OTOÑO EN MADRID

                                                                              Jorge Botella
 

                                       1
 

22 de Septiembre

El estío ansía supervivencia
arrollando el bastión del equinoccio,
negándose a morir, negándose a ceder 
al otoño dorado
el debido relevo estacional.
Burla de calendarios.
Como si detener pudiera el hombre
el pasar de los pájaros, 
el correr de las nubes, 
el morir de los huesos.
Festival de soles. Incandescentes 
luces sorprenden pueblos y arden pasiones
en la breve e intensa noche señera.
¿Quién quisiera dejar la juventud
y enterrar los afanes de la experiencia?
Pero habrán de morir;
pasarán del poder a ser recuerdo,
como el baño de sol,
el letargo en la siesta,
el atrezzo del cuerpo semidesnudo.
Todo habrá de dejar paso a las cosas 
como son y serán envejecidas
por el tiempo.
Los recuerdos del ayer, despilfarrando 
de la vida los oros
y hoy aprietan las suertes en desbandada
cabalgando y sembrando apocalipsis
en el alma.
El sol en su dominio haciendo imperio,
la erguida esbeltez del cuerpo joven,
rodando el equinoccio, tendrán su noche, 
y en brazos del otoño
un apuesto 
despertar. 

                                       2
 

25 de Septiembre

Entre las tapias
de los claustrales patios
que la ciudad conserva, 
niñas, niños
- pertinaces infantes -
a su aire, alborozados,
corretean.
Pequeños que entregaron
en el primer septiembre 
libertades y sueños a la aventura 
de aprender.
La genuina señal del nuevo otoño.
Madurez que a la vida los años presta
borrando los caprichos;
pátina de esforzadas obligaciones.
Madurez entonada entre ocres, 
madurez adornada de suaves grises, 
perdiendo lentamente
cada rama sus hojas, 
dibujándose tímidas
marcas sobre la dermis.
La mirada algo más 
recogida 
por el peso añadido de los engaños
recibidos.
Remolinos de viento
levantados del polvo
desigualan la suerte de los mortales,
quebrando la esperanza al contemplar
las profanas fisuras del entramado 
de la vida.
Nubarrones que asombran
la aurora del encanto
juvenil.
Y tiemblan a un tiempo
las espesas certezas
de la vida
tan largo sostenidas.
Habrase de sufrir otro otoño
enhebrando deseos
para en él descansar.

                                       3
 

27 de Septiembre

Llueve, llueve
inabarcable lluvia
cuando ya en el olvido sumido estaba 
el escuchar del agua arrebatando 
los cristales.
Opalina visión 
del más allá que gris enturbia el día.
Con el cuerpo cansado 
el alma se susurra - premonición -
los avatares lánguidos 
de una vida encogida.
Huye el sol que prestaba 
el brío juvenil.
Desmembrarse 
y vivir del recuerdo
cuando el día amanece
otro otoño escupiendo monotonía
sobre los resignados pasos cansinos.
Otro otoño
de noches sin lucero;
silencioso relente
condensa soledad 
en un cuerpo que siente
un sinfín de pasiones desajustadas.
Como tanto se amó, se quiere amar.
Del cuerpo yermo el ímpetu prestado al alma
rechina. Reedita los sentimientos,
sortea recónditos, encasillados
pentagramas de vida, escaparates
de un hombre que no es, queriendo ser.
Llueve, llueve, 
cae la tarde.

                                       4
 

28 de Septiembre

Estuche de colores
rimados a la voz de un maestro,
farándula del gris
quien codicia del verde de los geranios.
Veladura.
La luz del medio sol concibe sombras
risueñas que sortean
la esperada figura
dejando del perfil un bronco espasmo.
La figura en que nadie desea reconocerse
ingenua te entretiene, busca su nombre.
Verde y gris
se baten recelosos.
Más que nunca, el rostro merodeando
un espejo entabla conversaciones
reflejas con su yo.
Diálogos de la tarde, monología
de los vivos colores que se carece
por pobreza heredada elemental
de habitar en el tiempo.
Exterior de geranios primaverales,
interior
de grisallas vahídas, desocupadas,
de anhelos que no son, por muy mayores.
En la tarde 
los verdes se refrescan 
con la bruma,
y las almas suspiran en bancarrota.
Hay grises que no son
esencia del color.
 

                                       5
 

29 de Septiembre

El perfil del quehacer
se dibuja acabado 
y entre truenos el tiempo, antes escaso, 
se retrae al amparo
de la noche.
Breve tarde
estandarte de otoño.
Relojes deteniendo, a media noche,
una hora el correr de nuestro tiempo;
porque sobran esfuerzos al desgastado 
cuerpo que los contiene.
Tiempo de reposar,
de conceder audiencia a los susurros
tiernos de los caprichos,
que exigen retractar fidelidad, 
dar tierra a la palabra,
exhumar las pasiones.
Abrevia el claro día
y alarga la tiniebla noche a noche
en las que el alma teme
- como niña -
una profunda duda existencial.
Cuando ya a nadie se ama,
se vaga en arañar la densa bruma
hasta herirse;
y se desearía 
revivir al solaz de la mañana
cuando las hojas mansas
se posan sobre el suelo, y los castaños
dan el fruto.
Los árboles contemplan mientras desnudan
sus ramas temerosos.
 

                                       6
 

1 de Octubre

Eterna paralela, senda estirada,
que desliza una jaula articulada
que condena el pesar de los que arrastran
el vicio del extrés de la ciudad.
Aplastándose al mapa - agusanados -
los extraños viajeros 
rumian sus desazones.
Regresan cada tarde 
en un tren que rebosa monotonía.
Prisión de incomprensiones,
palabras que se quedan dentro del alma, 
diálogos de silencios,
cuchicheos.
Parece corromperse la luz, el tiempo, 
y hacerse mohínos los caracteres.
Abandonan los ojos
el imán de la letra recién impresa;
traspasando el cristal
los penetra
la danza de colores del horizonte.
El reducto se encoge,
se apaga por contraste a la inmensidad
que presta el sol de tarde.
Allá la libertad 
no buscada se brinda como un soneto 
de atrevidos matices.
Se pone el astro sol
exponiéndose.
 

                                       7
 

2 de Octubre

Hay días que son de oro
y moneda la luna
encumbrándose
señera del oriente,
retablo y horizonte de la ciudad.
Dardo de fuego el sol mientras se escapa
por el perfil quebrado del occidente
dorando un breve tiempo
el infinito espacio su resplandor.
Hay días que son de oro,
con no más 
de veinticuatro horas
y una fecha marcada del calendario,
en los que el alma siente
expandirse y asir
el destino velado desde lo eterno.
Hay días que son de oro como un enigma
descifrado entre las
monótonas jornadas de la existencia,
cuando se suponía las experiencias 
de la vida exprimidas.
Habría de llegar
un octubre sorprendente
para desabrochar 
una esquina del alma
y dejarla volar allá del cuerpo;
cuando el hombre vestía
sólo en gris.
 

                                       8
 

5 de Octubre

Penetra los umbrales 
del bosque en la ciudad, puerta del cielo, 
un alma de Alcalá, cosmopolita.
Atrás, los quebraderos apresurados
del cuerpo, el torbellino de los quehaceres. 
Al primer relámpago de las farolas,
el alma, cuando el sol allá se huye,
ase la paz del parque.
Mientras el suave soplo del viento íntimo
menea los árboles,
vencidas, como estera bajo los pies,
las hojas acompasan
el rumor espaciado de una cadencia.
Dos mil ramajes filtran
de aquella luz el resplandor
de un occidente cálido, ornamental.
Al contraste se siente caer, rodar, 
el son de un fruto oval
que el castaño dejó
desprender.
El rum, rum, bailador
de aquella fuentecilla de agua etérea
entona sin palabras
un verso evocador
de un tiempo, de algún tiempo, de todo tiempo, 
el que sin entidad
mide la evolución 
letal de los mortales.
Otoño de amarillos,
de silencios 
que velan el lugar,
recóndito rincón, 
donde en un mismo abrazo enamorado
dos seres se abrasan.
El contraluz hermana
colores y un cierto
misterio que se evoca trascendental.
Lejos, allá, el chirriante
ruido de la ciudad.
 

                                       9
 

8 de Octubre

El libro perezoso
revive en la 
mano universitaria
su querencia
y algunos barrios ruido 
y la línea seis vida
y pulso la ciudad.
Toda la bien pagada sabiduría
se vierte desde el frasco de la esencia,
como saber maduro,
sobre la capilar
receptora
del cerebro anhelante a descubrir.
Mientras quede por saber
y afición, permanece la juventud
aun en las vetustas carnes del otoño.
Universalidad
de cada ciencia en rama;
y contra la avidez primaveral
el otoño pondera, 
considera, medita,
como si corolarios, tesis y axiomas
hubieran de pasar por un escáner, 
tamizados 
y después consumidos ávidamente, 
como feroz hambriento 
temeroso 
de caer
en el invierno letal 
del desconocimiento.
Amaneciendo el curso,
las novedosas páginas
atraen el interés
cuando del profesor
el rostro, la expresión
y sus hábitos
aún guardan sorpresa.
En otoño 
el concepto desnudo es sólo quien
confiere relevancia;
el concepto desnudo, desasistido
de la ornata retórica.
Ya tan sólo el saber 
se ansía
en su austera raíz.
 

                                      10
 

9 de Octubre

Cascabeles nerviosos
agitados del viento
que en su tránsito silba
emulando la vieja locomotora
de mis sueños.
Un viento que revuelve
el remanso del lago
y enloquece el supuesto
respiro del segundo adolescer.
Frenética pasión
dormitaba latente,
saltando del rescoldo, enfurecida,
al saber del otoño, 
cuando las hojas lentas caen y avisan
del escaso futuro
que al cuerpo en este mundo le entretiene.
Un viento que arrebata
al parque su color
y la tranquilidad al alma lerda
cuando brama furioso empitonando
las ventanas
y las fisuras de la sabiduría.
Cascabeles nerviosos
volverán a sestear.
 

                                      11
 

12 de Octubre

En días la ciudad
se desquita del ruido, del torbellino,
de la prisa;
se desnuda del auto,
posa las avenidas deshabitadas,
relajadas,
extendidas
a la ausencia y el tedio existenciales.
La fiesta nacional,
pilar de un sol tibio, 
otoñal, 
ha librado a los hombres
el tener de otros aires,
estrayéndolos
del doblo cervical da cada día.
Precisa y necesaria convalecencia
para poder alzar
la vista más allá
del afán cotidiano y la liturgia 
del hogar.
Habitantes que parten centrifugados
esparciéndose lentos
más allá de los lindes
que diseñan
esbeltos edificios ortogonales.
La ciudad recogida
se insinúa
para campo de amores
sosegados,
en los que se complace
el cuerpo sin la urgencia del corazón.
Amores sobre tiernas
hojas secas 
progresan lentamente sus desafíos
bajo las transparencias 
de la piel seductora 
de toda arquitectura
en su segunda edad.
Paseos asombrando
espacios lineales 
que se difuminan
en el último 
marco urbano que el ojo
se entretiene en mirar.
Una ciudad sin curvas, 
una edad sin tientos,
sin caricias, 
sin sorpresas, 
en donde el esqueleto
reconoce el camino
de retorno al hogar.
La capital descansa
con la ferviente huida 
otoñal.
 

                                      12
 

16 de Octubre

El anciano castaño
bastión en el jardín de los abuelos,
tras la tapia, antaño tan arrogante, 
hoy tímido se esconde, desaliñado.
El que hacía las sombras y el refrigerio
del sufrido verano
apenas si vislumbra
entre gigantes moles que le aprisionan
lo que el sol es.
A tientas en abril verdea
y en otoño desnuda
con escasa ilusión 
las deslucidas ramas.
Sus proyectos quedaron clasificados
- atrapados -
en el anaquel rancio 
del despacho nogal
que tan sólo frecuentan
hombres graves en ternos del negro al gris.
Los jóvenes baluartes
que crecieron colgados
a sus pechos
crearon crucigramas indescifrables
en el lenguaje de bits.
Y, en otoño,
cuando el castaño amigo 
deja rodar sus frutos,
silencios sintagmáticos
recorren los rincones de la ciudad
reclamando el derecho
a seguir arbitrando; aconteciendo 
lo que el hoy es.
 

                                      13
 

26 de Octubre

Solaz de Miraflores
al contemplar morena,
altiva, la Najarra
descolgándose
entre el verde y la miel de unas laderas
repeinadas a raya
acechando la huerta.
Roble camaleón 
del color deseado 
para la piel madura,
corteza corporal 
que desea un color estimulante,
sugerente, vital, envés del pálido
sediento y ahogado;
otoñal
vestido que le aleje de la mortaja
invernal. 
Sutileza 
del rincón que todo hombre 
crea como refugio;
íntimo hogar perenne en que quisiera
el dulce reposo sin envejecer.
Retablo natural, 
musa de Aleixandre,
refrigerio 
en otoño.
 

                                      14
 

1 de Noviembre

Día de camposantos primaverales.
Cien mil flores calientan
con color
las blancas sepulturas, los lutos negros.
Crisantemos
amarillos
reflejan el recuerdo
de los vivos
a los muertos
bajo la luz de un sol palidecido.
Neblinas en el tiempo imperceptibles
adormecen neuronas,
atolondran los ojos, 
enmohecen los huesos,
envilecen las carnes profanamente
engañadas de esencias estimulantes.
Cementerios que esconden transformaciones 
de quien fue sin hoy ser,
ni quien sienta lamentos
ni pese ni valore tantos agrados,
tan lindos refrigerios
de color 
al solar de la muerte.
El ritmo de los días inexorable
acelera, 
penetra con el frío
de la muerte
miembro a miembro
llegando al corazón
de un cuerpo que quisiera encandecer,
cuando tan solo el recuerdo 
del que fue
alienta su fuego.
Intermedio de otoño,
la silueta 
de un ciprés
recordando.
 

                                      15
 

7 de Noviembre

En gris y tibia luz,
desvaído el color
que la ilusión prestaba,
el alma desbastada del vendaval
de los traidores besos, en carne viva
recuerda las caricias
habidas bajo el sol de un otro tiempo
con añoranza.
Hoy: golpes de viento, 
detrás de cada cual sentir el miedo
que deja en despedida; 
y gotear la lluvia
a cadencia monótona
como el tic del reloj
y el parpadeo del ojo
que no acierta a enhebrar
en el plomizo gris
para recomponer los descosidos
de la vida.
Los abrazos nublados, sin aliciente, 
sin calor,
como el rictus que el tiempo por cortesía
viene a dar
para empapar los campos
y alimentar los veneros
que serán para otros
en otra primavera.
 

                                      16
 

8 de Noviembre

Han vuelto los azules
a dibujar el cielo
y ha caído una luz vertiginosa, 
como un rayo
de los ojos al alma,
borrando el gris opaco 
de los días pasados
cuando ni la más simple tímida nota 
la voluntad al cuerpo
podía arrebatar.
Entre la nueva aurora ha vuelto el sol
a marcar los perfiles
tangibles de las cosas
como son
y no como lejanos,
ambiguos,
los descascarillaban las densas brumas
para disimular 
un contorno de piel
cuya vista hacía enardecer.
La luz vuelve a poner
cercanos los objetos arrebatados
por la niebla, dispersos, inaccesibles,
que unos brazos esforzados
sufrían impotentes
de alcanzar.
¡La claridad que alcanza
una idea!
antes desvanecida 
cuando el gris enfriaba 
la razón.
Lo trémulo ahora al sol enhiesto,
lo débil reforzado, 
el alma revivida,
la depresión vencida.
 

                                      17
 

12 de Noviembre

Con las primeras nieves
coronando
la cumbre Maliciosa,
el perfil emergente de la montaña
se predica patente
como un rostro 
que guiña la primera mueca invernal.
Nieves del nuevo tiempo que sibilinas,
hebra a hebra,
envejecen un cuerpo, irretornable
a su antigua presencia.
Nieves que ablandan formas
y colores;
la lozanía pierde
su especial atracción
y la pasión mermada
acaba acariciando, entusiasmándose
con la pálida tez de la montaña
que irisa el sol de tarde.
Nieves que enfrían, hielan, las sensaciones
y los amaneceres
de caricias sin eco,
de besos sin respuesta, sin horizonte;
y en las venas el gris.
 

                                      18
 

18 de Noviembre

Continúase jugando,
varados los relojes,
entre naipes
sin tiempo ni espacio
exterior al ambiente.
Los vientos ausentes
relajan termómetros
estancados,
y el pasar de los días anticiclóneos
son el eco
dúctil del siempre mismo repiqueteo
de las doce campanadas
del reloj
centenario de Sol.
Como si los latidos del corazón
no sumasen esfuerzos, 
ni nada perturbara
el soberano reino 
de la monotonía.
Se está sin poder ser en absoluto
esencial;
parece que se estorba
al trepidante tiempo,
que acortando las noches para la vida,
comprimen los que vienen
empujando detrás.
Se está sin poder ser 
referencia práctica del propio ámbito;
descorridas 
del mapa existencial
las coordenadas generacionales 
que sembraban la fe.
Se está como las cosas
compañeras están;
ocupando el
demarcado lugar
que geográficamente les corresponde
para llenar un mundo que sobrevive
siete días
por semana.
Se está entre naipes
porque sólo el cartón
soporta las figuras.
 

                                      19
 

21 de Noviembre

Un otoño de ensueño.
Desde un cuerpo marchito
un suspiro vital, un anhelar
el relajo exigido a la secuencia
centenar de equinoccios
dividiendo los días entre el dolor
de las hojas perdidas y los favores
delos frutos eximios.
Un otoño de ensueño
propicio a redimir
la escasez de color, 
la ausencia de primores, 
las miradas monótonas, monologantes;
propicio a redimir y a recrear
el paisaje de aquellos
palacios naturales que fueron cueva
de tus primeros besos.
Aranjuez la real engalanada
de los tibios olores, 
del contraste 
de los pardos sabores
y el verde húmedo
irisado del sol. 
Reducto de espíritus,
ánimas vegetales
cupidas como novias del manso río
que refresca el ardor
de un sol que se entretiene enamorado.
Aranjuez la real pulimentada
con destellos de sol
otoñal,
un inquietante abrazo del alma al cuerpo
que yacía cansino
esperando
el susurro
de una voz que alentase
el correr de sus aguas,
el pasar de los pájaros,
una brisa
que soplara en las copas
centenarias 
de los álamos, y en el reducto
de una pasión, recuerdo crepuscular
deaquel otro verano. 
 

                                      20
 

26 de Noviembre

Los pueblos, el silencio;
vuelta de las verbenas
de Santiago
Villalba se entretiene
a la lumbre,
y una tarde lluviosa
que vacía las calles
rememora el misterio
otoñal
de roma soledad.
Cuando tras un verano 
de esfuerzo en levantar
el hogar confortable
un noviembre pregona la despedida
tierna pero real de los retoños,
¡qué silencio en el alma!
¡qué descanso!
¡qué vacío!
Y perdido el trajín
de un pueblo acogedor,
el sereno solar
que contempla la sierra rememorando
su pasado
arguye un sentimiento 
de dicha y una lágrima. Melancolía
otoñal.
 

                                      21
 

2 de Diciembre

Hay días que los hombres pintan de gris,
enturbiando del sol
su armoniosa caricia
la artificial nube de denso gas
que hechiza,
al servicio de un mito: velocidad.
Saturar de impaciencia que curva el alma,
con coches la ciudad,
de angustia el pecho que antes
disfrutaba
relajado
y ahora, en la hora 
del proyecto futuro,
atrapado,
preso de una berlina todo confort
desconfía;
viendo el gris. 
 

                                      22
 

5 de Diciembre

Días de otoño hay que queman
venciendo el astro sol
con el auxilio de una repentina pasión
la fría y nebulosa
estancia de los trémulos abatimientos.
Rayo que funde y vuela
la escarcha matinal del frío sentir
igual cada mañana;
rayo que se desliza interrogante
por las desnudas ramas
de una tedia existencia
triangular;
rayo que desempaña las trasparencias
del querer requerido.
Días de otoño hay que queman
por sorpresa
encendiendo un ardiente
mediodía
los cuerpos que la niebla con su silencio 
aletarga.
Días de otoño 
que enardecen los besos apalabrados,
prometidos
y pendientes de dar,
y las manos
vuelven a ser caricia
tibia que el sol dispensa.
Días dorados de otoño
que al crepúsculo
enrojecen.
 

                                      23
 

8 de Diciembre

Inmaculada fiesta, puerta de fiestas,
día azul del otoño,
revés del calendario.
Estandarte 
del preciado recuerdo de juventud,
imagen del espejo
que refleja
sutilezas 
del mejor sentimiento 
de aquel adolescer.
Devolver en un día
el desvelo
hermanado al sustento
amoroso
de las caricias vivas,
de los besos de afecto, 
del mayor apretón
contra un pecho que quema.
Escuela del amor
de donde abastecerse en los diciembres
que supuran
acidia, soledad, melancolía;
porque falta la mano 
que animaba
las antiguas verbenas
interiores del alma.
El calor y el cariño de quien se tienen
por lo eterno
renacen en la fiesta
que es vida, que es recuerdo,
cuando las sensaciones
desfilan como infantes
ante un rey
que se yergue erecto.
¡Qué solas las miseria
quedan arrinconadas
cuándo hay fiesta !
Inmaculada fiesta, puerta de fiestas.
 

                                      24
 

15 de Diciembre

Entre amarillos y ocres
el cromático verde
de la enredada hiedra
viste el muro altivo
de aquella colonial casa del Viso.
Fue creciendo en otoño
tras la húmeda niebla
con el mismo silencio,
con la misma presencia inadvertida
en que creció la ciencia
que a la vera 
de la hiedra
a ratos desperdiga para los nietos
el abuelo.
Otoño del saber acrisolado,
de retablos 
vegetales
que envejecen,
que embellecen
la ciudad.
Relato de lo antiguo, en testimonio
de cada haber vivido intranscendente
que en suma conforma
la historio
de una hiedra besando 
el revoco oculto,
que tras los años
tímido va y se esconde en el recóndito
de una estrecha
oscura e ignorada
travesía
de la gran capital. 
 

                                      25
 

20 de Diciembre

Entre gala y disfraz.
Caracoles de luces multicolores
perlas, esferas, lunas de piel brillante
remudan el vestir de cada calle;
y en los escaparates papanoeles
de cartón
guiñan dar un regalo
para el niño
que perdura, por mucho que se amontonen
los años en la entraña
del otoño del ser.
La pólvora y el ruido evanescentes
pautan risas y miedos;
cada salva un suspiro -miel de nostalgia
pringa las sensaciones-
y un pregón
de vida porque sólo quien siente es.
Enterrada
la antigua reflexión
que el hombre acostumbraba
a tener,
el ruido y la luz ganan
la ciudad
obligando a comprar
empaquetadas dosis
de una felicidad ornamental;
enjuague para un cuerpo que el tiempo oxida
y la esbeltez abate,
el bello discrimina
y el ansia aminora,
como un miembro  mermado de facultades
a quien las sorprendentes
fulgurantes piruetas
de un spot
pudieran renacer

La jerga comercial, prosopopeya,
habla de Navidad.