entere de mi pánico, le tendré siempre al lado mofándose, porque a algunos no les encaja que a un tío cuadrado con todo tan grande también tenga sus debilidades.
     Los viajes te permiten adivinar como son estas ciudades europeas en las que recalamos, y digo adivinar porque apenas contamos con la posibilidad de contacto con el ambiente. Pasamos las horas en el hotel, aunque a veces salimos a pasear, pero habitualmente nos controlan que no nos alejemos mucho. En algunos sitios tomando un taxi aprovechamos para visitar algún museo, u otro monumento de prestigioso valor. Pero el momento de expansión ideal, el de la noche tras el partido , no nos permiten salir; será para que no nos desmadremos con la euforia si las cosas han ido bien. A veces volamos la misma noche y se hace muy agotador, pero te permite dormir en casa aunque llegues muy tarde, y como os decía, cuando te pasas casi todos los días concentrado el aterrizar una noche en tu propia cama se agradece, sobre todo si el correo te he traído noticias de los buenos amigos, y esto no lo digo con segunda intención sino con primera y directísimo. No os figuráis la alegría que supone cuando estás tan alejado recibir noticias. Gracias a Dios, no puedo quejarme e intento corresponderos a todos, aunque yo sólo sea uno y todos los que estáis ahí muchos a quien contestar; por eso mis respuestas se retrasan más de lo que me correspondería.

     Que sigáis jugando tan bien.
     Os quiero :
                       Nimba.
 
 
 

Madrid, 26 de Diciembre de 2005

     Querido padre :
                             Esta va a ser la Navidad más triste de mi vida porque no la pasaré junto a ustedes. Como les adelanté por teléfono lo tenía todo controlado: El día 23, de mañana, salir para Bruselas y a primera hora de la tarde volar hasta Kinshasa. Tenía reserva comprometida y sólo aguardaba el extraordinario momento para poder abrazarles cuando la huelga de los controladores aéreos europeos lo ha echado todo al traste.
     Es difícil de aceptar el que cosas tan simples como el poder reunirte en estas fechas, universalmente reconocidas como familiares, no pueda llevarse a cabo porque le interés de un grupo prevalece aún a costa de romper tantas ilusiones.
     No lo comprendo. Parece que son cosas muy peculiares de la sociedad del norte. En vez de hacer con el trabajo un servicio a la colectividad, da la impresión que fuera un instrumento de presión para revalidar posiciones.
     Quizá este sistema de fuerzas enfrentadas sea rentable. Por los resultados de la economía parece que sí, pero a mí juicio desvincula al hombre de su correspondencia con los del entorno y es como si le hundieras en un pozo. Se paga un precio muy alto.
     A veces lo más deseado se viene abajo en pocos minutos. Le había prometido a Zenia dedicarle cada rato de estos cuatro días y ni siquiera podré verla. Es duro porque me es necesario el abrazo de los míos después de varios meses de soledad.
     En estos momentos es cuando te das cuenta que los éxitos, el aplauso, ese encumbramiento al que te alzan, todo ello no llena el vacío y la sensación de desamparo de no tener el cobijo y el abrazo familiar en la noche cenit del año.
     Aquí, en España, la fiesta de la Navidad se celebra también en familia, pero no tiene el regocijo de nuestras celebraciones.
     Al enterarse Marcelo -un buen amigo- del asunto de la huelga, en seguida me llamó el mismo día 23, a la noche, para ver si mi avión había logrado despegar. Al saber que me había quedado en tierra, se empeñó en que pasara la víspera y la Navidad en su casa, con los suyos. No me dio opción a decir que no, porque es uno de esos amigos que te calan y atisban tu estado de ánimo. Realmente yo estaba roto, y él lo apreció al instante; al poco rato de hablar le tenía en mi apartamento intentando consolarme.
     Yo, que me creía un tío duro, nunca pensé que se trasparentasen tanto mis sentimientos. Ustedes, como son mis padres, posiblemente me sepan así, pero para mí ha sido una lección, quizá porque desde que terminó nuestra última guerra no había pasado tiempos fuertes.
     Como les iba contando, tuve que aceptar pasar esos días con Marcelo, y creo que fue un paliativo adecuado pues su familia me trató con todo el cariño del mundo. Yo intenté estar a la altura de las circunstancias, olvidándome de mi problema, pero tengo que decirles que me fue muy difícil no volar continuamente con la imaginación a Kinshasa y visualizarles a todos y cada uno de ustedes en lo que en ese momento estarían haciendo.
     La fiesta en Madrid se celebra de manera muy distinta. La alegría es más contenida, no sabría como explicarles, mucho menos espontánea, como si fuera más un componente del ritual que toca.
     Aunque Marcelo no practica ninguna religión, me había comentado que su familia era católica, pero en el día de la Nochebuena del nacimiento de Jesús no surgió ni una sola referencia sobre ello. Yo me sentí un poco cohibido y eché mucho de menos nuestra fiesta porque aquella no era la nuestra ¡Ni siquiera cantamos!.
     Lo que en nuestra tierra el eje lo representan las canciones con que festejamos el nacimiento de Jesús, esa noche que se alarga hora tras hora hasta que las gargantas quedan doloridas, aquí se centra en torno a una gran cena. Se come y se bebe como en una gran boda, la noche de víspera y el día de Navidad. Se escucha música enlatada, se fuma y alguno de la familia ofreció un pitillo estimulante porque esa noche había que estar alegre.
     ¡Qué diferentes parecen nuestros espíritus en algunos momentos!
     Para mí los de aquí la consiguen a través del consumo de cosas externas; qué distinto a lo nuestro, donde la alegría brota de dentro como un sentimiento de emoción que ya no puede ser controlado. Hay que reconocer que con mucho menos parece que somos capaces de ser más felices.
     Aunque no haya estado presente en casa, en ese día que usted gustaba de que acudiéramos todos juntos a la Misa de Navidad, no por ello dejé de hacerlo en Madrid a la misma hora en que solíamos hacerlo, de modo que a pesar de la distancia nos juntamos en la oración por la unidad y prosperidad de la familia, y porque no nos falte la sonrisa hasta una hora después de la muerte, como suele apostillar el abuelo.
     Como el día 28 recomenzamos los entrenamientos, ya no tendré posibilidad de desplazarme a verles hasta mediados del mes de Junio. Se me ve a hacer muy larga la separación, pero contra los imponderables no se puede luchar.
     Para mis hermanos les mando por agencia un paquete con algunas tonterías que como recuerdo les había comprado aquí.
     Aprovecho esta carta para decirles a todos que mis mejores deseos están en que el nuevo año les traiga ese empujón de madurez que da un año más de experiencias.
    Para todos el abrazo en que siempre en Navidad nos fundimos.
                                                                                                   Nimba.
 
 
 

Madrid, 1 de Enero de 2006

     Queridísima Zenia :
                                   En estas primeras horas del nuevo año, no quiero acostarme sin antes poner en este pequeño papel todo mi cariño para que queme el leerlo.

     La entrada del nuevo año no ha sido igual sin ti, porque te he echado mucho de menos, recordando nuestra costumbre de encender la hoguera y con nuestras manos enlazadas prometernos un año más de fidelidad. Por ello no quería irme a dormir sin antes cambiar el fuego por la tinta y dejar constancia de mi deseo de fidelidad.
     Aunque cuando hablamos ayer por teléfono te dije que encajé bien la contrariedad de no haber podido pasar la Navidad contigo, tengo que sincerarme y decirte que estos días lo he pasado muy mal. Han sido unos momentos duros, de los que, como decía el reverendo Pière-Paul, forjan.
     También sé que a ti te ha dolido, me lo dijiste y te creo. Las cosas han venido así y tenemos que admitirlo.
     Yo estos días de Navidad apenas he salido. Fuera de la compañía que me ha hecho Marcelo, he procurado dedicarlos a reflexionar. No me apetecía hacer nada, ni siquiera leer, que sabes es una de mis aficiones favoritas; he pasado mucho tiempo en casa, y a la hora de la verdad ni siquiera sé en qué ha empleado el tiempo. Bueno, sí, he pasado muchos ratos pensando en ti; cerraba los ojos y me imaginaba paseando contigo mientras me entregabas esa sonrisa inmensa que no tiene fin. Soñaba, porque lo que hacía era soñar despierto, que te tenía recostada sobre mi pecho mientras me decías lo mejor con esa mirada iluminada de tus enormes ojos negros. He soñado con nuestro día de mañana, cuando ni la distancia, ni ninguna otra circunstancia pueda separarnos.
     Algunas mañanas, para no perder la forma física, he ido a correr a un parque a las afueras de la ciudad. Allí he coincidido con un grupo de gente mayor que estaba entrenando. Como compartíamos senda, uno de ellos que era forofo de un equipo rival se metió, supongo que en broma, conmigo, diciendo si me habían castigado a hacer deberes extras. Yo, siguiendo la broma, le dije que sí, que me había castigado el entrenador sin vacaciones por haber probado el turrón antes del día de Navidad. El turrón es una golosina que preparan los españoles para las fiestas de Navidad y que está de tentación. Luego seguimos hablando y me sorprendió que ellos que tendrían la edad de mi padre, entrenen, compitan y sigan haciendo deporte. Luego en casa, pensándolo más despacio, he llegado a la conclusión que eso es lo bueno, no que un país tenga estrellas que brillen en un deporte unos años como estandarte, sino que una mayoría lo practique, y que cuando pasen los años sigan en ello con ilusión.
     Esta misma semana pasada casi te quedas viuda antes de casarte. Como era fin de año invité a Rut y a su marido que vinieran a cenar a mi apartamento. Se presentaron con unos cucuruchos con uvas, y me explicaron que la tradición en Madrid es tomar doce uvas como augurio de buena suerte al tiempo que suenan las campanadas del reloj que indican el comienzo del nuevo año.
     Todo iba bien, hasta que verles tan serios tomando las uvas me causó risa, y un pellejo de las que yo tomaba se me pegó a la garganta, de modo que no podía respirar, al tiempo que no podía dejar de reir. Fue para mí un momento angustioso, hasta que Rut, que es muy decidida comentó: Nimba, ¿qué te pasa? Te estás poniendo morado. Y sobre la marcha se levantó y me dio un puñetazo en el pecho que hizo expulsar el pellejo y casi me parte una costilla, pero automáticamente sentí recuperar la vida. Se ve que para mí eran las uvas de la mala suerte.
     Rut me dijo que estaba esperando un niño, les di la enhorabuena, y a Amiel se le reflejó el orgullo sobre la cara. Un hijo, comentaron, que estará por encima de las controversias de sus respectivos pueblos y familias. Un hijo que estará sobre la división de sus religiones. ¿Verdad que es bonito?
     Ya ves que estas cosas tan sencillas son las que me han acompañado a la transición del 2006, en contraste al ambiente reinante, pues en Europa en el comienzo del año parece que la gente se vuelve loca. Acabo de asomarme a la ventana, son cerca de las dos de la madrugada, y las calles están con un tráfico intenso, como el de pleno día a la hora del comercio.
     Si no hubiera sido porque Rut y Amiel se han animado a venir, después de escribirte me hubiera ido a dormir. A recibir al año sin sobresaltos. ¡Y no me hubiera casi afixiado!
     Esta semana hemos tenido la jornada adelantada al viernes, jugamos ayer, para que no coincidieran los partidos con esta noche. Se ve que los del fútbol somos señoritos, porque por las calles de Madrid, relativamente cerca de donde vivo, se ha corrido una magnífica carrera, con la que los atletas despiden el año.
     En el partido de ayer no estuve muy centrado. No sé si ha sido el parón de estos días o porque me haya afectado la tristeza de no pasar los días de Navidad contigo. Perdimos un partido que teníamos que haber ganado, y desde las gradas nos increparon. Hacía mucho frío y no cogí el ritmo en todo el encuentro. En especial la afición se cebó conmigo, el entrenador en la segunda parte me sustituyó y al abandonar la cancha me llovieron miles de improperios. ¡Cómo si las fiestas de Navidad las hubiera bañado en champán!
     Espero que las cosas no vayan a peor. A veces es como si todo se enturbiara bajo un cielo plomizo y no traspasara ni un rayo de luz. Después de los primeros meses en que han abundado los éxitos y me he encontrado muy distraído empapándome de todo lo nuevo, parece que empieza a hacerse algo más dura la vida cotidiana superada la novedad. Necesitaré trabajar más duro.
     Acuérdate de mí, y no seas como esta afición que no permite en sus jugadores un desfallecimiento. Cuento con tu ánimo, que para mí es el único que me vale. Los jugadores de fútbol tenemos también nuestro corazón y somos los que primero sufrimos cuando aparece el bajo rendimiento. Lo que muchos no se dan cuenta es eso, que todo lo de nuestro alrededor nos afecta, y aunque ellos digan que un profesional debe sobreponerse a cualquier adversidad, lo cierto es que no es cosa fácil.
     No sé si es que el nuevo año me ha puesto melancólico. Sólo decirte que por ti me levantaré, te brindo de antemano el gol que voy a marcar el próximo domingo, al estilo de los toreros, que brindan antes de realizar la faena.
     De aquí a ocho días te enviaré otras nuevas, la verdadera cara de este Nimba que tanto te quiere y que se va a dormir.
     Un beso que dure todo el año :
                                                     Nimba.
 
 
 

Madrid, 9 de Enero de 2006

Reverendo Pière-Paul :
                                   Aprovecho para contestar a la emotiva carta que me envió por Navidad. Ya me hubiera gustado contestarle de palabra, pero al fin no ha sido posible mi viaje a Kinshasa.
     Ante todo le deseo un año 2006 repleto de fuerza para cumplir la infinitud de proyectos que continuamente crecen en sus manos. África, que es un continente joven, necesita de gente decidida que arriesgue y de gente capaz de hacer que en su entorno arraigue la caridad y la comprensión.
     Aunque la nueva vida que me ha tocado vivir en este continente me parece sugestiva, contrasta mucho con la necesaria actividad de nuestro pueblo donde la imaginación vuela por resolver los mil problemas con que cada día la vida te sorprende. Aquí, en Europa, parece que todo está controlado, y las únicas sorpresas te las presentan en bandeja las multinacionales cuando te ofrecen el no va más.
     No sé si esta es la mejor vida, pero da la sensación que llega un momento en que el entramado material es quien determina cualquier situación y el espíritu queda relegado de toda iniciativa. Tanto es así que parece que esta civilización a perdido la noción espiritual de la persona humana. Cuando hablas del alma la gente te mira con recelo, como si plantearas un concepto filosóficamente superado, reducto de tiempos antiguos superados por el desarrollo cultural.
     Esa cultura desalmada es quizá la que sostenga las actitudes raciales de una Europa en cuyas leyes no cabe el racismo aunque el mismo rebosa en los comportamientos diarios de sus ciudadanos. Si les preguntas uno a uno, nadie acepta considerarse racista, pero en el fondo pocos te admitirían como el marido de sus hijas.
     Esa distorsión entre derecho y realidad yo creo que responde a que habiendo perdido la noción del alma, que unifica a todos los hombres, quedan sólo los rasgos materiales como el color de la piel, la fisonomía, gestos o actitudes, lo que marca determina más que lo que integra.
     En el fondo a los africanos nos consideran salvajes, con expresión que más de una vez he escuchado a mis espaldas, porque han perdido la noción que el espíritu no tiene color y es de igual en todos los hombres.
     Le contaré una anécdota que he mantenido reservada a todo el mundo por lo mucho que me hirió, pero que considero muy significativa.
     A mediados de diciembre disputábamos un encuentro de bastante trascendencia; el resultado iba con empate a dos goles faltando diez minutos para el final, y en una penetración mía por el área contraria me zancadillearon cuando había abierto pasillo hasta la red. El árbitro sancionó penalti. Como es habitual me dispuse a ejecutar su lanzamiento, ya que me lo tiene encomendado el entrenador.
     A la distancia reglamentaria situé el balón, sin dejar que el portero pudiera fijarme la mirada, pues hay quien dice que algunos guardametas tienen el don de adivinarte la intención. Mi costumbre, como me enseñó Arka, mi entrenador cuando jugaba en Kinshasa, es fijar la vista en el balón, ya que la portería la tengo en mi interior perfectamente localizada. Si yo golpeo como debo el balón, lo situaré en el ángulo mortal. Ese era mi objetivo. Pero cuando en el silencio expectativo que s había creado en el estadio comencé la carrera para chutar, escuché nítidamente desde la grada una voz que me gritó: ¡Negro, maricón! Instintivamente me descentré y envié el balón sobre el larguero.
     La voz venía del grupo de nuestros aficionados, entre los que hay un grupo que no soporta a los extranjeros, en especial a quienes tenemos oscuro el color de la piel.
     No se trata de u hecho aislado, pues por el exterior del estadio hacen pintadas y su actitud agresiva hacia nosotros es constante. Es cierto que no son la mayoría, pero sí un grupo significativo.
     A veces me argumentan que loa africanos también somos racistas. Lo que en África más se da es una especia de revancha de clase. Quienes se han sentido explotados y tienen espíritu de venganza.
     A pesar de esos inconvenientes, también es cierto que existe mucha gente excepcionalmente buena, quienes por los emigrantes sienten y muestran un especial afecto. Algunos dicen que es paternalismo, pero yo creo que es simplemente la consecuencia de personas que sienten con el prójimo sus dificultades.
     Estas experiencias creo que me son muy positivas, aunque en algunos momentos tenga que padecer el insulto y el desprecio de algunos. Y le digo positivas porque sólo cuando el germen aflora puede ser combatido. La espontaneidad de muestra alma terminará volcando los absurdos mitos de superioridad.
     No sé por qué le enrollo siempre con tantas disquisiciones, posiblemente porque sea usted una de esas personas con las que siempre he podido hablar de los sentimientos más profundos. Aquí echo de menos gente así, y en estas cartas me tomo el desquite. Espero que las tome con la paciencia con que siempre me escuchó, sobre todo en aquellos momentos de adolescente en que para mí todo era un enigma y vivía en una continua contradicción. Recuerdo las porfías que le hacía, como si yo, que entonces era un crío, hubiera descubierto los secretos de la razón.
     Esa comprensión suya es la que yo quisiera tener para el día que sea profesor. Mientras, me vale para apaciguar mi carácter que bien sabe usted que en el fondo es bastante exaltado.
     Siga rezando por mí, y por este continente que es también el suyo, que se está convirtiendo en mi segunda casa.
     Le ruego me dé su bendición :
                                                    Nimba
 
 
 

Madrid, 28 de Enero de 2006

     Queridos jugadores de L´Esportive :
                                                            Recibí vuestras felicitaciones por el año nuevo y por ellas veo que no os habéis olvidado del compañero ausente. Me llegó al alma vuestra dedicatoria de que el hueco en el equipo se cubre con otro jugador, pero que el hueco en el corazón nada lo puede llenar. Es el mismo sentimiento que creo que llevamos todos los jugadores, podemos cambiar de equipo, pero el lugar que en los sentimientos corresponde a los compañeros con los que nos forjamos es irremplazable. No creáis que a veces no apetece rectificar, dejarlo todo y volverse a casa. Esa tranquilidad de dedicarse a jugar sin más, que aquí no es tan fácil de conseguir.
     Aunque parece que me vuelven a salir mejor las cosas, a primeros de año he pasado un pequeño bache. No sé si es porque al no poder ir por Navidad a casa me entró una cierta depresión, o simplemente -y yo creo que ésta es la razón fundamental- me ha costado aclimatarme al frío del invierno tal y como arrecia en estas latitudes.
     Aunque efectúes un buen calentamiento, en cuanto te detienes sobre el césped un poco te quedas frío de nuevo, se te entumecen los músculos y te cuesta esa respuesta inmediata y precisa que necesitas de cara a la portería contraria.
     El club me ha confeccionado unas medias de más abrigo y juego con dos pantalones y dos camisetas. El problema es que cuando además de frío llueve el exceso de ropa empapada te pesa como un lastre. Como la camiseta que se usa debajo puede ser cualquiera, ya que no se ve, he descubierto unas tejidas con un hilo especial que creo que van a ser mi salvación.
     Aunque ahora la competición europea está detenida, me han avisado que cuando recomience a finales de febrero y toque ir a jugar en los países nórdicos, será cuando sepa de verdad lo que es el frío. Por lo pronto he dejado crecer algo más el pelo para que me abrigue la cabeza.
     A propósito de ese pequeño bache, ha podido constatar el alto precio que te cobra la fama. Los altibajos en los deportistas hasta cierto punto yo los considero lógicos, como humanos y no máquinas que somos, y de esa norma tan sólo algunos muy privilegiados atletas se salvan.
     Cuando tu puesto está de cara al gol -y eso lo sabéis vosotros tan bien como yo- hay veces que te encuentras en plena forma y se te niega el acierto. Es muy probable que quizá tu plena forma sea sólo una impresión ficticia, pero quizá también influya la suerte. Incluso casi siempre se dé una mezcla de ambas cosas.
     El caso es que, como os iba contando, al bajar mi efectividad, todo el montaje que aquí te rodea ha explotado como un volcán. Ya nadie se acuerda de los doce goles marcados en los dieciséis primeros partidos, sólo cuenta que en los cuatro últimos no he mojado, y que hamos perdido el primer lugar de la clasificación y ahora somos terceros.
     Da la sensación como si toda la prensa hubiera estado aguardando el momento para sentenciar. Cualquier periodista se siente capaz de diagnosticar las causas del bajón. Los peores son los menos profesionales, que quieren medrar a base de fabricar un sensacionalismo para el cual inventan patrañas que te adjudican sin el menor escrúpulo. Hay quienes levantan sospechas de que llevas una vida irregular, y luego te invitan a que demuestres que ello no es verdad; y como no te apetece entrar en su juego, concluyen: Calla, luego otorga.
     Menos mal que entrenador y jugadores me han arropado y animado. Ellos que están más enterados me han hecho ver que es parte del juego en que nos movemos. La prensa vive de los futbolistas, y el fútbol se alimenta de la animación social que generan las publicaciones. Un intercambio de intereses que engorda nuestras fichas y que por tanto justifica incluso que seamos maltratados.
     Todo podrá responder a los intereses que quieran, pero lo que no es ético es que inventen lo que no es, ni que tergiversen tus declaraciones ¿Por qué ponen en mi boca frases hirientes contra otros equipos, cosas que yo no he dicho? Me dicen que es habitual hacerlo para caldear el ambiente de los encuentros, que eso hace crecer el interés de los partidos y que, en resumidas cuentas, produce beneficios.
     Te sientes instrumentalizado, y yo creo que al final el producto es que el jugador se descentra. Con el tiempo me figuro que te acostumbrarás, pero hay semanas que llenan las páginas con polémicas en que te encuentras tú en el centro, sin que puedas hacer nada por evitarlo. Te acosan con que si has dicho, o si has dejado de decir; que se ha comentado o que en tal país dicen que tienes un precontrato que has firmado y no sé cuantas majaderías más.
     Por eso os decía que la fama tiene su precio y al final puedes incluso no llegar a saber cual es, porque no os hacéis una idea de hasta dónde puede llegar a crecer la bola.
     A pesar de todo, yo intento estar a lo mío. Espero que febrero sea el mes de mi recuperación total. Por lo pronto no me falta la confianza del míster y mi mayor es no perder la mía propia.
     Por otro lado tengo a mi tío Doj detrás de mí para que acceda a firmar unos contratos para hacer publicidad ¿Vosotros me veis en la pantalla anunciando ropa deportiva o calzoncillos? Yo creo que ese es el campo de los modelos y no me parece correcto que otros vayamos a robarles su trabajo. Los contratos que ofrecen son muy fuertes, y muy tentadores, porque contra más se tiene más se desea, sobre todo si el modo de ganarlo es tan fácil. El tío Doj, venga a insistirme en que éste es un momento excepcional, en que mi cotización está muy alta, y en que la vida de jugador se puede truncar en cualquier momento.
     Cuando te lo plantean así, parece que tienen razón, pero luego al mirarlo fríamente, escuchando mi corazón, hay algo que me dice que no. En el fondo no sé muy bien cual es la razón; quizá que soy tonto simplemente que no quiero acabar siendo un pelele del sistema liberal de aquí.
     En esto no os pido consejo porque para entenderlo hay que estar metido en esta sociedad. Lo peor de todo es lo fácil que te lo ponen, y si lo piensas bien, el que puedes hacer mucho bien empleando acertadamente esos recursos. Pero sigo creyendo que es un cierto desajuste en el que no debo entrar.
     No sé por qué os cuento todos estos líos, pero ya veis que además de jugar al fútbol el contrato te mete en todos estos aditamentos que no figuran en la letra escrita.
     Yo le hago caso a mi abuelo, que me dice que soy muy joven y me recomienda que no quiera hacerlo todo al mismo tiempo; que me centre en lo que estoy y que deje para más adelante lo demás. Creo que tiene razón porque la presión es altísima, y si quieres abarcar cincuenta cosas acabas haciendo todas de cualquier manera. Además, a mí lo que me justa es jugar al fútbol y, si pudiera, pasar desapercibido. Mi madre siempre dijo que era el tímido de la familia.
     En lo que sí voy a participar es el un espacio publicitario con otros deportistas europeos a favor de la lucha contra el consumo de drogas. Creo que todas estas cosas tienen una eficacia muy relativa, pero si conseguimos recuperar a una sola persona me doy por satisfecho.
     El juego del equipo va mejor, estamos más conjuntados, aunque en estas últimas jornadas los resultados no nos hayan acompañado. Las diagonales funcionan mucho mejor, aunque aún tenemos que mejorar en los desmarques. Tengo la impresión que en primavera vamos a jugar mejor si aguanta el cuerpo el ritmo de tantos partidos. Durante estos meses de invierno en que se para el campeonato europeo se nota un cierto alivio, y aunque se nos acusa de que ahora que estamos menos agobiados es cuando lo estamos haciendo peor, creo que no guarda relación. A veces parece que todas las convicciones que tenías sobre el fútbol te las tumban unos resultados negativos. Nos queda mucho por aprender.
     A través de internet sigo los resultados vuestros y la copa de África.
     No dejéis de escribirme y hacerle mucho caso a Arka, que es un gran entrenador. Ahora que tengo trato más próximo con los de aquí os aseguro que Arka sabe muy bien lo que hace. Quizá en Europa no triunfase, porque no se estila tanto la disciplina, pero tácticamente lo haría muy bien.
     En verano espero que me dejéis jugar con vosotros algún amistoso. La verdad, os echo de menos.
     Un fuerte abrazo para todos y cada uno :
                                                                    Nimba
 
 
 

Madrid, 26 de Febrero de 2006

     Muy querida Zenia :
                                    Tu ánimo lo siento tan cerca de mí que es el revulsivo que me hace levantar cada mañana con las ansias de todo lo mejor. Esas caricias de tu voz, esos besos de tus cartas, rompen la distancia y te hacen junto a mí de continuo.
     No me vuelvas a decir que últimamente gasto mucho en llamadas de teléfono. Si eres mi mejor medicina ¿qué no gastaría? Eres mi único vicio. Ya se que no tenemos derecho a derrochar, lo que ocurre es que cuando uno está en esta sociedad el dinero parece que tiene un valor mucho más relativo. Sinceramente, me hace tanto bien esos ratos contigo que creo es el mejor empleo en que puedo gastar el dinero.
     Te dije que con tu ayuda iba a remontar mi bache y así ha sido. Últimamente van mucho mejor las cosas profesionales. Todos dicen que el equipo ha superado el bache y que ello coincide con mi recuperación. Lo cierto, sobre todo, es que en el vestuario hay mucho mejor ambiente, y los últimos resultados hacen que el optimismo se haya desbordado.
     Por mi parte creo que nos ha ayudado el que en este mes de febrero el sol nos acompañe después de un enero en que hizo mucho frío y se sucedieron las tempestades.
     Ya mismo volvemos a las competiciones europeas, en las que la criba va haciendo que ya no quede ni un sólo contrincante cómodo. Cada partido, una final. La verdad es que tiene aliciente, me siento muy motivado.
     Desde primeros de año salgo más en los ratos que entre concentraciones y entrenamientos nos quedan libres. La peña que hemos formado con los amigos del liceo, y de la que tanto te hablo, va muy bien. Vamos a algunos actos culturales o a veces simplemente nos reunimos para hablar. Como casi todos los que perfeccionamos español somos extranjeros, hay muchas cosas que contar y que contrastar. Me he dado cuenta que la gente española de más cultura son quienes menos prejuicios raciales tienen; quizá porque han viajado y han asimilado que la persona humana es universal y no noroccidental. La pena es que no piensen igual a la hora de diversificar las riquezas. También te das cuenta que a nosotros, por ejemplo, nos vendría muy bien aprender muchas cosas, entre ellas la de mejorar en la cultura del trabajo.
     En otros aspectos de la cultura, casi todos los de la peña, en especial los nacidos en Asia, coinciden en que el nivel cultural europeo está escindido en dos segmentos: Por un lado podríamos decir el erudito, que es el que se refleja internacionalmente, y por otro el popular, en el cual el nivel que desde fuera nos hacíamos contrasta con la realidad. El nivel común de este último segmento está en que han acumulado muchos conocimientos, pero el nivel de análisis es vulgar, muy similar al de nuestra gente y, al decir de los asiáticos, por debajo del suyo.
     De ahí viene, a mi parecer, esa superficialidad en los juicios y ese avenimiento a los moldes en los modales de actuación, de pensamiento, etc. Quizá ellos no se den cuenta, pero si tú vinieras a Europa, te sorprendería esa uniformidad. A mi me recuerda un poco a lo que ocurre con las películas que vemos en Kinshasa; en el ambiente que la mayoría de ellas presentan se estereotipa a la sociedad norteamericana. Luego es muy posible que esos cánones no sean los acertados, pero lo que sí se advierte es que estas sociedades se encuentran determinadas por los tipos que les marcan los medios de comunicación.
     A mí me gusta más nuestra diversidad, aunque en un futuro los medios digitales de información, que irán proliferando, quizá junto a la difusión del conocimiento nos vendan las ideas precocinadas.
     Tengo claro que cuando sea profesor lo más importante a enseñar será que los chicos crezcan en la capacidad de análisis, aunque les cueste algunos coscorrones en la etapa de la rebeldía juvenil luego hará de ellos personas.
     En el ambiente del fútbol se nota mucho estos contrastes de la cultura. Convivimos en un mismo equipo gentes de muy variada extracción social, cultural, de razas, de ideologías. Y la vida profesional se hace muy en común. En pocos ámbitos de trabajo se da algo así y por eso aquí se palpa la diversidad sin máscaras, y entre todas las caracterizaciones la que a mi juicio más determina es la intelectual.
     Para nuestros hijos querré en primer lugar que sean buenas personas, pero si hubiera de poder elegir virtud, les adjudicaría que crecieran en la inquietud por saber ¿No te parece? Luego habremos de contentarnos como salgan, pero tenemos que poner todo el empeño en que no sean frívolos, superficiales.
     ¡Los hijos! Con cuanta ilusión hemos hablado tantas veces. Nuestra estela, el futuro de nuestro pueblo, la continuidad de la tribu; unos hombres y mujeres que serán mejores que nosotros y asentarán el progreso.
     Aquí en España, la perspectiva es muy distinta. El índice de natalidad es muy bajo, aunque tienen la gran suerte de que la mortandad infantil es escasa. No te lo puedes creer, pero la sensación que he percibido en este tiempo que llevo aquí es que existe un cierto miedo a concebir hijos. Al principio pensé que era un problema de acomodación de la sociedad, pero luego, por conversaciones con conocidos y amigos he detectado un cierto miedo al fracaso como padres. La responsabilidad les abruma. Es como si en una sociedad tan protegida se hubieran perdido los hábitos de arriesgar. En muchos jóvenes parece haber un profundo temor al fracaso, que en nuestro pueblo consideraríamos mentes débiles o enfermizas. ¿Te figuras un jugador de fútbol que tuviera miedo de chutar a puerta por si falla? Sería un estorbo en el equipo.
     Recuerdo bien, y se lo repito a los amigos cuando sale la conversación, aquel dicho que siempre proponías como lema cuando preparábamos alguna excursión por la selva: Quien se arriesga, triunfa. En el fútbol tenemos una sentencia: El que duda en querer tirar un penalti, tiene doble posibilidad de fallarlo. Y casi siempre se cumple. Es cierto que quien no arriesga aparentemente nunca fracasa, pero lo que consigue es convertir su vida en un permanente fracaso.
     Es lo mejor de ti; tu optimismo, tu disposición siempre a acometer nuevas situaciones, como cuando me empujaste para que arriesgara y me viniera a jugar a Europa. Es cierto que dudaba, por no dejarte y porque separarme de los míos se me hacía difícil, pero también es cierto, y te lo dije, que aunque me apetecía, me daba algo de miedo.
     Tu coraje fue el último empujón que me hizo decidir esta partida de la que no me arrepiento, sólo que me faltas tú aquí, a mi lado, para que fuera la aventura perfecta.
     Hay quien dice que el amor está pasado de moda, pero será porque están secos y no tienen nada que compartir y nada que fructificar.
     Zenia, ¡ojalá nunca nos hagamos viejos!
     Hoy he estado tocando la trompeta en casa de Louis y Bernardette. Ella toca el piano y compone música. Louis canta muy bien. Entre los tres hamos compuesto una canción con el ritmo de los setenta para la mamma. Lo hemos pasado muy bien porque sobre la marcha hamos ido introduciendo una variación de notas sobre la base melódica que nos ha surgido casi espontáneamente.
     Un día que tengamos más tiempo vamos a grabarla para poder enviártela, a ver si te gusta.
     Puede ser una tontería, pero a la hora de componer para la madre es como si todos coincidiéramos en los sentimientos.
     Mañana partimos hacia Moscú, donde tenemos un partido muy importante. Dicen que allí hace una temperatura de diez grados bajo cero. Como nos toque jugar con esa temperatura lo voy a pasar muy mal, pero al tiempo sé que no puedo fallar, porque ganar nos sería muy favorable, y al menos empatar vital. Lo más curioso es que para el frío, así como para el excesivo calor, no existe posibilidad de prepararse. Jugaré con un interior de sola pieza de un punto especial que conserva el calor del cuerpo, y sobre él el uniforme del equipo. Ayer lo usé para probar, es cómodo, pero como aquí no hace tanto frío me angustiaba en exceso la falta de ventilación. Ya te contaré como queda la experiencia. Algunos compañeros lo han usado años pasados y les dio resultado.
     Desde Moscú te mandaré una tarjeta. Recuerda que eres mi talismán, el miércoles a las siete y media, hora de Kinshasa, te acordarás de mí de manera especial. Notaré tu aliento en la cancha entre los miles de espectadores congelados que nos mirarán desde la grada.
     Me voy a descansar.
     No me olvides, que tanto te necesito.
     Siempre y sólo tuyo :
                                     Nimba
 
 
 

Madrid, 30 de Marzo de 2006

     Querido padre :
                              Hoy le puedo escribir con una relativa tranquilidad después del trago amargo que he sufrido las pasadas semanas.
     En nuestras últimas conversaciones telefónicas y en mis cartas anteriores no le he contado nada de lo que había por no preocuparles y porque así me lo recomendó la policía. Todo se ha llevado con tanta discreción que ha hecho posible el resultado feliz.
     Ahora que todo ha quedado aclarado se lo puedo desvelar con una gran paz, aunque la verdad es que la paz no la he perdido en estos momentos difíciles y he sabido aguantar el tipo, confiado en que no me faltaría la ayuda de Dios.
     Toda esta historia comienza con unas cartas anónimas que me llegaron a casa, en las que me comunicaban la conveniencia de que algunos extranjeros deberíamos pagar una tasa de compensación por el lugar que robábamos a deportistas continentales, lo que consideraban de justicia lo reclamaban como una conveniente y voluntaria aportación.
     A la primera carta no le di más importancia, aunque me dejó un poco intranquilo. Como coincidió con el mes de enero, en que yo no estaba en mi mejor momento, lo dejé pasar sin más.
     A finales de enero recibí una segunda misiva que me recomendaba adquirir un paquete de acciones en la bolsa de Milán, por un importe de un millón de euros. Me concedían un plazo de diez días para preparar la compra, y en caso contrario, si me ponía a la defensiva, que me atuviera a las consecuencias de lo que podría ocurrirle a mi familia.
     A partir de ese momento fui consciente de que podría no tratarse de una broma, y me encontré desconcertado de como actuar. La primera reacción fue pensar en acudir al tío Doj, para que por mí diera los pasos que le parecieran más correctos, pero cuando le iba a llamar para concertar una cita se me cruzó una intuición, relacionando el que en la misiva hiciera mención de gente de ahí; así que decidí que sería más conveniente mantenerle en principio a distancia. Luego, quitándole importancia, le hice una consulta sobre la conveniencia de invertir valores de esa sociedad de la bolsa de Milán. Su terminante respuesta, teniéndole al poco enfurecido al teléfono recriminándome que tras no hacerle caso con anterioridad ahora me diese por una aventura dislocada en una sociedad de chicha y nabo, me confirmó que no tenía nada que ver con la trama que sobre mí se cernía. Callé, le di la razón y quedó feliz.
     En ese estado de incertidumbre pensé simplemente en acudir a la policía. Eso es lo que me salvó. El comisario de mi zona me atendió personalmente, quitó importancia al asunto, me dio buenos ánimos y me insistió en que no debería saberlo nadie. Lo que más me encareció es que no dijera nada a nadie relacionado con el fútbol, porque el asunto saltaría a la prensa y podría volverse incontrolado. Me insistió en que era necesario que mi vida deportiva no trasluciera ninguna preocupación.
     Todas esas cosas se dicen muy fácilmente, pero no son sencillas de poner en práctica, al menos para un inexperto como yo. Me concentré en que debía hacerlo así, y puse en ello todo mi esfuerzo.
     Las instrucciones que me dio la policía, por si tenía alguna comunicación directa, fueron que mi actitud reflejara en todo momento que no creía que aquello fuera en serio, para meterles presión a los extorsionadores, si es que de verdad existían, y facilitar su localización.
     En esa misma semana, antes de acabar el plazo de los diez días, recibí varias llamadas en casa, quizá no tenían el número de mi móvil, en las que escuetamente me recordaban la conveniencia de mi diligencia y de mi silencio. En cuanto el aparato reproducía una voz, que identificaba con mis perseguidores, me empeñaba en continuas voces a insistir en que ya estaba bien de bromas, de modo que mi interlocutor, si es que lo había porque no era un mensaje grabado, no pudiera tener certeza de haberme trasmitido la comunicación.
     Así seguimos, mientras la policía intentaba hacer averiguaciones con la máxima prudencia entre mi entorno. Por lo que me dijeron, las llamadas provenían de puntos muy diversos, la mayor parte del otros países europeos.
     Yo, mientras, seguía haciendo mi vida normal, aunque notaba una discreta vigilancia policial a mi alrededor, que creo nadie más percibió. Me costaba dormir, y hacía enormes esfuerzos para que no se trasladase esa deuda de sueño al rendimiento.
     El comisario me comentó en una conversación que la extorsión a gente acaudalada se había incrementado últimamente, pero que siempre había existido, en especial sobre algunas personas como deportistas de élite, de quienes la prensa con frecuencia hacía ecos de sus altas retribuciones. Me contó incluso, que hace años, en pleno campeonato de liga, se había producido el secuestro de un jugador del Barcelona. Todo eso a mí no me tranquilizaba, pero cuando de verdad empecé a pasarlo mal fue cuando recibí una carta que contenía una foto de Zenia con un dibujo sobreañadido con una hendidura en la garganta que manaba un río de sangre. Ahora comprendí que su integridad podría estar dependiendo de mí.
     Te cuento padre, estas cosas no para que te asustes, porque ya todo está más o menos resuelto, sino sólo como un testimonio de lo que me ha tocado pasar, y por desahogarme un poco.
     El caso es que esa última carta sirvió de mucho a la investigación, pues suponía la complicidad de alguien cercano a nuestro pueblo.
     Entonces pensé incluso que el tío Doj pudiera estar implicado, y ante mí hubiera disimulado. Ahora me arrepiento y le pido perdón por haber temerariamente juzgado de esa forma a su hermano.
     La policía apuntaba como autores a una de las muchas banda organizadas que campean por Europa, y que contara con apoyo puntual de algún africano. Yo dudé en suplicar a la embajada de muestro país, aquí en España, para que os dieran protección, pero la policía me lo desaconsejó rotundamente. De ahí podría saltar a la publicidad, y para la investigación consideraban vital que todo aparentase como si yo siguiera considerándolo como un asunto que no tuviera trascendencia real.
     En un pequeño paquete, que procedía de Venezuela, me llegó un pendiente de Zenia. ¿Era realmente el suyo o uno igual? Me costó mucho -que os lo cuente ella- intentar sonsacarle sin asustarla si le habían robado ese pendiente. Era cierto, era el suyo. Me asusté sobremanera. Y de ello resultó un estado de nervios tan agresivo que hasta la misma policía aceptó que si era mi intención, siguiera el juego intentando ellos basarse en la colaboración de la Interpol para localizar a los extorsionadores.
     Esos días fueron los más tensos, y en los que parecía que mi entereza podría derrumbarse y trascender todo el tinglado, con lo que empeoraría mi situación a raíz de la presión de la prensa.
     Estaba convencido que los bandidos no merecían el fruto pretendido, pero también sabía que vosotros, que sois lo único que tengo, no podríais salir perjudicados ¡Qué difícil tomar una resolución!
     La verdad es que hasta que no recibí el pendiente, nada me aseguraba el riesgo para Zenia, en todo caso lo suponía para mí. Pero el solo pensar que quien fuera estaba tan cerca de ella me producía un permanente temblor de piernas.
     Se acercaba el día décimo del plazo soncedido, y yo tampoco tenía la idea clara del beneficio que obtenían los mafiosos con mi adquisición de valores bursátiles. Pedí un préstamo para tener opción al desembolso, si no surgía otra alternativa mejor, y con todas las dudas dentro de mi cuerpo di orden al banco de adquirir el día señalado las acciones indicadas. Casualmente las acciones habían incrementado su valor en los días anteriores un veintisiete por ciento. A los quince días esos valores se habían depreciado un cuarenta y tres por ciento y recibí una invitación a vender. Ahora comprendo la limpieza del juego sucio que alguien hacía con mi dinero.
     A todo esto hablaba diariamente con Zenia, quien por supuesto no sabía nada, y tenía mucho miedo que ella que me conoce tan bien se diera cuenta de algo.
     Había cedido al chantaje, y me encontraba decepcionado conmigo mismo. Zenia no había sufrido ningún percance y ello era mi único consuelo. Pero ¿donde tendría la extorsión su límite?
     A los pocos días recibí en casa la visita del comisario de policía. De acuerdo a la investigación que mantenían abierta, se había identificado a los extorsionadores con un grupo de una mafia ruso-italiana que actuaba contra intereses de personalidades relevantes por medio del chantaje. Reconoció que el haber pagado habría podido librar a mi novia de un mal muy probable, pues habitualmente llevaban a cabo sus amenazas.
     Si bien estaban identificados los sistemas empleados, por lo pronto no se podía actuar judicialmente contra los autores, por la carencia de pruebas irrefutables de delito. La única tranquilidad que me proporcionó era que hasta la fecha no se conocían que hubieran reincidido en su extorsión sobre una misma persona.
     Ya sólo me importaba la integridad de Zenia, y de todos vosotros que podríais haber sido igualmente acosados. El dinero con el que se podrían haber hecho tantas cosas hay que darlo por perdido. Al fin y al cabo, lo importante es que todo ha pasado sin mayores consecuencias que lo que haya podido trastornar mi estado emocional.
     Precisamente en ese tiempo, a pesar de tantos problemas, he recuperado mi rendimiento en la cancha y he vuelto a ver portería con gran facilidad. Como tantas veces, parece inexplicable que todo pueda ser tan contradictorio. Como le gustaba decir al abuelo : Dios exige pero no exprime. Quizá todo sea una prueba de Dios para que no me crea que todo el éxito es un regalo.
     Ya que todo se ha llevado con tanta discreción es mejor que no comente usted esto fuera del circulo de casa ¡Y que todos lo olvidemos lo antes posible!
     Muchos besos para todos de su hijo que tan orgulloso está de serlo :
                                                                                                             Nimba
 
 
 

Madrid, 11 de Abril de 2006

     Queridísima Zenia :
                                  No hay mal que por bien no venga. El martes pasado, jugando la Liga de Campeones, tuve un percance y estoy lesionado. No es grave, no te asustes. El terreno estaba mal por las últimas nieves que inesperadamente han solado a Europa, y a causa que pisé defectuosamente al tiempo me pusieron un plantillazo, se me ha producido un esguince en la rodilla. Al primer momento no me dolía mucho y pude continuar jugando, pero en el descanso, cuando me lo vio el médico, me indicó que no podía salir en la reanudación. Por momentos comenzó a hincharse la articulación y hacerse más agudo el dolor. Me tuvieron que llevar a la habitación del hotel en un carrito con una bolsa de hielo sobre la rodilla.
     Es curioso que en todo el tiempo que llevo jugando aquí no hubiera tenido la mínima lesión. Los del equipo me decían que soy de hierro, y por eso el color de la piel, pero ya se ve que barro y sólo barro.
     Más tarde, cuando me han hecho un reconocimiento a fondo, es cuando me han diagnosticado que no es más que un potente esguince. Eso significa dos semanas de reposo, y una o dos más de recuperación.
     Al final del partido, con el empate nos ha valido para quedar clasificados para las semifinales, cuyo primer partido no podré jugar, y el de vuelta depende de como evolucione la recuperación.
     Con esas prisas para que me incorpore cuanto antes al juego, teniendo en cuenta que atacamos el tramo final del campeonato europeo y el del país, me ha costado mucho convencer al cuadro técnico de que tenía que aprovechar esta circunstancia para tomarme unos días de descanso e ir a veros, aunque sea cojeando. El entrenador no quería, porque argumentaba que me produciría una desconcentración psicológica ahora que había recuperado lo mejor de mi forma. He tenido que ganarme al jefe de los médicos para que intercediera a mi favor, y así y todo, ha sido un pulso desigual.
     Al final, y eso es lo mejor, hemos llegado a un acuerdo; sorpréndete, la semana que viene estaré cinco días en Kinshasa. ¡Cinco días, casi una eternidad! Todo se ha conseguido gracias a que Jorge, uno de los fisios del equipo ha accedido a acompañarme esos días y controlar los ejercicios de mi recuperación. Siempre encuentras quien te eche una mano.
     Yo, sinceramente, creo que esos días que pasaré con vosotros me ayudarán a relajarme, pero en el sentido positivo de que no me comerán los nervios tanto como aquí viéndome incapacitado para entrenar con el resto del equipo.
     Cinco días en casa, los que no pude pasar en Navidad, y que tanto me dolió, por causa de esta lesión me han caído como llovidos del cielo. Esta vez espero que no haya problemas con los aviones ni con nada. Ten en cuenta que llego lesionado, así que no te hagas ilusiones de que pueda moverme mucho, además le he dado mi palabra al médico de guardar reposo y tendré a Jorge de guardián y testigo.
     Para Jorge, sí que le puedes preparar unas buenas excursiones, aunque va un poco asustado de lo que va a encontrar en nuestro país. Como le gusta mucho la fotografía está preparando sus equipos y yo le he asegurado unos muy buenos reportajes. Tienes que decirle a Banlí que le dedique tiempo, si puede, ya que él conoce algunos fantásticos lugares para esa actividad.
     Mi lesión, aunque me ha llegado en mal momento, para otros supondrá un empujón que les permita ser titulares más partidos, marcar goles y demostrar por que están en este equipo. Detrás de ese lo siento no puede extrañar que coexista un ahora me toca a mí. Es una de esas cosas curiosas que tiene el fútbol y que es un reflejo de otras situaciones de la vida. El éxito no se puede alcanzar sino por la labor de equipo, y al tiempo la labor de equipo supone una selección en la que el considerado mejor desplaza a su compañero. En esa confrontación no te puede extrañar que surjan esos sentimientos encontrados que suponen el que tu mejor bien sea la caída de tu compañero.
     Por otro lado se junta a la satisfacción personal del triunfo la del deber cumplido, pues desde la cancha se adivina los sentimientos de un público que en la tribuna sólo espera de ti el éxito que colme su expectación de victoria.
     Se trata de un descubrimiento sobre esta sociedad que progresivamente he ido penetrando. Un equipo, un club, es como una especie de tribu. Se ha creado una especie de afinidad, una relación misteriosa que no sabría puntualizar, entre público y jugadores que desborda lo puramente racional para convertirse en una pasión afectiva muy difícil de explicar.
     Ello es lo que hace que aunque sabes que cualquier compañero del equipo puede rendir tan bien como tú, sientas la necesidad de ser protagonista de esas sensaciones; confías en los demás como el público confía en ti, pero participar directamente en conseguir esas metas es algo más. Y ese apasionamiento es la cara y revés de todo jugador, que no se aprende más que cuando llegas a tener que estar apartado de la titularidad.
     Poco a poco se ha ido produciendo un cambio en mi persona sin que casi ni me haya percibido de ello. Lo que cuando llegué aquí me parecía una frivolidad, con el paso del tiempo he ido comprendiendo que no es más que un reflejo de la idiosincrasia de esta civilización, que también tiene sus tabúes y sus convenciones idolátricas. Es el mismo apasionamiento que a todos nos mueve y que se conforma a ideas diversas; semejante papel al que en nuestra comunidad ocupan las tradiciones de tribu, aquí, que la idea de estirpe está muy desvaída, se realiza a veces en torno a acontecimientos capaces de captar la adhesión del estado emocional del individuo.
     Lo mismo que creo que me está pasando a mí. Cada vez siento más míos semejantes sentimientos y que la distancia de lo racional con que al llegar observaba se va relativizando.
     No sé si es normal que esto suceda, lo cierto parece ser que la integración en una sociedad depende mucho de cada persona, y yo, bien lo sabes, me adapto sin muchas dificultades a cualquier ambiente. Lo que más me sorprende es que cuando analizo fríamente los acontecimientos no me veo como el seguidor que apasionadamente defiende unos colores, y sin embargo, luego, en el acontecer diario cada vez considero más propio cuanto al club se refiere.
     Soy consciente que sólo un contrato laboral es lo que me una a cuanto comparto aquí, y esta misma lesión se encarga de recordarme lo efímero que puede llegar a ser.
     Como puedes ver, nadie se salva de los conflictos del alma. ¿Hasta dónde vale la pena apasionarse por un juego?
     No creas que cuando llegue me vas a encontrar cambiado. Quizá estos vaivenes me sacuden porque no te tengo a mi lado, pero siempre tu solo recuerdo me devuelve los pies al suelo, al más real, al del mundo que nos queda por construir entre los dos.
     Si Dios quiere llegaré el próximo martes, y esa es la causa de que rompiendo mi costumbre te envíe este correo por e-mail.
     Reprime tu alegría y no prodigues que voy para ahí. Me gustaría pasar los días discretamente con vosotros. Que nadie nos robe el poco tiempo de que dispongo. Además recuerda: llego casi inválido.
     Quedan dos días y se me hace eterno tener que esperar todo ese tiempo para abrazarte.
     Te quiero, y te querré siempre :
                                                      Nimba.
 
 

EPILOGO

     Ese abrazo nunca llegó a realizarse. Nimba y otros ciento cuarenta y dos pasajeros perecieron en el accidente del avión que les conducía desde Bruselas a Kinshasa, cuando sobrevolaban el desierto de Argel.
     El paso de Nimba por el fútbol español fue efímero. A él dedicaron sus compañeros el triunfo en la máxima competición europea.
     Pocos meses después su nombre sólo era un vago recuerdo en los aficionados.
     El club cobró una substanciosa indemnización de una compañía de seguros, con la que adquirió un nuevo jugador que llevaría el número nueve a la espalda.
     Zenia recopiló estas cartas y decidió editarlas en homenaje a su amado. Con ellas se hicieron sucesivas ediciones cuyos beneficios posibilitaron la construcción en Kinshasa del complejo escolar que lleva el nombre de Inmortal Nimba.

Diciembre, 2008.

FIN