PADRE, HIJO.

JORGE BOTELLA



 
 
 

PIEZA DRAMÁTICA EN CUATRO ACTOS

La trama ideada permite identificarse con situaciones políticas de distintos países --incluso adaptarse a diversas épocas-- por lo que el autor considera lícito que el director que la ponga en escena tome la licencia de adecuar el lenguaje a aquellos modismos del habla del país en el que prefiera identificar la acción.
 
 

ACTO PRIMERO

ESCENA  1


Estancia o espacio público de un centro de estudiantes. (Bar, jardín, habitación, o similar).
Un grupo de cinco estudiantes, dos chicos y tres chicas. Están charlando, fumando, bebiendo: Haciendo tertulia.
La conversación se inicia a un ritmo desenfadado, variando progresivamente de acuerdo a la intensidad del drama que va adquiriendo.
 

Gerardo

Desigualdades en el mundo siempre ha habido. La naturaleza del hombre es medrar, eso le lleva a competir con los demás, a triunfar, a dominar. Para lograrlo se hace lo necesario: Acaparar, para prevenir; ascender, para dominar; mentir, para cultivar la buena imagen; tolerar, para aparentar. !Qué os voy a contar que no sepáis! Esa ha sido la política universal, desde que el hombre se juntó en sociedad.
Mariana
Vamos, todo lo contrario de lo que nos han enseñado en la escuela. O sea: ¿Nos educan engañándonos? No creo que eso sea así. Yo al menos encuentro en la relación social un fundamento de cooperación, colaboración y amistad. Si tú no lo ves de este modo, creo que estás equivocado.
Gerardo
No hablo de mis sentimientos, sino de lo que observo a mi alrededor. No me estimes en tan poco.
Adelina
Hay de todo. En la sociedad está revuelto lo malo con lo bueno. Incluso diría que en cada persona convive lo positivo con lo negativo. Lo negro y lo blanco. Para mí eso es lo que justifica la conciencia: Ser capaz de medir la influencia de cada acción. Hay quien busca el equilibrio entre el interés propio y el ajeno, y quien sólo mira por sí. Si nosotros dentro del grupo hemos conseguido unas relaciones satisfactorias, eso es crear sociedad. No llego a entender qué nos hace pasar a la actitud contraria.
Gerardo
Reflexiona un momento para ver si en tu familia todo el mundo se lleva bien. ¿Por qué hay tantas divisiones entre quienes incluso comparte lazos de sangre? Pues porque las relaciones son de intereses. Nosotros nos llevamos bien porque compartimos un mismo interés: Pasarlo bien. En cuanto empiezan las responsabilidades compartidas, surge la confrontación de poder de quién hace esto y lo otro, quién es el que decide o cuánto cada uno ha puesto de esfuerzo y merece de beneficio.
Iván
En la sociedad tiene que existir mucha más colaboración que enfrentamiento. Si no ¿cómo funcionan tantas empresas e instituciones?
Mariana
Es lo mismo que digo, que el mundo funciona porque hay mucha gente que se comprende, comparte y es solidaria con los demás. Que hay quien no, pues también, pero posiblemente no sean los más.
Rosa
Tendréis que reconocer que las desigualdades que Gerardo indica son una realidad que evidencia que no es la sociedad tan perfecta. Creo que el secreto está en saber diferenciar si la sociedad la identificamos con el Estado o con el pequeño grupo social en el que cada uno se mueve. Para que la sociedad obtuviera un aprobado sería imprescindible que hubiera superado las guerras, que nadie en el mundo muriera de hambre, que todos los hombres tuvieran acceso a la medicina. Eso es la tarea de los Estados, y es lo que más desengaña a los ciudadanos, porque, aunque votemos y elijamos, no conseguimos un mundo como nos gustaría que fuera. Eso no impide que me pueda sentir satisfecha con lo que hago y pienso, ya que es evidente que la responsabilidad global del mundo no puede caer sobre mis hombros.
Iván
Yo confío que la mayoría de las personas intentan crear sociedad a su alrededor, aunque sólo sea por el egoísmo personal de tener una ayuda y socorro en caso de necesidad. Nuestra gran referencia de estabilidad nos la brinda la familia, aunque nos moleste que nos controle; igual que no nos gusta la presencia de la policía, pero todos estamos de acuerdo que son necesarios; nadie quiere pagar impuestos, pero todos los reconocemos insustituibles si queremos servicios públicos; nadie desea las guerras, pero nadie se opone a un ejército que garantice la defensa. Vivir en sociedad nos ofrece seguridad.
Gerardo
Sociedad sí, pero que respete y no abuse de los ciudadanos. Policía sí, pero no represiva; impuestos sí, pero no para que manguen los corruptos; ejército sí, pero al servicio del pueblo y no de intereses particulares.
Mariana
Un punto de consenso está en que apostemos por actitudes democráticas que generen una sociedad acorde con los criterios de la mayoría y el respeto a los minorías. Olvidémonos de los autoritarismos y dictaduras, que debemos considerar de una época superada.
Gerardo
Pero no tan lejana, la de nuestros padres y abuelos.
Iván
Fueron tiempos y circunstancias que quizá no podemos juzgar.
Mariana
A lo que yo iba: Si el sistema respeta la democracia, la sociedad resultante, tanto el Estado como las demás instituciones, serán el reflejo del pensamiento ciudadano. Habrá disensiones entre unas y otras personas, pero, si predomina la razón sobre la pasión, la sociedad debe tender a entenderse en lo positivo y no a fracionarse por lo negativo.
Rosa
El Estado y la sociedad están más encorsetados de lo que podemos pensar. Esa es la lacra de no tener una democracia consolidada por cientos de años, como la hay en unos pocos países, allá los ciudadanos parece que nacen sabiéndose tolerar y predispuestos para la vida en común. Aquí padecemos aún las secuelas de la estratificación estructural de la sociedad por los privilegios de la clase potentada respecto a la masa artesana y obrera. No somos responsables de las políticas elitistas de nuestros padres y abuelos, pero, o marcamos nítidamente las diferencias, o seremos igual a ellos. No vale con airear que somos distintos por la forma de vestir o por fumar hierba, o se asume contestar la conducta de nuestros antepasados o seguiremos perpetuando sus diferencias.
Adelina
Hay quien se esfuerza en aprender del pasado, al menos para no repetir los errores. Cuanto más abiertos seamos de mentalidad, mejor entenderemos las reivindicaciones de los demás. Es muy fácil criticar a los nuestros y obviar los autoritarismos contrarios, como si sólo una parte de la sociedad hubiera sido la culpable de la violencia y la represión.
Iván
Lo importante es que la justicia ate corto a los políticos. Que el estado de derecho se imponga a los caciques.
Gerardo
¿Qué pueden hacer los jueces si los políticos no afinan en la justicia de las leyes? Poco, y eso suponiéndoles autenticidad profesional por encima de obrar para hacer carrera.
Rosa
Quizá haya demasiados jueces que facilitan el camino para que los políticos hagan de las suyas.
Iván
Si dudamos de la independencia de los jueces, estamos totalmente perdidos. Mi padre es magistrado, y yo no dudo de su integridad y la de sus compañeros.
Rosa
A tu padre, con perdón, no lo pongas como ejemplo.
Iván

Con lenguaje excitado.

¿Qué tienes tú contra mi padre?
Rosa
Hay quien le reconoce un pasado dudoso. Allá cuando era juez en Ciudad Alta. En tiempos de la dictadura.
Iván
No me hables de hace veintitantos años, ¡ni siquiera había nacido!
Rosa
Algunas personas que vivieron en Ciudad Alta en aquel tiempo recuerdan cosas nada edificantes. Algunas corroboradas por tu propio hermano.
Iván
¿Ves que hablas sin saber? Estás muy equivocada, soy hijo único. Toda mi vida hemos vivido aquí, en la capital. Me suena que mi padre estuvo hace años en otros destinos, pero nunca he oído en mi casa rar esa ciudad.
Gerardo
Vamos a dejarlo. No revolvamos cosas que no conducen a ninguna parte.
Adelina
Aprovecho para irme. He quedado con Arturo.
Mariana
Pues, si os parece, levantamos. Mañana más.
Se levantan todos, menos Iván, que parece no tener prisa. Cuando los demás hacen ademán de irse, Iván se dirige a Rosa.
 
ESCENA  2


Continúa la escena en el mismo lugar, quedando solamente Iván y Rosa.

Iván

Rosa, ¿te puedes quedar un rato?
Rosa
Yo no he quedado con nadie, pero no quiero que se me haga tarde, tengo tarea en casa. Como estuve el fin de semana fuera, tengo trabajos sin rematar.
Iván
Me has dejado un poco sorprendido con la seguridad de lo que has afirmado de mi padre. Pero ya te digo, que yo no tengo hermanos, ni hermanas.
Rosa
Mis tíos viven allá en Ciudad Alta. Un día en la sobremesa hablando de las cosas de esos tiempos, comentaron sobre el magistrado Quiroga. Yo le identifiqué contigo, porque había oído que tu padre era magistrado de la Corte Suprema.
Iván
Ya que estamos, aunque no tenga nada que ver con mi familia, no está de más saber lo que se dice por ahí de ese colega de mi padre.
Rosa
No fue más que una conversación de pasada. Fue mi mismo primo quien comentó que conocía a tu hermano; perdón, a un hijo del juez Quiroga, quien entonces ejercía allí. Comentaban que ese Quiroga había ascendido hasta magistrado de la Corte porque le habían premiado sus colaboraciones como juez facilitando en aquellos tiempos la represión.
Iván
¿Qué tiene que ver la labor de un juez con la represión?
Rosa
No seas cándido. Cuando hablaban de ese señor le atribuían cooperación necesaria para realizar detenciones en los domicilios. No lo decían de cuando se había decretado estado de sitio, sino luego, cuando teóricamente prevalecía el estado de derecho. La policía social precisaba de la colaboración de jueces que fuesen laxos en valorar indicios para poder entrar en los domicilios y detener a los que luego, mediante torturas, les sacaban lo que querían. Parece que más de uno pereció o desapareció tras su detención, sin que el juez hiciera decretar una investigación.
Iván
¿Eso te lo contó tu primo?
Rosa
Lo hablaban entre mis tíos, mis primos, mis padres... Me llamó la atención cuando oí un apellido como el tuyo, y lo identifiqué con tu padre. Perdona si me he pasado de lista. Quizá debería haberlo pensado un poco antes de comentar nada que pudiera afectarte delante de los demás.
Iván
No pasa nada. Lo curioso es que no me suena a mí que haya otro magistrado Quiroga. ¿Estás segura que se refirieron a la Corte Suprema?
Rosa
Creo que sí.
Iván
También han pasado años. Quizá en estos años haya habido otro magistrado con nuestro mismo apellido. Al fin y al cabo no es tan raro. ¡Pero ya es casualidad!
Rosa
También puede que equivocaran el apellido. Cuando se habla de esas cosas a veces se confunde un nombre con otro. No te calientes la cabeza.
Iván
Si para mí no tiene importancia. Lo que me preocupa es que esas cosas se dicen en un corro, luego el siguiente añade otro detalle que se le ocurre, otro lo recuerda a medias e inventa para completarlo... ¡así se escribe la historia!
Rosa
Cuidado, que los historiadores son muy escrupulosos. Una cosa son los chismes y otra los estudios. Yo te digo lo que oí, que lo comentaban como algo sabido en el lugar; pero de ahí a que sea verdad histórica hay mucho trecho.
Iván
El caso es que mi padre es muy remiso a hablar cosas del pasado. Él insiste que esos tiempos son para olvidar, que lo que yo tengo que hacer es pensar sólo en el futuro. Si  no fuera así, le sonsacaría y todo aclarado. Tú, ¿puedes preguntarle a tu primo?
Rosa
Claro. En concreto ¿qué quieres que le pregunte?
Iván
Pues sobre ese tal Quiroga. Si dice que tenía alguna relaicón con ellos, igual sabe cuántos eran de familia. ¿Dónde se trasladaron? si ya no están allí. ¿Si maniene algún contacto con su amigo?, me refiero al hijo del juez que dices que conocía.
Rosa
Si quieres le llamo ahora mismo.
Iván
¿No tenías que irte a casa a estudiar?
Rosa
Unos minutos más no me importa. Otra cosa es que le pille con el teléfono abierto. ¿Lo intentamos?
Iván
Por mí, adelante.
Rosa
Le llamo.
Rosa abre el bolso, toma el teléfono móvil, se levanta, busca en el listín de preferentes y llama. Da unos pasos mientras habla.
A ver si hay suerte.
¡Hola! Sí, soy Rosa. ¿Cómo estáis? ... ¿Cómo están Adolfo y Mariana? ... Me alegro, ya sabes que ahora lo que les toca es dar guerra. ... ¿Qué no tanta? Tú también harías de las tuyas. ... ¿Ya le preguntaré a tu padre? Te llamaba por un asunto que ha salido en una conversación con los compañeros de clase, a ver si te acuerdas. Una vez oí comentar en tu casa sobre un amigo tuyo que su padre era juez ... No, no tiene nada que ver ni con la justicia ni con una recomendación. Es sobre algo que se comentó en la tertulia en tu casa, en concreto si se hablaba del juez Quiroga, ... Pero ¿seguro que es el que está actualmente en la Corte Suprema? ...
Iván se dirige a Rosa hablando a media voz, como para que no se oiga desde el otro lado de la línea.

Iván

Pregúntale si conoce el paradero de su amigo.
Rosa le atiende y sigue conversando por el teléfono

Rosa

De su hijo, tu amigo ¿sigues en contacto con él? ... ¿Sabes dónde? ... En la Universidad de Estepa ... Ya, que no es seguro, que ha podido cambiar. ... No te preocupes, si no mantienes el contacto no pasa nada, si sólo es porque a salido la conversación de que alguien de aquí podía conocerle y no estaba yo segura del apellido. Sabiendo que el padre está aquí en la capital se lo digo y que intente buscarle. Bueno, primo, así he aprovechado para saber de ti y los niños. ... Ya sabes que mi padre es muy remolón para viajar. En todo caso me escapo yo en vacaciones. ... De acuerdo, no te entretengo que igual te he pillado en mal momento. ... Un beso. Adiós.
Rosa cuelga el teléfono, lo guarde en su bolso, y se vuelve a sentar junto a Iván.
 
Me dice lo que te decía. Que sí, que su amigo se llama Quiroga, que cree que su padre es al magistrado que nombran con frecuencia los periódicos, aunque no tiene plena seguridad, porque hace años que ha perdido el contacto con su amigo.
Iván
Te ha dicho donde para.
Rosa
Dice que igual hace diez años que no sabe de él. Lo último que recuerda es que se fue a trabajar de profesor ayudante a la Universidad de Estepa.
Iván
¿De qué daba clases?
Rosa
No me ha dicho. Le podía haber preguntado. No se me ha ocurrido.
Iván
Da igual.
Rosa hace además de abrir el bolso para volver a tomar el teléfono
No le molestes. No tiene importancia. No le demos más vueltas. Me quedo un rato que voy a consultar unas cosas en le red.
Se levantan Rosa y mientras se retira para salir de escena su vuelve y le dice a Iván.

Rosa

Si hablo con él otro día le pregunto y te digo. Precisamente Estepa es la universidad a la que pretendo ir a estudiar comunicación. Te dejo. Nos vemos.
Se levantan los dos, Se dan un beso de compromiso como despedida. Iván saca su portátil, y se pone a teclear mientras masculla las operaciones que va haciendo.

Iván

Vamos a ver si encuentro... universidad de Estepa... claustro de profesores... Rector, Vicerrector... esto no es. Cuadro de profesores... creo que es esto... me va  tocar repasar toda la lista... a ver con la aplicación de búsqueda ... Quiroga... "Oldo Quiroga, Norberto", profesor de Sociología Política. Sólo hay un Quiroga de profesor en toda la Universidad, y de segundo apellido. Es curioso que coincidamos en tener los mismos apellidos, pero a la inversa. Desde luego no puede ser mi hermano, ni hijo de mi padre, ¡por mucho que se empeñe el primo de Rosa! o es hijo de un juez Oldo, o de una juez Quiroga. A lo sumo podría ser hijo de algún primo por parte de mi madre, o prima de mi padre, pero nunca les he oído que en la familia haya otro juez. Pero no deja de ser extraño esa relación supuesta con el juez Quiroga de la Corte Suprema.
Baja el telón
FIN DEL PRIMER ACTO
ACTO SEGUNDO
ESCENA  1


Sala de estar de una vivienda acomodada de clase media alta.
Dos personajes, uno es Iván, conocido por al acto anterior, viste ropa desenfadada, de estar por casa; se encuentra manejando su ordenador portátil sentado en un sofá, tiene la televisión encendida y sobre la mesa un vaso de bebida refrescante.
El personaje que se incorpora a continuación a la escena es un hombre de unos 60 años de edad (el padre de Iván). Viene vestido correctamente, como si viniera de trabajar.
 

Iván

Habla para sí mientras teclea el ordenador buscando informaciones.

No está mal la universidad de Estepa... Pensé que tenía menos facultades... A ver... Pedagogía... Sí que se imparte... Trescientos treinta y ocho alumnos en el curso pasado... Aprobados el 87%... Clases bilingües... Intercambios posibles de semestres en universidades extranjeras. A ver qué especialidades tiene... Bien, bien...
Entra en la sala el padre de Iván.

Ernesto

Buenas tardes, Iván.
Iván
¿Llegaste?
Iván se levanta y da un beso a su padre.

Ernesto

¿Qué haces?
Iván
Estoy comparando universidades donde estudiar el año que viene. En el liceo me han hablado bien de la de Estepa. Rosa va a ir allá. Comprobaba los programas que ofrecen de Pedagogía. Están bien.
Ernesto
¿No hay otra más próxima? ¿No te sirve ninguna de las de la Capital?
Ernesto toma asiento en una butaca próxima a Iván.

Iván

Te digo que estoy mirando. Me inclino, como varios de clase, por una universidad que no esté tan masificada como las de aquí. Pura pedagogía. Si es lo que voy a estudiar, no está mal empezar por elegir un buen marco.
Ernesto
Por fin ¿desistes totalmente de cursar Derecho?
Iván
Ya te he dicho que me decido por Pedagogía. Con todas sus consecuencias. Qué no es una carrera con tan buenas salidas como derecho, te lo reconozco, pero parece que la educación es la ciencia que más me tira.
Ernesto
Sabes que estoy totalmente de acuerdo con que estudies lo que te guste. Es tu madre la que se inclina por lo práctico y seguro. Pedagogía puedes hacerlo en la Central, que tiene buen prestigio y te queda mucho más cerca.
Iván
Estoy revisando y comparando entre unas y otras. La Central está muy masificada. Es la primera que he desechado. Prefiero irme fuera. Estepa es una posibilidad.
Ernesto
Procuraré también yo enterarme sobre esa Universidad. La verdad es que algunos compañeros se graduaron allá. En Derecho tiene más prestigio la Central; en Pedagogía no puedo opinar.
Iván
¿Has estado alguna vez en Estepa?
Ernesto
En la Universidad, no; en la ciudad, sí. Se come buena carne. Como está en ruta con la capital, todo el mundo, ya a mi edad, ha pasado alguna vez en su vida por Estepa. Nunca he tenido que trabajar allá, aunque tiene juzgados. Conozco gente, uno de los jueces de penal que ejerce allá es un buen amigo. Si acabas yendo allá, le visitaremos para presentártelo, por si necesitas algo. Es más joven que yo, y un hombre serio y buen profesional.
Iván
¿Has trabajado en muchas ciudades antes llegar acá, a la Capital?
Ernesto
Muchos jueces, como los militares, cuando llegamos a esta edad nos hemos recorrido la patria de arriba a abajo. Unos años en un destino, y luego a cambiar. Paso a paso, plaza a plaza, terminas por recorrerte todos lo departamentos. Te ayuda e entender más las cosas ahora que desde la magistratura suprema tienes que resolver sobre cuestiones de cualquier parte.
Iván
¿Pasaste por Ciudad Alta?
Ernesto hace gesto de sorpresa.

Ernesto

Sí. Estuve unos pocos años, hace mucho tiempo. ¿Por qué me lo preguntas?
Iván
Por nada, quizá te lo he oído alguna vez nombrar. Se me quedó el nombre. Y ¿en Guataleche?
Ernesto
En Guataleche, no. Allí estuvo Fermín. Decía que eran los de la tierra muy brutos, pero muy sinceros. Que tenían mucho miedo al juez, y él les repetía que al juez no hay que tenerle miedo, sino respeto. He pasado por muchas ciudades; la verdad es que no guardo más que recuerdos positivos, aunque hubo tiempos difíciles, que por fortuna tú no has conocido, ni espero que se repitan.
Iván
¿Qué pasa en los tiempos difíciles?
Ernesto
La sociedad se vuelve difícil cuando no se comprende a sí misma porque pone en duda el estado de derecho.
Iván
¿Qué determina el estado de derecho?
Ernesto
La justicia. Sólo la justicia hace sociedad, lo demás es muchedumbre arrimándose unos a otros. La justicia impone el orden y determina las relaciones como humanas, porque las configura como relaciones de provecho.
Iván
¿De provecho para quién?
Ernesto
De provecho para todos.
Iván
Pero cómo pueden ser de provecho para todos si la mayor riqueza de unos exige necesariamente la pobreza de otros.
Ernesto
El fin de la justicia no es repartir, sino proteger el derecho individual de cada uno. Cada uno tiene lo que alcanza, y el orden exige que lo pueda mantener sin que otro, quien no lo ha generado, se lo pueda arrebatar. Si no fuera así, nadie se esforzaría en conseguir nada.
Iván
Salvo que todos se preocupen por todos.
Ernesto
El ser humano es individuo, singular, así lo creó Dios y así será por los siglos. La sociedad es una suma de individualidades, lo que pasa es que de cada individuo rebosa a veces algo que favorece a todos los demás, como cuando aparece en el mundo un científico sabio que descubre la penicilina. El resto son acuerdos de cooperación, algo que hacen en común interés mutuo, el que no deja de ser el interés particular de cada parte, y eso es lo que protege el derecho.
Iván
Cuando todos acuerden cooperar en interés de todos se logrará el bien común. Digo yo: ¿Por qué no concebirlo así?
Ernesto
Eso queda para los filósofos, pero de ahí a realizarlo hay una eternidad, la que lleva el mundo existiendo.
 
ESCENA  2
Se incorpora a la conversación de los personajes anteriores una mujer de edad parecida al padre de Iván, la madre del joven. Viste ropa moderna, y con algunas joyas que exteriorizan su posición social.

Aparecida

Dice mientras se acerca al sofá

¿Qué peligros traman los hombres de la casa reunidos?
Se sienta.

Ernesto

Tu hijo que definitivamente va a estudiar Pedagogía, y además lo quiere hacer en Estepa.
Aparecida
¿Y tú estás de acuerdo?
Ernesto
Es que el que va a estudiar es él, no yo.
Aparecida
Algo tenderemos que decir los padres. Si no, cuando se dé cuenta del error de ese capricho juvenil, nos lo recriminará. ¡Qué tenemos algo más de experiencia, aunque sólo sea por lo mucho que hemos vivido! Mira Adelina, la hija de Nicasio, que ha dejado a medias la carrera de Farmacia porque dice que se aburre.
Iván
Yo ni soy Adelina, ni creo que sus problemas sean universales. Elijo lo que me gusta; si el día de mañana me arrepiento, Dios dirá, pero lo que no voy a hacer es, por miedo a equivocarme en un futuro, equivocarme ya. Se lo he dicho a papá, no quiero hacer Derecho, ni quiero ser juez. ¡Ni siquiera ambiciono ser rico! Me inclino por Pedagogía, porque enseñar a los demás a saber me parece de lo más digno que se encuentra en la sociedad.
Aparecida
No te discuto lo muy digna que pueda ser la Pedagogía, pero tanto lo es el Derecho. De las pocas cosas de que me arrepiento en la vida es no haber terminado la carrera. Ahí tienes a tu padre, respetado por toda la nación que no le debe más que favores por su lealtad.
Ernesto
Aparecida, por favor, cállate. No sabemos si Ernesto (se señala a sí mismo) hubiera sido tan feliz con cualquier otra profesión. Si Iván elige Pedagogía, pues empieza Pedagogía, y si dentro de unos años se arrepiente, no se acaba la vida. No se discute más eso en casa: Iván elige, los demás le respetamos, y el tiempo dirá.
Aparecida
Además, si para estudiar eso tiene que irse tan lejos, peor que peor.
Iván
No es que necesariamente tenga que irme a Estepa, es que me parece que esa Universidad reúne mejores condiciones.
Aparecida
Si se puede cursar aquí, ¿para qué te vas a ir fuera de la Capital?
Ernesto
Vamos a considerarlo. Si quiere estudiar allí, por algo será. Tampoco hay que decidirlo en este preciso momento. Iván, entérate bien de todo lo concerniente a la facultad, los profesores, las prácticas... Yo también voy a hacer gestiones para saber y decidiremos de común acuerdo.
Aparecida
Si es que sólo en ir y venir cada día pierdes un tiempo necesario para estudiar. Por lo menos debe estar a 60 o 70 km. Dos horas al día en desplazamientos; por muy buena que la Universidad sea, no compensa.
Ernesto
Eso, desde luego. Si quieres irte a Estepa es para que te pases la semana allí centrado en los estudios.
Iván
Sin problema. Es lo que yo pensaba. Creo que también Rosa lo va a hacer así.
Aparecida

Habla de forma muy alterada.

Por eso no paso. Nos vinimos a la Capital, que a mí no me apetecía nada, para que pudieras estudiar con más facilidad ¿y ahora te vas a ir de casa para hacerlo fuera? Me parece que estáis los dos un poco trastornados.
Ernesto
¡Cálmate! Si es mejor para el chico estudiar en Estepa, no se lo vamos a impedir. Hace muchos años hicimos lo que creíamos más lógico, y ahora vamos a hacer lo mismo.
Aparecida
Pues lo más normal es que estudiase en la Capital, donde está su casa, donde hay las mejores universidades, donde están las mejores bibliotecas, donde están sus amigos... y no sigo porque no puedo entender ese desatino.
Iván
Os digo lo que a mí me parece lo mejor, aunque al final se hará lo que vosotros decidáis. Al menos, creo que tengo derecho a opinar razonadamente sobre mi futuro.
Aparecida

Medio llorando.

Es que no hay lógica en tu decisión. Todos de jóvenes ansiamos la libertad, pero no arrasando los sentimientos de los demás. Aún eres muy joven para perder la referencia del hogar. ¿Tú crees que yo voy a vivir tranquila sin saber qué es de ti durante cada larga semana?
Ernesto
No te pongas trágica, que está a una hora de casa.
Aparecida
Es ahora, y en cuanto tarda una noche en regresar ya estoy con el alma en vilo.
Iván
Yo os he dicho lo que tenía que decir. Mi intención ya sabéis cual es: Estudiar Pedagogía, no Derecho, y hacerlo en la Universidad en que mejor lo pueda hacer. Al final, vosotros mandáis. Y me voy que tengo cosas que hacer.
Iván recoge su ordenador y sale de escena. Quedan hablando los padres.
 
ESCENA  3
Aparecida
No puedes hacerme eso. No se lo permitas. Por el amor del mundo: No se lo permitas.
Ernesto
Es que nuestro chico se nos ha hecho mayor. Eso ya no tiene remedio. Hasta ahora no hemos tenido queja de él, no tenemos ningún motivo para sospechar de su recta intención.
Aparecida
Se creen mayores, pero aún son niños. ¿Dónde va a vivir? ¿En un apartamento con otros y otras? Si no ha salido de casa, si no tiene experiencia.
Ernesto
El problema es que si es lo que está buscando, no tenemos derecho a negárselo. Él sabe que podemos pagarle perfectamente una residencia. Quizá eso sea lo mejor, empezar desde ya a buscar en Estepa un alojamiento adecuado. En vez de enfrentarnos, ponernos a su lado ayudándole.
Aparecida
Si se va, volveré a padecer de los nervios. Creo que no lo podré resistir. Ya una no está para sufrir.
Ernesto
A lo mejor va siguiendo a esa amiga, Rosa. Me parece lógico que los chicos hagan sus prevenciones al entrar en un mundo universitario masificado donde no conocen a nadie. Sin que sean demasiado conscientes, se dejan influir por lo que hacen sus amigos, para no perder determinados contactos.
Aparecida
Peor todavía para sus estudios. Solo y con amigotes y amiguitas.
Ernesto
Quizá tengamos que darle el margen de confianza del año próximo. Por su buen comportamiento y por sus buenas calificaciones no tenemos derecho a truncarle sus deseos. Por encima de todo no podemos perder su confianza. Que no seamos nosotros el obstáculo.
Aparecida
O sea. No me queda más recurso de rezar para que cambie de opinión.
Baja el telón
 

FIN DEL SEGUNDO ACTO
 
 

ACTO TERCERO




ESCENA  1

Aula de seminario de una universidad. En la mesa de profesor está sentado un hombre de unos cuarenta años trabajando con una tableta informática con habla, en la tableta acoplado un teclado de Braille. El profesor lleva gafas negras, y un bastón blanco plegable está sobre la mesa, lo que muestra su invidencia. En el aula entran Iván y Rosa, con actitud medrosa.

Iván

¿Da su permiso?
Norberto
Pueden pasar.
Rosa
¿Nos podría dedicar un momento?
Norberto
No son alumnos, ¿verdad? Su voz no me es familiar.
Rosa
Soy Rosa Salvatierra, alumna de primer curso, pero en la Facultad de Comunicación e Información. Tengo que hacer un trabajo sobre la censura de prensa en la etapa de la dictadura, cosas de hace veinte años. Me han informado que usted es un especialista en la investigación de esa época, y quizá me podría ayudar... Este que me acompaña es Iván, alumno de Pedagogía. Le comenté mi intención y, como está interesado en el tema, me pidió acompañarme.
Norberto se levanta de su asiento tras la mesa en la que estaba trabajando, se desplaza hasta el ángulo exterior de esa mesa y les tiende su mano como muestra de saludo a sus visitantes, primero le estrecha la mano Rosa y después Iván, quienes se azaran un poco porque Norberto extiende su mano, como no puede ser de otra manera, a ciegas. Norberto se queda ahí de pié, frente a los dos jóvenes, mientras Rosa permanece en pie y Iván se recuesta ligeramente sobre la primera mesa de los alumnos. La conversación transcurre con esa posición fija de Norberto, apoyado sobre su propia mesa, y los chicos que alternan entre su apoyo y moverse por el espacio entre ellos y Norberto, según intervienen en la conversación.

Norberto

El tema que usted me presenta es tan amplio que ha dado para publicar tesis y más tesis históricas, políticas y sociológicas; tiene usted tanto material de consulta como desee. Creo que sólo puedo serle útil si se refiere usted a algún contenido específico de alguno de mis trabajos, en los que le quede alguna duda por resolver.
Rosa
Quizá es eso a lo que me quería referir. En concreto es sobre unos acontecimientos que ocurrieron en Ciudad Alta. Tengo allá familiares que me indican algunas cosas que podrían haber ocurrido, y por el contrario en la hemeroteca la información que he conseguido es muy confusa. En especial en lo que se refiere a algunas detenciones de personas que luego desaparecieron. Lo que he leído comenta sobre detenciones oficialmente autorizadas por la autoridad judicial y algunas referencias posteriores a accidentes, suicidios y desapariciones. El objeto de mi trabajo es investigar la causa de por qué desaparece de los diarios el seguimiento de esos acontecimientos.
Norberto
Lo que usted me está planteando fue una actitud muy generalizada en los años de dictadura, tan documentada en años posteriores que me temo que el interés de ustedes en saber sobre un caso tan concreto sobrepasa el mero objeto de cumplimentar la presentación de ese trabajo. ¿No es así?
Rosa
Ya le he dicho que tengo familia en esa ciudad, en concreto mis tíos y cuatro primos.
Norberto
¿Son ellos los que la han dirigido a mi?
Rosa
No exactamente. Le cuento: La cosa viene de antiguo. Hace unos años oí hablar del tema en casa de mis tíos. Como Iván tiene interés también en saber sobre ello, he vuelto a preguntar a mi primo Marcelo, y él me dio la pista de un conocido suyo, creo que era compañero de escuela, apellidado Quiroga, que parece que resultó indirectamente afectado y que creía que estaba de profesor en esta Universidad. Con esos datos, buscando y preguntando, hemos llegado hasta usted.
Norberto
O sea, que desea orientar su trabajo sobre periodismo de investigación. ¡Para ser alumna de primer curso apunta buenas maneras!
Iván
Me temo que tengo yo parte de la responsabilidad de haber inducido a Rosa a indagar sobre este tema. Me apellido Quiroga Oldo --casualmente tengo sus mismos apellidos, pero el revés-- y me interesa esa investigación por conocer si esas habladurías, como algunos mantienen, tienen fundamento, o no, que afecte de responsabilidad a alguno de los míos.
Norberto endurece los rasgos de su cara y se mantiene en silencio, como sorprendido e incrédulo, en un gesto de querer fijar la mirada que carece sobre la figura de Iván. Rosa interrumpe el silencio creado.

Rosa

El interés de Iván no ha hecho sino animarme a tratar algo que para mí sea más vivo que un simple trabajo de análisis de datos publicados. Su interés personal es el que me ha motivado a proponer a mi tutor elegir este asunto como trabajo fin de curso, porque sentimentalmente supone hacer algo para que sirva a alguien, además de que quede archivado como uno más de los trabajos entregados en la facultad, si es que se guardan. A pesar de lo que dice él, soy yo quien, recordando una conversación que tuvimos hace tiempo, cuando estudiábamos último de secundaria, me he ocupado en recuperar lo posible de esa memoria.
Norberto
¿Quiroga Oldo?
Iván
¿Le resultan conocidos?
Norberto realiza mueca de incertidumbre levantando las cejas, y continua dirigiéndose a Rosa.

Norberto

Ciudad Alta, hace veinte años. Sí, yo estaba allá con edad parecida a la que deben tener ustedes. Ninguno de mis trabajos sociales toca ese ambiente, no obstante, como bien les han indicado, viví años allí. ¿Qué en concreto les interesa conocer?
Rosa
En la hemeroteca he recopilado información sobre las detenciones en aquellos años de siete jóvenes a lo largo de unos pocos meses. Detenciones por actuaciones de presunta conspiración subversiva contra la seguridad del Estado. Todos detenidos en sus propios domicilios, por la noche y con la pertinente autorización judicial, según las noticias de la época. En los diarios no figura sino las iniciales de los detenidos. A lo largo de meses he rastreado la prensa de la localidad de los años sucesivos, y nade se vuelve a decir sobre los detenidos. Por mis familiares he sabido que en la ciudad se comentó durante años que a todos se les dio por desaparecidos o se les comunicó a los familiares una muerte accidental o el suicidio de algunos de ellos. De los demás se justificó que escaparon de la penitenciaría donde estaban recluidos. Lo cierto es que de ninguno volvió a saberse que estuviera vivo.
Norberto
No fueron los únicos casos del país. Ustedes conocen el gran número de desaparecidos que se estima hubo durante la dictadura. En unos casos se cuidaron más las formas legales y en otros ni siquiera se tuvo esa prevención. Parece ser que la impunidad era una consigna del Gobierno para lograr la pretendida depuración de la sociedad. La prensa estaba censurada, pero nada podía impedir que cada desaparecido tuviera familia y amigos. Lo que el poder intentaba con ese control era reducir el ámbito de la denuncia social. Intentar que no constituyera en problema de Estado. (Pausa). Lo lograron, con la complicidad diplomática de las potencias interesadas en silenciar la conflictividad.
Rosa
Si usted vivió esos años en Ciudad Alta, ¿quizá conoció a algunos de los detenidos, o a sus amigos o familiares?
Norberto
No. Yo entonces empezaba secundaria, la televisión era oficial, las informaciones de radio censuradas y no existía la difusión de internet como ahora. Para mí pasaron totalmente desapercibidas esas circunstancias cuando ocurrieron; no así cinco o seis años más tarde, cuando comencé mis estudios en la Facultad de Derecho. Allá sí se comentó sobre el tema, pero ninguno de los compañeros tenía información cierta, todo eran sospechas en base a comentarios. Realmente lo que me podía afectar personalmente no se refería a ninguno de los detenido, sino a determinadas connotaciones de los procedimientos. En concreto sobre la intervención de la justicia en esos acontecimientos.
Iván
¿Había alguna relación en ello del juez Quiroga?
Ernesto guarda silencio, como pensando no en lo que sabe, sino en si hablar o no sobre ello.

Rosa

Como puede comprender tiene perfecto derecho a restringir, de lo que nos pueda aportar, qué autoriza que recoja en mi trabajo y qué no. No tengo otro interés que el aspirante a periodista. El caso de Iván es distinto, él si tiene interés en despejar dudas que le acechan.
Norberto

Dirigiéndose a Iván

¿Qué relación le une al juez Quiroga?
Iván
Mi padre es magistrado en la Corte Suprema. Como le he dicho nos apellidamos Quiroga, y no sé si él está vinculado a ese juez del que se habla en los comentarios sobre lo que ocurrió en Ciudad Alta. Algunos alumnos de mi entorno lo sospechan, y en mí crece la duda de qué puede haber de verdad en ello.
Norberto
¿Lo ha hablado con su padre?
Iván
Lo más que he podido sacarle es que parece que algunos años de su ejercicio los desarrolló en un juzgado de aquella ciudad. Él habla de dificultades para la Patria en aquellos tiempos, como si no tuviéramos, precisamente por ello, más necesidad de saber.
Norberto
Ya veo que no ha cambiado en tantos años. Hasta lo que yo sé, el juez Quiroga dirigía uno de los juzgados más comprometidos con la represión. La leyes eran las mismas para todos, pero parece que hubo jueces más proclives a su permisión; por ello, las fuerzas de seguridad acudían a ellos cuando estaban de guardia  para obtener las órdenes de arresto. Los detenidos eran duramente interrogados por la policía social, trasladando a la Capital a los sospechosos de resistencia al poder militar, para ser investigados allá en profundidad. Para esos traslados el juez que había autorizado la detención tenía que dar su consentimiento, basado en el resultado del interrogatorio de la policía, y el juez Quiroga debía facilitar mucho esos traslados, por los muchos casos que se produjeron.
Rosa
Una vez en la Capital, ya serían otros jueces quienes actuaran.
Norberto
Sí. No cabe duda de que existía una trama perfectamente planificada. Lo que ocurre es que una vez en la Capital se difuminaba a qué juzgado de los especiales iba a parar cada caso, y quién era el juez responsable; a diferencia de cómo en una ciudad pequeña todo trascendía.
Iván
¿Cómo sabe usted que actuaba un juez de esa manera? ¿Hay pruebas o sólo rumores?
Norberto
Ya les he dicho que yo no he hecho ningún trabajo específico sobre esas circunstancias. Ustedes me han preguntado y yo les respondo lo que sé. Otra información más precisa tendrán que recabarla en los archivos oficiales. Seguro que existen autos, oficios y comprobantes; seguramente los menos comprometedores, muchos se habrán limpiado.
Rosa
Una pregunta personal, si me la permite. ¿Usted era ya invidente?
Norberto
Sí. De nacimiento. Lo que no me impidió licenciarme en Derecho, porque mi familia se empeñó, y más tarde doctorarme en Ciencia Sociales, lo que realmente creo es mi vocación. La carencia de una capacidad te potencia las demás, quizá eso me hizo curiosear, escuchar rumores, memorizar y enlazar datos que para otros podrían pasar desapercibidos. La ceguera me facilita lo que otros atribuyen a la intuición.
Rosa toma del bolso su teléfono inalámbrico y escribe en él como si estuviera mandando un correo.

Iván

Intuición que le conduce a condenar sin pruebas.
Norberto
Yo no condeno a nadie. Les he transmitido lo que sé del asunto que les interesa.
Rosa
Discúlpenos si somos demasiado incisivos. Lejos de nuestra intención molestarle.
Iván
Es que si en vez de ser el juez Quiroga mi padre, fuera el suyo, quizá fuera más condescendiente.
Norberto
No se puede figurar lo mucho que le entiendo. Tanto como usted no se pueda imaginar. Sus dudas no las puede resolver sino hablando con su padre. De Quiroga a Quiroga.
Rosa
También usted lleva el apellido Quiroga.
Norberto
Un apellido relativamente común.
Iván
¿Tuvo usted relación directa con el juez Quiroga? A mí no me costa, pero a veces existen ramas de la familia con las que los padres han perdido el trato. De sus palabras me parece deducir que le conocía bien. ¿Quizá le dio clases en la facultad?
Nuevo silencio de Norberto. Unos segundos en que los dos se enfrentan intrigados, mientras a Rosa le suena la señal de haber recibido un mensaje. Lo lee mientras habla Norberto, y a continuación sin decir nada se lo muestra ante los ojos a Iván, que le quita el aparato y se lo queda entre sus manos.

Norberto

En aquellos años sí que traté al juez del que hablamos. Tenía un solo hijo de mi edad. Se ve que usted nació más tarde, cuando cambió de destino, yo entonces estaba en la universidad y había perdido el contacto con él.
Iván
Ya me habían nombrado a ese misterioso hijo del que nuestra familia no sabe nada. Nos acaba de confirmar el primo de Rosa de que ese hijo, su amigo, era invidente. (Corto silencio). ¿Qué está pasando? ¿Quién es usted? Si usted no lleva su apellido, no puede ser familia directa. ¿Qué relación les unía que le identificaban como su hijo? ¿Era usted quizá ahijado? ¿Por qué esa relación se cortó? Dígame la verdad, ya que hemos llegado hasta aquí.
Norberto
La respuesta es cruda pero real. En mis años de universidad logré que el registro civil admitiera cambiar el orden de los apellidos. Eso lo dice todo, tenemos los mismos apellidos, tenemos los mismos padres, no hay más misterio. La gran diferencia es que mi vínculo de filiación se frustró.
Rosa interviene:

Rosa

Disculpad, he de salir al escusado.
Rosa sale del escenario.
 

ESCENA  2ª

Continuación de la escena anterior, con sólo los personajes de Norberto y Iván.

Iván

¿Se puede dejar de ser hijo? Explíquemelo usted.
Norberto
Tengo que confesarte --y permite que a partir de ahora nos tuteemos-- que para mí ha sido una absoluta sorpresa saber de tu existencia. Llevo todo este rato sin pensar en otra cosa. Yo tenía veintiún años cuando me fui de casa, si tú tienes diecinueve o dieciocho es que naciste año o dos más tarde. A lo que me preguntabas: No se puede conseguir que un hecho ocurrido no hubiera existido, pero la relación de filiación, que la voluntad de los hijos no genera, puede romperse, porque toda relación no es sino un vínculo admitido por las partes que la sostienen; cuando una de las partes veta la relación, desaparece el vínculo actual, aunque no se pueda hacer desaparecer lo que anteriormente existió. Quise borrar un pasado que me marcó, y lo hice con todas las consecuencias, como se hacen las cosas cuando eres joven y apasionado. Por eso llegué a conseguir cambiar en el registro el orden de los apellidos.
Iván
¿Te pudieron dar motivos para ese odio?
Norberto
No era odio, fue vergüenza.
Iván
Vergüenza ajena. Lo que toca por lo que hacen los de tu alrededor. Aunque no entiendo que ello tuviera tanta importancia como para expulsarte del entorno familiar. En la dictadura pasaron cosas, ¿pero tan fuertes como para romper las familias? ¿Estabas en la resistencia?
Norberto
Ya te he dicho que los hechos no me afectaron directamente, porque era muy joven. El problema apareció más tarde, en la convivencia con quien nunca quiso reconocer la responsabilidad de la colaboración prestada a la represión. Hay culpas que no juzga la justicia, pero ello no hace que desaparezcan; al final toca purgarlas a la conciencia de los allegados, porque ellos no pueden denunciarlas, ni absolverlas. Puedes pensar, en un primer momento, que no es un problema tuyo, que es algo que no te afecta, pero supone a diario transigir con una violencia no reconocida que entra en contradicción con el sentido de justicia y verdad que tu ética te exige.
Iván
¿No te entendías con nuestro padre?
Norberto
Le entendía perfectamente: ¡Su criterio constituía la verdad! Quizá fuera una deformación profesional, pero no admitía poder caer en el error. Es posible que en el momento del golpe de estado puedas decidirte por la parte beligerante como un remedio terapéutico para el país. En ese momento es determinante la pasión. Pero luego, cuando pasan años y ves la degeneración, la corrupción y la falta de libertad, no puedes seguir anclado en el autoritarismo que ignora la responsabilidad social; y menos siendo juez.
Iván
Hablabais de esto.
Norberto
Argumentaba yo, él parecía ignorar lo que pasaba. Todo lo reducía a la misión de la justicia. Una justicia unilateral, interpretada con aire militar: La que se dicta desde el mando. Esa es la que defendía como interés legítimo de la nación. Mientras nosotros, los jóvenes, debatíamos ideas, el régimen imponía criterios. Año a año la crítica a la sinrazón del golpe crecía desbordada por la ausencia de libertad, pero ellos radicalizaban su inmovilismo, como si les apresara el temor a tener que reconocer la justicia y la verdad tan repetidamente negadas.
Iván
Tuviste que pasarlo mal.
Norberto
Sólo al principio, cuando la duda embarga tu conciencia entre lo que se sentía en la universidad y en casa. Luego, cuando logras fijar tus ideas y apuntalar tus propósitos, ya no lo pasas mal, simplemente el trato diario te distancia cada vez más de la familia, hasta que decides que ya nada te une a quienes hacen de la mentira un dogma. La incomprensión engendra ese silencio obligado que te desliza día a día hacia la independencia. Una nueva situación que te enfrenta a los problemas de sostenibilidad, pero eso siendo joven no representa un obstáculo, sino un aliciente de libertad.
Iván
Aún no me puedo creer que mis padres me haya tenido oculta tu existencia durante todos estos años.
Norberto
En parte es lógico. Es muy difícil aceptar perder un hijo, y más justificarlo; no tanto cara al resto de la familia, sino en la propia conciencia cuando no se está dispuesto a reconocer la responsabilidad personal en las causas objetivas de la realidad.
Iván
Para ellos también parece que fue un recomenzar. Aunque, por lo que me cuentas y lo que he vivido, su ideología no se ha movido un centímetro.
Norberto
A veces el amor propio no permite ceder en lo que pudiera dañar la propia reputación de hombre duro y seguro de sí; por más que en el interior la conciencia anime con frecuencia a revisar los propios planteamientos. Al menos a mí me ha ocurrido. Muchas veces pienso que este asunto por mi parte debería haberlo encauzado con menos radicalidad. ¡Quizá yo mismo tomé de padre el rol de juez!
Iván
Siempre todo podría haber discurrido de modo distinto. Si tu no te hubieras ido de casa, es probable que yo no hubiera llegado a existir.
 

ESCENA  3ª
 

Retorna Rosa al aula.

Rosa

No sé si os interrumpo.
Norberto
Creo que lo mejor que podemos hacer es irnos los tres a comer juntos para celebrar habernos conocido.


Baja el telón

FIN DEL TERCER ACTO
 
 

ACTO CUARTO




ESCENA  1

La acción retorna al escenario de la casa de la familia Quiroga. En el salón están haciendo sobremesa Ernesto y Aparecida. Visten ropa de verano, informal, de estar por casa.

Aparecida

No le notas a Iván que desde que regresó a fin de curso está raro. Es como si se hubiera distanciado de nosotros. No ha querido venir de vacaciones a la playa. Se fue de mochilero y apenas nos ha contado que ha hecho. Era un chico extrovertido y se está volviendo cada vez más reservado. Me parece que no hicimos bien permitiéndole ir a estudiar a Estepa.
Ernesto
No terminas de asumir que, aunque sea nuestro hijo, nos separa una barrera de cuarenta años. Creo que hace lo que haría cualquiera a su edad. Vivir en la residencia de estudiantes de Estepa le habrá ayudado a sentirse independiente, pero eso no es malo.
Aparecida
Yo advierto un cambio muy brusco, especialmente en el trato con nosotros. Contigo más.
Ernesto
Lo que te digo: Que se ha hecho mayor. En un año es como si hubieran pasado tres. Uno porque ha cumplido un año más; el segundo, por ser la primera vez que ejerce de independiente; y  otro más porque es muy posible que esté medio enamorado.
Aparecida
Entonces es que sabes más que yo.
Ernesto
¿Te tengo que recordar cómo éramos de joven? A su edad estábamos para casarnos.
Aparecida
Eran otros tiempos. Hoy los chicos maduran más lentamente. Nosotros nos impacientamos quizá demasiado. Hoy los jóvenes tienen mil recursos para resolver sus apetencias sin comprometerse.
Ernesto
Si Iván posiblemente se fue a Estepa detrás de una chica, podrás comprender que en su cabeza ya no estén los papás más que para otras cosas.
Aparecida
Te digo que no es sólo eso. Ha habido un cambio que me da que no va por ahí. ¡Qué tiene una novieta! Mayor razón para que nos haga partícipes de su dicha. Si la chica a la que te refieres es Rosa, no hay motivo: Si han estudiado toda la secundaria juntos. No creo que sea ella el problema.
Ernesto
Suponiendo que como intuyes haya problema.
 
ESCENA  2
Iván entra en el salón donde están sus padres. Viene en ropa de sport y con una bolsa de deporte.

Aparecida

¿Has comido?
Iván
Sí. Hemos tomado algo en la piscina.
Ernesto
Siéntate un rato con nosotros. Tu madre está muy preocupada de que no le cuentas nada de tu vida.
Iván
Precisamente tenía que comentaros algo que tengo pensado para el alojamiento del nuevo curso en Estepa.
Aparecida
¿No te puedes venir para acá?
Iván
Ni pensarlo. En Estepa he tenido muy buenas experiencias. Lo que quería comentaros es que, en vez de la residencia de estudiantes, este curso me gustaría pasarme a un piso compartido.
Ernesto
Y eso, ¿por que razón?
Iván
He conocido a gente interesante que vive así. No acabo de acoplarme a la residencia, y un piso te permite más independencia y libertad.
Ernesto
Pero también da trabajo, lo que te quitará tiempo de estudiar.
Iván
Para estudiar no tengo problema, porque acostumbro hacerlo en la biblioteca de la facultad.
Aparecida
Con quien pretendes compartirlo, ¿con Rosa?
Iván
No, con otro chico.
Ernesto
¿Un compañero de clase?
Iván
Es de otra facultad. Da clases, es profesor. Le conocí en una entrevista que le iba a hacer Rosa; la acompañé y acabamos comiendo juntos los tres. Luego nos hemos visto más veces, hemos estado en su casa. Como tiene sitio y hemos conectado bien, pues que me apetece quedarme allá este curso.
Aparecida
No vayas tan deprisa. Si es profesor será mayor.
Iván
Sí. Es mayor que yo, ¿y qué?
Ernesto
Pues me parece que va a ser que no. Ya has visto que no te hemos dificultado irte a Estepa, como querías. Ya me molesta que quieras dejar la residencia por irte a vivir con compañeros, pero lo puedo comprender porque también yo lo hice de joven. Pero que te vayas a vivir con un recién conocido que te supera en edad, no puedo entenderlo, salvo que supiera que eres gay.
Iván
Para mí ya no es un desconocido. Nos unen muchas cosas y, por supuesto, nada de ello tiene que ver con la sexualidad. Simplemente nos apetece conocernos más, y creo que su amistad me va a ayudar a madurar en entender el mundo y la sociedad, algo a lo que también se va a la universidad.
Aparecida
Hijo, olvídate. Consentí porque te ibas a la residencia. No juegues conmigo.
Iván

Responde un poco alterado.

¡Me parece que los que habéis estado jugando sois vosotros!
Ernesto
No respondas de ese modo a tu madre. Y no te pongas bruto, que así no vamos a ninguna parte.
Aparecida, con gesto malhumorado, se levanta, recoge el servicio del café en la bandeja y se da la vuelta para dirigirse hacia la cocina. Mientras Iván responde a su padre:

Iván

El hombre que he conocido y con el que me voy a vivir se llama Norberto Oldo Quiroga.
Al escuchar el nombre Aparecida se queda petrificada, y se le cae la bandeja de las manos. Iván continúa hablando.
Me parece que su nombre os es familiar, aunque haya cambiado el orden de sus apellidos.
Aparecida se da la vuelta y se deja caer en el sofá. Con la cabeza entre las manos susurra.

Aparecida

¿Has conocido a Norberto?
Iván
Sí. Trabaja de profesor en Estepa. No pude dar crédito a los rumores que había oído hasta que di con él.
Ernesto con el rostro serio, pero con frialdad añade:

Ernesto

No sé lo que te haya podido contar. Fue él quien nos dejó, y no ha querido saber nunca más de nosotros.
Iván
A mí no me afecta los problemas vuestros y suyos. Pero sí me duele profundamente que a mi edad no me hayáis hablado de su existencia. Como si ignorarlo pudiera cambiar lo ocurrido.
 Ernesto
Lo habrías sabido si tu madre no hubiera temido tanto que no lo entendieras.
Iván
Creo que os he servido como repuesto afectivo. Para eso me trajisteis al mundo. ¿Si es que me engendrasteis? Ya que me empiezo a cuestionar si formo parte de alguno de esos muchos bebés robados.
Aparecida
¡Iván, hijo! No te atrevas ni siquiera a considerar esa locura. ¡Te juro por Dios que eres carne de mi carne!
Ernesto
Iván, no confundas las cosas. Hay acontecimientos que pasaron hace tantos años que no debes plantearte juzgarlos.
Iván
Quizá ocurrieron, como dices, hace muchos años, pero perviven en la memoria de muchos padres y madres de amigos míos, para quienes parece que la historia sí importa. No estamos hablando de cosas de nuestros tatarabuelos, sino de lo que debe pesar sobre la conciencia y el ánimo de personas vivas y con relevantes cargos públicos.
Ernesto
¿Cómo yo?
Iván
Durante los últimos años he tenido que escuchar y negar de compañeros de clase críticas a ti y a mí, porque en este país aún la culpa contamina a las familias. ¿Acaso me puedes jurar que nunca te has servido de tu posición de juez para reprimir la justa lucha por la libertad?
Ernesto
¿Quién te crees para demandarme responsabilidad? Precisamente por ser juez me ha correspondido sostener el estado de derecho cuando otros escabullían su responsabilidad. Vosotros, los que todo lo habéis tenido fácil, ni siquiera podéis plantearos lo que se sufre cuando amenaza la descomposición nacional. Es esos momentos trascendentales no cabe sino eliminar las manzanas podridas.
Iván
La gente difiere sobre el origen de esa podredumbre. ¿Acaso la legitimidad democrática la pueden cuestionar una banda de militares, hacendados y financieros? El respeto a las personas es el respeto al pueblo, no a los intereses particulares que puedan estar en juego.
Ernesto
No me vale esa típica proclama de adolescente revolucionario, que ni conoce de dónde viene ni a dónde va. Es muy distinto jugar con ocurrencias políticas o defender el interés del bien común, el que tantos parece que no disciernen. Por eso hay instituciones que velan por el bien de la Patria.
Aparecida
Iván, no intentes medirte con tu padre por cuatro ideas que te hayan trastornado. Si tú nunca has sido así, ¿de dónde que quieras saber incluso sobre lo que no has vivido? Escúchale a él y aprende, que bastante paciencia tiene con aguantarte.
Iván
No es mi intención que nadie me aguante, pero tampoco me pidáis que no piense.
Aparecida
No pienses tanto y razona un poco más.
Iván
¿No será que vosotros confundía Patria con patri-monio y patria-rcado? Defendéis un sistema por el que cada cual debe tener tanto poder en la nación como parte de su riqueza detenta; eso respecto al patrimonio. Y defendéis las instituciones no por lo que sirven a los ciudadanos, sino en cuanto dan cobijo a los que consideráis patriarcas del Estado.
Ernesto
Es que tú no has conocido lo mucho que hemos tenido que luchar para proporcionaros la prosperidad que gozáis.
Iván
Me reconozco un afortunado del sistema, no lo puedo negar, pero también he de conceder que no es algo que haya logrado por mis méritos, sino que me viene dado por haber sido criado en este estamento social.
Ernesto
No te hagas ilusiones. A partir de que termines tus estudios serás sólo lo que logres con tu esfuerzo.
Iván
No aspiro a otra cosa. Tampoco puedo olvidar que a muchos el sistema no les da ni esa oportunidad, y si luchan por ello son perseguidos como delincuentes simplemente por aspirar a un sistema igualitario en el que el voto del pobre tenga el mismo poder efectivo que el mío.
Ernesto
Eso ya lo tiene.
Iván
Siempre y cuando no reivindique distribuir los privilegios consagrados en los tiempos pretéritos. Por lo que se dio el golpe de Estado y, según vosotros, limpiasteis el país de subversivos no fue más que por sostener el poder en manos que aseguren el dominio de clase.
Aparecida
En eso es en lo que te ha adoctrinado Norberto.
Iván
No, él es de los que respetan la opinión de cada uno. Lo que os digo es lo que piensa la mayoría de mis compañeros de universidad. Es cierto que cada uno cree que hay que lograrlo por medios muy distintos, pero el ideario de la nueva generación está enraizado en la justicia y en la solidaridad.
Ernesto
¿Y tú crees que nosotros de jóvenes no pensábamos así?
Iván
Pues si pensabais de esa manera y luego usasteis medios lícitos e ilícitos para imponer lo contrario: ¡debéis sentiros muy frustrados! Eso sí, no se os nota. Nunca os he oído la más mínima enmienda por tantas víctimas como dejó la represión de la dictadura. No quiero entrar en la culpa que cada cual pudo tener, que no soy yo el juez, pero me alegro hasta lo infinito que los nuevos valores democráticos de la juventud repudien a todo el que pretenda imponer por la fuerza de las armas una paz cosmética que encubra la eterna pasión del domino del hombre por el hombre. Y os dejo que me tengo que ir.
Iván se levanta, recoge la bolsa de deporte que traía, y sale del salón, abandonando el escenario.
 
ESCENA  3
Quedan Aparecida y Ernesto hablando.

Aparecida

No le dejes que se junte con Norberto. Perderemos a los dos.
Ernesto
Ahora que se han encontrado sólo ellos se podrán separar. No seré yo quien lo ayude.
Aparecida empieza a llorar y entre lágrimas comenta

Aparecida

Cuando el mayor se fue se me rompió al alma, y ni siquiera me dejaste intentar rescatarlo. Tu carrera y tu reputación pesaron más que la compasión que creo que me merecía. Pasé aquella terrible depresión de la que no salí hasta que tuvimos a Iván. Pudimos conseguir el hijo que le sustituyera, fue como recomenzar de mayores la novela de la vida, pero el hueco que dejó Norberto nunca se pudo cerrar. He cedido en todo, pero si se va Iván no me quedan fuerzas para sobrevivir. ¡Maldigo la vida que forjáis los hombres apostando a ser más duros que el contrario!
Ernesto
No te pongas histérica. Iván no se irá. Él no tiene el carácter de su hermano. A Norberto el continuo esfuerzo desde niño por vencer su discapacidad le reforzó la voluntad para conseguir cualquier empeño; pero Iván no es así, basta con que le dejemos desfogar su ansiedad para que se convenza de la inutilidad de contrariarnos.
Aparecida
¿Tanto te cuesta hacer alguna concesión para facilitar entenderos? Posiblemente tu conducta no fue en todo intachable.
Ernesto
Los padres estamos obligados por naturaleza a juzgar y corregir a los hijos, y no al contrario. Los hijos no pueden juzgar a los padres, al menos hasta que lo hayan sido ellos y pueden entender lo que determina la responsabilidad que corre por las venas para procurarles lo mejor en la vida.
Aparecida se levanta para irse, y mientras sale de la habitación le dice en voz alta a Ernesto:

Aparecida

Me parece que no le falta razón a Iván cuando dice que confundes Patria y patriarcado.
Ernesto se queda mirándola mientras baja el telón.
 
FIN DEL CUARTO ACTO

FIN DE LA OBRA