EL ESPÍRITU DE LA MATERIA
                                                                                                  Jorge Botella
 

                              1
 

Requerí al mundo el silencio
para escuchar
el lento crecer del trigo.
Mieses de mayo.
Ya iba dorando
mirándose en el cielo,
despojado de tiempo,
despojados de espacio
él y yo.
Mieses de mayo.
No había lugar a la soledad;
abrazamos el cosmos
fundiendo materia y espíritu
en armonía perfecta.
Donde empezaba él 
terminé yo 
mi obra.
Mieses de mayo.

 
                  2


¡Padre!
gritó mi niño
mostrándome en su mano
el trigo desgranado.

El fruto
que es del Hacedor,
y tuyo y mío,
y de la tierra
y del trabajo
y de la espera.

No es grano,
no sólo es semilla,
es tierra,
es cielo.

No es un capricho, 
no es un sueño.
Es más que vida,
es más que algo terreno.

¡Míralo despacio!
mi niño.
Míralo en silencio, 
como cuando rezas.
 

                                       3

¡Canta!¡Patata, canta!
No te sientas tubérculo hastiado
zaherido del esplendor de las flores
en húmeda tierra baldío.
Forjada en sombras, 
sin luz de soles,
sin la caricia de los vientos,
sin el calor de los colores.
En la espera, callada.
No eres de liviano valor,
no morirás así, a oscuras.
Concluyó la vigilia.
¡Canta! ¡Patata, canta!
Percibe la carreta, 
arreos,
albarcas de madera y cuero
que se hunden en el surco.
Despierta y conoce
al hombre que saboreó esperanzas
velando tu sueño.
Te preparó una cuna, 
calmó tu sed.
El cielo detuvo el sol;
sobre la cerca una higuera
en la espera contempla.
Dos perros en escena,
la azada alza.
¡Canta! ¡Patata, canta!
Puedes morir al destierro,
puedes nacer a la gloria
pasar a lo eterno.
 

                                       4

Soledades.
Quien se alzó sobre todos
recibió muchos adiós.
Carecer
Tener
Llorar
Reír
Olvidar
Querer
no son simples versos
en una lengua de tres conjugaciones.
Sin requerir tu voluntad
te viven, te superan, 
y a un tiempo
te enmarañan en sus redes.
Juego de damas.
Soledad
del viajero
que fuente alguna sació su sed.
Milagro 
del diálogo 
de cada alma con su cuerpo.
Es un riesgo alcanzar las alturas,
es el silencio.
Sin descanso
gravado
de un estado sin espacios muertos;
traspasados los ritos:
el aplauso
el consuelo,
qué sola vive el alma 
sin su cuerpo,
qué solo muere el cuerpo 
sin su alma.
Con este bagaje
embarcados
sobre un mar
que se nos da
sobrio y virgen
hacia el mismo rumbo
que marca el sol
cada mañana
gastamos una esencia 
que no consumimos.
 

                                       5

Arroyo fresco de agua clara

¡corre el agua!
Con coraje bravo 
de alta montaña.
Discurre ladera abajo
lamiendo la roca,
besando el surco,
dejándote deslizar
casi sin esfuerzo
musitando un rumor
en el silencio.
Ya reposarás
-merecido descanso-
en alguna laguna
donde contemplar mecerse la luna
en las combas de plata.
Ahora, ¡corre el agua!
Empápate del milagro 
de las agujas de roca
punzando el viento.
Interpreta en ese valle
el mundo entero.
El agua que bajas,
ya cedido al cauce río,
soñará con nostalgia
las frías noches, 
las frías mañanas,
el musgo,
el helecho,
de su primera casa
en la alta montaña.
Arroyo fresco de agua clara
¡corre el agua!
Encuentra la gloria
calmando la sed del viajero,
calmando la sed del rebaño,
calmando la sed del sol.
 

                                       6

Podrá el mundo tejer
a mis espaldas
una soga de nudo grueso;
yo responderá con mi silencio
en vigilia hasta el amanecer.
Con los primeros soles
se levantarán los pueblos;
hasta juntarse en torno
a la mesa de los maestros.
Los que antojan la fuerza,
los que subyugan con el miedo,
los que trajinan la comparsa,
a esos llaman maestros.
Reo,
seré reo,
pero nunca esclavo
preso entre sus manos.
¡Yo no soy carne de mercado!
No puedo ser negociado 
en una tribuna de castas
ni objeto de contrabando.
A cada espacio de mi cuerpo
se derrama
la libertad
ganada en mi alma.
Un todo inequívoco y perfecto
que sobrevive como un milagro
a la marea de los tiempos.
Sin ceder un paso he de vencer
o morir en el intento,
sin vender un aliento
que pueda abrir una fisura
en mi concepción de lo eterno.
¡Yo no soy carne de mercado!
La razón de ser que mueve mis actos
no es tinta que desvanece el tiempo.
Cada gota de sangre 
salpicada de mis venas
habla de mí en testamento.
Mirar la tierra
trabajar
luchar
amar,
la pasión contenida en el esfuerzo,
es el don de poseer el cuerpo.
¡Yo no soy carne de mercado!
 

                                       7

Que triste noche has pasado
tarugo en madera viva,
allá quedaste llorando
al ver que te tracé con prisa
para dar fin más temprano.
No eras nada, y eres tanto,
en germen en la semilla
que lluvia y sol aliados
dieron al mundo la dicha
de traer un nuevo árbol.
Tronco virgen de árbol sano
que espera toda una vida
para alcanzar ser centenario,
y volver a nacer un día
a otro afán en mis manos.
Quien me hizo a mí artesano
hizo de ti tabla rica,
y al propiciar insertarnos
en una misma melodía
nos fundió en el trabajo.
Amigo firme en mi mano;
martillo, sierra, escofina,
cepillo, formón, un clavo,
se dibujan las aristas
en los palos ensamblados.
Silencio, los dos callados;
el sinfín de la máquina
esparce a nuestro lado
serrín y viruta fina
que se posan delicados.
Entre tú y yo, entre ambos,
labor casi divina
de creación, entramamos 
una obra que se perfila
a superar el ocaso.
 

                                       8

Manos gastadas 
en masas de cal y cemento;
piel quemada
de vientos, fríos y soles.
Corpulento,
textura labrada
en trabajos en el tiempo;
tez morena,
gesto serio.
Hijo de artesano,
muchacho peón de andamio;
sin escuela,
con la cultura que se adquiere cada día al pie del tajo
se fue criando albañil.
Sin retiros, sin descanso;
casó entre dos días de trabajo,
entre dos jornales, 
entre dos rectos tendeles
en un muro alineados.
Albañileó todos sus días
frente al sol
ordenando el tapial,
masa de arcilla, paja seca,
que se dejaba moldear en sus manos
entre sonrisas y silencios,
entre recuerdos y rezos,
entre nostalgias y deseos.
Armas heredadas de un abuelo:
escuadra, nivel, plomada,
una talocha arañada por el yeso,
la constancia,
el buen hacer,
el esfuerzo.
Cortar el tajo cuando se fue el sol,
un bocado junto al fuego,
liar un cigarro,
amar ese trabajo.
Levantó la nueva casa
donde cobijar del viento
el calor del hogar.
Levantó la escuela
rodeando un patio de luz,
olmos y naranjos.
Y un día que alzó su mirada al cielo 
comenzó una catedral para su Dios.
Su testigo es
la vieja paleta,
-amiga, compañera,-
y sus testamentos
la obra hecha.
Hablarán de él
redimidos del destierro 
la piedra, la arena,
el adobe,
la teja que siempre mira al sol.
No se vertió en la nada,
en su nueva andadura
eternizó su obra
allá.
 

                                       9

Rico muchacho sin historia
sin cuna
sin estudio sin legado
sin hogar
sin familia sin trabajo
con la bolsa vacía 
y las manos hundidas en un mercado de fantasías.
Rico muchacho en ilusiones
en sueños
en espacio en tiempo
en sentimiento
en esperanza en silencio
con la bolsa vacía
y las manos hundidas en un mercado de fantasías.
Rico muchacho te llamo
porque ese metal
no te puede ser robado.
 

                                      10

Cuando muera 
que me den tierra en pie
sobre el monte que vigila el valle;
que nadie cierre mis ojos. 
Quiero ser el primero,
al cuerpo renacer,
en ver los campos de trigo
-¡gloriosos, eternos!-
mecerse a nuestro pies.
 

                                      11

Los que pasan sin contemplar
cuantas sombras hace hoy la luna.
Los que pasan sin contemplar
por qué canta hoy el mirlo.
Los que pasan sin contemplar 
el color de que se viste la rosa.
Los que pasan sin contemplar 
como se abrasa el tronco en la llama.
Los que pasan sin contemplar 
la cadencia del agua en la orilla.
Los que pasan sin contemplar 
como enrojece la guinda en la rama.
Los que pasan sin contemplar,
pasan, y pasan.
 

                                      12

Estrechar una mano 
es poseer un alma
en al breve momento
que duró aquel abrazo.
 

                                      13

Quedó su nido colgado
prendido a dos maderos,
quedó su nido vacío
alzó dichoso su vuelo;
dejó en silencio a los niños
paladear su recuerdo.
 
                                      14
Tierra seca, mala tierra,
arcilla escondida,
arcilla en la espera.
¿Qué manos te darán redención de las maldiciones de otras bocas?
¿Qué manos templadas en la forja de una tradición te delimitarán en la misteriosa forma que encanta toda figura?
Argamasa quebradiza que alcanzará la fuerza en el calor del fuego,
bajo tierra ¿estás muerta?
Enterrada en la sepultura de los siglos
sustentas un mundo
que quema la luz del sol.
 

                                      15

Deja que junte tu mano a mi mano,
que pose mi dedo sobre tu dedo,
permíteme modelar contigo de la arcilla
haciendo nacer un nuevo ser
que consuma la vida a nuestro lado.
Déjame hacer contigo
de los anhelos de la nada
un mundo de realidades
que a nuestro lado emerja
mutilando el infinito silencio
en los abismos concertado.
Déjame hacer contigo
jinetes sobre el mar encabalgados,
timbales de cuero que engarcen
nuestros gritos
con sones eternos;
muñecas de porcelana que lloren
nuestras lágrimas
reprimidas tanto tiempo;
una barca en que viajen 
los deseos y anhelos
sepultados tanto tiempo;
la cometa, el lucero,
el aliso, la violeta.
Déjame hacer contigo un pecho
para llenarlo de amor,
compasión y consuelo;
unos ojos que vean nuestro cielo,
y una voz para dejar en ella
nuestro verso.
 

                                      16

No porque algo sea de otros mucho
es por ello menos tuyo.
Porque tu posees 
respondiendo a la voz de adopción 
que te tiende un mundo 
que a todos habla
y nadie entiende.
Un mundo que te tienen
como destino de un mensaje
entre dolores y consuelos engarzado,
que alza desde su preñez
en los abismos de la materia
un manojo de gritos
en busca de libertad.
Palabras que contienen
el jugo de un fruto
que se te ha dado a probar.
Retrae los párpados,
deja discurrir entre silencios 
en los recodos internos
-laberinto del cuerpo-
su vasallaje de sumisión
al lugar de tu realeza.
Da tú vida
a la sombra perdida,
a la errante figura
que en ti busca
su existencia real.
 

                          FIN