TERCERA VIA
                                    Jorge Botella

CAPITULO PRIMERO

- Que sí, tío, que sí. Así se lo montan los pachás. La cuestión son los primeros millones, luego te vienen rodados sin dar ni golpe.

- Algunos sí que dan golpe: un buen braguetazo.

- Es que han nacido de cuna señoritos y van a hacer carrera.

- Como el ministro de las pelas, que se debe creer que todos vivimos como él. Ya le soltaría yo un mes aquí en la "city" para que se entere lo que es miseria.

- Es cuestión de como te lo montes.

- Sí, pero si te lo montas de "prestado" acabas en la "quinta", y ya sabéis lo que es aquello, sales jodido del todo.

- Tronco, enciende el canuto que ya está tostado.

- Ya va.

- Mirad que está la vida torcida, si naces pobre te pudres. Si encuentras un curro, cuatro perras; y a pasar por todo, que si no, no te renuevan el contrato y te vas a la calle.

- Peor es si no encuentras nada. Para los "viejos": que te ganes la vida que ya eres mayor, y vas por ahí y te dicen que eres un crío sin experiencia: "sin buenas referencias no le cojo".

- Pues no te digo nada cuando dices que vives aquí.

- Tanto que yo me voy a cambiar el carnet a casa de mi chavala, que vive en Legazpi.

- Tener que estudiar para esto. Qué morro.

- Curro, tú al menos puedes hacer una chapucilla reparando algún coche.

- Pero si en la escuela sólo teníamos un seiscientos antediluviano. Ya verás tú lo que he aprendido. Abres el capó a uno de los de ahora y no sabes por donde cogerlo. ¿Cómo no sea para lavarlo por fuera?

- Nada, que o te dejas de teorías y te lo montas desde chico con alguien que te enseñe de veras, o no hay forma de empezar.

- Como Jesús. Ya ves, se pegó a su padre a los catorce, y ahora se forra poniendo azulejos.

- Lo que hay que hacer es todo lo contrario de lo que te dicen. Te proponen escuela: lo mejor es irse al curro. Recomiendan curro: vete a la escuela.

- Es que si entras en la corriente de to quisque no te comes un rosco. Lo mejor: ir por libre.

- Enciende otro porro.

- ¡Si no fuera por estos ratos!

- Pero ya ves, en cuanto uno del barrio se lo monta bien, adiós. Mira el Chiqui, desde que empezó a ganar bien de pasta, no para por aquí.

- Es que ése se lo ha montado guay.

- Su padre que es quien lo ha trajinado. Con eso de ser de los viejos del PSOE tiene a toda la familia colocada.

- A mí lo que más me jode es que todo en el país parece que va bien; ves la tele y todo son flores.

- Porque ellos viven así. Yo cuando estuve en Marbella el verano trabajando en el restaurante, todos de ostras para arriba.

- Eso serán los árabes.

- Y los españoles, y bien conocidos. Y luego salen diciéndote que te aprietes el cinturón.

- El día que dé la vuelta la tortilla...

- Pues será igual; los que se lleven el gato al agua a vivir, y los demás a ver como viven.

- Es que unos nacen con estrella y otros nacemos estrellados.

- Y que lo digas, tío.

- Bueno chavales, yo me voy -dijo Mabel.

- Levantemos el campo.

Los ocho jóvenes se fueron incorporando con pereza, dejando sobre la hierba del parque rastro de los cigarrillos consumidos y un par de envases de cerveza.

- Curro. ¿Me acompañas a casa?.

- Claro, Mabel. Tú sabes que para ti siempre estoy dispuesto.

- Vamos.

- Hasta mañana, colegas.

El grupo se dispersó en varias direcciones. Curro y Mabel se dirigieron hacia la casa de ella.

Mabel vivía sola en un piso que Curro conocía bien por la frecuencia con que lo visitaba. Sabía que no era el único que acompañaba a Mabel, ni que entre los dos hubiera más que una amistad que servía de desaguadero a la pasión de ambos. Se conocían desde pequeños, y desde hacía poco más de un año ella le invitaba con cierta frecuencia a su casa, en donde le había iniciado en las relaciones corporales; y aunque a Curro al principio le movió la idea de formar pareja, Mabel le desengañó de toda atadura en sus relaciones.

- ¿Qué te ocurre, Curro? Te encuentro bajo de forma.

- Hay problemas en mi casa. Mi madre... no sé si sabes... bueno, que tiene relaciones con otro.

- ¿Y tu padre lo sabe?

- Hace como si no quisiera enterarse de nada. Cada vez bebe más y por casa sólo para a dormir.

- Y tu madre: ¿se piensa ir de casa?

- Creo que no. Ella tiene aires libertarios, y para atarse a otro nido pienso que le basta el que tiene. Al fin y al cabo papá no le da muchos problemas.

- Tu madre es como yo. Ya es hora de que las mujeres podamos vivir libremente nuestras vidas.

- Es distinto cuando una mujer está casada... cuando tiene hijos... ¿Tú crees que mi casa es un hogar? Otra cosa es que nosotros que estamos en la edad... pero cuando uno forma una familia tiene unas obligaciones, ha de empezar a pensar en los demás que le rodean, en ese caso cuanto uno hace repercute en los otros.

- Curro, ya te digo yo que eso de casarse es una tontería; si el amor en el fondo es cosa de cada noche, y hoy te apetece un hombre y mañana otro. ¡Vivir al día! sin más complicaciones. Compartamos lo que nos apetezca entregar, pero conservémonos para nosotros mismos.

- ¿De veras crees que no hay más que eso? Yo creo que hay algo más... que debe haber más. Hace años las cosas en casa eran distintas.

- No des tanta importancia a esas cosas. Pasa de los tuyos. Bastante ajetreo tiene la vida por sí sola para que vengan otros a complicártela. Si le das muchas vueltas acabarás comiéndote el tarro.

- No juzgo a mi madre. Que viva su vida. Al fin y al cabo tampoco soy mejor que ella. Pero hay algo que no cuadra bien, algo que no acabas de saber que es, pero que te dice que no, que eso así no es.

- Haz como yo, móntatelo por tu cuenta. A distancia las cosas pesan menos.

- ¿Y de qué vivo? Además soy en aquella casa como el comodín. Si les dejo solos, peor. Al fin y al cabo son mis padres.

- Pues esfuérzate en comprender que la vida es así: preocuparse de uno mismo y pasar de los demás.

- Sin comprender entiendo; por eso sufro. De verdad, Mabel, que sobre el papel todo parece claro, pero cuando te paras a pensar te das cuenta que no es vida.

Caminando despacio llegaron hasta el portal de Mabel. Subieron las tres plantas doblando los angostos tiros de escalera y entraron en el apartamento, donde reinaba el acostumbrado revuelo.

Mabel dedicaba poco tiempo al orden de la casa. Ella se bastaba con lo imprescindible, le sobraba con que funcionase bien la televisión y, eso sí, dejaba la cama hecha cada mañana; lo demás eran cacharros en la pila y sobre los fuegos; sobre el sofá, varias revistas; los ceniceros, sucios; las puertas abiertas dejaban ver en el dormitorio un par de sillas soportando en sus respaldos diversas ropas de vestir; en la otra habitación había cajas, envases de bebidas y los más diversos objetos, como si de un bazar se tratara.

- ¿Te hago algo de comer?

- Déjalo; ¿si tienes un cubata?

- En casa faltará de todo menos una copa.

Mabel preparó las bebidas y abrió en paquete de galletas.

- ¿Sabes? tengo hambre.

- Yo de ti.

Mientras tomaban las copas entre carantoñas, Mabel dijo:

- Pues a mí lo que me da pavor es el sida. Mira que llevan años y no dan para acabar definitivamente con ello. Cuando consiguen una vacuna, pues que aparece otro virus distinto, o el mismo que dicen que se transforma, o yo que sé, pero que la mitad de la gente la palma.

- Pues el tratamiento vale un montón.

- Y es que te lo puede pasar cualquiera. Dicen que el veinte por ciento de la gente lo lleva dentro, aunque no se les manifieste.

- Algunos exageran mucho.

- ¡Ya, ya! Pero cuando conoces a uno que ayer estaba fortachón y ahora te viene hecho una mierda, se te pone la carne de gallina.

- Anda con el tema que me has venido a salir ahora.

- ¡Vale, vale! ya no hablo más.

Curro pasó la noche con Mabel.

CAPITULO SEGUNDO

- Curro, levántate. Son cerca de las doce. Claro, has estado toda la noche de juerga. Seguro que has estado con ella. Esa chica no te interesa; es de las que chupa a los hombres. Además, ¡si es mayor que tú! ¡Pues no podías tú ligarte chicas mejores y en buen plan! ¡Anda que esa! Bueno , ya eres mayor, pero... si es que los hombres no os enteráis de nada. Crecéis, pero no dejáis de ser niños.

- Deja de monsergas.

- Te tiene comida la cabeza; ni trabajas, ni estudias. Nada de nada. Pues ya eres mayor para que ayudes en casa.

- ¡Y qué, si no encuentro trabajo!

- ¿Es qué lo buscas? Si también tendré que conseguírtelo yo. Es que los jóvenes de ahora no valéis para nada. Claro, os hemos dado todo hecho. A tu edad tu padre tenía callos en las manos.

- Vale, vale. No sigas. ¿Quieres?

Curro, en pantalón de pijama, pasó del dormitorio al cuarto de baño. Desde allá, a través del sonido que traspasaba la puerta, siguió escuchando la reprimenda de su madre.

- ¿Qué no siga? ¿Y cuándo te vas a espabilar y saber lo que es la vida? ¿O es que crees que eternamente nos vas a tener aquí cuidándote en palmitas? Beber, fumar, mujeres. ¡Qué panorama de vida! Lo que tienes que hacer es encontrar un trabajo, y mientras, doce horas en la calle buscándolo. ¿O piensa el señor que van a venir a casa a ofrecérselo? ¡Gandul, que te estás volviendo un gandul!

Desde el cuarto de baño, con la toalla enrollada sobre la cintura, Curro pasó a su habitación.

- ¡A las doce! ¡Cómo un marqués! Si tuvieras que vértelas para poder comer ya verías como espabilabas. Vicios: ¡cuando te los puedas mantener!

Cuando salió de su habitación, ajustándose los vaqueros y abrochando la camisa, con cierta mueca de contrariedad en la cara dijo:

- ¿Y tú qué? Porque tú también te organizas la vida como te da la gana. ¿Acaso no le estás echando a papá a la bebida? ¿No te montas tus planes sin contar con nadie? Pues déjame a mí que haga lo mismo.

- No irás a pretender que no salga de casa. Yo aquí cumplo como la primera, pero desde luego no pensarás que me encierre a ver venir la vejez haciendo calceta, como mi abuela. Yo soy joven y tengo ganas de vivir; cuando llegues a mi edad te pasará lo mismo. Si a tu padre le basta el trabajo, el fútbol y la taberna, a mí no. Yo siempre he sido así... pero voy por delante en cumplir con mi obligación. Y para eso me levanto temprano y voy a hacer esas oficinas. Yo trabajo para cubrir mis gastos. Estaría bueno que además de trabajar allá, de trabajar acá, no tuviera derecho a moverme. ¡Pero bueno!.Además ¿quién eres tú para decirme nada?

- No, si yo no puedo ni hablar. ¡Pues sí, tengo que hablar... y mucho! Vosotros os montáis la vida, vosotros y vuestra generación, y los que venimos detrás... a jodernos. ¡Pues no me callo... como un gilipoyas! ¿Qué te va a ti si la chavala con quien me acosté ayer es de tu gusto o no? ¿Te digo yo algo del maromo ese con quien trajinas? Al fin y al cabo lo tuyo es peor, así que déjame en paz.

- Si te digo es por tu bien.

- Claro, vosotros hacéis todo por nuestro bien, menos lo que tendríais que hacer.

- No creo que en casa te haya faltado de nada.

- Pues sí. En esta casa falta orden, falta paz y falta seriedad. Tú: tus juergas, papá: la botella; y yo ¿qué quieres? ¿qué todo me parezca bien? ¡Pues no! Yo callo; pero bien, no me parece bien.

- Mira Curro, no saques las cosas de quicio. No creo que vayamos tan mal. Al menos tu padre y yo lo tenemos claro. Cuando nos conocimos, allá en un libertario de los años sesenta, dejamos claro que aun juntos cada cual era dueño de su vida; por eso no nos podemos reprochar nada. ¿Qué quieres? ¿Qué me sienta vieja? pues no, aún me queda mucho que trotar. Se convive juntos por cuestión de organización, y cada cual lo que tiene que hacer es sacarse sus castañas del fuego y no molestar a los demás.

- Sí, claro, pero en vuestro planteamiento faltaba yo.

- ¡Pues no nos has dado guerra ni nada! Entonces era yo quien aguantaba, y tu padre el que desaparecía. Nunca he protestado, porque hasta cierto punto era normal que pasara así. Pero ahora que tú eres mayor y yo tengo la posibilidad de recuperar el tiempo perdido, ¿me lo vais a estropear? ¡Ni hablar! Ya me gustaría que tu padre tuviera los bríos de entonces, pero ahora parece como si todo le sobrara, es como si la vida se hubiera convertido para él en un anodino sobrevivir. Con cuatro cosas se basta: el trabajo, la taberna, la televisión y el fútbol; pues yo ahí no quepo. Ahora toda una vida se me está descubriendo y no la quiero perder. Si dejo pasar este tren quizá no venga otro detrás. Hijo, no creas que los años matan las ganas de vivir, todo lo contrario, parece como si te quedara menos tiempo y hubieras de aprovechar al máximo las oportunidades. Ahora es cuando te das cuenta que la vida corre muy de prisa y que no hay quien la pare.

A Luisa, la madre de Curro, desde hacía algunos años, seis, quizá siete, desde que su hijo comenzara a moverse por su cuenta y no contara con tanto requerimiento de su atención, la pérdida de esa compañía le había hecho sufrir una variación en sus planteamientos vitales. Sin saber bien definida la causa, comenzó a sentir una cierta abulia hacia las tareas domésticas que antes la aficionaran. El marco de sus relaciones familiares y vecinales le comenzaron a resultar estrechas, y a través de diversos clubes de reivindicación de los derechos de la mujer, se encontró rodeada de un ambiente nuevo en el que, aunque al principio le costó integrarse, pronto se vio imbuida. Luisa intentó arrastrar con ella a aquel ambiente a Mario, su marido, pero éste tras los primeros escarceos se dio cuenta que aquello apenas despertaba su interés, y desistió de acompañar a su mujer.

Mario, que en su juventud había sido un hombre pertinazmente inquieto, con el paso de los años, desencantado y cansado de una vida en continua lucha contra corriente, se había ido limitando a tejer su vida en el entramado más inmediato a su cotidiana rutina. Entre dos círculos vitales discurría su existencia: el trabajo, en una fábrica de automóviles, donde anodinamente cumplía sin apenas lanzar un destello de su antigua actividad sindical; y la taberna, -"su otro domicilio", como le decía su mujer-, centro de relación de amistades casi todas ligadas a la vecindad y el fútbol.

Esa manifiesta divergencia en los caracteres de Luisa y Mario fue lo que propició que la vida familiar, en otro momento interesante, estuviera en trazas de desaparecer. Ambos convivían, -como bien decía Luisa- sin reprocharse nada. Se toleraban como en respeto al tiempo pasado, porque los dos aportaban a la convivencia algo material que facilitaba la mutua subsistencia, y sobre todo, porque no osaban entrometerse mutuamente en las respectivas esferas de su intimidad.

Curro, que había ido percibiendo ese enfriamiento en el ambiente familiar a partir de sus quince años, intentaba considerarlo como algo normal a los tiempos que corrían. Recordaba como en la escuela compañeros con padres divorciados asumían esa realidad, aunque Curro ya entonces notaba en esos compañeros algo específico que nunca había sabido definir. Ahora había comenzado, al ver que su carácter se había hecho más introvertido, un reflejo de aquella misma situación. Sobre todo al principio le costó comprender y aceptar aquella nueva situación de cosas, que por otra parte, sus padres procuraban disimular ante él.

Curro tras la discusión con su madre salió de casa, sin tener rumbo especial que tomar. Era sábado, y pensó que lo mejor sería volver a casa después de las dos, cuando estuviera su padre. Mejor -pensó- sería al filo del mediodía pasar por El Tobogán a recoger a su padre. Subiendo juntos no habría segunda parte en la conversación con su madre. Desde luego lo que quería decirle no le salía en palabras y lo mejor era dejarlo.

* * *

- Curro, ¿tú por aquí?. Ven hijo: ¿Qué quieres tomar?

- Una cerveza.

- Hoy descansaste bien; cuando salí de casa aún dormías.

- Sí; ayer me acosté tarde.

- ¿Quieres venir mañana al fútbol? -le dijo José, uno de las amigos de su padre, a quien Curro de pequeño admiraba porque era boxeador.

- A éste no le gusta -intervino Mario-, una vez le pagué una tribuna y se me durmió.

- De eso hace ya muchos años.

- Pero entonces prometí no volver a llevarte.

- Pues tú te lo pierdes -dijo José-. Le vamos a meter al Sevilla al menos cinco.

Apurada otra ronda de cervezas, Mario y Curro subieron charlando a casa.

A Mario le gustaba la compañía de su hijo; y si bien no comprendía nada a esa generación que calificaba de inconsistente, sentía por él verdadera debilidad.

CAPITULO TERCERO

La situación política de España no es tema que absorba el interés de los universitarios. A los veinte años de la restauración democrática, los anhelos de participación y libertad no han quedado satisfechos. Una pesada burocracia, herencia, al decir de muchos, de una sociedad fraguada en el siglo anterior, es el verdadero lastre que genera en su seno una corrupción administrativa generalizada. Los más, incapaces de hacer frente a la caótica situación, terminan por admitirla como un componente esencial al mismo sistema; un mal endémico que conduce a una posición de desánimo frente a la posibilidad de reforma del sistema. A muchos universitarios lo único que les anima es la perspectiva de su graduación en las mejores condiciones, a fin de acceder con posibilidades a la dura competitividad profesional.

Reducidos grupos, en cambio, de fina sensibilidad, sienten la responsabilidad de enfrentarse a un sistema elaborado por la generación de sus antecesores, y cuyos planteamientos no les satisfacen.

Junto a la doctrina democrática, crece la corrupción, antes encubierta, ya a flor de piel, que desautoriza la validez del sistema.

Las jóvenes generaciones que accedieron al poder al comienzo de la década de los ochenta, siguen monopolizando, como coto privado, todos los resortes del poder político, y toda otra generación, a la puerta del relevo, no recibe posibilidad de alternativa.

Hoy un grupo de jóvenes celebra el treinta aniversario del Mayo francés, bajo las sombra de las últimas revelaciones de un diario acerca de la presunta red mafiosa de dimensiones internacionales en la cual se consideran implicadas las principales cabezas del gobierno.

La efemérides apenas ha encontrado respuesta en la gran masa estudiantil, más afanada en la preparación de los exámenes. Entre otros actos convocados, a la proyección de reportajes realizados en directo con treinta años de anterioridad y recogidos en la película de Marcel Declaux "La nueva Primavera", apenas han acudido trescientos estudiantes; mayor aceptación ha tenido la fiesta musical celebrada en las instalaciones deportivas, y mínimo, sumamente escaso, el público que ha seguido las conferencias del seminario organizado por la Facultad de Historia.

Un grupo de inquietos, alumnos y profesores, al concluir la última de las conferencias se han dirigido al Café de la Habana, donde continúan la conversación.

- Pues lo fundamental es la ruptura, el rechazo que del sistema se realiza en la calle; bueno, más que en la calle, en las aulas.

- Quizá se forjó en las aulas, pero de ahí se contagió a la calle. Hay que tener en cuenta que es toda una generación la que se moviliza. Es fundamentalmente un rechazo generacional, no una actitud de intelectuales, como se podría entender al decir que se propicia desde las aulas.

- De acuerdo, pero a lo que yo iba, y estoy de acuerdo contigo, es que corresponde a la ruptura con un sistema elaborado veinte años antes, los años de la postguerra, con sus muy peculiares características. Es el rechazo hacia una generación dura que ve en la que le sucede un cuerpo endeble al cual gobernar. Es el paternalismo a ultranza contra quien, en Mayo del 68, se levanta París. No basta continuar prestigiando los laureles de la guerra y una postguerra que ellos no han vivido. El relevo generacional pide su turno para lograr que la política se articule sobre unos ejes más modernos que contemplen la construcción de la sociedad con nuevas perspectivas.

- Pues si eso es así, sería muy normal el que cada veinte, treinta años, hubiera una revolución.

- Tampoco -intervino otro- es que el Mayo francés sea una revolución de esas con mayúscula, pero sí que es la manifestación de un punto de inflexión en la línea del pensamiento. Yo defiendo que no son las revoluciones quienes influyen en las ideas, sino las ideas mismas las que en sí son revolución, aunque la manifestación pueda no ser convulsiva. Ahora bien, a veces calan en la sociedad de forma contundente, y entonces trascienden; otras, son las fuerzas que dominan en aquel momento las que callan por la fuerza la revolución.

- Es quizá uno de los periodos secuenciales que más se repite en la historia; pero, vamos a ver: no es que el conflicto generacional se dé por necesidad, sino que suele originarse cuando unas circunstancias anormales al lógico desarrollo social produce una generación de salvadores, éstos suelen pronto olvidarse que son meros eslabones de un proceso al identificarse ellos mismos con la substancialidad del proceso. Así, y por miedo a la deformabilidad del sistema establecido, se vuelven impermeables a las aportaciones exteriores.

- Pero eso es común a casi todos los que detentan el poder. Cuando se coge gusto al mandar, y a toda la parafernalia que lo rodea, es difícil prescindir luego y reducirse nuevamente a la condición de ciudadano de a pié.

- ¿De a pié, de a pié?, pocos quedan así. Casi siempre se conservan unas esferas de influencia substanciosas.

- Pero, a lo que íbamos. Que la pequeña revolución que origina el Mayo francés yo creo que es ante todo una ruptura con el sistema. ¿Qué se aporta al relevo? no lo veo claramente delimitado, pero lo que sí se observa es un deseo de romper con una sociedad establecida y con aquellos que la determinaron.

- Yo estoy de acuerdo sólo en parte. Si nos atenemos a los resultados, si lo analizamos con la evolución que en años posteriores se da en el sistema social europeo, podemos cotejar que la dimensión más social, la búsqueda de un equilibrio mayor entre las clases sociales, desemboca unos años más tarde en una desenfrenada carrera hacia el consumismo.

- Pero es que hay que tener en cuenta que la pretendida revolución, una revolución en miniatura, aunque tuvo su influjo, no triunfó. Quizá no podía triunfar porque estaba falta de cuerpo doctrinal, de alternativa política y de una verdadera estructuración. Por eso yo creo que más que otra cosa el Mayo del 68 representó un grito de incorformidad con el sistema, y desde esa perspectiva sí alcanzó su logro con la caída de De Gaulle.

- Claro. De Gaulle representaba más que una simple presidencia; y su derrota optimaba la posibilidad de abrir un giro en la sociedad.

- Pues a mí, -intervino Zinnia- lo que me gustaría es que analizáramos el parangón que con respecto a nuestro sistema actual, acá en España, hoy y ahora, tiene el Mayo francés. Salvando los años y las circunstancias, encuentro una similitud de aquella situación a la nuestra. Yo creo que a los que protagonizaron el Mayo francés les pasó un poco lo que a nosotros: que después de estos veinte años que lleva de vigencia el sistema, a la mayoría no nos dice nada. Vamos, que yo no me siento identificada. Me parece obsoleto, absolutamente decimonónico.

- Tú porque eres republicana, y todo lo que huela a monarquía te parece medieval.

- No sólo por eso. Evidentemente creo que la república es mucho mejor sistema. Eso que yo contra el rey no tengo nada en particular; pero debe ser el sistema, independientemente de quien ejerza el poder, el que permita que la estructuración social sea justa. Y una presidencia electa, legitimada democráticamente, como lo entendemos los social-republicanos, con un ejecutivo y un legislativo independientes, es mucho más perfecta en cuanto sistema, pues permite una mayor desconcentración del poder, y al tiempo, un mayor control mutuo. Sí, yo creo que ahí está la clave de todo: quien concentra mucho poder, quiera o no, cae en una mentalidad dictatorial. Recordar ese adagio: El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente.

- Pues yo creo que eso depende de quien esté al frente del gobierno, porque si hay un tío responsable no tiene por qué corromperse.

- Me decía una vez un amigo que lo ideal sería un gobierno de hombres buenos y justos; con ellos cualquier sistema sería válido, pero como los que están detrás de las siglas de los partidos son normalitos, lo mejor es que el mismo sistema les ayude a no caer en la tentación.

- Yo -apuntó Manuel- desde luego tengo que confesar que me dejaría corromper. Al fin y al cabo si no te aprovechas tú lo va a hacer otro.

- Pues contra eso es por lo que hay que luchar.

- ¿Y cómo, mi niña?

- Lo que os estoy diciendo, creando un sistema alternativo, con independencia de poderes y control mutuo. Porque de nada vale protestar y lamentarse si no se buscan soluciones.

- Yo paso, tía, -intervino Darío, estudiante de ingeniería, y que más había acudido a la reunión por acompañar a Raquel, a quien pretendía, que por interés cultural- a mí me da igual. No voto. En el periódico lo que me interesa son las páginas de deporte, De política, paso. Todos son iguales; pura demagogia. A mí lo que me jode es que quieran hacerme creer que esto funciona.

- Tampoco es eso, Darío, - le replicó Manuel- porque lo malo es que, aunque parezca que no, son muchas cosas las que diferencian a unos de otros.

- ¿Muchas? ¿Cuáles? Todas en los mítines, pero luego, a la hora de la verdad, todos te dan igual por el culo.

- Por eso es por lo que hay que participar; -intervino Zinnia- más, hay que crear. Es necesario sentirse protagonista social y saltar al ruedo. Que nadie te va a regalar nada, habrás de luchar por conseguirlo. Y si nosotros no somos capaces de cambiar un sistema que no nos va, nadie lo va a hacer.

- Eso tú, Zinnia. ¡Llevas la revolución en la sangre!

- ¡Y tú! ¡y tú! ¡y tú!... porque si vosotros no estáis de acuerdo con lo que hay, debéis luchar por cambiarlo. ¿Leísteis ayer el Expréss? ¿Lo de la trama venezolana? Ahí está pringado medio gobierno. Y al fin, ¿qué va a pasar? como siempre: nada. A mí eso me enerva, ¡que unos estén forrándose mientras tanta gente pasa calamidades! no, yo por ahí no paso. Que un gobierno haga las cosa bien o peor, que acierte o se equivoque, pase; pero que nos time como si esto fuera una democracia bananera, ¡no, no y no!

La conversación que en un primer momento evolucionaba con cierto reposo, fue caldeándose en cuanto los estudiantes abordaron el tema de actualidad. Era evidente que la contemporaneidad de los hechos les tocaba más la fibra.

- ¿Pero tú crees que a la gente le importa la política del país? Yo soy de la opinión que la mayoría piensan como Darío: con poder vivir medianamente tranquilos para comer y divertirse, les vale.

- Y que no les toquen el bolsillo.

- Lo que hemos de conseguir es vencer esa inercia y superar el miedo al cambio. Cuando los socialistas utilizaron el slogan del cambio en 1.982, todos se fueron tras ellos, luego vino el desencanto; pero, ¿quién les ofreció el cambio del cambio? Llevamos veinte años de política anodina, aburguesada, ¿dónde hay una verdadera alternativa? Una opción social, moderna, participativa, progresista pero alejada de la "progresía", tendrá aceptación. El camino pasa por que la dinámica social entre en juego y se constituya en sujeto efectivo de la construcción del país.

- Y que sepa a donde va.

- Sí, ¿y cómo? El caso es que hablas con la gente y todos tienen claro que esto no es, pero no saben hacia donde mirar. Piensa que la mitad del electorado, quien mantiene a la mayoría del PSOE, son los carcas, los abuelos, los nostálgicos del cambio que nunca llegó. Muchos de ellos, que no están de acuerdo con esto, tal y como ha evolucionado, votaría algo mejor, pero quisieran que ya estuviera realizado: para volver a equivocarse, -dicen- bien estamos donde estamos. No se dan margen de riesgo.

- Es que falta juventud. Espíritu de vibrar con los planes que uno pueda tener por delante.

- Cierto. Europa está vieja y anquilosada. Aquí lo importante es tener pasta y qué consumir. Toda una economía basada en el consumo que se ha olvidado de lo más profundo del ser del hombre.

- Pero lo peor es que el consumo está muy mal repartido. Lo importante es que lleguemos a un nivel más equilibrado. Que seamos todos los que tengamos un acceso real a un consumo medio, en vez de que algunos tengan de todo y otros hayan de conformarse con lo mínimo.

- Tú, Zinnia, sueñas con un paraíso.

- Si no con un paraíso, el menos con un mundo civilizado.

Eran las doce de la noche. En conversación las horas pasaban rápidas. Los reunidos decidieron acabar la tertulia. Hacía una noche agradable, y algunos optaron por continuar en una discoteca.

Zinnia y Pablo decidieron irse a casa.

- No he traído coche, Zinnia, ¿me acercas a casa?

- Hecho. Lo tengo en el aparcamiento. Espero que no hayan cerrado.

- Está abierto hasta las dos.

Pablo, estudiante de tercero de Arquitectura sentía una gran admiración por Zinnia. La seguridad que en todos los planteamientos mostraba esa mujer le contrastaban con la frivolidad de pensamiento de la mayoría de sus amigos.

En el coche se dirigieron por los bulevares hacia Colón.

- Y eso que has comentado de la trama venezolana, ¿de qué se trata?

- ¿No has leído el Expréss?

No, esta semana no lo he comprado, y en el País, que compra mi padre, no he encontrado nada.

- Pues en el periódico sólo está la idea apuntada. Yo es que conozco a Bruno, uno de los redactores más destacados, y está siguiendo un tema muy interesante. Parece ser que existe una organización secreta, como la logia P-2 de los años ochenta, ¿no sé si te acordarás de ella? pero a escala internacional, que controlan un gran poderío económico en base a las cotas de poder que gozan en varios países. El meollo parece que está relacionado con círculos próximos a la Internacional Socialista. El caso es que los beneficios los obtienen por concesiones de unos gobiernos a sociedades de otros países, y así recíprocamente entre la gente que tienen bien situada en los poderes de distintos estados. Es una trama fabulosamente montada, que apenas deja rastro. Bruno lleva las investigaciones muy avanzadas. El día que lo publique será una bomba impresionante, como aquel Watergate.

- Eso será si le dejan llegar hasta el final.

- Tesón no le faltará.

- Te dejo aquí en la esquina, yo ya subo por Velázquez.

- Vale. Un beso.

- ¡Qué seas bueno!

Zinnia continuó en coche hasta la casa en que vivía con sus padres.

CAPITULO CUARTO

Curro subió los dos pisos y advirtió una puerta rotulada con un "pase sin llamar". Empujó suavemente, como con respeto, y se encontró en un vestíbulo donde había dos personas sentadas en unas butacas malamente distribuidas. Se notaba el ambiente de espera en los rostros de las dos personas que había allá.

- Vengo por lo del anuncio.

- Sí. Siéntate, nosotros también estamos esperando. Creo que van entrevistando uno a uno.

La chica que le respondió era joven, leía un libro voluminoso, aparentemente de texto. La otra persona, algo más mayor, sentada al otro extremo perdía la mirada entre la puerta, los rincones, un anaquel de libros y algunas litografías enmarcadas entre unos sencillos listones.

Curro se sentó junto a la chica. Tras una pausa preguntó:

- ¿Sabes de qué se trata el trabajo?

- Creo que es para vender libros a domicilio.

- ¿Y de qué va la entrevista?

- Pues me figuro que será un poco el conocerte.

Del fondo del pasillo salió un joven acompañado por una señorita que le despidió junto a la puerta.

- Mucho gusto señor Alvarez.

Y dirigiéndose a quienes esperaban:

- Me puede acompañar el siguiente.

Pasó el señor de mediana edad, y quedaron los dos más jóvenes en la salita.

- Pues yo no he trabajado nunca en esto de los libros. Bueno, ni en esto ni en nada. Y no será porque no busco, como dice mi madre, sino que no hay manera. ¿Qué lees en ese mamotreto de libro?

- Es un libro de fisiología -repuso Zinnia-. Estudio medicina, pero quiero encontrar trabajo para independizarme. Quiero ganarme la vida por mi cuenta y no tener que depender de mis padres.

- Yo estudié mecánica, pero como no tengo práctica y experiencia me dicen que nada. Si yo llego a saber esto me pringo de aprendiz a los dieciséis años. Para lo que me han enseñado en la escuela más vale no haber perdido el tiempo.

- Siempre en esos años habrás aprendido algo. Parece que no, pero cuando has estudiado queda un poso que luego sale. Nosotros en la facultad decimos lo mismo: ¿qué voy a hacer cuando me vea ante un paciente? pero te tranquiliza que los que están ejerciendo han pasado por lo mismo y salieron adelante.

- Vete a saber. Yo estoy ya más desanimado que nada.

- Pues no puede ser, chaval. Hay que ser optimista. Mira, tú tienes que trabajar y salir adelante; y luego cuando pase el tiempo esta fase te parecerá una anécdota.

- A ver si es verdad. Cualquier cosa que me salga la cojo. Por no oír refunfuñar a mi madre, lo que sea. -Dijo Curro agradeciéndole con una sonrisa los ánimos.

Había pasado un corto rato, cuando nuevamente la señorita salió acompañando al entrevistado.

Zinnia pasó al despacho, y Curro quedó solo en el vestíbulo. ¡Vender libros! ¿A quién? ¿De casa en casa? No era trabajo que le gustara. Claro, a esa chica que estudia sí que le puede interesar. Además ella tiene estilo. Bueno, vamos a ver que nos dice. Con estos pensamientos entretuvo el tiempo hasta que una vez concluida la entrevista de Zinnia, hubo de comenzar a realizarla él.

La mujer que tenía enfrente era de mediana edad, muy pintada, el habla algo afectada, podría ser extranjera. Fumaba mucho pues el cenicero rebosaba restos de cigarrillos.

- Su nombre.

- Curro Asensio Buero.

- Bien, señor Asensio. ¿Trabajó usted con anterioridad?.

- No. Lo he intentado, aunque no lo he conseguido todavía.

- Mire, nosotros estamos seleccionando distribuidores para ofrecer nuestras promociones editoriales directamente al consumidor en su propio domicilio. Es un trabajo de mucha relación, en que el don del agente tiene un valor casi carismático. Es un trabajo que ofrece muchas perspectivas económicas, pues el volumen de venta en una buena promoción continuamente se eleva, multiplicándose los beneficios que pueda obtener. Es trabajo de constancia, sobre todo en la fase inicial, hasta ir consiguiendo confianza en sí mismo. Pero hablemos algo de usted. ¿Dónde vive?:

- A la salida de la carretera de Andalucía.

- ¿Estudios?

- Formación Profesional mecánica.

- ¿Fue buen estudiante?

- Regular.

- ¿Tiene muchas relaciones en Madrid?

- Pues sí. Sobre todo en mi barrio.

- ¿Tiene coche?

- No.

- ¿Permiso de conducción?

- No.

Aquella mujer rellenaba con las respuestas de Curro una ficha, asignando una cruz cada vez sobre un recuadro.

- ¿Casado?

- No.

- Me dice que no ha trabajado, ¿luego no tiene experiencia en el campo de la distribución domiciliaria?

- Pues no.

- ¿Y qué opinión le merece esa labor?

- No sé; un amigo se dedicó a ello, no a los libros sino a perfumes, y no le fue nada bien. Yo creo que es difícil, porque además la gente está muy desconfiada y no atiende al que va por su casa.

- En nuestro caso es distinto al tratarse de promociones que cuentan con apoyo publicitario.

- Habrá que comprobarlo.

La charla se prolongó algo más sobre algunas precisiones que la entrevistadora realizó acerca del modo de actuar con eficacia en la labor.

- Señor Asensio, una vez se haya realizado la selección de las personas elegidas nos pondremos en contacto con usted. Me gustaría que formara parte en el equipo de nuestra sociedad.

- Espero sus noticias.

Salieron hasta la puerta de la calle. Debía de haber acabado de llegar un grupo de tres chicas, que de pie en el vestíbulo parecían dubitativas.

- Adiós señor Asensio.

Curro bajó las escaleras con poco ánimo. No le convencía eso de ser vendedor, por mucho que aquella señora lo adornara con nombres de distribuidores y promotores. Pero decidió, mientras bajaba las escaleras, que no teniendo mucho donde elegir habría de aceptar lo primero que le saliera.

Le apeteció tomar una cerveza en un bar que encontró en la misma acera del portal. Cuál no fue su sorpresa cuando sentada sobre una banqueta, frente a la barra, y dando la espalda a la puerta reconoció a la señorita que le había precedido en la entrevista.

- ¿Qué tal la entrevista?

Zinnia volvió la cabeza un poco sorprendida, y acto seguido reconoció a su compañero en la espera.

- Bien. El trabajo creo que no es excesivamente interesante, pero se amoldaría bien a compaginarlo con los estudios. Depende en mucho de que el material editorial que ofrecen sea atractivo. ¿Y a ti, qué te ha parecido?

- Creo que regular. A mí eso de las relaciones no me va demasiado. Desde luego, como sean libros de los caros, en mi barrio no vendo ni uno. Y eso de ir cargado con los libros en la cartera de un sitio para otro es un palo.

- ¿No tienes coche?

- No.

- A mí la entrevistadora me ha dicho que el hecho de disponer de coche era muy favorable.. ¿Qué quieres tomar?

El camarero sirvió a Curro una cerveza.

- No se si me llamarán, pero, desde luego, si esto sale, haré lo que pueda. Al menos, mi madre no me podrá echar en cara que no trabajo.

- De todas formas si no te llamaran y a mí sí, quizá por lo del coche, podríamos llegar a un acuerdo para vender juntos.

- Pero no te vas a quitar clientes para compartirlos conmigo.

- Si en estos trabajos todo depende de lo que quieras moverte. Para ellos, cuanto más vendas, mejor. Además, a mí con los estudios, cuando lleguen exámenes no podré controlar el trabajo muy de cerca y el tener a alguien que siga las gestiones será un alivio. Pero estamos especulando. Quizá sea a ti a quien elijan.

- Serían tontos. Tú eres guapa, simpática, tienes todo lo que se podría requerir. Si yo fuera quien tuviera que hacer la elección no tendría duda.

- Gracias por los piropos. Se me está haciendo un poco tarde. Tengo que marcharme. Déjame tu teléfono y nos ponemos en contacto cuando sepamos algo.

- Mira, apunta: 6 39 41 32. Préstame el bolígrafo que apunte el tuyo.

- Y, ¿cómo te llamas?

- Curro.

- Yo, Zinnia. El mío es 3 91 91 84.

Zinnia se dirigió al camarero.

- ¿Qué te debo?

- Deja, pago yo -intervino Curro.

- Yo llegué antes. Cóbreme.

- Mejor, así te debo una invitación y quedamos obligados a vernos de nuevo.

- Vale.

Zinnia y Curro salieron del bar. A pocos cientos de metros tenía Zinnia el coche aparcado. Un cupé muy bonito.

Curro continuó hacia la Castellana a tomar el autobús. No sabía porqué pero se sentía contento. Ya casi ni se acordaba de la entrevista. Aquella chica... hasta su nombre era agradable: Zinnia. Sin duda era una chica con dinero, y estudiaba medicina, pero era un rato sencilla, y ¡eso de ofrecerle trabajar con ella si no le llamaban! Desde luego que la acompañaría, aunque fuera sólo por ocupar el tiempo y aprender... y estar con ella.

Con estos pensamientos Curro se apeó del autobús para transbordar a otro. Llegó a su barrio; dio un paseo por el parque. No le apetecía ni ir a casa ni ver a los amigos. Estaba contento.

* * *

Habían pasado dos semanas. Curro seguía sin encontrar trabajo. Varias entrevistas... luego el silencio. Sonó el teléfono.

- ¿Diga?

- ¿Está Curro?

- Sí. ¿Quién le llama?

- Soy Zinnia.

- ¿Cómo?

- Zinnia -repitió más lentamente.

- Curro, te llama Zinnia -voceó la madre a Curro, que estaba en el cuarto de baño.

- Voy ya.

Curro salió secándose la boca.

- Si, soy Curro, es que me estaba enjuagando los dientes.

- ¿Te han llamado de la editorial?

- No. No sé nada.

- Me lo figuraba porque me han citado allá donde la entrevista; y estábamos un grupo. Me supuse que éramos todos los seleccionados, y no te vi.

- Pues no pasó más que lo previsto.

- Pero yo mantengo mi oferta. El trabajo puede ser interesante, y me vendría bien tener un compañero. Bueno... quizá ya has encontrado otra cosa.

- Que va tía. Nada de nada.

- Pues si quieres... ¿Qué me dices?... Puedes pensártelo. Además, sin compromiso. Si te va, bien. Si te sale algo mejor, lo dejas.

- Me encantaría ir contigo, pero me temo que te estorbaré.

- Que cosas dices. Pues no te habría llamado.

- Oye, te debo una cerveza. ¿Por qué no quedamos y lo hablamos más despacio?

- Vale, ¿cuándo?

- Mañana.

- Tendría que ser por la tarde.

- A la hora que quieras. Yo tengo todo el día libre.

- A las seis en el mismo bar en el que estuvimos después de la entrevista.

- Vale.

- Hasta mañana.

- Adiós.

* * *

Zinnia y Curro llegaron a un acuerdo. Irían los dos juntos a vender, al menos al principio, y repartirían las comisiones. Más adelante si cada uno atendía a clientes distintos Zinnia le pasaría los comisiones que le correspondieran a Curro, beneficiándose ella del rappel que le aplicaban por volumen de ventas.

Quedaron citados para el día siguiente comenzar las visitas.

CAPITULO QUINTO

- Juana, ¿ha llegado Zinnia?

- No, señora.

- Pues yo tengo que irme al teatro y no la puedo esperar. Quería dejarla un recado por si me llama el administrador. Esta niña desde que le ha dado por vender esos libros no para. ¿Usted, Juana, cree que es normal que ella tenga que meterse en todo ese lío si no le falta todo el dinero que quiere? Si no pudiéramos costearle sus gastos... pero, gracias a Dios, no le falta de nada. Ella que se dedique a estudiar que es lo que desea su padre. A propósito: El señor vendrá tarde, téngale la cena preparada; hoy tiene que operar, y esos días nunca se sabe a que hora llagará. Igual regreso yo antes.

- No se preocupe señora, estaré levantada hasta que llegue para servirle la cena.

- Si igual viene cenado. Los días de quirófano llega derrengado y sin ganas de nada. Si no quiere tomar nada prepárele un batido de fruta. Y me voy que no llego. Si llama el administrador, dígale que he tenido que salir; que me llame mañana al mediodía. ¡Ah, no! al mediodía no, que como en casa de la marquesa; que llame antes de la una, pero tampoco muy temprano.

- Sí señora, así se lo diré.

Montse y Braulio eran un matrimonio entrado en los años de la madurez, y de una situación acomodada, ¡muy acomodada! Vivían en un espléndido piso del barrio Salamanca. Braulio, cirujano afamado, era socio copropietario de una clínica de renombre; se dedicaba de lleno a la profesión. El matrimonio había tenido tres hijos. El mayor, ya casado, el segundo, que estudiaba y vivía en Estados Unidos, y la pequeña, Zinnia, que venía a ser, a criterio de los padres, la rebelde de la casa. Ella, tan independiente, tan en desacuerdo con el estatus aburguesado de la familia, chocaba con frecuencia con los criterios de sus mayores. La ilusión de Montse y Braulio era que la pequeña acabara la carrera de medicina y fuera quien continuara la profesión de su padre. Todo lo tenía a su favor: la clínica montada, renombre, una clientela consistente. Para los padres sólo era cuestión de dejar que transcurrieran los años, y sus planes se verían coronados.

Braulio paraba poco en casa, el trabajo en la clínica le absorbía en exceso, y cuando se detenía a hablar con su hija era para transmitirle sus últimas experiencias profesionales. Daba por hecho que cuanto a él le parecía interesante había de serlo del mismo modo para su hija, y apenas podía concebir que la pequeña tenía sus propias inquietudes, muy alejadas a esos planteamientos.

Montse, que de más joven había seguido con atención la educación de sus hijos, cuando éstos pasaron la adolescencia dio por cumplida su misión, y la nueva posición económica que su marido le lograra le inclinó a aumentar su vida social. Sin apenas darse cuenta, se había sumergido en un ambiente que la encantaba. Al principio había conseguido tirar de su marido, pero éste, poco a poco, con la excusa del trabajo fue relajándose de obligaciones y cumplidos. Al final Montse y Braulio compartían la mesa, la cama, algo del hogar y lo poco que quedaba de la vida de familia; fuera de esto cada cual alternaba a su manera, si bien con el mutuo consentimiento y sin que ello, aparentemente, hubiera abierto fisuras en su convivencia.

A Luis, el administrador de la casa, lo gobernaba Montse, que daba prontamente razón de cuanto pudiera ingresar su marido, aunque esas cantidades crecieran constantemente.

A Zinnia le resbalaba todo aquel ambiente. Ella recordaba que hace años, cuando su padre trabajaba en la Seguridad Social, con menos desahogo económico, las cosas en casa eran mucho más racionales. No estaba conforme con ese ambiente que veía a su alrededor, en su familia y en el círculo que les rodeaba, en el que todo se tenía al alcance de la mano sin esfuerzo, en el que casi todo se lo podían brindar hecho, y en donde el dinero corría como si no existiera más allá de aquel entorno otro mundo lleno de penurias y necesidades. No, Zinnia se había propuesto no dejarse arrastrar en pos de la comodidad que aquella situación le brindara, porque ese no era el mundo mejor.

Aquella noche Zinnia llegó a su casa poco después de que su madre hubiera marchado. Entró con un montón de libros bajo el brazo. Había estado , al salir de la facultad, vendiendo con Curro. Sin soltar nada de lo que llevaba, se dejó caer en un sofá.

- Juana. ¿Está mamá?

- No, salió. Creo que la oí decir que iba al teatro.

- Y si no, al concierto, o a una puesta de largo, o al casino...

- Señorita, la tiene usted muy disgustada. Ella querría que le acompañara. Que haga usted más vida social. ¿Y, qué? ¿ha vendido hoy muchos libros?

- Dos pedidos. Uno de un diccionario y otro de historia. Pero hemos hecho siete visitas. Curro acaba derrengado de los esfuerzos que hace por moderar sus modos de hablar. Dice que le pesa más eso que todos los muestrarios de la editorial. Es un tío la mar de simpático, sencillote. Como se reprime tanto en las visitas, luego me suelta todos los tacos de carrerilla. Lo pasamos muy bien.

- Me alegro que le guste el trabajo y el compañero.

- Claro, Juana, si es que en la vida se puede pasar bien sin necesidad de ir a los caballos, hacer surf, o ir a la fiesta del último guaperas de la jet.

- Estoy de acuerdo con usted, señorita. Ya sabe que en esta casa soy la única que la comprende.

- Juana es que a usted todo le parece bien: lo que haga papá, mamá, Borja, y hasta lo que haga el gato.

- Si es que ustedes todos son muy diferentes. A su mamá no le iría su actitud, ni a usted la de su mamá. Pero yo, puestos a elegir, y lo sabe muy bien, me quedo con su forma de ver la vida. Al fin y al cabo no estoy yo en la casa para protestar, y así, para no incomodarme, lo mejor es verlo todo bien.

- Pues no; a mí, lo que no me va... no me va. Usted que me conoce desde chica sabe que yo al pan: pan, y al vino: vino. En esta casa es como si el dinero hubiera embrujado todo. Papá que no para porque está todo el día empleado en ganarlo, y mamá todo el día empleada en gastarlo. Esto es de locos. Pero yo, desde luego, no pienso entrar en la rueda. ¿Tú sabes, Juana, lo difícil que es salir del carro del consumismo cuando uno ya está subido? Por eso prefiero trabajar en lo de los libros, bueno, o en lo que sea, y acostumbrarme a vivir con lo que pueda. Si no, mi única solución sería casarme con un millonario.

- Pocas chicas habrá que opinen como usted.

- No crea, Juana.

- Pocas, ¡poquísimas! por no decir que es usted una excepción.

- No exagere. Yo creo que la nueva generación que venimos, de momento al menos, somos más idealistas. Nos gusta la verdad de las cosas. Quizá los años nos enseñen luego a cambiar, pero yo no quisiera el día de mañana ser como mis padres; y si hay algo por lo que luchar, ahí estamos. No se puede vivir ignorando los problemas que nos rodean. No podemos ser como las avestruces que esconden la cabeza bajo las alas. A muchos los problemas sociales les quedan lejos, y sin embargo son problemas humanos que están ahí. Hay que cambiar el mundo, Juana, y no se empieza sin una actitud firme de cambiar una misma.

- Pero arreglar el mundo muchos lo han intentado, y ya ve: seguimos como siempre. De jóvenes todos son idealistas, luego... fíjese, quien hubiera dicho a los que conocimos a los socialistas de entonces que llegados al gobierno iban a ser así. Todos iguales, créame, todos iguales: los de derechas, las izquierdas y los del centro. Siempre habrá unos arriba, y otros abajo sobreviviendo, que no es poco.

- Es un problema de estructuras... y de personas. Pero no siempre será así.

- Venga. Le voy a servir la cena.

- Voy a dejar esto en la habitación y ahorita vengo.

Zinnia cenó ligeramente, y en seguida se puso a repasar los apuntes de fisiología que había tomado ese día en clase. Desde que dedicaba el tiempo libre que le dejaban las clases a la venta de libros, recuperaba por las noches tiempo para estudiar.

Cerca de las doce, llegó Braulio. Ya había cenado. Se sirvió una copa, y viendo luz por la rendija inferior de la puerta del dormitorio de su hija se dirigió hacia allá.

- ¿Puedo pasar?.

- Sí, pasa. Papá, ¿cómo te fue el día?

- Agotador. He estado seis horas seguidas en el quirófano. Es realmente agotador. Pero todo salió bien, gracias a Dios; al menos uno queda reconfortado. ¿Y tú? ¿cómo te van las clases?

- Apuradilla.

- Ya te he repetido innumerables veces que la carrera es lo primero. Tienes que dedicarle más tiempo. Capacidad tienes sobrada, es cuestión de que le dediques más horas.

- Hago lo que puedo.

- Lo que deberías hacer es olvidarte de esa tontería de perder tiempo con la venta de los libros. Y no sólo el tiempo; cualquier otra actividad con la que intentes compaginarlo ayudará a que andes despistada. Tienes que olvidarte de todo lo que no sea la carrera. A la política y a los amigos lo que sobre, primero a lo tuyo. Es tu porvenir. El otro día hablábamos tu madre y yo, y nos tienes preocupados. Todo cuanto estamos trabajando es para ti, para abrirte un porvenir seguro. En la clínica te formarás a mi lado, y el día de mañana será tuya. ¡Cuántos compañeros te envidiarían! No tienes derecho a defraudarnos. ¿A qué viene eso de vender libros como si tuvieras que costearte unos recursos que tienes sobrados. ¿Se puede saber que te pasa?

- No me pasa nada, sino que quiero ser Zinnia y no la hija de don Braulio.

- Tonterías.

- Sí, tonterías para ti, pero para mí es tan vital como el respirar. Si no estoy alineada con la sociedad de consumo, no lo estoy. Yo no puedo sacar la carrera con la frivolidad de tenerlo todo hecho mientras otros compañeros han de ventilarse personalmente los problemas; esto es lo que de verdad enseña en la vida.

- Pero si Dios te ha dado la oportunidad no la rechaces. Ya, el día de mañana, cuando estés bien situada podrás dedicar todo tu esfuerzo a los demás, como médico y como mujer.

- Si no comienzo hoy, el día de mañana estaré caminando por un túnel sin salida.

- ¿Cómo sin salida?

- Sí, cuando una se aísla de los problemas que le rodean y se dedica cómodamente a sus estudios, luego cuando acaba, se dedica a su profesión sin más, a su pequeño mundo. A mí me interesa la sociedad que me rodea, me preocupan las desigualdades, la corrupción que nos envuelve, la gente sin trabajo , y para ello tienes que estar ahí metida. Por ejemplo, por Curro, el compañero con el que vendo los libros, he conocido lo que pasa un chaval sin trabajo, cómo es ese otro ambiente en el que él vive. Papá, la vida no es ésta en que vosotros vivís, no la que compartimos en la universidad, hay acá, a nuestra vera, sin ir más lejos que a los barrios de las afueras, otro mundo de la marginación económica, social, cultural, religiosa, del que apenas se habla, como si no coexistiera con el nuestro. Por eso me interesa la política, no como la juegan tus amigos, sino con realidad, con profundidad, ir al fondo de los problemas, y para conseguirlo tienes que estar ahí en contacto con ellos y no ser una hija de papá que nunca tuvo un problema porque pensaba que todo lo podía solucionar con dinero.

- Hija, así comenzaron todos los que al poco tiempo dejaron la carrera. Cuando yo estudiaba en la facultad por los años cincuenta también muchos compartíamos ideas como las tuyas. Tan sólo los que conseguimos aislarnos y poner en primer y único término la carrera fuimos los que la concluimos, y entonces y no hoy era cuando había verdaderos problemas sociales. Cuántos de aquellos no se estarán arrepintiendo. Pues mira que además no arreglaron nada y quizá perdieron la oportunidad de triunfar en la vida.

- Triunfar. Sí, eso es lo que pretende la mayoría de los que van a estudiar. Triunfar: ser alguien en la vida, destacar sobre los demás; estar en el estatus de los privilegiados, en eso se resume las aspiraciones de la mayoría. Yo no soy así, no puedo ser así. Me traicionaría a mí misma.

- No creas que a mí me regalaron nada. He tenido que luchar, y mucho, hasta llegar a reunir lo que tenemos: una reputación, la clínica, todo eso no ha venido de balde. Hija, lo importante es lo que uno lucha; y primero piensa en ti y luego en los demás. Ya sabes la máxima: La caridad bien entendida comienza por uno mismo.

- Papá, creo que sintonizamos ondas distintas. Yo no te puedo reprochar en nada tus planteamientos de la vida, pero yo soy yo, y tengo mis propias ideas, con las que estoy dispuesta a ser consecuente cueste lo que cueste.

- Pues si sigues así sólo te puedo augurar que dejarás los estudios, y sería una pena que todo un porvenir en ciernes con unas posibilidades que muchos querrían para sí, lo fueras a tirar por la borda. Si dejaras los estudios ya sabes el disgusto que me darías. Piénsalo bien, ahora que estás a tiempo.

- Vale, papá. Y me dejas estudiar que voy a aprovechar un rato todavía.

- Sí. Buenas noches.

- Hasta mañana.

CAPITULO SEXTO

- ¿Está Zinnia?

- ¿Quién la llama?

- Curro.

- Espere un momento.

Tras la necesaria pausa y el silencio que se produjo en el auricular, Curro escuchó la voz de Zinnia.

- Dime, Curro. ¿Qué tal?

- Fenomenal. Se han quedado con las dos enciclopedias. Pagan al contado. Fantástico.

- ¡Qué bien!

- Oye, yo había pensado que quizá esta tarde en vez de ir con la maleta podíamos tomar un respiro e ir a celebrarlo. ¿Te va el plan?

- Bueno, pero a última hora.

- A las seis.

- Las seis no es última hora, tonto. A las ocho.

- ¿Dónde?

- Pues no sé. Un sitio donde te venga bien.

- Las mujeres mandan.

- En Cibeles; a la puerta de Correos.

- ¡Qué original!

- Pues di tú donde. Yo lo decía porque tenemos a la puerta el metro y el autobús.

- Vale, tía. No tragas una broma. A las ocho entonces.

- Vale.

- Hasta lueguito.

- Adiós.

Curro se sentía satisfecho. Desde que coincidió con Zinnia había notado un cambio en su ánimo. El trabajo no es que fuese bien. Tenía que moverse mucho, siempre cargado con algún libro y un ejemplar de la enciclopedia, y tras muchas visitas le salía un pedido. De las entrevistas concertadas obtenían mayor fruto, pero Curro, como tenía tiempo, aprovechaba para ir casa por casa, aunque cada vez se daba más cuenta de la poca rentabilidad que ello le reportaba. En casa de sus padres ahora no le podían reprochar que no hiciera nada, aunque su madre decía que eso era algo así como trabajar a medias. A Curro tampoco le gustaba el trabajo pero le encantaba ir con Zinnia. Aquella mujer estaba empezando a gustarle, pero no como le habían gustado otras anteriormente; era algo distinto, como si hubiera algo en ella que le cautivara. Lo que más deseaba eran los ratos en que salían juntos a vender. Sin saber bien en concreto que era, se encontraba feliz a su lado, gozaba con su conversación, con su sencillez. La verdad era que estaba aprendiendo mucho de ella, pero de una forma tan espontánea que su diferencia de cultura no les separaba. ¡Y que sentido común! ¡Claro que le gustaba! ¡Y mucho!

Curro acudía a las citas siempre con antelación. Zinnia, puntual. Hoy ella se retrasaba algo, habían pasado cinco minutos. Curro se impacientó; recién que terminó un cigarrillo, encendió otro. Estaba un poco nervioso. ¿Y por qué? se preguntaba. Casi todos los días pasaban horas juntos de allá para acá, y nunca había sentido nada como hoy. Claro que -pensó- hoy es distinto. Es curioso, después de dos meses vendiendo juntos hoy era el primer día que salían de distinta manera. Hoy era algo nuevo -concluyó Curro.

Zinnia cruzaba la calle Alcalá. Se había apeado del autobús. Venía más arreglada de lo habitual. Curro descubrió que sus ojos habían aumentado su atractivo; y su pelo, lo había recogido atrás con un pañuelo que le caía sobre un hombro. Y sin pantalones ¡con qué gracia andaba! Sonreía desde que había descubierto a Curro, que la aguardaba complaciéndose en sus encantos.

- ¿Te he hecho esperar mucho?

- No.

- Perdóname. No ha sido culpa del autobús. Es que se me hizo tarde para salir de casa. ¿Qué plan hacemos?

- Vamos donde quieras.

- Conozco un pub, allá abajo, detrás del Palace, que está bien, ponen buena música y a un tono que deja hablar.

- Vale.

Bajaron el paseo del Prado sin prisas, recreándose en la conversación.

- Venía pensando -dijo Curro- que es curioso que después de tanto tiempo de salir juntos a vender, sea hoy la primera vez que nos dediquemos un tiempo a nosotros. Hace tiempo que quería agradecerte el que me proporcionaras este trabajo; pero lo mejor es que no te importara salir conmigo a vender. Estoy aprendiendo mucho, en concreto no sé de qué, pero es algo así como si la vida me hubiera abierto otro camino por delante; bueno, digo la vida, por decir, realmente eres tú quien me ha abierto los ojos a algo distinto fuera del ambiente en el que me he movido. Si te he de ser sincero el trabajo no es que me entusiasme, pero este estar contigo me hace superarme, incluso, te diría yo, tomármelo con alegría, como algo positivo. Es la primera vez que siento entusiasmo por algo que en sí no me gusta, y esto es como un milagro.

- Qué profundo vienes. Pero el artífice de ese milagro no soy yo -respondió Zinnia-, eres tú mismo que te estás reencontrando. Ese eres tú, el auténtico, con capacidad de lucha, lo que quizá es que aún no habías acertado a conocerte bien. Creo que a los jóvenes nos pasan cosas así. En un momento de la vida descubrimos que podemos hacer algo que casi hasta ayer nos parecía imposible de perseverar con constancia en ello, y es que hemos de enfrentarnos en hacer algo para un fin, en conseguir una meta con independencia de que nos agrade o no la cosa en sí.

- ¿Tú crees que nos estamos haciendo mayores?

- Es que a nuestra edad las decisiones que tomamos nos hacen subir de golpe repechones a gran velocidad. Yo creo que es porque empezamos a adquirir responsabilidades propias, fuera ya del ámbito de la familia.

- Algo de eso debe haber. Ahora me estoy empezando a dar cuenta de que he de organizarme yo la vida, superando los lastres que llevo de atrás. Es difícil, chica.

- Todo cuanto en la vida vale, cuesta. Pero en esa misma superación de las dificultades es cuando adquirimos la madurez.

- Tú ya llevas muchos años metida en cosas serias; y sin que sea por decírtelo a ti, me ha dejado admirado tu sensatez, tu disposición de ir a por todas, tu seguridad. Yo nunca he sido así. Creo que contigo es la primera vez que intento algo en serio, y cuando me paro a pensarlo, llego a la conclusión que eres tú quien me traspasas esa decisión. Zinnia, eres una tía fenomenal, me tienes admirado.

- No creas, Curro. Quizá esa decisión en las cosas la he heredado de mi padre. Es, como ya te dije, un médico excelente, ha luchado mucho por conseguir un renombre; la clínica, la posición social, todo eso ha sido la coronación a su esfuerzo, pero luego ¿qué?... a mí no me gustaría acabar como él, yo tengo unas ideas más abiertas de la vida. Me preocupa abrir brecha en un mundo más solidario, más humano. Sería muy triste que dentro de unos años hubiera empleado todo mi esfuerzo para acabar como mamá. No, eso no es la vida.

Habían llegado a la puerta del pub donde pensaban ir. Había mucha concurrencia, y no encontraron mesa vacía. Decidieron en primer lugar ir a otro cercano, pero una vez que habían vuelto a la calle, tomaron opción por encaminarse hacia el parque del Retiro para pasear debido a la agradable temperatura que hacía.

- Te iba diciendo -repuso Zinnia- que la vida no la concibo así. Para mí la vida es como un papel que Dios te da al tiempo de la existencia, y que tienes que representar lo mejor posible, pero dentro de una obra universal. Me recuerda a la obra de Calderón del Gran Teatro del Mundo. Pues algo así. Y cuando la vida la concibes de esta manera, te das cuenta de que tienes que realizar una serie de cosas, y de un modo determinado, para no distorsionar el orden de la obra en su conjunto. Con este planteamiento una vez que descubres por donde debes ir, es fácil poner empeño en conseguirlo.

- Pues yo no lo veo nada fácil. Si la mayor parte de las veces no sabes por donde tirar ante el primer problema, ¿cómo vas a saber lo que has de hacer en la totalidad de la vida? No me comas el coco, que yo a tanto no llego.

- Pero chico, si no es tan difícil. Yo creo que la cuestión está en que hay que tener una idea clara de qué pintamos en la vida. Para qué estamos aquí. Cuando resuelves ese enigma, todo lo demás es sólo concertarlo con esa respuesta.

- Claro, así en teoría... todavía; pero a la hora de resolver los problemas, ¡mis problemas! no es nada fácil. ¿Para qué estoy yo en la vida? ¡Y yo qué sé! Todos nos hemos hecho alguna vez esa pregunta, pero ¿quién halla respuesta? Lo más práctico es vivir al día.

- No, Curro, hay que enfrentarse a encontrar una respuesta. Si no, estás perdido. ¿Tú crees en Dios?

Curro se encogió de hombros.

- Yo creo que algo debe haber. Bueno, al menos a veces pienso que todo aquello de la religión que nos enseñaron en la escuela puede ser que tuviera algún sentido. No es fácil encontrar una respuesta tan simple. Si Dios existe, yo no lo afirmo ni lo niego, ¿cómo es que permite el mal y las desgracias? Desde luego si tienes en cuenta como está organizado hoy el mundo, poco sitio queda para Dios. A veces pienso que es la solución fácil del conformista, un Dios que al final todo lo arregla; pero mientras, el mundo hecho una calamidad.

- Deberías planteártelo al revés. No partas del mal, de la injusticia, del caos, para entender a Dios. El planteamiento correcto sería partir de Dios, de como ha creado el mundo en orden y armonía, y desde ahí entender que la existencia del mal, la desigualdad, la deshumanización es obra de los hombres. Entonces, no sólo puedes encontrar una respuesta al conjunto, sino que descubras cual es tu papel en la vida para volver a ordenar el mundo como Dios lo concibió.

- ¿Pero que podrías hacer tú solo aunque quisieras? El mundo no hay quien lo arregle. Así, que si procuras pasarlo lo mejor... claro que visto por otro lado tienes algo de razón, porque muchas veces el que cada uno vaya a lo suyo no hace sino crear problemas a su alrededor -y Curro dijo esto pensando en sus padres.

- Pues ahí está el meollo, si cada cual va a lo suyo, olvidándose de que está en el mundo para realizar las cosas que ha de realizar de la manera determinada por Dios, inevitablemente se fomenta el desorden, la anarquía, es como si cada uno hubiera dado la existencia a un mundo individual de quien fuera origen y fin; pero fíjate que si ni siquiera nos hemos dado nuestra vida por propia iniciativa, ¡cómo para que encima quisiéramos que el mundo girase según nuestra voluntad!

- ¿Y tú estás segura de todo lo que crees?

- Trescientos años de racionalismo buscando una razón a la vida distinta de Dios, y ni siguiera se ha conseguido un esbozo. A mí, sinceramente no me cabe otra respuesta coherente que creer en Dios. Además desde el cristianismo hallas respuesta a todo. Claro, hay que meter fe, pero desde esa fe, partiendo de lo básico, las cuatro ideas fundamentales de la religión, todo tiene una respuesta.

- Ya me gustaría a mi verlo tan fácil.

- ¿Y cómo hemos llegado a parar aquí?

- Empezamos con que yo admiraba tu seguridad, y me has dado todo un sermón para explicármela.

Seguían paseando por el Retiro, aplastando bajo sus pisadas el lecho de hojas secas que reposaba sobre el suelo. Aquel suave crujir de las hojas se les había hecho familiar. Apenas en el camino habían encontrado otras personas. Reinaba el silencio inmediato compartido por un rumor continuo que el cinturón de tráfico enviaba sobre el parque. Estaban a gusto, mucho mejor -comentaron- que hubieran estado en el pub. Durante un breve rato guardaron silencio. Curro empujaba las hojas arrastrando los pies; de vez en cuando golpeaba alguna castaña, que rodando unos metros corría hasta chocar con un árbol y quedar recogida en su alcorque, o bien perdía se carrera hasta quedar de nuevo oculta entre las hojas. Curro la seguía con la vista, y si había vuelto a detenerse al frente de su paso, volvía a impulsarla para que rodara otro trecho.

- ¿Tú no tendrás novio?

- De momento no. Si lo tuviera ya lo habrías conocido.

- Me figuraba. Pero, a lo mejor; bueno, a lo peor, estaba fuera, o haciendo la mili.

- Ya habría sido raro que nunca te hubiera hablado de él. ¿O crees que si va en serio se puede tener escondido?

- Te lo preguntaba por asegurar.

- ¿Y a ti eso te importa?

- Sí; porque si no tienes compromiso, mejor.

- Pues si quieres que sea sincera, amigos muchos. La mayoría como no estás a lo que buscan, nada. Y de los que quedan tengo muy buenos amigos, pero eso: buenos amigos. En el partido hay muy buena gente. Pero ya ves, con ninguno hay nada en serio.

- Mejor.

- Mejor ¿por qué?

- ¿Qué porqué? Pues por lo que te decía antes, que así es más fácil que seamos buenos amigos... Sabes Zinnia -Curro ahora hablaba como si no le salieran las palabras- a mí me gusta mucho estar contigo... vamos... que me gustas... Claro que somos en algunas cosas muy distintos, pero hay algo en ti que me cala en el cuerpo... Si te dijera que estoy deseando ir a trabajar por estar contigo... y cuando no vienes sólo hago ir pensando en ti... "ella lo haría de esta manera... ella me dijo...", y no es por lo que de más pueda vender, es como si me acompañaras.

Zinnia miraba el suelo, un tenue carmín había subido sobre sus mejillas, ahora era ella quien golpeaba las hojas con la puntera del zapato. Sentía que aquello que Curro le decía le resultaba agradable. Le dejó hablar hasta que terminó . Luego, los dos en silencio, hasta que Zinnia, sin levantar la mirada del suelo, le dijo:

- Tú tienes a Mabel. Esa chica de quien un día me hablaste.

- Pero es distinto. Mabel y yo no somos pareja. No es mi chavala. Bueno es la chavala con quien me entiendo en algunas cosas. No sé si lo coges. Tenemos una vieja relación; nos conocemos desde niños. Somos lo que tu dices: buenos amigos, pero nada más aunque nos entendamos para algunas cosas -volvió a repetir- voy por su casa... y nos acostamos juntos, pero no hay más. Es algo distinto; ¿me comprendes? Yo antes creía que lo nuestro era lo normal, lo que podía hacer con una mujer. Ahora que te he conocido he descubierto que hay otra cosa, algo distinto, otra dimensión. No sé como decirlo. Creo que me estoy enamorando de ti.

CAPITULO SEPTIMO

Bruno, periodista que trabaja en el Expréss, es un buen amigo de Zinnia. Se conocieron hace años en la fiesta de la facultad de Ciencias de la Información. Zinnia era muy amiga de María, hoy mujer de Bruno, y congeniaron muy bien pues compartían unas mismas inquietudes sociales.

El Expréss, que apareció como diario en 1.994, tuvo, tras unos difíciles primeros momentos, una buena aceptación entre los lectores de los sectores jóvenes y progresistas. Su posición política, neutra en teoría, se decantaba con frecuencia por una cierta coincidencia con las tesis mantenidas por el partido Social Republicano. Un periodismo de vanguardia que al decir de su director "habría de verter hasta se última letra en favor de la libertad y en lucha contra la corrupción reinante en el país". Sus editoriales ofrecían con frecuencia, junto a la denuncia, alternativas claras que encontraban eco en los lectores. Sus colaboraciones, abiertas a los más jóvenes valores de la cultura, la política, la economía, el pensamiento, conectaban con los aspectos sociales más demandados por un masa social que había evolucionado en los últimos años hacia posturas más civilizadas y menos radicales que en décadas anteriores, y por ello, mucho más firmes en sus reivindicaciones.

Bruno dirige con acierto la sección de política nacional en el diario. Personalmente soporta el peso de la investigación sobre la "Trama venezolana", asunto que apenas esbozado en las páginas del periódico, ha levantado general polémica: consternación entre la población y escozor en el Gobierno. El primer esbozo lo planteó Bruno cuando tenía ya datos suficientes para constatar la veracidad del asunto; y lo lanzó como una sonda para palpar la dimensión de la reacción que suscitaba en los implicados. Mientras, seguía obteniendo datos y encajando las interrelaciones de los que había conseguido reunir en una paciente labor que le había ocupado años.

Zinnia acudía con alguna frecuencia al despacho de Bruno, éste gozaba con su conversación y le ponía el corriente de los últimos chascarrillos políticos; Zinnia, por su parte, gustaba de contrastar con Bruno sus ideas antes de proponerlas en las juntas del partido Social Republicano.

Hoy, habían quedado para desayunar juntos antes de que Bruno se incorporase a la redacción. Hablaron algo sobre los últimos detalles que el periodista había descubierto sobre el tema que traía entre manos, y siguieron conversando sobre las perspectivas de la evolución del sistema.

- Es evidente que es necesario cambiar el sistema, porque éste, con la centralización de poderes que permite, resulta ineficaz para acabar con la corrupción. Además es necesario que en los partidos se dé una autodepuración, que provenga de las mismas formaciones políticas, una aversión al contubernio de poder-corrupción, y por ello el que se limite el ejercicio del poder tanto en las dimensiones de tiempo como de ámbito. En nuestro partido estamos estudiando esos temas, y creo que vamos a obtener unos esquemas lógicos. Por otro lado, pretendemos separar la cúpula del partido de los puestos de gobierno en el Estado. Esto está muy controvertido, y hasta el próximo congreso no quedará una postura clara, pero cada vez son más las federaciones que parecen apoyar esa disyunción de funciones, de modo que el partido, quedando libre de responsabilidades de la acción de gobierno, conserve toda su capacidad crítica, y vele por el cumplimiento del programa con el que apoyó a determinadas candidaturas.

- Pero, así el partido pierde esfera de poder.

- No exactamente. Podrá perder poder ejecutivo, pero mantiene incólume todo su poder moral; mejor, como te lo explicaría, es algo así como que consigue ejercer con más plenitud su función de catalizador de la opción popular. Este esquema se basa en dos coordenadas: la vertical en la que se sitúan los hombres del partido, o que no lo fueran, pero que son los que el partido propone para las distintas funciones públicas, y otra horizontal en la que están los elegidos para dirigir el partido en sí. La experiencia demuestra que cuando estas dos coordenadas se confunden la consecuencia es que los hombres que ejercen el poder instrumentalizan el partido en su beneficio, y eso es la alteración misma de todo el proceso.

- Zinnia, todo eso, así en teoría está bien, pero pocos partidos lo firmarían.

- Pocos partidos no, que las bases casi con seguridad que lo apoyan, lo que querrás decir es pocos dirigentes de partido. Claro, eso ya, pero es que por lo mismo, si queremos cambiar el sistema, hemos de comenzar por mudar nuestros propios hábitos.

- ¿Y también decías de limitar el poder en el tiempo?

- Sí. Por un lado intentar evitar que los poderes públicos sean feudos, y por otro dar agilidad y posibilidad a renovar personas e ideas. ¿Cómo y cuánto? Es cuestión de estudiarlo.

- Todo eso como teoría política no está mal, pero nuestro problema es el hoy y ahora. Ya ves, la situación económica no es buena. Los socialistas divididos con la escisión que en ellos abrió la corriente más afín a la autocrítica interna, bueno más o menos como dices tú, el grupo de los que tienen el poder y los pocos que cada día les contestan desde el mismo partido, que necesariamente, conforme la cultura política del país asciende serán más.

- Salvo la oficial -interrumpió Zinnia-.

- De acuerdo, salvo la cultura oficial, que aunque cuente con la promoción del presupuesto, no es la real. Pero fíjate que ya no les quedan más intelectuales que los carcamales de siempre ya chocheando.

- Y, ¿a dónde apunta la gente? Porque los comunistas que parecieron resurgir a finales de los ochenta han vuelto a caer en los mismos caducos planteamientos. Aparte de su público, como cada opción, no arrastran más que a descontentos y cabreados, pero no porque hayan logrado un planteamiento moderno y progresista.

- Es que el comunismo como ideología está muerto. ¿Qué queda en Europa de comunismo? La leyenda.

- Como quieras, lo cierto es que la izquierda se ha quedado vacía de contenido ideológico, sin embargo en algunos aspectos apuntan cosas positivas, lo que ocurre es que la gente no se fía.

- Es que cuando se predica unas cosas y luego los líderes llevan la vida que llevan, no es para fiarse.

- Hay que reconocer que el rompimiento de las barreras entre la Europa dividida, lo mismo que originó el enriquecimiento de la conciencia de libertad en el este, ha supuesto una gran bofetada al liberalismo de occidente, lo que numerosísimas personas aún no han asimilado.

- Ahí es donde quería ir yo. Al liberalismo, que evidentemente ha evolucionado a lo largo del siglo, le falta por dar aún muchos pasos para adquirir un auténtico rostro humano. Y no basta, como aquí siempre clama la derecha, que el país funcione, como si mecánicamente se fueran a resolver todos los problemas.

- El eterno maurismo de los populares -rió Bruno.

- Efectivamente, todo un siglo mirando por hacerlo algo mejor que en el diecinueve les ha impedido abrirse al veintiuno.

- La derecha y todos. Realmente vivimos en el orden de las ideas político-sociales una auténtica crisis de pensamiento. Fíjate que hay un vacío de ideas en todos los órdenes culturales. Tras el primer periodo de siglo con la novedad de la búsqueda de la inspiración en el subconsciente del hombre, es como si se hubiera agotado la capacidad creativa.

- Es que hay que volver a la naturaleza; pero no me refiero a la naturaleza en el sentido bucólico, en esa dimensión ecologista, me refiero a la naturaleza de todas las cosas, como teoría, a la simplificación que el orden natural aporta a cada proceso de la vida. Por ahí creo que habrá de caminar la construcción de las ideas del siglo que vamos a empezar.

Zinnia y Bruno continuaron hablando un rato. Entretenidos en la conversación se acercaron a la media mañana. Estaban acostumbrados a que cuando se juntaban para hablar el tiempo se les pasara volando. Zinnia, que había perdido las primeras horas de clase en la facultad no quería perder la de Patología.

Se despidieron y Bruno marchó en coche hacia la redacción. Mientras conducía iba admirado de la claridad de ideas que tenía esa chica, de la simplicidad de esquemas con que funcionaba y de la capacidad de análisis-síntesis que manejaba. Pero no sabía que admiraba más, si sus pensamientos o el valor personal de su sencillez, de su naturalidad. Realmente era una muchacha valiosa.

CAPITULO OCTAVO

Para Curro ha sido un descubrimiento. Por primera vez en su vida está en algo que le gusta, e Ino, el dueño del taller, un hombre comprensivo y paciente, le está ayudando mucho a que progrese. Las nuevas perspectivas que a su vida le ha ido contagiando Zinnia hacen que ponga ilusión en algo que quizás tiempo atrás le hubiera parecido una más de las rutinarias cargas que la vida le hubiera montado sobre los hombros. Se siente feliz de tener un trabajo, una profesión, de servir para algo útil.

Ino, que descubrió la valía del muchacho y sus ganas de trabajar, se esforzó en que aprendiera lo que no le habían enseñado en la escuela.

El supuesto distanciamiento que se podría producir entre Curro y Zinnia, fue sólo en la frecuencia de sus contactos. A la desaparición de las tardes que pasaran juntos dirigiéndose de una a otra dirección para efectuar entrevistas, le siguió un encontrarse más disparmente, pero con mayor intensidad. Ahora, cada vez que quedaban, todo el tiempo era exclusivamente para ellos. Ambos se habían alejado algo de sus respectivas relaciones anteriores. Encontraban una invisible pero real barrera para incorporar el otro a su ambiente. Dado que entre ellos no había, por otro lado, ningún compromiso, tampoco habían visto la necesidad de forzar algo que quizá no fuera a más. Lo cierto es que ellos se encontraban a gusto juntos, y cada vez sentían más necesidad el uno del otro.

Un día de tantos Curro se decidió a concretar. Estaban en un pub cerca de las Salesas, habían hablado del trabajo de cada uno, de los estudios. Curro propuso que podría aprovechar las noches para estudiar algo. No es que se sintiera al lado de Zinnia disminuido por su menor formación, sino que se le había contagiado el sano espíritu de la curiosidad, y estaba en él madurando el anhelo de saber más. Sonaba en el ambiente una tenue música de piano, posiblemente se interpretaba una pieza de Linz. Llevaban unos minutos de silencio con sus miradas encontradas.

- Zinnia, hace tiempo quería decirte... bueno, ya te lo he ido dando a entender de muchas maneras... pero quisiera que sepas que te quiero. Has entrado de tal manera en mi vida, que ya no puedo concebir la vida lejos de ti. Mi vida, que en poco tiempo ha cambiado tanto, gira toda en torno tuyo. Nunca supuse que enamorarse fuera algo así, ni siquiera creí en el amor. ¡Cuán ignorante estaba! Te quiero, y si tuviera que volver a nacer, sólo le pediría a la vida que te volviera a encontrar.

Callaron un momento. Curro se había declarado sin dejar de mirar fijamente a los ojos de Zinnia. Aunque en un primer momento se trabó, luego las palabras le salieron con firmeza, pero manteniendo la delicadeza más extrema. Era a un tiempo como un reconocimiento y un ruego.

Pasaron algunos momentos. A Zinnia se le habían sonrosado las mejillas.

- Yo creo que también te quiero, pero tenemos que madurar. Estamos en un punto de partida, es como si emprendiéramos nuestro primer curso. Hemos aprobado el ingreso; ¿vamos por la licenciatura?

- No tengo otra cosa que hacer.

- Quererse es una vocación de Dios, algo misterioso, yo creo que nunca llegaremos a saber bien que es, por eso digo que es algo misterioso que nos da Dios para poder afrontar juntos un plan único. ¿Tú lo ves así?

- Yo no me hago esas disquisiciones. Sólo sé que mi vida está ligada a ti. Que te necesito junto a mí. ¿Qué más quieres que te diga? Creo que la palabra amor es eso, lo que yo siento.

- Pero detrás de todo eso hay más, Curro, y es lo que tenemos que llegar a penetrar. La pareja tiene sentido en una proyección a la familia, es un hacer juntos un plan para la vida, para toda la vida.

- No compliques las cosas. Me gustas, te gusto, te quiero, me quieres. Eso basta.

- Hemos de ir despacio. Los sentimientos tiran fuerte, pero a la postre es la voluntad quien manda.

- Cuanto quiero es quererte más.

- Tú sabes que no soy cobarde, y porque te quiero tengo que decirte que sí. Tomémonos tiempo. Tu vida, mi vida, nuestras vidas, fíjate que no es tan sencillo, porque habríamos de supeditar todo lo tuyo y lo mío a lo nuestro. Eso es mucho, y yo creo que debemos primeramente intentar ver si somos capaces. Te digo que por mi parte no me da miedo. Es lo que te decía antes, si es algo que Dios quiere, El nos ayudará. Hay que verlo así. Tenemos que profundizar en el proyecto de nuestra vida en común. Tomémonos tiempo.

- No pensarás que esperemos cinco años.

Rió Zinnia.

- No. Te digo esto como una frase figurada.

- Yo por mí nos licenciamos mañana.

- Si para todo en la vida hay que aprender, para esto con mayor razón.

- ¿Es que con que nos queramos no vale?

- Vale para empezar.

- Como quieras. ¡Cuánto te quiero!

- Qué zalamero eres.

- Es que te necesito junto a mí

- ¿Y tú qué crees?: ¿qué soy de piedra?

- A veces pienso que sí, otras que eres un ángel. ¿De qué me habré enamorado?

- De una mujer. Sólo soy eso, una mujer... algo sensata.

Zinnia se sentía dichosa. Quizá era la primera vez que notaba que algo suyo, lo más íntimo de su ser descansaba en la confianza que le prestaba un hombre. Ella que siempre se había sentido con una fuerza e independencia que le llevaba a confiarse como único sujeto de cuanto hubiera de acometer, ahora percibía algo nuevo que abarcando todo su ser precisaba de aquel hombre para poderse realizar. Era algo suyo, lo más íntimo y profundo, que exigía de otra persona para poderse realizar, algo que escapaba al control de su estricta voluntad, y al tiempo era cuanto su voluntad más quería. Si, ella también estaba enamorada de Curro. Había otros chicos a quienes había admirado; sobre todo hacía años, allá al borde superior de la adolescencia, pero en ellos admiraba cosas que quisiera haber podido tomar como propias, haber gustado de ellas como del objeto apetecido. Lo de ahora era distinto. ¿Qué tenía Curro que no tuviera alguno de los otros con que anteriormente se había cruzado en la vida? Los había tratado más guapos, más fuertes, más divertidos, más cultos, más inteligentes, con mejor posición, socialmente más interesantes; pero con ninguno había llegado a sentir la pasión de entregarse, de compartir su vida, de conjugar su libertad. Sin él presentía que no podría volver a sentirse libre, en cuanto que su falta truncaría cuanto le sugería habrían de realizar conjuntamente en la vida. Había surgido tan espontáneamente dentro de sí; ella que últimamente había estado tan entretenida entre los estudios y la política, cuando menos podría haberse planteado el ocuparse de buscar una pareja, ésta había surgido con una fuerza arrolladora, sin apenas haberlo sentido venir, como agua fina de rocío que cala los huesos. Y su vida había seguido siendo la misma, pero ambientada toda de un nuevo color, y si cabe con más anhelo, como si ese fulgor que había nacido dentro de sí quisiera prender en cuanto realizaba. Se sentía feliz.

CAPITULO NOVENO

Regresaba Curro especialmente contento ese día a casa. De un tiempo a esa parte -se decía- las cosas le estaban empezando a salir bien. Había comenzado a mirar la vida con optimismo. El afianzamiento de sus relaciones con Zinnia y la seguridad que le prestaba estar ejerciendo un trabajo, que cada vez entendía mejor, le estaba ayudando a descubrir un mundo de colores en lo que meses atrás no pareciera cernerse más que una perspectiva gris.

Mientras caminaba por la calle meditaba que si en apariencia su vida seguía igual -el mismo barrio, los mismos problemas familiares- eso sólo era en su aspecto circunstancial. Había bastado poco para que comenzara a sentirse feliz; ¿pero aquello sería una experiencia pasajera? Qué difícil le parecía la vida cuando intentaba penetrar en sus misterios. ¿De dónde le venía ese sentimiento de satisfacción que le afectaba? Si hubiera tenido que explicarlo no hubiera encontrado palabras. ¿Se debería a un contagio de la vitalidad de Zinnia? ¿Sería sólo un reflejo mimético? Fuera lo que fuese -pensó- he de aprovecharlo lo más que pueda.

Llegó hasta el portal de su casa. Se había fijado que había luz en la ventana del cuarto de estar. Por contraste con ese interior regocijo el ambiente de su casa le deprimía cada vez más. Las divergencias entre sus padres se habían acentuado, o quizá fuese él quien se había hecho más consciente en detectarlas.

Ultimamente paraba poco en casa. El trabajo le absorbía aquellas horas que antes ocioso permanecía allí. Al entrar se fijó en el viejo perchero que colgaba en el recibidor, toda la vida lo había conocido allá; sí, realmente, con todos sus defectos, aquella era la casa en que había crecido. Al pasar al cuarto de estar encontró a su padre que recostado sobre la mesa gemía acompañado de una botella de brandy; olía fuerte a tabaco, el cenicero colmado. Había visto muchas veces a su padre borracho, pero nunca le había visto llorar. Se impresionó fuertemente.

- Papá. ¿Estás bien?

Mario levantó lentamente la cabeza, y miró como con vergüenza a su hijo. Varios lagrimones le corrían por la mejilla.

- ¡Ah ! Eres tú, Curro. Sí, estoy bien, no te preocupes. -Exhaló un fuerte olor a alcohol. Se secó la mejilla con el antebrazo, y su mano buscó la copa de licor.

- Pero ¿estás llorando?

- Será el alcohol que se me habrá subido un poco.

Curro se sentó enfrente, al otro lado de la mesa.

- ¿Ha pasado algo?

- ¿Qué? Ah, no.

- ¿Y mamá? -Curro después de pronunciarlo pensó que no era pertinente haber hecho esa pregunta, e intentó corregir ese desliz haciendo otra de inmediato- ¿Quieres que te ayude a acostar?

- No, déjame. -Mario bebió un sorbo, e intentó aparentar normalidad- ¿Vienes de trabajar?

- Estuve con Zinnia. Pero, cuéntame ¿por qué lloras?

Mario fijó en su hijo unos ojos que remojados brillaban en el rostro enrojecido.

- ¿Por qué lloro? Por nada... y por todo. -Sentía una cierta vergüenza de que su hijo le viera así-. Ha sido un momento... ves, una lágrima que se me ha saltado. A veces estoy tan solo que hasta pienso, y cuando me queda tiempo para pensar... no sé... es como si sintiera un vacío a mi alrededor, como si ya nada tuviera sentido. Estoy tan desengañado.

- Venga, hombre, ten ánimo.

- Ya ¿para qué? Curro, toda mi vida se precipita en un fracaso. Es curioso, toda tu vida juntos y que poco me conoces. Bueno, sobre todo de lo de ayer, cuando tú no habías nacido. Tú me conoces así -y asió con la mano la botella- pero esto no es más que el fin.

- Es cierto, que pocas veces me has hablado de ti.

- Los chicos de ahora no comprendéis. Hoy todo para vosotros es fácil, pero ya la vida os enseñará. ¡Si tú supieras lo que yo he luchado! y al final ¿para qué? Los años cincuenta y sesenta sí que fueron duros. Todo lo teníamos por hacer. Trabajábamos a veces hasta doce horas diarias, había que echar horas para poder pagar esta casa que ahora parece una cochambre, y al salir de trabajar las reuniones en el ateneo libertario; todo de tapadillo, decíamos que éramos una compañía de teatro, pero en verdad buscábamos cambiar lo que había. ¡Qué años! difíciles, sí, pero intensos, lo pasamos muy bien, parecíamos incansables. Teníamos un local que alquilábamos, algo así como un garaje, una trastienda, vamos lo que nadie quería, y allá reuniones por la noche para preparar asambleas, manifestaciones... Durábamos poco en el mismo local, a veces porque el dueño pretendía cobrar, y ¡de qué le íbamos a pagar! otras porque la social nos descubría y nos clausuraba el teatrillo, como lo llamábamos; siempre nos pillaban en alguna reunión y a dormir todos en comisaría. Pero nunca cejamos. Las detenciones eran como las medallas que colgaban a los militares. De vez en cuando aparecía el que había estado preso político, o el que traía información del extranjero. Con el tiempo algunos libertarios degeneraron, pero el nuestro se mantuvo mucho tiempo activo. Allí nos conocimos tu madre y yo.

Mario había tomado la iniciativa en una actitud parlanchina. Hablaba con fluidez, de seguido, fijando los ojos en su hijo o bien perdiendo la mirada en el vacío como si estuviera contemplando aquellos anteriores años de su existencia. Curro le escuchaba sin intervenir para no cortarle, veía que dejar explayarse a su padre le vendría bien para desahogar penas, y además sintió curiosidad por el relato de unos años de los que sociológicamente tan sólo poseía una vaga noción.

- Realmente no sabíamos a que aspirábamos en política, lo que sí estábamos bien seguros era lo que no queríamos y que aquello habría de cambiar. Pero nadie, ni ayer ni hoy, te va a dar nada, había que ganarlo. En la fábrica estaba en el comité. Los primeros años, me cuerdo que por un lado iban los representantes oficiales, que no representaban a nadie, y aquellos comités "rojos" que actuábamos en la clandestinidad pero que cada vez fuimos teniendo más influencia sobre los demás compañeros. La gente entonces sólo pensaba en asegurar el puesto de trabajo y currar las horas que fueran. Piensa que la mayoría éramos peones. Entonces en las ciudades no había apenas paro. El que no encontraba nada, o quería ganar más, se iba a Alemania; nosotros estuvimos tentados de ir, pero teníamos demasiado ambiente como para movernos. De haber ido, hoy tú serías alemán.

- ¿También tú estuviste en la cárcel?

- En la cárcel no. Cuando nos detenían nos llevaban a Sol, donde tenían los calabozos policiales. Tampoco tenían mucho de que acusarnos, a veces algún pasquín u octavillas, pero como no teníamos dinero siempre era poca cantidad. Lo hacían más que nada por amedrentar. Casi siempre a alguno le pasaban factura con la porra, lo que les sacaba de quicio es que en los interrogatorios les habláramos de que éramos un grupo de teatro. Una vez, más adelante, me acuerdo que vivía ya con tu madre, ¡aquí, vivíamos ya aquí! se presentaron a media noche. Era verano, quizá por Junio, me acuerdo que cuando llamaron a la puerta y dijeron por la rendija que era la poli, les respondí que estaba en pelotas y me habría de poner algo, mientras tu madre escondía debajo del colchón unos pocos libros comprometidos que teníamos. Otras veces, cuando se acercaba el primero de Mayo, por ejemplo, nos íbamos a dormir cada noche en casa de algún amigo por ahí. En esas fechas solían hacer redadas, pero todos los que andábamos un poco espabilados teníamos que evitar que nos cogieran antes de ese día, luego ya nos importaba menos.

- Sigue con lo que ibas.

- ¿Con qué estábamos? -bebió un sorbo de brandy- ¡ah, sí! como te decía, fuimos cogiendo ascendiente entre los compañeros, y poco a poco nos organizamos en la vertiente sindical. Por el lado político no había nada que hacer, el régimen no tenía fisuras, o si las había eran rencillas entre los que mandaban, pero a nivel nuestro, ninguna posibilidad de nada. Toda la oposición sindical trabajábamos el unísono, Comisiones llevaba el peso de la organización pero ahí estábamos metidos todos los de la izquierda, y más que ni siquiera tenían filiación política. ¡Cuántos buenos sindicalistas que luego quedaron en la cuneta! Eso es lo lamentable, y con todo no es lo más cabreante - Mario cambió el tono de voz y su fisonomía se transformó, un cierto encolerizamiento asomó a su rostro-. Cuando parecía que todo aquel esfuerzo había dado fruto, con la llegada de la democracia y cuando entre todos aupamos a los socialistas al poder ¿qué crees que pasó? pues que vendieron sus ideales por un papel en la nueva representación. ¡Cuántos de los que nos venían a dar charlas por aquellos entonces, los que eran universitarios, los que admirábamos porque parecía que se abajaban a tomar parte en nuestra causa, luego, en cuanto llegaron al poder, sólo pensaron en forrarse! Vendiendo ideales, prostituyéndose como vulgares putas, a los capitalistas, a la banca... Hijo, es para echarse a llorar. Y en las mismas empresas, cuantos compañeros nuestros, tíos con los que compartimos noches de vela pegando carteles por las calles, luego se instalaron es esos falsos comités de la UGT-PSOE, antes de que rompieran, y allá medraron cobrando sin trabajar; ¡se llevaban hasta el dinero de los parados!... una vergüenza que sólo conocemos bien los que la sufrimos; vergüenza ajena, pero era el exponente de toda una generación que corría desmesuradamente a comer del pesebre de las rentas. Recuerdo que por los ochenta, en la época de aquella reconversión bestial que hizo el Gobierno, había en la empresa un expediente de regulación, echaban a media plantilla, y mientras, todos los del comité y sus amigos, los que hacían la rosca a los patronos, tenían horas extras y toda clase de privilegios.

Mario se sirvió un dedo de brandy. Curro cogió otra copa del aparador y también se sirvió.

- Hijo, ¿tú crees que tanto esfuerzo de entonces valió para algo? Nada, todo una porquería, porque los que sustituyeron a los de la dictadura se comportaron igual...¡o peor! La vida es una mierda. Cada cual no va más que a lo suyo, y al honrado que le den bien por el culo. Pasados los años ¿qué te queda? nada de nada, quizá una vaga sensación de haber hecho el gilipoyas. Luego ¡qué no bebas! -Mario calló unos momentos, luego bajando la cabeza y a media voz continuó- ¿Y tu madre? Sí, ya sé que cuando nos conocimos era una chiquilla, y que quizá entonces no vivió, como no vivimos ninguno en aquella época, pero esa era la mejor vida que pasamos, aquello sí que era auténtico, cuando nos necesitábamos porque lo único que teníamos era el uno al otro, y nos sentíamos felices sin precisar nada más. Ahora todo el mundo quiere juerga. Hijo, estamos todos locos.

Mario pronunció las últimas palabras mientras se levantaba de la silla, ya en pie apuró el último sorbo que quedaba en la copa, apoyándose en la mesa y en las paredes llegó hasta el dormitorio, donde se dejó caer sobre la cama.

Curro recogió la botella y las copas, comprobó que apenas había probado lo que se sirvió, vertió lo que quedaba en el fregadero; luego se retiró a su habitación. Eran las dos, su madre no había regresado.

CAPITULO DECIMO

El partido Social Republicano, nacido con la década de los noventa, en un principio tuvo una corta pero sólida implantación, debido al sistema de desarrollo con el que sus promotores quisieron enfocarlo. Su decisión básica fue crecer desde abajo, a través de la formación en su ideario de cuadros responsables que proporcionaran una estructura auténticamente democrática. Su aspiración a ser la alternativa al sistema exigía que sus principios fueran racionalmente admitidos por el substrato social, evitando convertirse en una más de las formaciones políticas dictadas desde la cúspide, como venía ocurriendo con las restantes fuerzas políticas. Una alternativa social exigía una toma de conciencia por parte de los ciudadanos de una fundamentación lógica a las demandas de una sociedad cada vez más desencantada con las ofertas políticas existentes.

El nuevo partido hubo en sus primeros años de paliar la escasez de recursos con una gran dosis de fe en el contenido de su oferta. Gestado en círculos intelectuales de Madrid, pero con clara vocación federalista, hubo de multiplicar sus afanes para conectar con artífices que secundaran la idea en las diversas nacionalidades. Sus primeros militantes, inquietos e infatigables, abordaron con envidiable entusiasmo la necesidad de transmitir por las distintas ciudades su espíritu reformador. Para ello se estructuró un sistema de formación y debate interno desde su acta constitucional, que recogía la necesidad de conseguir una alternativa a la creciente corrupción del sistema permitiera elaborar una oferta de progreso que asimilara las demandas pendientes. La idea básica a transmitir no era en sí un programa que pudieran subscribir los ciudadanos sin más, sino la motivación a que cada cual, mediante una mayor concienciación con su responsabilidad política, se hiciera, a la medida de sus posibilidades, motor de la participación activa en la fecundación de esa posibilidad de alternativa.

El trabajo fue muy costoso en sus comienzos. Los militantes empleaban los fines de semana en visitar pueblos y ciudades, en los que impartían un programa de educación política al que en un principio la respuesta fue escasa. El primer aspecto a superar era el desencanto de las gentes ante cualquier tema relacionado con la política, y es que la norma seguida en los años ochenta por las otras formaciones existentes, y el mismo procedimiento de gobierno, habían sumido a la sociedad en un vacío de cualquier expectativa de protagonismo. Pasados los primeros años, que fueron de afirmación en las ideas renovadoras, comenzaron a encontrar respuesta a través de personas que sintonizando con esas propuestas formaron sólidas células repartidas por la geografía del Estado. La conducta del partido no varió, les interesaba más el formar a las bases que la aventura de las urnas, y así dejó correr convocatorias electorales sin acudir a su participación.

* * *

Zinnia llevaba varios años dedicada tanto a participar en la gestión del partido en Madrid como a impartir clases en diversos lugares a los que con frecuencia se desplazaba los fines de semana.

Esta vez, Curro se ha animado a acompañarla. Viajan en el coche de Zinnia, junto a Roberto y Sara, compañeros de partido. El destino es un pueblo de Cuenca, Huete, donde, en los locales de una cooperativa, una vez al mes se reúnen un grupo de interesados de variada extracción social: agricultores, comerciantes, empleados, algunos estudiantes, ... El programa de las clases a desarrollar abarca tres materias distintas: historia, que imparte Zinnia; ideología, que da Roberto, y programa de autogestión, que lo dirige Sara, y que consiste en la animación política del entorno propio de los interesados.

Curro, aún respetando la libertad de Zinnia, no era muy partidario del excesivo celo que ésta mostraba por la acción política, en cuando le suponía un recorte en el tiempo de que disponía para estar juntos. Hoy, sentado en una de las últimas sillas, junto a los demás asistentes sigue con atención las explicaciones que sobre los diversos temas se exponen. Mientras escuchaba a su novia se preguntaba por dentro: ¿de qué no sabría aquella chica?

Zinnia habló de la uniformidad impuesta a todo el territorio del Estado por la monarquía borbónica desde su llegado a España; esa unidad de cuño francés que había culminado la acción centralizadora frente a la dirección histórica de los reinos de antaño, y que había consolidado el integrismo frente a la anterior tradición de respeto a las libertades y privilegios de la periferia derivadas del reconocimiento de sus propias identidades sociales. El auge del absolutismo dieciochesco que en España, como en otros países, supuso una hegemonía centralizadora de poderes en el estamento gobernante frustró -sugería Zinnia- el desarrollo armónico de la conciencia nacional de algunas colectividades y la integración de esas características en la estructura contemporánea de la forma de Estado.

Estas tesis de la necesidad de un planteamiento nuevo en la composición del Estado de las nacionalidades había tomado cuerpo en el ámbito del pensamiento político especialmente desde los años setenta, pero no habían llegado a reflejarse, a pesar de variados forcejeos, en un sistema válido. Defendían los federalistas la tergiversación que se había dado a sus legítimos derechos nacionalistas a través de una estructura de concesiones de ámbitos de autonomía desigualmente repartida en la estructura geográfica. Lo que en un principio, tras los largos años de la dictadura, supuso la aceptación de los mínimos posibles, con los años de desarrollo democrático se transformó en el deseo de reafirmación de la propia identidad, y no como legado centralista. El derecho a determinar los límites del autogobierno y a la misión del Estado en la nueva configuración política era el objetivo compartido por nacionalistas y republicanos.

* * *

Regresaban de noche. El día había sido agotador, especialmente para Sara y Zinnia. Ya a la tarde, al coloquio se había prolongado hora tras hora. Era un cambio de impresiones donde el abrir fuego se hacía algo comprometido, pero con la marcha del diálogo la participación se había hecho más viva, y como les solía ocurrir vez tras vez, se hizo difícil terminar.

- Ha estado bien -propuso Roberto-. Cada vez acuden con más interés y trayéndose a los paisanos. Habrá que pensar en abrir una sede para la zona. Cuanto antes les pasemos responsabilidades más se consolidará la cosa.

- Sí, yo creo que ya tienen cogido lo fundamental para funcionar; aunque aún tendremos que seguir echándoles una mano. Fíjate que lo más difícil comienza ahora; cuarenta afiliados para la comarca ¿qué es?... no está mal, pero son muy pocos para hacerse oír.

- No creas -intervino Zinnia-. Por ejemplo, para cuestiones de política municipal se bastan. En las pequeñas comunidades en seguida se transmiten las experiencias; la voz corre de prisa. A nada que la gente se mueva y se promocionen un poco, encontrarán apoyos en la gente más joven e inquieta.

- Es distinto secundar la idea en sí que participar. Teniendo en cuenta lo que cuesta comprometerse; el que acudan a las clases cuarenta indica que hay mucha gente detrás que puede apoyar a la hora de unas elecciones. Yo al menos -añadió Roberto- tengo muchas esperanzas en que unos tíos bien formados y con sensibilidad por la problemática de la zona sean capaces de infundir animación a la vida local.

- Nuestro esfuerzo -dijo Sara- tendrá algún reflejo. Toda esta siembra de años es como el agua fina: cala. Es lo que más se echaba en falta en la población: educación política, tener base para poder asentar el propio criterio. Saber a donde se quiere ir.

- Sois de admirar - interrumpió Curro-. desde luego a mí las clases de hoy han bastado para despertarme la inquietud, a los demás me figuro que también. Yo nunca me había planteado prestar atención crítica a la historia, pero creo que tiene mucha importancia.

- Claro que la tiene -respondió Zinnia-. Fíjate que en política casi nada ocurre de pronto motivado por la casualidad. Todas las convulsiones tienen una causa antecedente de tipo socio-económico, a veces fraguada con mucha antelación. Además soy de la opinión que los procesos se repiten, con caracteres propios de cada tiempo, pero muy similares en su desarrollo. Casi, casi, me atrevería a decir que un buen crítico de historia, de cara al futuro, podría predecir como va a desenvolverse el entorno social.

- ¡Ni qué fueran adivinos o profetas!

- No digo que siempre acierte; lo que sugiero es que tienen mucha más capacidad de juicio. No sé si habréis leído el libro de Felix Navia, en el que advierte del peligro de la identidad política europea. Apoya la tesis en que la integración europea tiene su marco característico, y que los que pretenden sobrepasarlo pueden caer en el error de imponer una uniformidad a pueblos y naciones con una profunda idiosincrasia propia. Eso que parece la panacea a los europeístas integrales, defiende en su tesis, podría, en lo político-social, convertirse en un enorme lastre que condujera a una ruptura de la precaria unidad lograda, arrastrando tras de sí los beneficios económinos concertados.

- Cierto. Es como aquí. Hasta que no logremos articular un sistema federal propicio, España seguirá teniendo una asignatura pendiente por aprobar. Aquí se sigue repitiendo por inercia la imagen de la unidad de los Reyes Católicos, pero nadie se quiere fijar en que esa unidad o uniformidad de la que somos herederos, con todos sus problemas inherentes, no es otra sino la de corte borbónico.

- Ya ves los checos y los eslovacos, o los problemas nacionalistas de Yugoslavia, y de la extinta URSS. Es que el problema político no puede plantearse ajeno a la conformación natural de los pueblos. Lo más importante es el que el espíritu de apertura se armonice con el de identidad de tal modo que posibilite la adaptación de cualquiera en otra nación.

- Esa postura chocará siempre con la diferenciación entre pueblos más ricos y más pobres. La aceptación del inmigrado procedente de una nación rica suele ser bien acogido, mientras que el que proviene de países más pobres o considerados de más baja cultura siempre suele ser rechazado.

- Acabamos en lo mismo de siempre. Necesidad de igualdad cultural, de desarrollo económico. ¡¡Más justicia!!

- Estamos en ello, ¿no?

Ya estaban próximos a Madrid, habían parado a tomar algo de cena y ya eran cerca de la una de la madrugada. Mañana a cada uno les aguardaba un día más de trabajo.

CAPITULO DECIMOPRIMERO

- ¿Se te ve cansado?

- Bah. Un poco quizá sí -respondió Curro.

- La marcha del domingo hay que correrla el viernes o el sábado, el domingo descansar. Si no, hoy no se rinde.

- Estuvimos de viaje.

- ¿A dónde fuisteis?

- A Cuenca; con Zinnia y dos amigos suyos. Es que están empeñados en un plan de promoción del partido, y los fines de semana los dedican a impartir cursos por ahí. ¡Tienen más cojones que el caballo de Espartero! Pero bien, y como me dijo si quería ir con ellos, fui. Supuso una paliza porque llegamos muy tarde a Madrid, pero la experiencia me pareció interesante. Me sorprendió el que los que acudieron tenían ya mayor formación política que yo. Por el camino me vinieron dando la vara: con qué si no nos formamos en cuestiones sociales, nunca podremos progresar, porque el caldo de cultivo de los regímenes autoritarios siempre es la ignorancia; y sabes lo que te digo: que me parece que tienen razón.

- ¿Y de qué grupo dicen que son? -interrogó Ino, el dueño el taller, con quien conversaba Curro.

- Son los del partido Social-Republicano. Tienen unas ideas interesantes, pero por encima de todo defienden el que la gente se mueva, que tome opción, por la que crean más conveniente; pero todo, dicen, antes que el asentismo social.

- Pues yo no creo en más justicia que en la de Dios. De los hombres no me fío, por muy buenas palabras que ofrezcan.

Ino, fue amigo y compañero de Mario en los afanes sindicales. Con la indemnización por el despido que le dieron en la fábrica de automóviles donde trabajó, había instalado un taller de reparaciones. Tenía afecto a Curro. En el taller el joven respondía bien en el trabajo, e Ino valoraba su buena disposición para aprender. Las muchas horas que pasaban juntos había borrado el respetuoso distanciamiento con que al principio Curro le trataba; más, fue abriéndose a confiarle los asuntos personales que un tiempo antes tratara con sus padres.

- La equidad entre los hombres es una utopía, -prosiguió Ino- si fuera la panacea que resuelve los problemas ya se habría logrado imponer. Lo que vale es el trabajo bien hecho cada día, y dormir con la conciencia tranquila.

- Pero también cuenta que hemos de construir el mundo en que vivimos.

- Cierto, chaval, pero si no quieres acabar desengañado aplícate primeramente a construir honradamente la parcela más inmediata que te corresponde. Los edificios se construyen de abajo hacia arriba, si no eres capaz de edificar tu vida con responsabilidad ¿qué aportación vas a hacer a la sociedad? Tan sólo el que se exige a sí mismo coherencia entre lo que es y lo que predica tiene derecho a esperar que los demás le escuchen. Hoy de esos quedan pocos. No te engañes, Curro, ni te dejes deslumbrar por espectaculares proposiciones.

- Eso es lo que me mueve precisamente. Si no fuera por lo que he visto en Zinnia, su forma de ser, su... eso que has dicho tú... coherencia, yo no habría prestado atención a nadie. Estos van en serio, como dices, ellos por delante. Si la conocieras más; estudia, trabaja, le queda tiempo para la política, no acepta vivir como una burguesa, y todo lo hace con la mayor naturalidad, como si no tuviera ninguna importancia. Te contagia la actividad y esa visión de la vida tan positiva, tan optimista. Para mí ha sido una suerte encontrarla, pero a veces me pregunto si ese abismo que hay entre los dos no será un día algo que nos separe. Por eso es por lo que te dije que quiero volver a estudiar por las tardes al salir del taller. Y no sólo por lo que se refiere a ella, sino porque creo que es cierto que cuanto mejor te formas tienes más capacidad de juicio para calibrar que es lo que debes hacer.

- No todo está en los libros. Me río cuando en la televisión salen todos esos psicólogos, sociólogos, sexólogos... y no se cuantos expertos más, por lo que dicen se ve a la legua que han perdido el contacto con lo más elemental del mundo. Hay una sabiduría que está ahí, la que Dios confiere al hombre para que pueda salir adelante, es lo más elemental, lo natural, pero cuántos sabios la ignoran, y divagan, divagan... echados a perder. Lo fundamental son cuatro ideas básicas para tener respuesta cuando nos preguntamos: ¿qué somos? ¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos? ¿qué tenemos que hacer en el mundo? A partir de ahí, de tener eso bien clarito, o al menos resuelto, podemos ir para adelante. Todo lo que sea confundirse a esa escala tan elemental, malo, porque uno acaba entonces mezclando las churras con las merinas.

- ¿Pero quién te da respuesta a todo eso? Zinnia y tú todo lo tenéis arreglado con la religión; también a mí me gustaría tenerlo tan fácil.

- Es que en el tema de la religión es donde conviene estudiar un poco. El problema vuestro, de casi todos los que opináis así, no es de fe, es de ignorancia.

- Ya me gustaría a mí que fuera tan sencillo de resolver, porque esa seguridad que os aporta vale mucho. Yo antes pensaba que la religión servía para evadirte del mundo y conformarte con el infortunio que te hubiera correspondido en la vida, pero ahora, desde que conozco a Zinnia veo que es todo lo contrario, ella siempre habla de luchar, de construir un mundo mejor, más justo, más, como ella dice, como Dios lo quiso hacer.

- Debes estar muy enamorado de ella.

- Me tiene alucinado.

- ¿Para bien, o para mal?

- Para bien. Bueno, eso creo yo. Lo que me ocurre con ella es lo contrario de con las demás. Antes en una chavala veía alguien con quien relacionarte, con quien pasar un rato a gusto, como con Mabel, con ella nos juntamos, nos contamos las penas, luego nos consolamos en la cama. Es un desaguadero. Con Zinnia es distinto, para ella el tema de las relaciones íntimas lo vincula al matrimonio, a la procreación, a construir una familia; pues, a pesar de todo, más la deseo, más a gusto estoy con ella, y hasta ese respeto que me exige me gusta. No sabría explicártelo... ¡me alucina!. El caso es que hay algo con lo que no acabo de estar contento, bueno, que creo que puede echarlo todo al traste, y es que sigo viendo a Mabel; pero ahora después de estar con ella salgo con mal cuerpo. Voy como un animal a la hembra, pero me deja vacío por dentro.

- Tienes que cortar esas relaciones. ¿Las conoce Zinnia?

- Le he contado algo difuso, porque me da vergüenza decirle la verdad.

- Tienes que ser duro contigo, decidirte a cortar; si es que de verdad quieres a Zinnia. Y luego contárselo. Si no vais con la verdad de cara poco durará lo vuestro.

- Si todo pudiera ser tan fácil como decirlo.

- El amor exige sus renuncias, pero es una buena inversión. No es broma lo que te decía antes con respecto a la religión, ahí también es necesario formarse y buscar el sentido a la vida. Los jóvenes de hoy no queréis responsabilidades, y la vida es pura responsabilidad; hoy sólo se busca disfrutar de lo inmediato, pero ¿y el mañana? A mis hijos les pasa lo mismo, y cómo se ve desde fuera que se están criando inconsistentes, flácidos, como la nata: suave, exquisita, pero inútil para soportar cualquier peso... fu flu flu flu... se viene solita abajo. Nadie quiere entender de esfuerzo, de reciedumbre, de lucha, de empeñarse por algo que cueste, de pensar en los demás, de servicio. Hoy todo lo valora el dinero, es lo único que alcanza sentido para la mayoría; y la vida luego enseña que no va por ahí, porque las mayores satisfacciones, la felicidad relativa que se puede alcanzar en esta vida no va más allá que la que proporciona el deber cumplido, el mirar hacia atrás y sentir que uno ha sido útil, mirar hacia adelante y contemplar lo que aún uno puede hacer; eso que dice tu niña: construir.

- Es que la vida ahora es distinta.

- ¿Distinta? Será distinta la envoltura, la apariencia, pero en su substancia ¿qué ha pasado para que haya cambiado?

- Pues que ahora no se piensa como antes. No se si será mejor o peor, pero lo que priva es lo práctico. Quizá sea la formación en la que nos hemos educado. Cada cual a resolver lo mejor que pueda sus problemas, para ocuparse de la precariedad de los demás ahí está el Estado, al fin y al cabo a ti tampoco te echa nadie una mano. Como te decía, yo no sé si será lo mejor, pero es lo que hemos heredado de vuestra generación. La sociedad está así montada, y tienes que sobrevivir.

- Por eso tus amigos quieren cambiarla.

- Desde luego, ilusión no les falta. ¿Tú crees que van a conseguir modificar la inercia de toda una sociedad?

- Depende qué ofrezcan. La carencia de valores morales ¿qué genera?: corrupción, libertinaje, individualismo. En el fondo un mundo que gira únicamente en torno de unos intereses egocéntricos. Por ese camino se autodestruye la sociedad. Quien presente un nuevo panorama de justicia , de libertad, de responsabilidad, a la larga tendrá aceptación. Lo difícil es concretar ese producto para ofrecerlo; y, para mí, insisto en lo que antes te decía, sobre todo para que sea creíble exige coherencia. De buenas palabras y mejores intenciones, de demagogia barata, ya estamos todos escaldados.

- Quizás tengas razón.

- Te insistiría en que al final todo se resuelve en el interior de cada individuo, porque la conciencia a veces grita, y es cuando surge el gran dilema de la existencia: el abismo entre lo que uno debería haber hecho y lo que realmente ha realizado en la vida. Hace poco leí en un libro algo que me hizo reflexionar, venía a decir que la vida es suficientemente larga para sufrir las consecuencias de los errores, y tan corta como que muchas veces ni siquiera queda tiempo para rectificar.

- Estás muy puesto en estos temas. Mi padre, por ejemplo, pasa de todo; claro, que así le va.

- Siempre he procurado formarme bien. Cuando tienes que educar a los hijos, muchas veces te encuentras que no tienes recursos, y ello me ha llevado a leer mucho, a contrastar opiniones, a aprender a escuchar; además, es un tema apasionante. Como me decías que apuntaba Zinnia, la ignorancia es el compañero de viaje de la infelicidad. Para mí el lema de la vida es el de Jesucristo: La verdad os hará libres.

Habían estado charlando mientras desmontaban el motor a un vehículo. Un cliente entró en el taller a dejar su automóvil para reparación, Ino fue a atenderle. Curro continuó su labor pensando que lo más probable es que Ino tuviera razón.

CAPITULO DECIMOSEGUNDO

Las conversaciones que Curro mantenía con Ino en el taller fueron acicate para llevar a término una idea que venía madurando, queriendo y no decidiéndose: cortar las relaciones con Mabel.

Ciertamente había dilatado sus encuentros como consecuencia de que le eran menos necesarios, al tiempo que no se atrevía a cortar pensando que no le sería fácil superarlo, pero en su interior cada vez una mayor inquietud le inclinaba a resolver esa situación que se presentaba como el mayor problema al asentamiento definitivo de sus relaciones con Zinnia.

Llevaban varias semanas sin verse, era sábado por la mañana y recibió un llamada de Mabel.

- ¿Curro?

- Sí, soy yo. Dime Mabel.

- ¿Te han secuestrado?

- Ya ves que estoy aquí.

- Como no das señales de vida.

- He estado bastante ocupado.

- ¿Quieres que salgamos esta noche?

Curro dudó en responder.

- ¿Esta noche? Bueno, pero tendrá que ser tarde... mejor, podríamos quedar mañana por la mañana para tomar unas cervezas.

- Te había reservado esta noche.

- Es que esta noche no puedo, pero tenemos que vernos para hablar.

- Como quieras. Entonces mañana. ¿Pasas por casa?

- No, mejor te espero en el bar de Chiqui. ¿A las doce?

- Haré un esfuerzo y madrugaré.

- ¿Si quieres a la una?

- No a las doce. Si me retraso me esperas.

- Vale tía.

- Hasta mañana.

- Hasta mañana.

* * *

Al día siguiente Curro fue temprano a Misa. Hacía mucho tiempo que no pisaba una iglesia, pero la noche anterior decidió, sin saber bien por que, que podría acercarse. Se quedó en pie junto a la puerta durante toda la ceremonia, no entendía bien lo que el sacerdote celebraba, dedicando todo ese tiempo a pedir a Dios que tuviera fuerzas para decir a Mabel lo que pretendía, y que ella entendiera. Luego subió a casa, estuvo un rato estudiando, y a las doce menos cuarto volvió a salir yendo hacia el bar de Chiqui.

Mabel se retrasó quince minutos.

- Perdona. Ya ves que sólo me he tardado un poquito. Ayer me acosté tarde, estuve por ahí y luego me quedé a ver la película que pasaron a la una. Realmente no la vi entera, me dormí a la mitad. ¿No estás un poco serio? ¿Te pasa algo?

- ¿Qué me va a pasar?

- ¡Ah, tú sabrás! Ayer te eché de menos.

- ¿Lo pasaste bien?

- ¡Psi! Lo hubiera pasado mejor contigo.

Esa respuesta le recordó a Curro el tema que tenía en mente plantear y decidió acometerlo sin más dilación.

- Mabel, ayer te dije por teléfono que teníamos que hablar. Hay un asunto que me gustaría comentar. Tú ya sabes que estoy saliendo con Zinnia. Vamos en serio, y creo que lo nuestro tiene que terminar.

Mabel apenas se inmutó, aunque le enrojecieron los ojos y las mejillas.

- Lo nuestro ha estado muy bien - continuó Curro- y te tengo por una amiga excepcional, pero algún día tenía que terminar. No sé si lo entenderás, pero estoy enamorado de Zinnia y nos vamos a casar.

- Te felicito, Curro.

- Aún no tenemos todo decidido, pero la idea está en marcha. Nos queremos y por eso creo que todo saldrá adelante.

- Yo también te quiero a mi manera. No lo tomes a mal. Sólo soy sincera. Lo has sabido siempre.

- Sí, lo mismo me parecía a mí, que lo nuestro duraría para siempre; nunca me planteé que las cosas pudieran cambiar. Pero ya ves, ahora se me está abriendo otro panorama de vida, ¡tan distinto!

A Mabel le caía alguna lágrima por la mejilla. La verdad es que sabía de las relaciones de Curro y Zinnia desde tiempo atrás, tanto por las insinuaciones que el mismo Curro le había hecho, como por las noticias que le habían llegado de terceras personas; pero nunca se había planteado que lo suyo, tan informalmente arraigado, pudiera llegar a desvanecerse. Llevaban varios años de relaciones y para Mabel constituía una situación perfecta donde ninguno exigía nada del otro. Ahora, aunque la costase, sabía que no tenía sobre él ningún derecho, pero al tiempo sentía que este alejamiento de Curro la dejaba más sola. Había otros hombres con los que alternaba, pero ninguno suponía lo que Curro; hacia él, además de lo que podría encontrar en otro hombre, existía una cierta composición afectiva especial emanada tanto de su mayor edad como de haber sido ella quien llevara la iniciativa al comienzo de sus relaciones.

Mantuvieron un corto silencio. Mabel procuraba disimular las lágrimas. Curro mantenía la mirada perdida.

- Sé que no tengo derecho a nada, quizá lo mejor para ti sea como dices. Se me hace raro eso de profundo enamoramiento; como no va conmigo, pensaba que en los demás también era algo superado. Se ve que estaba equivocada, admirado Romeo -y esbozó una sonrisa.

- Tienes razón -replicó Curro-. Eso sólo se comprende cuando se padece. Me gustaría pegártelo para que tú también encontraras un hombre que te hiciera cambiar de parecer. Y lo más divertido es que es algo que se va metiendo dentro sin que uno sepa cuando. No te podría precisar el momento en que me enamoré de Zinnia; al principio la admiraba, porque era distinta, pero lo otro llegó luego y es otra cosa, ¿el qué?, ni siquiera ya sabría describírtelo... Es como si la otra persona se te hubiera metido dentro. Todo muy confuso de definir, pero tan confuso como real. Dicen que eso luego se pasa con el tiempo. Desde luego, si es así, es una pena, porque es algo realmente bonito.

- ¿Si tú lo dices? Yo no creo en ese amor. Existe una afectividad, una atracción, pero amor... Curro, desengáñate... perdona, no quiero desencantarte ahora que estás tan ilusionado... pero a la larga la vida te irá enseñando que cada cual va a lo suyo y eso es en el fondo lo que nos gobierna. Es como un instinto de conservación, mientras algo te sirva para realizarte, bienvenido sea, pero a lo largo de la vida cambiamos de gustos, nos apetecen nuevas experiencias y lo que hoy nos parece fundamental, mañana se convierte en una bagatela.

- Quizá sea porque los hombres seamos capaces de corromper lo mejor que la vida nos puede ofrecer, pero también debe existir la lucha por aferrarse a ello. De Zinnia estoy aprendiendo cuánto hay que luchar para defender los valores que nos pueden ilusionar; el amor hay que trabajarlo porque supone superar el reducido espacio de lo personal. Aunque podría parecer que es una merma de la propia personalidad, te das cuenta que no es así, te hablo por experiencia, es absolutamente enriquecedor. Puede que sea cuestión de naturalezas.

- Me alegro que lo entiendas así. Por ti, porque ya te digo que yo también te quiero. Bueno, la vida dirá. ¿Quieres venir a comer a casa? aunque sea por última vez.

- No, Mabel, es mejor que lo dejemos así.

Mabel suspiró. Miró a los ojos de Curro. Guardaron un corto silencio, mientras se levantaban de la mesa entrecortado y a media voz Mabel dijo:

- Más de una vez, cuando esté con otro, me acordaré de ti.

CAPITULO DECIMOTERCERO

El congreso constituyente del partido Social-Republicano se convocó para el 14 de Noviembre. Durante el verano anterior se había producido un ensanchamiento de las bases y la afirmación de su presencia en la mayor parte de las autonomías nacionales. La comisión gestora, que desde 1991 había trabajado en silencio pero de firme, decidió que una vez asentados los ideales que movieron a la constitución del partido en una suficiente distribución de afiliados, correspondía estructurar un programa político que recogiera la oferta del partido a la sociedad.

Los años pasados desde su fundación, que fueron de profundización en la idea política que le llevara a constituirse, habían permitido que en cada una de las circunscripciones federales se asentara la formación de cuadros, así como que se produjera un debate sobre los objetivos a conseguir.

La estructuración del congreso, apostando por la más genuina identificación democrática, se constituyó en base a una paridad representativa de cada federación, que eligieron veinticinco compromisarios por circunscripción.

Las ponencias básicas se prepararon previamente por la comisión gestora y dos delegados libremente elegidos por cada federación. Una vez elaborados los borradores se remitieron para su estudio a cada zona local.

Todo estaba por hacer, concreción del ideario, régimen interno, proyección política, etc., sólo había preestablecido la idea clara de que se pretendía crear una estructura de progreso, moderna, descentralizada y democráticamente representativa. Se tenía bien claro lo que no se quería y por donde no habrían de ir: por donde otros partidos habían fracasado cayendo en el centralismo, la burocracia, la corrupción y el aburguesamiento; para eso -se había oído decir a más de un delegado- no merece la pena brindar un ápice de esfuerzo.

El congreso se convocó en Madrid por acuerdo de la mayoría de las secciones federadas, por ser el lugar de más fácil acceso, así como reunir las mejores condiciones para el alojo de los participantes, que hubieron de resolver por cuenta propia, los más aprovechando la hospitalidad de un pariente o amigo. Se consiguió la cesión de un local amplio en un colegio universitario. No había recursos económicos para otra cosa.

El carácter constituyente del congreso revestía una especial trascendencia, pues era el punto de partida, para, una vez consolidado internamente, pasar a una amplia promoción e iniciar su efectiva andadura política para afrontar su mayor reto: transformar el sistema de Estado.

El primer debate se centró sobre el aspecto constituyente del congreso, y por tanto de la responsabilidad de fijar el marco propio de lo que había de pertenecer a la esencia del partido, deslindándolo de los programas concretos de actuación que correspondiera llevar a término en un momento determinado. Así se llegó a perfilar los esquemas elaborados por la comisión preparatoria; las ponencias presentadas a la discusión del congreso habían quedado agrupadas en tres bloques que respectivamente versaban acerca de aquellas que habían de configurar el ideario del partido, las que habían de determinar el régimen interno y las que recogían la alternativa política al sistema estructural del Estado.

La mayor parte de los asistentes nunca habían participado en un congreso de naturaleza política. Al comienzo se dejó notar un cierto retraimiento, pero pronto la dinámica misma de la asamblea motivó a la participación más audaz de los delegados. Las discusiones se hicieron vivas, y las aportaciones fueron enriqueciendo el marco presentado en las ponencias. Las ideas centrales que se fueron proponiendo y aprobando fueron:

En cuanto al ideario:

1. El sentido de la sociedad como servicio del hombre al hombre, por ello ha de estar cimentada sobre parámetros humanistas. Estos recaban reconocer la genuinidad de la esencia de la persona humana, así como la defensa de sus libertades y la inviolabilidad de sus derechos naturales.

2. La constitución de un más profundo y real sistema democrático que, además del derecho al ejercicio paritario del voto, exige el derecho al acceso a una veraz información de todos los asuntos de gobierno y estado, así como el desarrollo cultural proporcionado.

3. Una estructura económica social de progreso que reconociendo el fin social de los bienes, mantenga una adecuada libertad de creación y mercado, y depure los desajustes producidos por los sistemas liberales y capitalistas.

En lo relativo a régimen interno:

1. Una estructura federal. Un sistema democrático de elección de todos los cargos dentro de cada federación. La elección democrática del secretario general por las respectivas federaciones. La elección de los candidatos a los cargos públicos de modo coherente con la estructura federal.

2. Incompatibilidad de los cargos relevantes en las administraciones públicas con desempeñar al tiempo cargos de gobierno o representación dentro del partido.

Esta disyuntiva que propició un profundo debate en el congreso, se concluyó aceptándola en aras a defender los criterios de independencia y libertad del partido respecto a las opciones ejercidas por sus representantes en los cargos de poder de la administración pública.

3. Coprofesionalidad, de cuantos sean elegidos y acepten cargos de representación o gobierno, con el ejercicio de su propia profesión u oficio, a fin de no desenraizar el partido de la realidad vital de la sociedad.

Para aprobarse definitivamente este proposición, que fue también muy controvertida, pesó la intervención de un congresista que valoró el esfuerzo de cuantos habían gestado el partido en el transcurso de los años precedentes, todos con el esfuerzo compartido a sus obligaciones profesionales.

Respecto a la proyección política:

1. Desde la legalidad vigente, la reforma del sistema hasta la conformación de la nación española en un Estado republicano, democrático y legítimamente constituido.

2. Una verdadera independencia y representatividad de los poderes ejecutivo, judicial y legislativo, que proporcione el correspondiente control mutuo y evite la injerencia de uno sobre otro.

La autoridad máxima del Estado corresponderá al Presidente de la República, elevado por elección directa, y que será el máximo representante del poder judicial, del ministerio fiscal y demás estructuras defensoras de las libertades públicas. Al frente del poder ejecutivo estará el Jefe de Gobierno, elevado por elección directa, y que será el responsable del Gobierno de la Administración Federal.

El poder legislativo constituido por la cámara de representantes, elegidos directa y proporcionalmente.

Se limitará en el tiempo el periodo de ocupación de los altos cargos de poder.

3. Estructura federal del Estado.

* * *

La celebración del congreso constituyente del partido Social- Republicano encontró poco eco en medios de difusión. Desde hacía años apenas variaba el espectro político en el país, esa situación acomodaticia hacía que el escaso interés social se centrara en el seguimiento de los tres o cuatro partidos consolidados que, por otra parte, cada vez interesaban menos a los ciudadanos.

Solamente el Expréss, diario que sintonizaba con las corrientes renovadoras, dio una amplia referencia en sus páginas a la celebración de ese congreso, y su editorial del día siguiente, bajo el título de "La posibilidad del cambio", recogía:

"La lenta pero firme consolidación de un nuevo partido con vocación de alternativa al sistema, no es un hecho que deba pasar desapercibido en una sociedad que está a todas voces reclamando unos cambios que la rescaten del estado de abulia en que ha ido decayendo.

Si siempre desde nuestras páginas recibieron una cordial acogida las nuevas formaciones políticas que posibilitaron la apertura del abanico social, no podemos hoy menos que congratularnos, y felicitar a todo el pueblo, cuando un nuevo partido, tras años de lenta pero eficaz consolidación, nos ofrece en su congreso constituyente una oferta netamente diferenciada del hacer política en nuestra sociedad.

El atrevimiento a sintetizar en breves puntos aspectos tan importantes como la configuración de un esquema de Estado capaz por sí de evitar la generalizada corrupción que desde el poder nos invade, no es para que nos podamos permitir que pase desapercibida.

Cuando la democracia vuelve a recabar sus más intrínsecos valores, cuando se apuesta por la culturización y la construcción de la sociedad contando con la participación ciudadana, nos encontramos de enhorabuena. Es momento de enfrentarse a la fácil demagogia de los grupos de presión en el poder, con una oferta abierta y participativa que concluya con una revisión del sistema y del modo oligárquico que ha permitido a algunos políticos hacer coto privado del país.

Las cautelas de control, de división de los poderes, la limitación de permanencias, medidas propuestas tanto en la propia estructura interna, como en su proyección política hacia el Estado, no están lejos de los anhelos ciudadanos, cuyas voces cada día reclaman un decoro y una ética para quien haya de ejercer la autoridad. Y ello no será posible sin la articulación del sistema en torno a unas más precisas y diáfanas medidas de autocontrol.

Hablar de república mirando hacia el futuro, hacia el posibilismo de un Estado moderno y dinámico, no es falacia ni es nostalgia de épocas pasadas. Es la concreción de un sistema que busca la eficacia moral de lograr unos objetivos no alcanzados actualmente. Para quienes no desean cambio ni alternativa, les valga con lo que tienen, pero que nadie enarbole farisaicos gestos de escándalo para los que sólo pretenden, en las puertas de un nuevo siglo, la sustitución de trasnochados sistemas de ayer por otros más adecuados a la realidad social del esperado siglo XXI.

Nunca más el desencanto, es nuestro deseo. Que cuánto con ilusión renovada este nuevo partido ofrece a la sociedad no quede en meras formulaciones de buenas intenciones. El primer paso está dado, que los siguientes continúen siendo certeros".

* * *

Zinnia participó activamente. Puso gran esfuerzo e interés en conseguir que el congreso dejara asentado dos criterios que para ella eran fundamentales. El primero relativo a la incompatibilidad de ocupar al tiempo cargos de responsabilidad en el partido y en la Administración. Tenía clara conciencia de la importancia de la independencia que en todo momento debía mantener el partido, como colectivo de ideología, frente a las responsabilidades de gobierno que en un momento determinado podrían contraer quienes ejercieran ese papel. Las desvinculaciones que se habían producido en otras formaciones políticas entre la cabeza, afecta a actuaciones que rayaban el desviacionismo y la corrupción, y la bases, lo que había producido es resquebrajamiento del ideario y a veces la propia escisión del partido, así se lo daban a entender. Fue una actitud que por lo novedosa respecto a lo habitual en las formaciones políticas exigió amplio debate. El segundo, la estructuración política del Estado de modo que limitara los personalismos y fomentara el control que los diversos segmentos de poder deberían ejercer de modo mutuo.

Para llevar a cabo sus ideas, hubo de poner un gran esfuerzo y participación tanto en el proceso de elaboración de las ponencias, como en la fase de su aprobación. Tuvo que realizar mucha labor de pasillos, ya que el alcance de los planteamientos que defendía -en gran parte asumidos por el conjunto de la comisión gestora, en cuyo seno habían germinado- no eran a veces entendidos, debido a lo novedoso, por muchos de las asistentes. Esta relación le dio oportunidad de fraguar amistad con otros muchos compañeros de partido, al tiempo que le hizo significarse entre los participantes del congreso.

Zinnia, que había quedado muy satisfecha de los resultados obtenidos, se había también dado cuenta del enorme esfuerzo que suponía sacar adelante una formación política. Esto la llevó a reflexionar sobre su disponibilidad. Desde hacía tiempo venía cuestionándose la conveniencia de continuar con la carrera de medicina. Cada vez tenía menos atracción para ella. Para ser útil y eficaz en mi vida -se planteaba- creo que tengo otras posibilidades más accesibles. Desde pequeña le había fascinado la labor humanitaria que potencialmente podía realizar un médico. Los relatos que su padre la hiciera de su labor en el quirófano habían concurrido a ello. Ahora, en cambio, se estaba haciendo consciente de que no era de menos interés la opción de centrar sus esfuerzos en la vertiente de la redención de las estructuras sociopolíticas. Además le permitiría conseguir un trabajo más regular que afianzase la independencia familiar que deseaba. Como más conveniente se perfilaba abandonar la carrera en cuanto consigiera esa ocupación que ya estaba buscando.

CAPITULO DECIMOCUARTO

Poco tiempo después Zinnia encontró la posibilidad de trabajar en una farmacia. Era la ocasión que estaba aguardando para variar en algunos aspectos la orientación de su vida. Le costó convencer a Curro de que se trataba de una decisión personal, pues en un principio él creyó que lo hacía por mitigar en algo las diferencias de estatus que entre los dos existía. Curro quería que terminase la carrera. Pensaba que ello era algo muy importante para Zinnia, y que le supondría un gran sacrificio abandonar los estudios. Además valoraba tanto a su novia, que le parecía obvio el que ella habría de triunfar en la profesión. Entonces ¿por qué venía ahora con esa salida? Zinnia intentó explicarle que su decisión no se debía a causas coyunturales de su relación, y que aunque no se hubieran conocido las cosas habrían seguido un camino semejante. Es que ella no necesitaba ser médico, había otras cosas más importantes: la política, la sociedad, poder efectivamente independizarse de sus padres, las cuales tenían prioridad. También, le dijo como de pasada, era una forma de romper la novela que sus padres habían tejido a su alrededor; de reafirmar su independencia oponiéndose a unos planes, que si bien en otro tiempo le parecieron oportunos, hoy los concebía de una voluntad ajena que quisiera encauzar su porvenir. Era ir en contra de lo que parecía determinado por la sociedad, pero ella ¿cuándo había seguido la cuerda de la sociedad? No, no se arrepentiría -le dijo a Curro-, conforme la idea había tomado más cuerpo, más segura estaba en haber acertado convenientemente con su decisión. Más difícil fue para Zinnia vencer la oposición paterna, a quienes el planteamiento de su hija les pareció en todo descabellado.

Una de esas noches en que los padres estaban en casa, aprovechó Zinnia para comunicarles su decisión.

- Quería deciros una cosa. Quizá os sorprenda un poco, pero el atractivo que un día para mí ejercía la carrera de medicina ha perdido poder. Así que he decidido dejar los estudios. He encontrado empleo en una farmacia y voy a ponerme a trabajar.

Braulio y Montse palidecieron, por un momento callaron atentos a su hija e intercambiándose una mirada.

- Montse intervino-. Hija no puedes hacernos esto. Llevamos años sacrificando todo por tu carrera. Tú misma poniendo tanto esfuerzo, y lo vas a dejar así, por las buenas.

- Es una decisión que he madurado lentamente. Creo que he llegado a comprender que hay otras cosas por delante de que llegue a ser médico, a esas son a las que voy a dedicar mi atención.

- ¿Y nosotros? ¿Y la ilusión de tu padre?

- ¿Y mi vida?

- Es qué acaso vas a tener mejor porvenir que continuando el trabajo de papá.

- Es que a mí eso no me vale. No me importa mi porvenir en ese sentido, me importa el de la sociedad. Basta ya de perspectivas personalistas. De sobra sabéis lo poco que me importa el dinero y una seguridad avalada. Si es la sociedad la que se hunde, yo me hundiré con ella, y como a eso no estoy dispuesta, voy a luchar por mantenerla a flote.

- Esos idealismos también yo los tuve -intervino Brulio-. Todos los estudiantes padecemos alguna crisis en la carrera. Sí, yo también los pasé. Te comprendo, hija, y te ayudaré a superarlo. Cuando llegamos a tercero, en que nos hemos hartado de estudiar teorías y no vemos aplicación práctica a todo eso, suele presentarse el fantasma que nos vaporiza la vocación. Son momentos difíciles, pero todo esto pasa.

- Es que no es ese mi caso, papá. Yo no voy a colgar los libros porque esté harta de estudiar. No es eso; es que he descubierto otros horizontes en la vida.

- ¿Incompatibles con la medicina?

- Incompatibles con esperar una serie de años en acabar la carrera. Incompatibles con... ¡qué se yo! Lo que tengo claro es que quiero hacer otras cosas en mi vida y ahí no entra la necesidad de ser médico; si no es así ¿para qué seguir machacándome? Necesito más libertad de movimiento.

- Esas ideas te las ha debido meter ese chico con quien sales. Por favor Zinnia, sé razonable. Tienes que terminar una carrera; si no, el día de mañana te arrepentirás.

- Lo primero es que Curro no tiene nada que ver con mi decisión, también él quiere que acabe la carrera; quizá sea en lo único en que podáis llegar a estar de cuerdo. Lo segundo, que para mí lo que es fundamental es que el día de mañana no me tenga que arrepentir de haber dejado de hacer otras cosas más importantes. Al fin y al cabo el noventa y nueve y pico por ciento de los españoles no son médicos y viven tan felices.

- Pues aunque tú digas que no, yo creo que todo te viene desde que sales con ese -insistió Montse-. Si estabas tan centrada en tus estudios; ¿qué ahora digas que no tiene nada que ver?

- Pues no.

- ¡Vamos! ¡Lo que hay que oír! Pero es que no te das cuenta que lo de los estudios es todo; tu porvenir, conservar una posición, ayudar a papá; es la oportunidad que con tanto mimo hemos labrado para ti. Lo de ese chico sí que el día menos pensado te cansas y lo dejas. ¡Pues no te saldrán buenos partidos! ¡Por favor, hija mía! pon los pies en el suelo.

- Pero si ya os he dicho que Curro no tiene nada que ver con esto.

- Eso es lo que a ti te parece -intervino Braulio-. Todo tiene su explicación. Cuando llega un momento de crisis en los estudios, si no existe ese apoyo que nos empuja a seguir, alguien que realmente entienda lo que nos pasa, y no lo que podamos creer que nos ocurre, es más fácil echarlo todo a rodar. Si en vez de salir con ese chico, ¿cómo dices que se llama?... bien, Curro; pues si en vez de con Curro, salieras con un compañero de facultad, o con otro que esté estudiando lo que sea, comprenderíais que hay que seguir aunque a veces cueste un poco; eso porque mutuamente conocéis y compartís las dificultades, y porque el objetivo es alcanzable. Si no tuvieras condiciones para ser médico, yo sería el primero en aconsejarte que lo dejaras. ¡Pero si hasta ahora has llevado los cursos con unas notas fenomenales!, si algunos de mis amigos te han dado clase y sólo han sabido darme de ti alabanzas. Estamos casi comenzando el curso, creo que lo sensato es que sigas hasta que lo termines; luego, ya hablaremos. Estas crisis se pasan en cuanto uno se centra en los libros. Eso sí, deberías hacer más vida con los compañeros, estudiar juntos, eso ayuda mucho.

- En vez de estar perdiendo el tiempo con ese otro -apostilló Montse.

- Yo os comprendo -dijo Zinnia- estáis en vuestro papel, y os agradezco mucho todos los consejos; pero yo lo que quería deciros es que he tomado una decisión. Bien que opinéis lo que os parezca conveniente, pero creo que me conocéis, o deberíais conocerme, y lo que decido voy por ello. Por otra parte, Curro es un tío excelente, mucho mejor que muchos de los hijos de tus amigas con quienes te encantaría verme liada. Ya soy mayorcita y sé lo que busco en la vida, que desde luego no se parece nada a vuestros planes. Por eso dejo la carrera, me pongo a trabajar y me voy a vivir por mi cuenta. Estoy dispuesta a salir de vuestro mundo y contar con la independencia necesaria para hacer otras cosas, aunque a vosotros os parecen insensateces, en cambio a mí, lo más atinado del mundo.

- ¿Has dicho que te vas a vivir sola?

- Sí, con lo que gane en la farmacia podré alquilar un apartamento.

- Hija, si es por dinero por lo que vas a dejar de estudiar no te preocupes. Lo mismo que tu hermano está en Estados Unidos, si tú lo prefieres, te podemos costear el apartamento. Comprendo que es muy propio que los jóvenes de ahora queráis gozar una independencia, aunque tú aquí siempre la has tenido. Así que por ese motivo no tienes ni que dejar la carrera ni preocuparte, ni hacer esa tontería de ponerte a trabajar. Al fin y al cabo, a Dios gracias, hoy podemos gastarlo.

- No, papá. Es que no es eso. Yo tengo otras ideas muy distintas de la propiedad de los bienes, de la economía, de todas esas cosas del dinero. Para mí uno es administrador de los muchos o pocos bienes que pueda poseer. Aunque uno con su trabajo, con sus negocios pueda obtener muchos beneficios, no todos esos bienes le corresponden en propiedad indiscriminada, porque para obtenerlos, independientemente de la licitud de su actuación, ha requerido la asistencia de la sociedad, que le ha educado, le ha transmitido casi todo lo que es, presta la tecnología, la mano de obra... así que esos beneficios deben repercutir en la sociedad en nuevas inversiones para seguir produciendo bienes para todos, no para el individuo. Lo que no me parece justo es que uno porque la vida le haya situado allá donde pueda forrarse, se dedique a concederse todo tipo de satisfacciones. Yo creo que todo lo que pasa de cubrir dignamente las necesidades normales de un individuo, es algo que comienza en justicia a no corresponderle. Como verás, yo no puedo defender estas ideas y al tiempo vivir como hija de papá. Necesito ser coherente, es una necesidad de mi alma.

- ¡Esta chica está loca! -se le escapó a Montse.

- Ahora que resulta que todos los socialistas se volvieron liberales, tú sales con un nuevo socialismo. Tendrás que reconocer, Zinnia, que vas al revés del mundo.

- Rió Zinnia- No me importa, yo voy hacia donde creo que tengo que ir. Quizá no sea tan descabellada nuestra aventura.

- Desde luego -apostilló Montse- yo ya tengo claro que nunca habré de votar por vuestro grupo.

CAPITULO DECIMOQUINTO

La profundización que algunos directivos del diario Expréss estaban dispuestos a realizar sobre el asunto que denominaban "La trama venezolana" y el eco que el movimiento social-republicano encontraba en sus páginas, habían convertido el periódico en bandera para quienes recababan en la lucha contra la corrupción inherente al sistema.

El Gobierno, arropado por los socialistas y demás partidos constitucionales, que en su día apenas dio importancia a la aparición de un diario independiente que pudiera desmitificar sus postulados democráticos, se sentía inquieto por las referencias que iban apareciendo en torno al tema de "La trama venezolana". El que se fuera perfilando la implicación de los más altos cargos de responsabilidad, creaba una situación un tanto incómoda en cuanto el asunto iba tomando cuerpo y saltando de las columnas del Expréss a otros medios de comunicación. Era objetivo del poder evitar a toda costa el posible escándalo.

Bruno, es ahora redactor jefe del Expréss, y el coordinador dentro del diario de la línea de investigación acerca de "La trama venezolana". Su perfil ideológico como renovador del sistema, le había acercado mucho al partido Social-Republicano, aunque en su opinión como periodista no se sentía vinculado a partido alguno. Su experiencia de años le habían enseñado a mantener la independencia de las ideas y, en especial, de los hombres que apadrinan las concretas opciones políticas.

Bruno había recibido varias amenazas de muerte encaminadas a que desistiera en la investigación que seguía, a la vez que en la réplica desde los colegas de la prensa alineada al poder le tildaban de desestabilizador de la democracia. Se había convertido en el primer objetivo a desmoronar.

Aquel lunes -el domingo la redacción del Expréss descansaba- se había advertido la ausencia de cierta documentación relacionada con la "Trama" en varios de los despachos de la redacción.

Sonó el teléfono de José Angel, el director del periódico.

- Soy María -dijo al otro lado del hilo la voz de la mujer de Bruno-. Estoy preocupada. Bruno no ha venido esta noche a casa. No me ha dicho tampoco que hubiera de viajar. No he tenido ninguna noticia suya. ¿Sabes tú algo de él?

- ¿Qué no ha ido a casa? ¿Cuándo fue el último momento que le viste?

- Ayer por la tarde. Después de comer me fui con los niños a casa de mi madre. Bruno dijo que no podía acompañarme, que tenía una cita con alguien. No me dijo quien. Su coche no está en el garaje.

- ¿Has avisado a alguien?

- Llamé a Zinnia, por si sabía algo. Me dijo que no. Ha dicho que viene para casa.

- No te muevas de ahí. Voy para allá.

José Angel entró en el despacho que en la redacción ocupaba Bruno. Aparentemente todo estaba normal. Juanjo, el colaborador más directo de Bruno se apercibió de que los cajones de la mesa estaban sin cancelar con la llave, dato extraño pues Bruno siempre los cerraba. Juanjo echó de ver asimismo que, como en su despacho, faltaba la documentación que custodiaba Bruno relativa a la "Trama" y que contenía los datos más relevantes de la investigación.

- Quizá ha estado aquí el fin de semana.

- Bruno no tiene llave de la redacción.

- Comprueba esos datos. Voy a casa de Bruno a ver a María. Llámame allá en cuanto aclares que pasó ayer aquí.

José Angel marchó a casa de María.

* * *

Ya estaba Zinnia en casa de María cuando José Angel entró. Intentaron entre los tres hallar un sentido lógico a la situación.

- Si hubiera tenido un accidente te habrían avisado.

- No he querido indagar hasta que no me confirmarais vuestra opinión, por si hubierais tenido algún dato. Desde luego Bruno me hubiera avisado si hubiera tenido que ausentarse. Tengo miedo, José Angel, algo me dice que ha ocurrido una desgracia.

- Espera, mujer. No te pongas en lo peor -intentó animarla Zinnia.

- De la redacción ha desaparecido una documentación que guardaba Bruno en su despacho y algunos papeles más, es todo lo que había recopilado sobre el asunto de la corrupción.

- Eso sí que es un indicio -apuntó Zinnia- de que no es una desaparición casual. -Y dirigiéndose a María interrogó- ¿No te dijo bruno nada relativo a con quién iba a encontrarse ayer?

- No, sólo me dijo que no me podía acompañar porque tenía una entrevista. Tampoco le vi especialmente preocupado o algo así.

- Es muy extraño que si pasara por la redacción se hubiera llevado esa documentación que guardaba tan celoso. Si hubiera querido contrastar algún dato habría tomado algún documento, ¿pero todo el dossier?, es muy estraño.

- Para mí lo evidente es que si hubiera de ausentarse me lo habría dicho. Y si no me pudo llamar es porque algo se lo impide.

- ¿Un secuestro?

- Es lo que me ha dado vueltas desde esta mañana. Quizá las amenazas que le hicieron no eran meras fantochadas.

Sonó el teléfono. María lo tomó con inquietud.

- José Angel, llaman de la redacción, preguntan por ti.

- Sí... Juanjo, dime.

Juanjo desde el otro hilo del teléfono le informó.

- El conserje que estuvo todo el día dice que no vio nada anormal. Pedro era quien cubría la guardia de redactor. Salieron los dos a comer a eso de las dos y media. Dice que volvieron como una hora después. Tan sólo notó algo extraño el que cuando volvieron por la tarde la cerradura de la puerta estaba sin echar. El asegura que la cerró cuando salió a comer. Pensó que estaríais dentro alguien, como ocurre algún domingo. Cuando no encontró a nadie, al no ver ningún desorden ni echar nada en falta pensó que quien hubiera ido se la dejó sin cerrar. A las diez se marchó. Pedro hoy libra, he llamado a su casa pero había salido.

- ¿Estás seguro que Bruno no tenía llave?

- Bueno, lo que te puedo decir es que nunca se la he visto utilizar. Por poder tenerla, me figuro que la tenga, como la tienes tú.

- Algún dato más.

- Esta mañana, cuando abrió Alejandro, todo estaba normal.

- Vale, gracias. Si tienes algún dato más me llamas aquí. Iré por la redacción cuando pueda.

- Adiós.

José Angel se dirigió a María.

- ¿Sabes si Bruno tiene llave de la oficina?

- No sé.

- ¿Y a las dos y media estaba en casa?

- Sí. Yo me marché como hacia las cuatro y él aún estaba aquí.

- Entonces quien fue por esos papeles no fue él.

- ¿Qué te han dicho? -preguntó Zinnia.

- Dice el conserje que cuando volvieron de comer Pedro y él, la cerradura estaba sin echar. Es posible que entre las dos y media y las tres alguien entrara en el despacho.

- Hay que avisar a la policía.

- Sí. Quizá lo mejor será acercarnos a la comisaría y hablar directamente con el comisario.

José Angel y María salieron hacia la oficina de policía. Zinnia se quedó en casa de María por si recibían alguna llamada.

En la comisaría comunicaron al inspector de servicio los datos que tenían, y le transmitieron su inquietud relativa a que pudiera tratarse de un secuestro.

* * *

Al día siguiente, se presentó en casa de María un inspector a quien habían confiado el caso, distinto de aquel con quien conversaron el día anterior.

- ¿Señora de Millán?

- Sí.

- Soy inspector de policía.

- Pase. Tiene alguna noticia.

- Sí. En la lista de pasajeros del vuelo Madrid-Caracas de Avianca del domingo pasado, figura un pasajero a nombre de Bruno Millán Alonso. La reserva del pasaje se hizo junto a otro a nombre de la señorita Laura Estévez Garzón, venezolana. Así como también sus nombres figuran en la lista de embarque. ¿Conoce usted a esa mujer?

- No.

- ¿Nunca oyó a su marido hablar de ella?

- No.

- Pues según todos los indicios han viajado juntos a Venezuela. Es cuanto podemos decirla.

- ¿Qué extraño? -dijo María con voz entrecortada por la sorpresa y el lamento.

- Estas cosas pasan con relativa frecuencia. Quizá se trate de un viaje de negocios -apostilló el inspector queriendo restar importancia al asunto.

- A mi marido le conozco bien. Aunque ustedes no lo crean, aquí hay algo extraño. ¿Y de los documentos que faltan en su oficina?

- Todos los indicios parecen indicar que los retiró él mismo; quizá el día anterior. Posiblemente se llevara esos informes para trabajar sobre ellos.

- Pero eso no es normal. Si hubiera debido hacer un viaje de trabajo me lo habría dicho.

- En el mundo de las intenciones personales la policía no podemos penetrar. Nuestra misión comienza en el delito, y que su marido viaje por ocupaciones profesionales... o por otros motivos, no lo es tal; aunque para hacerlo no cuente con usted.

- Le entiendo, aunque estoy segura que en todo esto hay mucho más de lo que ustedes puedan creer.

- No se preocupe, señora. Lo habitual es que en unos días se ponga en contacto con usted. Suele ocurrir. En cualquier caso a los treinta días puede poner demanda por abandono del hogar, a otros efectos civiles.

- ¡Qué no me preocupe!

- Adiós señora.

- Adiós.

María llamó por teléfono a José Angel, le relató brevemente la información que le transmitió el inspector, y quedaron en reunirse al mediodía. También acudió Zinnia.

- Es extraño, muy extraño. Este comportamiento no es normal en Bruno.

- Si hubiera viajado por un asunto de trabajo relacionado con la investigación de la "Trama", te lo habría comentado. Si es un asunto de faldas, perdona María, algo me habría dicho a mí. Un plan así no surge de la noche a la mañana; además, se habría llevado maleta con ropa. No, no creo que eso sea normal.

- He ido esta mañana al banco y no había sacado dinero. ¿A qué viene irse sin ropa, sin dinero, sin decir nada a nadie, con unos documentos que sólo a él le interesaban que no pudieran perderse, y con una mujer aparecida repentinamente en escena? Todo eso es muy extraño, tan anormal para que no sea realidad.

- ¿Y si no ha viajado? -apuntó Zinnia.

- ¿Qué?

- Qué si no ha viajado. Por ahora sabemos que está su nombre, pero nada más. Podría ser todo una tapadera.

- Tienes razón. ¿Cómo no se nos había ocurrido?

- Pero la policía está segura de que sí viajó.

- La policía, la policía... el Gobierno, el venezolano... Avianca... no me fío. Buscaré un buen detective privado. Además, os habéis fijado que pronto ha salido en el País lo de que "el redactor que imputaba relaciones presuntamente corruptas al Gobierno se escapa con una americana". Todo huele a montaje.

- Pero, ¿y Bruno? ¿Dónde está? -rompió a sollozar María.

- Eso es lo más importante ahora. Le encontraremos, María, le encontraremos aunque tengamos que remover la Tierra -dijo Zinnia visiblemente afectada.

* * *

José Angel contrató a una agencia de detectives la localización de Bruno y el esclarecimiento de todo el caso. Las pesquisas fueron lentas, en cuanto que la capacidad de maniobra de una agencia privada estaba muy limitada en España.

El hecho de que María encontrase en uno de los cajones de la mesilla de su marido la llave de la oficina pareció determinante para entender que no había sido él quien hubiera accedido a la redacción a retirar los documentos.

Su automóvil no apareció, lo que se consideró como posibilidad de que hubiera sido hecho desaparecer por contener alguna de prueba.

En colaboración con una agencia americana, se pudo llegar a la conclusión de que Bruno no viajó en el avión de Avianca, al no ser reconocido por varios pasajeros del mismo vuelo a quienes la agencia pudo entrevistar.

De la señorita Estévez Garzón, sólo se pudieron obtener datos de su existencia documental, aunque no pudo ser localizada.

La posibilidad de secuestro hubo asimismo de ser desechada por la ausencia de móvil al no haber recibido en el tiempo transcurrido comunicación con solicitud de rescate.

Con todas las averiguaciones que obtuvo la agencia, María volvió a presentar en el juzgado denuncia por desaparición y presunto homicidio. Pasado algún tiempo el juez sobreselló el caso, por considerar suficientemente razonado el traslado de Bruno a Venezuela, en cuyo favor se presentaron minutas de estancia en hoteles y otras pruebas. La investigación privada, realizada tras esos datos que remitía la policía venezolana, reflejaba de manera sistemática en las averiguaciones la ausencia de la presencia real de Bruno.

El contenido de la documentación desaparecida al tiempo de Bruno hizo imposible la testificación documental de la raíz de "La trama venezolana". Juanjo retenía muchos datos, implicación de personalidades, carácter de los hechos delictivos, vías de transferencia de montantes dinerarios, conexiones internacionales, etc., pero la minuciosa labor de investigación de su compañero, quien personalmente había empeñado su esfuerzo en recabar esos datos, se perdió con él. No obstante, para cuantos tenían conocimiento del asunto que perseguía Bruno, la confirmación de lo acertado de sus pesquisas, y de la veracidad de sus planteamientos, estuvo en que lo hubieran hecho desaparecer al viejo estilo de la Mafia.

CAPITULO DECIMOSEXTO

La difusión del partido Social-Republicano tras su congreso constituyente no se hizo esperar. Convencidos de la validez de su oferta política y animados por la pujanza que su ideario encontraba especialmente entre la juventud, pasó a la convocatoria de reuniones informativas en los ambientes universitarios y laborales.

En el clima de decepción política generalizada, esta nueva oferta regeneradora a partir de premisas de alternativa total al sistema, tuvo una lenta pero optimista acogida.

Curro, cada vez más identificado con estos nuevos planteamientos sociales tan lejanos del fracasado sindical-socialismo, cuya experiencia conoció reflejada en la actitud de sus padres, había decidido trabajar en su barrio colaborando con el grupo de promoción de los social-republicanos que coordinaban la zona sur de Madrid.

El objetivo era la constitución de un debate público en el cual presentar las nuevas tesis sociales al colectivo laboral, que constituía la mayoría de la población de la zona.

El primer intento para conseguir el aula de la Casa de Cultura Municipal quedó fallido. Los responsables socialistas negaron la idoneidad del uso. Un segundo intento de reposición ante el Ayuntamiento les proporcionó pocas posibilidades más: se les permitía realizar una reunión en fecha de cinco meses más tarde.

La alterativa de encontrar otro local donde celebrar la reunión no fue fácil. Los cines, discotecas, y locales públicos de reunión existentes en la zona, además de mantener sus propias programaciones, les pedían unos alquileres para el día libre más alto de cuanto ellos podían disponer. La posibilidad de utilización de los polideportivos de las escuelas limitaban la capacidad de asistencia a los familiares y alumnos de esos centros; esta posibilidad era la menos mala, pero Curro tenía interés en que entre el auditorio pudieran acudir sus viejos compañeros y amigos. Una alternativa que encontraron fue la oferta de un campo de fútbol, pero no se consideró conveniente ya que los espacios abiertos dificultaban en gran manera el ambiente coloquial.

Ino, el jefe del taller donde trabajaba Curro, fue quien, mediante una gestión acertada, logró proporcionarles la solución. A través de sus viejas relaciones con algunos empleados en la productora de automóviles donde trabajó, consiguió que, en el local de reuniones que la empresa disponía para uso de los trabajadores, se pudiera celebrar el acto. La capacidad de trescientas personas les pareció aceptable.

Una vez concertado el local, la tarea próxima consistía en dar a conocer la reunión a celebrar. Curro colaboró activamente junto a los afiliados que el partido tenía en la zona. Pegar carteles sobre todos los paramentos que los admitiesen fue actividad de varias noches.

El día catorce a las siete de la tarde era la fecha prevista para la reunión. La incógnita de la asistencia duró hasta el momento del inicio del acto. Al ser la primera convocatoria pública que realizaba el partido en la zona, se desconocía el grado de acogida que pudiera tener entre los trabajadores de esos barrios. Se confirmó el presagio de los más optimistas, y a la hora prevista se encontraba el local abarrotado de gente. Muchos eran obreros de la fábrica, vecinos del barrio, aunque no faltaron tampoco los que llegaron de las localidades próximas de Villaverde y Getafe. Existía en el ambiente laboral una cierta curiosidad por ver los planteamientos que esta nueva fuerza social ofrecía.

En la mesa que dirigía el debate estaban situadas cinco personas. Todos ellos tenían alguna responsabilidad en las tareas del partido concerniente a la zona sur de Madrid. Curro, entre bastidores se ocupaba de atender diversos detalles de la organización. Zinnia se situó entre el público asistente, acompañando a algunos conocidos, amigos de Curro. A ella le resultó agradablemente paradójico el que hubieran permutado las posiciones respecto a aquellas otras reuniones en que lo habitual fuera que ella tomara parte activa en la dirección del coloquio, mientras Curro, escuchándola se había ido poco a poco identificando con los pormenores de la ideología.

El debate-coloquio se centró en una exposición general de los objetivos del partido: La lucha contra la corrupción, la alternativa política al sistema, los nuevos planteamientos de la libertad ignerente a una sociedad de derecho, etc. que fueron delineados a grandes rasgos con un lenguaje claro y directo, que difería mucho de los tópicos y lugares comunes que los políticos solían utilizar en sus mítines.

Tras esa primera introducción, se entró en los planteamientos sociales, que eran el objetivo más próximo de la reunión.

La crítica a los sistemas liberales y socialistas se reflejaban por contraste con las exposiciones que vertebraban toda la política social en la persona, como sujeto, y en el trabajo, como valoración más radical de toda la política social.

- ... y es que tenemos que comenzar a ejercer el derecho que a todos nos asiste a tener un trabajo, una profesión, con la cual estemos insertos en la sociedad a la que pertenecemos, porque el derecho al trabajo no nos viene de que esté escrito en una ley, es nuestro primer derecho y deber de ciudadanos, de personas que componemos la sociedad, nuestra cuota de corresponsabilidad en la creación del mundo en que vivimos, igual que nuestra participación política es la cuota de corresponsabilidad de la construcción de la sociedad tal como la deseamos. Estos derechos son inalienables, no podéis dejar aquí que otros decidan en cubículos alejados de vuestra problemática soluciones económico-sociales ajenas a los intereses de vuestras familias. Recordar que no es el trabajo, ni la actividad ciudadana, la que deba estructurarse a la pauta que marque las conveniencias económico-capitalistas nacionales o internacionales, es el capital quien debe estar al servicio del trabajo, porque preguntaros ¿de qué serviría tener todo el dinero del mundo si no hubiera quien con su trabajo produjera los bienes que pudieran adquirirse? Por eso os repito la necesidad de reivindicar la primacía del trabajo sobre el capital, y la necesidad de que el capital sea tenido, por quienes lo hayan de poseer, no como un bien personal, para su propio provecho, sino como un bien social sobre el que han sido constituidos administradores, no dueños.

Augusto, quien tenía la palabra, era arquitecto, promotor de diversas cooperativas de viviendas, gozaba de una gran reputación en la zona. El mismo vivía en una de esas viviendas, y era autor de varios ensayos sobre economía y sociedad. Hace años creó e impartió clases en un sistema experimental de enseñanza profesional en régimen de alternancia dirigido hacia obreros de la construcción, que resultó a los pocos meses abortado por los celos que despertó en el aparato oficial de la educación.

- Y muchos -continuó- estarán pensando que estamos resucitando viejos marxismos caducos. No, porque no hemos perdido el objetivo de que es la persona el sujeto creador del desarrollo, y su libertad el ámbito que le permite germinar esa creatividad para poder ponerla en servicio de la sociedad. Y creemos en la economía de mercado como reflejo de la sana concurrencia de las diversas vertientes creativas. Pero en lo que no queremos caer es en la vieja concepción librecambista de que esa libertad y economía de mercado son los bienes absolutos de la política social, por encima del trabajo y la persona. ¡Libertad, sí. Liberalismo, no! No olvidéis que los postulados liberales fueron los que propiciaron la justa reacción de la clase social, quienes hubieron de ampararse bajo las únicas doctrinas que le ofrecían un asilo violento y utópico, pero el único que se creó. No creáis que con la superación del materialismo marxista se liquidan los desajuntes sociales que propiciaron su desarrollo. Los errores del liberalismo capitalista persisten, y hemos de recuperar todos los afanes nobles que en la llamada lucha social se han debatido a lo largo de los dos últimos siglos.

El público escuchaba con atención. Augusto tenía una forma de expresión que contagiaba credibilidad. Frente a un micrófono conservaba la misma naturalidad que le era reconocida por quienes más le trataban. Transmitía la seguridad de quien se cree convencido de la eficacia de los planteamientos que presenta.

- Nuestra es ahora la revolución, una lucha en paz y con orden. En paz porque nuestra fuerza es el apoyo solidario que encontramos en vosotros, lejos de imposiciones violentas que desdicen de la rectitud de quien las impone. Nuestra fuerza es la de vuestra razón. En orden porque defendemos una estructura social articulada, que se aleja de los mesianismos espontáneos que tantas inútiles y dañinas convulsiones originan en la sociedad. Nuestra oferta no es el parcheo electoralista, sino la coherencia de un sistema más justo, que vamos a imponer desde abajo con vuestra participación, haciendo entre todos un debate, con el común convencimiento de estar elaborando un nuevo orden frente al decadente estilo en que ha venido a caer el Gobierno y la política en este fin de siglo.

Tomó un breve respiro y continuó:

- Frente a los que se hinchan, como el sapo del viejo cuento, con la palabra "democracia", como si fuera un producto de su laboratorio, nosotros defendemos un concepto mucho más profundo: "estado de derecho". Porque no nos vale el raquitismo conceptual de quienes en "democracia" sólo buscan la legitimidad con que puedan avalarse para hacer de la política un medio de propio provecho; y ahí justifican todas sus injusticias, sus fechorías; en el fondo toda una actitud dictatorial como en muchos periodos de la historia ha sido ejercida por un partido legal. Nosotros, repito, defendemos un "estado de derecho", en el cual entre los muchos derechos está el del derecho al sufragio en todas las instancias de la vida política, pero también otros muchos, hasta configurar un sistema tal en el que la justicia de reconocer a cada ciudadano todos y cada uno de sus derechos sea una realidad.

Augusto realizó una pausa para beber un poco de agua.

- Pues es en ese ámbito -prosiguió- donde habéis de defender cada uno de vuestros derechos, hasta que sea una realidad su reconocimiento. Ahí os reclamamos vuestro apoyo para conseguir que sea una realidad el que todos tengáis un trabajo profesional y estable. ¡Qué hay que acabar con las doctrinas que exigen una tasa de paro como reguladora del mercado de la mano de obra! ¡Qué eso es inhumano! ¡Qué todos tenéis derecho a disfrutar una vivienda digna, sin que la mayor parte del coste de ella se la embolsen los banqueros! Y en los temas de educación, y cobertura social, no podemos quedarnos con los viejos esquemas pergeñados hace veinte o treinta años. Está casi todo por hacer, y para ello es necesario que recobréis el protagonismo que conspicuamente se os ha ido sustrayendo. Nuestro programa social es el vuestro. El que aúna todos las anhelos nobles que en una etapa de alternativas de crisis y desarrollo no veis consolidados. No hablo de utopías, es cuestión de tener conciencia clara de hacia donde hemos de orientar los recursos que genera nuestra sociedad; los recursos que generáis con vuestro trabajo y que hoy se reparten sin equidad.

En este momento el auditorio, que había escuchado en silencio con exclamaciones esporádicas de aceptación, rompió en un apretado aplauso. Se leía en el rostro de la mayoría de los asistentes una esperanzada satisfacción. El mensaje directo se había identificado con los anhelos de aquellos trabajadores tantas veces defraudados. En principio se hubiera considerado difícil levantar el ánimo de unas expectativas tan frecuentemente desengañadas, pero Augusto consiguió conectar con ese reducto que en el hombre siempre queda de ilusión.

El debate que prosiguió fue orientándose desde los aspectos de política social a los de la proyección de un nuevo Estado. Los temas referentes al federalismo, la república, la distribución del poder, la administración de la justicia... centraron las preguntas que desde los diversos ángulos del local se elevaron hacia los componentes de la mesa. Se palpaba que bajo la aparente apatía política, permanecía un substrato de rechazo al actual sistema que tenía avidez por las ideas reformadoras que se le pudieran ofrecer.

CAPITULO DECIMOSEPTIMO

La situación económica en España se enrareció durante los últimos años. En el recuerdo de la gente está la alegre situación en que vivió años atrás. Hasta 1993 la tendencia fue en general expansionista aunque con altibajos ocasionales. Con la incorporación a la Comunidad Europea, y la afluencia de capitales extranjeros a finales de la década de los ochenta, se alivió la aguda crisis de paro que en el periodo anterior azotó al colectivo laboral; pero esa reactivación quizá no fue bien conducida pues su repercusión fue muy desigual entre los diversos estratos sociales. Una nueva burguesía conformada por ejecutivos y financieros al servicio de las multinacionales, así como un sector profesional de perfiles no muy definidos, medrado a la sombra del oportunismo político, fueron los más favorecidos, hasta el punto de formar el cuerpo social más caracterizado del último cuarto de siglo. Su afán de competitividad, la escasez de escrúpulos, su alineación con el poder, su capacidad de gasto, fueron algunos de los rasgos que los constituyeron como nueva clase privilegiada de la sociedad.

Abajo quedaba una clase media engrosada por los profesionales menos cualificados, obreros, funcionarios, que tratando de emular en su capacidad de consumo a los de mayor poder adquisitivo, eran los más afectados por las subsiguientes crisis que el sistema generaba.

A partir de 1993, la economía occidental comenzó a apuntar los primeros síntomas de agotamiento. La superproducción de bienes, que constituía el entramado básico de la economía, sufrió un pequeño revés con la perfección alcanzada en los sistemas de automatización. La robótica que paulatinamente se introdujo, hasta límites insospechados en la década anterior, desplazó la concurrencia de mano de obra en los procesos de producción de bienes manufacturados. Esta situación causó efectos diferenciados en los distintos países. Los más capitalizados pudieron absorber el desplazamiento de la mano de obra hacia los sectores de servicios, no así los de economías menos transformadas que padecieron la incapacidad de recursos generadores de alternativas, lo cual se proyectó en un descenso del poder adquisitivo de los salarios, lo que, frenando el consumo, motivó un desajuste que hubo de saldarse con una fuerte subida en los precios.

En España, el efecto tuvo repercusiones especialmente relevantes. Entre los años 1988 y 1992, el Gobierno para favorecer su posición y recabar recursos, auspició la avenida de capitales extranjeros, que fueron adquiriendo la estructura más relevante de la producción nacional. En el periodo próximo a la entrada de los capitales extranjeros, el tirón que ello supuso para la euforia económica fue importante, pero el beneficio nacional producto de la venta de las empresas se dirigió hacia el sector financiero, quedando menguada la capacidad propia de producción. Cuando a partir del año 1993, se produce la recesión en la economía occidental, España se encuentra mal situada. Los beneficios de las empresas se dirigen hacia los países origen del capital, disminuyendo los recursos propios para hacer frente a la crisis. Es entonces cuando se deja ver la inconsistencia de la industria española, que en manos extranjeras, carentes de investigación y tecnología punta, como en siglos anteriores, se ve incapaz de competir en los mercados internacionales.

Mediado el año 1995 se recrudece el problema del paro, agravado por una fuerte inflación originada por la subida de los precios con lo que los agentes productivos intentan paliar los efectos de la recesión del consumo.

Una vez más el Gobierno cierra los ojos a la realidad, estimando los problemas como de mera coyuntura, cuando en verdad se trata del comienzo de la quiebra de su estructura económica más profunda. En cualquier caso busca no alarmar la situación, debido al debilitamiento de la posición política que en ese momento le ocupa.

En 1997 se manifiesta el primer síntoma agudo de crisis en el sistema de Seguridad Social. Frente al creciente monto de las pensiones a sufragar, la aportación de la masa laboral activa queda en precario. El aumento de la esperanza de vida, así como de los derechos pasivos contraídos en los últimos años por los que acceden a la tercera edad, origina el que el capital destinado a prestaciones haya superado desproporcionadamente a la posibilidad real de las aportaciones de trabajadores en activo, cuando éstos soportan una crisis en el empleo y en la capacidad adquisitiva de sus salarios. Mes a mes se acentúa la incapacidad por parte del organismo estatal de hacer frente a los pagos, lo cual se bandea a base de transferir aportaciones de la hacienda estatal.

En el Gobierno el mantenimiento del abono de las pensiones se considera vital, en tanto que un buen porcentaje de los votos que le sostienen proviene de ciudadanos jubilados. Durante años esa política ha servido, pero en las nuevas circunstancias de grave crisis, el desequilibrio en los gastos de Seguridad Social se hace alarmante, ya que absorbe el capital preciso para intentar una política de reactivación económica.

Así en 1998, encontramos que un progresivo empobrecimiento afecta a un amplio sector de la sociedad. El paro y la inflación reducen la capacidad real del poder adquisitivo de las rentas, que en la situación de precariedad de empleo no consigue que sean revisadas adecuadamente. Esta contingencia salva el colectivo de la nueva burguesía, cuyos beneficios ven aumentados considerablemente. Pero unos y otros, tanto quien puede como quien no, persiste en mantenerse dentro del campo de consumo y no dejarse amargar la vida por los eventos circunstanciales. El país vive aparentemente sin dificultad, como si no quisiera ser consciente de la gravedad que le envuelve.

CAPITULO DECIMOOCTAVO

José Angel y Zinnia acostumbraban, desde la desaparición de Bruno, visitar a María. Habitualmente se reunían los sábados por la tarde. Sara, la mujer de José Angel solía aderezar algún dulce en su casa para añadir a lo que preparaba María. Algunas veces acudía Curro, aunque con cierta irregularidad, pues prefería quedarse a estudiar y a última hora pasar a recoger a Zinnia.

A María la desaparición de Bruno la había hundido en una profunda depresión. Al principio, con la incertidumbre del paradero, se mantuvo en cierta tensión de ánimo, pero cuando las esperanzas se fueron desvaneciendo se hundió anímicamente. Decía ella lo duro que era perder al marido, y sin saber razón, causa ni paradero. Ni siquiera el consuelo de poder rezar ante sus restos. Por las noches soñaba que él llegaba a casa, pero el despertar rompía la ilusión y la sumía en la mayor de las soledades. Tan sólo la atención a los hijos la obligaba a superarse, aunque no le evitaba caer una y otra vez en la depresión.

Esta vez, a finales de Noviembre, han acudido Curro y Zinnia algo más tarde. Han tenido una reunión en el partido, sobre el controvertido clima político que ha creado el anuncio de la huelga general.

Ahora los cinco conversan sobre el tema.

- A mí me parece una postura arriesgada, hasta intrépida, por parte de los sindicatos, pero coherente con su viejo anhelo de que los trabajadores no sean meros instrumentos del proceso de producción. Lo que falta quizá es una doctrina que lo avale, que clarifique el camino; algo había que hacer para enfrentarse al absoluto poder del capital como única fuerza política.

- Recordar qué pasó con la huelga de hace diez años. Luego todo quedó como estaba.

- Aquella situación fue muy especial - intervino Zinnia-. Confluyó la mejora de la perspectiva económica, y en el fondo los sindicatos no plantearon una alternativa coherente. Creo que en ese aspecto la labor del Sindicato Independiente ha sido muy importante. Ahora no se trata de reivindicar dos puntos más en la concertación, sino de que sea reconocido el papel que a los obreros y empleados los corresponde en la cogestión de las empresas. Es curioso que haya de haber crecido en fuerza un sindicato profesional para que planteamientos como ese puedan haber aparecido.

- A mí me parece lógico - dijo Curro-, mientras todo la corriente sindical estaba en manos de sindicatos con cierta vinculación a partidos políticos, parece más lógico que hubieran sido los partidos quienes llevaran adelante esos planteamientos de progreso social. Mi padre dice recordar que ya en los años sesenta soñaban con esas aspiraciones, pero que entonces las entendían realizables a través del comunismo.

- Es que no es lo mismo estatalización y socialización que cogestión. Para mí el planteamiento es claro, no se trata de que todas las decisiones de empresa se tomen en asamblea; no es eso, lo que defienden los sindicatos ahora es que participando en la gestión de la empresa, puedan opinar en referencia a la proyección que para los trabajadores tengan las decisiones a tomar. Para mí es una revolución, pero una revolución positiva. Es el reconocimiento de una realidad: que quien trabaja es empresa.

- A mí me parece aún utópico - intervino María- porque la mayoría de la gente no tiene ninguna preparación, sólo va a ser una fuente de conflictos. Además, a la mayoría lo que le importa es cobrar a fin de mes sin calentarse la cabeza.

- Esa es la mentalidad a cambiar. En la medida que confieres una responsabilidad, hay que preparar a la gente para sumirla. Por otro lado, no es que todos los obreros vayan a estar presentes en el consejo de dirección, ya buscarán quien los represente; incluso quizá contratarán, en los casos de las grandes empresas, algún profesional adecuado.

- Mucho lío me parece a mí. Si no llegan a acuerdos entre los varios sindicatos y se tiran los trastos a la cabeza, ya me dirás.

- Nadie nace sabiendo -intervino José Angel-. Lo más interesante es que estamos ante la reivindicación de un derecho no reconocido por el liberalismo, pero bastante connatural con la propia noción del trabajo. Salvando las distancias, es como si en una familia las decisiones emanasen de quien aporta el dinero. Para mí, mandar sólo sabe quien sabe escuchar. Por eso, que en los consejos de dirección de las empresas estén para ser escuchados y tomados en cuenta los intereses de quienes la sacan adelante, me parece lógico. Además, hay que tener en cuenta que hoy en día la propiedad de muchas empresas anónimas está distribuida de tal modo que no es la propiedad quien realmente las gobierna, sino un ente de dirección que muchas veces se mueve por propios intereses ajenos a los reales de la institución. Pensar en un banco, en quien el mayor propietario a lo más que llega es al dos por ciento de las acciones en propiedad. Yo creo que es muy positivo el que los empleados estén al tanto de la marcha de la empresa, pues eso les confiere mayor responsabilidad. ¡Qué hay que cambiar muchos criterios caducos! ¡Qué hay que arbitrar otros modelos de educación! ¡Qué hay que responsabilizar más a la gente en que el trabajo es un servicio y no una frivolidad! pues habrá que hacerlo. Acordaos de cuando en España, siendo niños, nos decían que el sistema democrático era el mejor, pero que aún nosotros no estábamos preparados. ¡Patos al agua, nadie aprende a nadar en seco!

- Lo ideal desde luego sería que cada cual trabajase en su propio negocio, asumiendo el riesgo y el éxito. Pero creo que llevar a cabo todo eso que dices en una sociedad cada vez más estructurada en macrosociedades mercantiles, es casi imposible.

- Imposible no hay nada, -replicó José Angel- o casi nada. Yo lo que defiendo es que, precisamente porque está desapareciendo la empresa de estructura personalizada, es por lo que se hace mucho más necesario que esa nueva superestructura se humanice; si no, dentro de poco las decisiones se tomarán únicamente por criterios computacionales en cuyas referencias no figuren para nada los valores de las personas.

- Eso lo estamos viendo en las multinacionales y las políticas que dirigen hacia el tercer mundo. Pasan de cualquier planteamiento social, ecológico, moral; en vez de tener la mentalidad de servicio prevalece la de explotación. No es que defienda que se conviertan en instituciones de caridad, pero sí que eleven un poco el punto de mira del puñetero dinero.

- Si somos las personas -apuntó Sara- en nuestra vida privada las primeras en estar tan apegadas a lo poco, o a lo mucho, que tenemos, ¿cómo vamos a pretender luego cambiar de mentalidad cuando hayamos de disponer de grandes capitales?

- Pues contra esa visión egoísta se mueven ahora los sindicatos -intervino Curro-. Si no es posible cambiar la mentalidad de cada hombre de capital, cambiemos el marco político en el que sus intereses entran en juego.

- Además, la experiencia dice que lo que ahora escandaliza tanto, cuando realmente es racional y se asume, al cabo del tiempo, parece lo más lógico, como si toda la vida hubiera sido así. Cuantos preceptos de la vida político social actual les pareció un día un descalabro a quienes se los presentaban como reivindicación; ya veis, hoy, sin embargo, están perfectamente integrados.

- Lo que parece claro es que el Gobierno no está por la labor.

- ¿Y la UGT?

- Muy dividida. Es el eterno problema de la cadena de transmisión. Como los socialistas dicen que en la actualidad es una reivindicación que distorsiona la política social, dentro de su sindicato están los que siguen esa línea y los que defienden las reinvindicaciones como parte de su programa histórico. Es quizá el momento de máxima tensión entre partido y sindicato, que puede terminar con una escisión que divida entre los que siguen a ciegas las líneas gubernamentales y los que ya no tragan más.

- Yo detecto un problema de celos. Las reservas a apoyar los nuevos planteamientos creo que nacen de que hayan surgido en el congreso anual del Sindicato Independiente. Por eso matizan entre lo que de positivo puedan tener, y la inconveniencia de la huelga como plataforma de lucha para conseguirlos.

- Pero las bases si que están muy a favor.

- Naturalmente; aunque muchos sólo lo hagan como un medio de protestar contra la corrupción.

- Como fue hace diez años.

- Esta lo que es posible es que no sea tan pacífica. Todas esas diatribas que contra los convocantes está lanzando el Gobierno, no repercute más que para caldear los ánimos. En esto una vez más se equivocan.

- ¿Y qué van a hacer? -intervino Curro-. ¿Van a apoyar una huelga contra su mismo sistema? Para ellos lo importante es que tenga poca repercusión, y apuntarse un éxito. Y si salen perdedores, ya sabrán luego tergiversar los resultados; es su especialidad.

- Pero enconarse con que es ilegal, anticonstitucional, no va a ninguna parte. En todo eso no hacen sino aparecer como la voz de su amo: la patronal. A estas alturas ya se sabe que si se hace huelga, hay huelga, y parece trasnochado amenazar con expedientes, despidos y todas esas cosas.

- Es que atemoriza mucho a la gente. Si por un lado presionan con amenazas y por otro incordian con su sindicato, pueden chafar la huelga. La gente sigue teniendo miedo, especialmente en los pueblos, en las empresas pequeñas y la gente más mayor, otros hay que dicen: bueno, ¿y para qué?

- Están en su línea -intervino José Angel-. Lo que ocurre es que ahora no tienen tan amplio dominio sobre los medios de información, así que puede que no les baste, porque esa postura de fuerza que está adoptando va a ser muy contestada.

- Zinnia, ¿y vosotros? ¿qué postura vais a adoptar los republicanos? -preguntó María.

- Pues hasta la reunión del jueves del secretariado no hay una postura definida. Algunos opinan que es mejor mantenerse totalmente al margen; otros que debemos apoyarla. Desde luego a mí me parece que si precisamente las reinvindicaciones conectan con nuestro pensamiento, debemos mojarnos y apoyar; además activamente. Si la causa es social, me parece obvio que las fuerzas sociales nos pronunciemos y participemos.

* * *

Al igual que en la tertulia en casa de María, en otros muchas reuniones se comentaba el asunto de la anunciada huelga. Se argumentaba razones a favor, razones en contra. Lo cierto era que el país se encontraba convulsionado como no lo había estado desde hacía años.

CAPITULO DECIMONOVENO

La reunión parlamentaria para considerar la propuesta urgente del Gobierno acerca de la ilegitimidad de la huelga general, constituyó un éxito para los partidos que la promovieron. Los socialistas no tuvieron gran dificultad para sumar a sus votos los de los conservadores, con lo que, junto a una amplia mayoría, configuraron un espectro compacto de la postura oficial del país frente a la amenaza de la huelga.

La argumentación que habían presentado los socialistas se basaba en considerar que la exigencia laboral de participación de los obreros en la gestión de las empresas, desvirtuaba el principio de economía liberal que tipificaba la Constitución. Cierto era -como les acusaron en el debate desde la izquierda- que suponía una lectura sumamente estricta de los artículos constitucionales, contraria postura a la habitual, en que se consideraba que en la Constitución cabía todo.

La derecha había aprovechado el debate para realizar una dura crítica de la gestión gubernamental, en especial en materia económica, donde acusó al equipo dirigente de conducir al país a una inmediata bancarrota. También le hicieron responsable de la situación de tensión social, a la que calificaron de rebrote marxista. Catastrofistas o previsores, lo cierto es que al fin de su intervención anunciaron secundar la iniciativa gubernamental.

La exitosa actuación parlamentaria, felicitada desde muchos sectores, chocó en cambio con la inclinación natural de una gran cantidad de ciudadanos que entendieron su actitud como un acto más de tropelía caciquil. El argumento profundo de la huelga aún estaba en efervescente discusión, pero la actuación gubernamental fue en sí contestada por lo que suponía de limitación a la libre manifestación ciudadana.

A lo largo de los años, el anquilosamiento de las instituciones en torno a unas figuras menguadas en su atractivo había distanciado a los españoles de verse realmente representados a través de los cauces establecidos en el sistema. Esto se reflejaba paulatinamente en las votaciones, donde había disminuido la participación, pero sobre todo en la conversación diaria en la calle. Era verdad que los ciudadanos seguían acudiendo a las convocatorias electorales, pero en su mayoría no lo hacían por apoyar un partido o un programa, sino por temor a un triunfo del contrario.

Los días que transcurrieron hasta el 14 de Diciembre van pasando de una tensión contenida a una cada vez más explícita actitud de muchos sectores de secundar la huelga en un claro enfrentamiento al Gobierno, a las instituciones y al sistema.

La respuesta de los sindicatos a las argucias gubernamentales fueron de radicalización. Fuera de los sectores más leales al partido en el poder, el resto de los cuadros se reafirmaron en mantener la convocatoria, si cabe, con más ahínco y convencimiento que con que fue hecha. Pero mientras éste era el sentir de los grupos comprometidos, el simple trabajador se debatía entre la incertidumbre y el temor.

En el plano político el incipiente partido republicano se pronunció con rotundidad. Si la Constitución no permitía la transformación social hacia nuevos planteamientos progresistas era un indicativo de que había que reformarla. Este era el mensaje que se esforzó en transmitir a la sociedad. La falta de representación parlamentaria, que le situaba en el margen del interés para bastantes medios de comunicación, fue compensada por la atención que les prestaron desde el Expréss y otros vehículos de comunicación social más liberados del sistema. Lo cierto es que su radical postura de apoyo a la huelga, y la coherente defensa ideológica de las posiciones sociales que la sustentaba, hizo que ese partido se convirtiera durante unos días en el centro del debate, merced a las réplicas que desde las más diversas posiciones se le hicieron.

El Gobierno, asistido en la sanción parlamentaria, endureció sus posiciones en vísperas de la jornada anunciada. Los datos que les llegaban a través de las encuestas reflejaban una gran incertidumbre, lo que auguraba que si la decisión de las últimos momentos se volcaba hacia el sí, sería secundada en mayor número de lo que en un principio barajaron como posible. Se advertía asimismo que algunos sectores se polarizaban en torno a reinvindicaciones políticas que en los últimos tiempos permanecían latentes y que, como catapultadas por los ánimos, emergían solidarias a las motivaciones estrictamente laborales. Así, el día 12, por decreto, militarizó todos los servicios de transportes, y anunció sanciones contra establecimientos que secundaran la huelga. El mismo día fueron detenidos importantes dirigentes sindicales, en virtud de cargos contra el Estado un tanto ambiguos, como intento de abortar el último impulso de los sindicalistas sobre los trabajadores. Las setenta y dos horas que les permitía la legalidad mantenerles retenidos, habrían de impedir que el día 14 estuvieran en sus puestos. Todas actitudes avaladas en bocas oficiales por la defensa de la democracia y la libertad.

El día 13, de incierta calma, los comités de trabajadores respondieron a las medidas del Gobierno con asambleas en las cuales se produjo un apoyo unánime a la huelga, exigiendo la libertad de los detenidos y añadiendo la solicitud de movilizaciones en las calles en duro desafío a la actitud gubernamental. La tensión en el ambiente iba creciendo de hora en hora, y un país apático a la política meses atrás se había convertido en un hervidero de pasiones que superaba todas las previsiones.

El día 14, a sus cero horas, dejan de transmitir, en cascada y con margen de pocos minutos todas las cadenas de televisión. Su efecto psicológico se dejó sentir sobre la población. Muchos habían esperado hasta tal hora frente a la pantalla para ver cómo se planteaba la reacción, y el pueblo se acostó con la conciencia de la seriedad de la situación.

La mañana siguiente se despertó expectante. Fueron muchos los que se dirigieron hacia el trabajo con la duda de si acceder al tajo o permanecer al margen en alguna de las concentraciones concertadas. Había un cierto interés en conocer la posición de los compañeros. Otros, previamente decididos, optaron por quedarse en casa. La primera impresión que ofrecía la jornada era de relativo fracaso en la convocatoria. Los transportes dirigidos por personal militarizado funcionaron con fluidez. Las fábricas y los comercios de las grandes ciudades habían abierto sus puertas con una amplia protección policial requerida por los patronos. Frente a estas medidas, los grupos sindicales habían previamente rehusado cualquier medio de coacción sobre los trabajadores, su máximo interés residía en conocer el grado de apoyo que libremente sus compañeros les concedieran.

Las primeras horas de la jornada estuvieron presididas por la duda y la confusión. En muchas empresas los trabajadores acudieron hasta sus puertas y allí permanecieron. Realmente había tendencia a abstenerse de acceder al puesto de trabajo, pero era tal el ambiente de represalia creado por la propaganda gubernamental que muchos temían ser quienes quedaran al margen de la postura adoptada por la mayoría.

En el comercio, la afluencia de empleados fue algo mayor, aunque muchos minoristas, a los pocas horas de abrir sus puertas, rectificaban bajando los cierres.

Los trabajadores que a primera hora habían acudido hasta sus lugares de trabajo se reunieron en grupos que manifestaban por las calles su apoyo a la huelga; a cada hora ampliados por cuantos se iban agregando habían de sufrir las cargas de la policía, cuyo efecto era nulo pues a una dispersión seguía otra concentración con posturas más enconadas. Los diversos grupos fueron dirigiéndose hacia los centros de las respectivas ciudades, con lo cual el clima de confusión se fue adueñando de las capitales. Lo cierto es que las concentraciones se mantenían en un tono pacífico, profiriendo consignas contra la corrupción y en favor de la participación, siendo alteradas por las fuerzas de represión policiales.

En el principio sólo se produjeron actos de cierta violencia provocados por los huelguistas en contra de aquellos sectores, como los transportes, en que las órdenes de militarización yugularon de pleno la libre actitud de los trabajadores. Los cortes en las calles, los pinchazos de ruedas, fueron progresivamente colapsando el tráfico, cuando no también por el abandono que los conductores realizaron a mitad de los trayectos. De hecho, los servicios de transporte públicos fueron quedando sin servicio a lo largo del día, a pesar de los ineficaces esfuerzos de las autoridades civiles y militares por impedirlo.

Los estudiantes de Madrid se concentraron en la zona del proyectado y nunca construido paraninfo de la universidad Complutense. Hubo quienes aguardaron desde la noche anterior en una especie de acampada espontánea. Entre los estudiantes suponía la huelga una novedad en el ritmo académico, un acontecimiento extraordinario, una especie de fiesta excepcional. Durante el día, que se mantuvo con buena temperatura, se sucedieron improvisadas actuaciones musicales, así como pintorescas intervenciones para recordar Mayo 68, Tiananmen 89, o cualquier hito político juvenil.

Los universitarios intentaron realizar al filo del mediodía una aproximación al palacio del Presidente del Gobierno, situado en los terrenos de la universidad, pero fue tal la contundencia de la acción policial, con gases lacrimógenos, que se dispersaron de inmediato, sumándose algunos en grupos a los que por todas partes recorrían la ciudad.

Las noticias que se repetían en los espacios informativos de radio y televisión, únicos que se emitían, confirmaban la desigual repercusión de la huelga en los sectores urbanos y rurales; mientras en los primeros fue ampliamente secundada con formas más o menos violentas, en los segundos la incidencia fue escasa.

El ambiente reivindicativo, que a lo largo del día se fue exteriorizando, abarcó un amplio abanico de matices diversos. Mítines y asambleas, entrevistas y carteles se pronunciaban sobre la corrupción, la desigualdad, el paro, la autodeterminación, la república. El momento parecía como el desaguadero de un torbellino de opiniones que reflejaban el malestar contenido de años a la espera de una ocasión propicia para manifestarse.

CAPITULO VIGESIMO

El día después el tratamiento de la huelga en los medios de difusión fue muy diferenciado. Para los periódicos más tradicionales y las cadenas estatales de televisión, el hecho fundamental fue reseñar alteraciones del orden público. Según este criterio, la huelga había sido laboralmente un fracaso, tan sólo la violencia de los piquetes y las coacciones que impidieron el acceso de los trabajadores a sus centros laborales originaron que en las grandes ciudades se hubiera notado mayor incidencia. De cualquier modo, promediando valores a nivel nacional, las fuentes oficiales fiaban entre un diez y un quince por ciento el número de trabajadores que secundaron el paro. Mayor hincapié hacían estos medios en la continua alteración del orden público, suscitando -según su parecer- a la provocación, por parte de elementos terroristas anticonstitucionales de espectro fascista. Estaba claro que en la Administración algunos andaban nerviosos.

La prensa no afecta al poder ofrecía, en cambio, datos más objetivos. Criticaba el fracaso rotundo de las medidas tomadas por el Gobierno, al haber indirectamente causado el encrespamiento del ánimo de los trabajadores, en una jornada que en principio se presentó tranquila aunque no falta de tensión. Reflejaban los datos de participación, indicando como en los sectores industriales había sido casi total, con bastante incidencia en el comercio, y poca, casi nula, en el ámbito rural. A eso se ofrecían las lecturas más diversas, según criterio del comentarista, pero era unánime que el pulso había sido ganado por los trabajadores, aún más cuando a diez días vista la convocatoria se consideraba incierta.

Los analistas más profundos destacaron los aspectos de la generalización del descontento social y del afianzamiento en sus posiciones de amplios sectores nacionalistas, para quienes ya el sistema había perdido toda flexibilidad para el entendimiento. En el terreno político no se pasó por alto el que las tesis del pequeño partido Social-Republicano, el que más se había identificado con los planteamientos de la huelga, hubieran encontrado eco o contenidos comunes con bastantes de las críticas efectuadas al sistema.

Los sindicatos capitalizaron el éxito; a su criterio mermado en los datos cuantificadores por la excesiva presión gubernamental. Recabaron una auténtica alternativa social, y reconocieron el apoyo popular a la vieja reivindicación de exigir su participación en las gestiones empresariales. Claro que, a la vista de la posición de los poderes establecidos, se hacía evidente que mucho habría que luchar para conseguir que sus presupuestos fueran imponiéndose en la sociedad.

A instancia del Gobierno, el juzgado de guardia decide el secuestro cautelar de la edición del Expréss. Operación que se realiza en plena fase de distribución a los puntos de venta, a la hora del alba. El motivo tomado en cuenta por el juzgado es el editorial titulado "La hora de la Tercera República", en el que se pretende ver un ataque al sistema que raya el margen de la anticonstitucionalidad.

El editorialista argumenta la incapacidad del sistema para atender la demanda social y luchar contra la efectiva corrupción instalada en todas las instancias del poder.

Rezaban así algunos de sus párrafos:

"No debemos, una vez más, pasar por encima de los hitos que la sociedad marca como advertencia del divorcio entre gobernantes y gobernados, ignorando que debe realizarse una depuración integral del lastre que el sistema lleva acumulado en sus veinte años de andadura.

"Cualquier política que respete la justicia y las libertades puede ser lícita, pero deja de ser válida cuando se muestra incapaz de autogenerar el mínimo de honradez que el pueblo demanda. A un sistema que ha engendrado prepotencia, despotismo y corrupción, debe sustituirle otro sistema capaz de controlar las causas que han dado origen a este estado de cosas.

"Ayer, el pueblo español, con una inmensa dosis de bienhacer salió a la calle a decir basta; y entre las distintas lecturas que se harán a su reacción, la nuestra es la advertencia del requien para un Estado que ha quedado obsoleto. Con frecuencia se ha escuchado el lamento de quienes desde los distintos estrados del poder se dirigen hacia los que buscan "el desgaste de las instituciones". Sin estar en nuestro ánimo ser agoreros, hoy nos sentimos pueblo que lamenta el que las instituciones se basten para desgastarse por sí solas, hasta el punto de haber perdido toda sensibilidad de servicio en pro de los intereses de grupo de quienes las sostienen.

"Ante esta estructura de Estado carcomida, que mina la confianza democrática de un pueblo, no puede nuestra imaginación más que volar a la historia pasada de nuestro pueblo, y conciliar esta situación a los devaneos políticos que lastran nuestros dos últimos siglos de existencia.

"Por dos veces se intentó superar la crisis estructural con el recurso a un nuevo Estado, sin que las circunstancias imperantes dieran oportunidad al afianzamiento. Hoy quizá estemos a las puertas de realizar un nuevo intento de lograr encauzar nuestro porvenir político social a través de la constitución de un nuevo y auténtico estado de derecho, y quizá el único camino sea retomar el baluarte fallido de la concepción republicana.

"La tercera oportunidad quizá sea la de la vencida. La que posibilite la auténtica creación de un Estado Republicano moderno, progresista; con independencia de poderes, con representación federal; con legitimación democrática de todas las instituciones que respondan con responsabilidad ante el pueblo de todas sus actuaciones."

* * *

Zinnia acudió a casa de María totalmente indignada. Su cólera superaba a la de los directivos del mismo periódico. José Angel había sido detenido, y era quien más sereno se encontraba. Sabía que había apostado fuerte, que podría en apariencia perder, pero que obraba de acuerdo a su conciencia cumpliendo su deber. Sospechaba que, por otro lado, la retirada del periódico no haría sino que su editorial fuera mucho más conocida, pues de mil maneras se comentaría hasta confines más allá de los que con la simple publicación habría llegado. Era consciente que el verdadero objetivo del Gobierno estaba en hacerles callar su denuncia de la corrupción; en el fondo poco importaba al poder sus veleidades republicanas, o el marcado carácter social, lo que más ciertamente parecía herirles era las referencias directas a actos inmorales, como las denuncias que condujeron a la desaparición de Bruno.

Zinnia y María acudieron al centro policial donde se encontraba detenido José Angel. Allá estaba el abogado del periódico, Rodrigo, a quien aún no se le había permitido ver a su cliente. Todo discurría con una gran dosis de confusión. Según parecía, el juez que había decretado el secuestro del diario no había dado orden contra el director del periódico, pero éste se encontraba detenido por la acción policial, no se sabía bien si por haberse enfrentado a los policías que iniciaron la operación en la sede del diario, o por qué. Lo cierto es que unos agentes le habían trasladado detenido a la comisaría.

La reacción en el mundo de la información se volcó solidaria con el Expréss. Este periódico, afamado como audaz por los colegas, era muy estimado en el ámbito por su consideración hacia todas las ideas, al tiempo que mantenía una viva defensa de aquellas posiciones que consideraba de progreso. Quizá el aspecto que le hacía punto de mira de muchas iras era su denuncia de la situación de inmoralidad que se extendía por el país, que tratado sin demagogias le deparaba en cambio el aprecio de un sector renovador de la sociedad.

En los editoriales de días consecutivos se habló y comentó en torno al suceso del secuestro de la edición del Expréss. El criterio fue tan unánime que hasta un portavoz del Ministerio del Interior lamentó la sucedido, intentando desligar toda responsabilidad del ejecutivo en una decisión tomada desde la judicatura.

José Angel fue puesto en libertad a las treinta y cuatro horas de su detención. Sara, su mujer, y María estaban esperándole en la puerta de la comisaría. Entre una nube de fotógrafos y aplausos de los periodistas allí congregados subió al coche de Rodrigo, dirigiéndose los cuatro hacia su casa.

- ¿Qué tal te han tratado?

- Normal. Pero no me quitaba la impresión de estar como en una checa. He estado tranquilo, no os preocupéis. He tenido tiempo para reflexionar y salgo más convencido, si cabe, de que en el periódico no hemos escrito nada contra nadie que tenga los ojos abiertos. ¡Ah, María, me ha acordado mucho de Bruno! Casi sin querer me he encontrado más cerca de él, llegando a dos conclusiones: primera, toda esta trama contra nosotros está planeada por alguien que nos tiene mucho más temor del que imaginamos; segunda, que pasara lo que pasara, debió conservar el temple y la serenidad de quien sabe su deber cumplido.

- ¿Quién sabe si algún día llegaremos a conocer todo lo que le ocurrió?

- Al menos lo sabremos en el Cielo -apostilló Sara.

- Y acá mismo no dentro de muchos años.

- Yo casi he perdido la esperanza. Me gustaría por los niños. Se me hace muy duro el que todo lo que conozcan sobre la muerte de su padre sea que un día desapareció. Y qué más explicarles cuando te preguntan ¿y por qué?

- Algún día cuando sean algo más mayores y puedan comprender los motivos de la trama que se tejió contra él, se sentirán orgullosos. Bruno fue muy valiente.

- Demasiado -asintió María con los ojos humedecidos.

- Fue un ardid muy bien planeado, puede que no muy lejos del Gobierno -intervino Rodrigo, que conducía el automóvil-. Lo que sí me consta es que todo estaba planificado para crear la convicción de su viaje a Venezuela, y allá la difuminación de toda su estela. Pero soy de la opinión de que a Bruno le despacharon aquí.

- Estaba casi al final del asunto -contestó José Angel-. Si hubiera sido sólo por acobardarnos no habrían necesitado sustraer todos los documentos. Yo empiezo a sospechar que incluso creían que Bruno sabía más de lo que realmente sabía. Es muy posible que detrás de lo que estaba a punto de concluir en sus averiguaciones hubiera mucho más que nunca se sabrá. Es claro que fueron por él porque quisieron callarle para siempre. El que no dudaran en arriesgarse a realizarlo indica que era mucho lo que había que silenciar.

- Y lo consiguieron.

- Pero con el tiempo se sabrá. Quizá cuando sólo sea historia.

CAPITULO VIGESIMOPRIMERO

Las relaciones entre Curro y Zinnia se habían afianzado mucho en los últimos meses. El trabajo fijo en el taller de Ino a Curro le iba muy bien. Esto había repercutido en una maduración de su personalidad; se sentía capaz de valerse por sí mismo y abría perspectivas a organizar su futuro. Una cosa llevaba dando vueltas a la cabeza desde hacía algún tiempo: necesitaba a Zinnia a su lado. El la habría propuesto que se fueran a vivir juntos, pero sabía que no era ella mujer de fácil acomodación a esos planteamientos. ¿Y si se casaran? Le daba cierto temor. Una y mil veces consideraba que podría ocurrir que sus relaciones no fueran tan fáciles una vez juntos; al fin y al cabo ella salía de otro ambiente social, y aunque era cierto que había dejado la universidad para trabajar, de ello hacía poco tiempo y quizá pronto añorase algo de la comodidad que no podrían disponer. Claro que lo de hacer probatinas tampoco resolvía mucho. Si ella tenía intención de tomar un apartamento en alquiler para independizarse de sus padres, podría esperar a ver como se amoldaba a la nueva vida. ¡Pero él ya no podía esperar más! A veces echaba en falta aquellas relaciones con Mabel, pero reaccionaba considerando que con esas aventuras no iba a ninguna parte, para acabar concluyendo que lo que necesitaba era hacer suya a Zinnia. Al fin decidió proponerle que se casaran. ¿Cómo reaccionaría ella? Cierto es que habían comentado alguna vez el tema, más o menos en serio, pero ahora ya no se trataba de conjeturar ¿estaría ella dispuesta a dar el paso?

Este trasiego de ideas no las compartía con nadie, salvo con Ino, a quien le confió el asunto por conocer si le daría razones que le ayudaran a asentar una decisión. Ino había sido el confidente de sus amores con Zinnia, y siempre habías encontrado sensatez en sus consejos. Es curioso, pensaba Curro, pero había una similitud en los planteamientos que de la vida hacían Ino y Zinnia, así que resultaba muy sencillo que sintonizaran en muchas cosas que a él le parecían absurdas o inexplicables. Poco a poco, por eso, había ido confiando más en su amigo, el cual a su vez no hacía sino exponerle las razones en que se apoyaba su punto de vista, claro que, las razones casi siempre estaban cargadas de peso.

Eran fechas próximas a Navidad, y decidieron tomar una copa juntos. Ino que tenía cuatro hijos, algo menores que Curro, conocía bien las inquietudes de los jóvenes y las dificultades que a esa edad se tienen para objetivar los problemas y plantear las soluciones acertadas. Aunque su relación con Zinnia había sido escasa, por las confidencias de Curro había llegado a apreciarla, pensando que hacían una buena pareja. Sentados en un Vips, tras un rato de conversación Curro pasó a plantearle sus preocupaciones.

- Qué rollo es la vida -le decía Curro-, a veces no sabes por donde tirar. Y las mujeres, qué complicadas. Zinnia siempre me sale con ideas profundas; si yo me tomo la vida de un modo mucho más sencillo. En muchas ocasiones no sé si sintonizamos o, por el contrario, si somos de especies distintas. Además, ellas no ceden nunca. La verdad es que yo tengo ganas de vivir juntos; no por salir de mi casa, bueno, aunque algo también, pero sobre todo porque me apetecería estar habitualmente juntos, el saber que un buen rato no termina yéndose cada uno a su casa. No es que llevemos demasiado tiempo saliendo, pero creo que ya nos conocemos suficiente. Por mi parte va muy en serio.

- ¿Y ella, qué dice?

- No se lo he planteado así, pero parece que no está segura, o al menos siempre sale con que tenemos que prepararnos mejor. Yo creo que si nos queremos vale. ¿No estás de acuerdo?

- Eso es algo serio que tenéis que resolver entre los dos. ¿Habéis planteado el casaros?

- A mí me es igual.

- Pues es lo primero que debéis resolver. Si vas y le dices que se vaya a vivir contigo, así por la buenas, no me extraña que te diga que no. Es muy posible que ella vea que tú no tienes claro lo de casarse, y piense que es mejor esperar.

- Si yo no tengo reparos en casarnos, y por la Iglesia. Si eso es lo que ella quiere, estoy dispuesto. No creas que tengo reparos, para mí es accesorio.

- No es algo accidental. En la vida todo hay que hacerlo en serio, bien hecho, desde el trabajo hasta el deporte. Con más razón para una cosa tan trascendente. Mira, Curro, casarse no es solamente el convivir; es fundar una familia, el negocio más importante que recae sobre una persona. Pienso que cuando nos casamos, a todos nos mueve más el sentimiento del amor hacia la otra persona que cualquier otra cosa; luego te das cuenta que lo más importante no son los sentimientos sino la voluntad. Lo sensible crece y mengua, cambia y muda; si nos dejamos guiar sólo por eso nos abocamos al fracaso, porque quién te asegura que lo que hoy te gusta de una, no lo encuentras más apetecible mañana en otra. Lo que cuenta es tener una voluntad firme de hacer un proyecto en común para la vida. Los sentimientos son buenos compañeros de viaje, pero estamos perdidos si son ellos quienes nos marcan el rumbo.

- Si yo con todo eso estoy de acuerdo.

- Entonces ¿por qué tienes miedo a casarte?

- Miedo, lo que se dice miedo, no tengo. Es una simple precaución. Pero ya te he dicho que si hay que pasar por la vicaría, allá voy.

- Lo importante es que vayas consciente de a lo que vas. Que por otra parte no es nada tan tremendo, llevan los hombres casándose durante siglos y siglos. Parece que ahora nadie quiere comprometerse a nada que pueda suponer entrega, sacrificio, arriesgar no sólo lo que uno tiene sino su misma persona en una empresa; en el fondo, nadie quiere responsabilidades. ¿Cuáles son las consecuencias? Que con el tiempo uno empieza a calibrar qué ha hecho en la vida, y no tiene nada; ha ocupado su tiempo en muchas cosas, pero su vida ¿de qué ha servido? de relleno, sin apenas utilidad. Uno se deja llevar por el ambiente, los tiempos, las circunstancias; se deja llevar... se deja llevar... y acaba en el arroyo.

- Bueno -continuó Ino- creo que me he desviado del tema en que estábamos. A lo que iba. Yo te aconsejaría que te cases. Que hagas las cosas bien desde el principio. Si has tenido suerte de encontrar una chica maja ¡ale, para adelante! Recuerda que todo eso del amor, el cariño, las satisfacciones que son muchas, las ha puesto Dios para alegrar un poco el camino, pero no es el fin del matrimonio.

Curro le observaba fijamente y serio. Era como si le estuvieran descubriendo algunas cosas que algo le sonaban, pero que en boca de su amigo tenían más consistencia porque para él Ino era un hombre cabal.

- ¿Y entonces, cuál es el fin del matrimonio?

- Pues formar una familia, procrear y educar hijos. Yo lo concibo como un proyecto de Dios para cada hombre, una misión enraizada en la misma ley de la naturaleza. Por eso cuando se borra a Dios de la vida, todo se desmorona, no queda ninguna razón para hacer nada, es que si no hay un fin para el hombre desaparece toda razón de bien y de mal. Para ello existen hombres y mujeres diferenciados sexualmente, y ahí se entiende el amor, el gusto y el placer, como algo necesario para equilibrar los sinsabores que también aparecen; hay que aguantar y hay que perdonar porque lo que importa es ir trabajando día a día en conseguir esos objetivos por los que somos dueños de una vida. Y cuando pasan los años, me dirás, ¿no aparece la monotonía? yo creo que sí, pero también descubres que la vida sólo puede proporcionar una cosa, y ésa es la satisfacción por el deber cumplido. Te lo digo por experiencia. Ahí es dónde está el sentido de casarse por la Iglesia, en buscar la ayuda de Dios para una tarea que se convertirá en el centro de tu vida y que no es fácil de realizar. Si piensas que sólo con vuestro empeño vale, encontraréis la mar de dificultades.

Ino amontonaba ideas que quería trasmitir a Curro, como todo un paquete de proposiciones en las que apuntalar su ideal respecto a la vida. Estas le salían entremezcladas, pasando de un tema a otro, con lo que Curro se sentía algo confundido. Era claro que Ino ponía su mejor voluntad, aunque no estuviera dotado de un excesivo don para la ilustración.

- Yo lo que no quisiera -afirmó Curro- es que con los años llegáramos a parar como mis padres; porque yo, que he tenido que sufrir las consecuencias, creo que no es justo. Hay tantos casos así, que casi lleva a plantearse uno el no tener hijos; para que sean infelices, mejor es que no vengan al mundo. A Zinnia le gustan mucho los críos y ella quiere tener hijos, yo también, pero a veces pienso que hay que cerrar los ojos y no pensarlo mucho.

- A ver si vas a ser como un amigo de mi hijo mayor, que el otro día comentaba que tal como está el mundo, y él se refería a todo eso del desastre ecológico, de la contaminación, del peligro nuclear, etc., traer nuevas criaturas al mundo es un crimen. Me parece una postura cobarde porque lo primero es que la vida es un bien superior a todas las demás cosas, y si hemos sido nosotros quienes hemos desarreglado la naturaleza, hemos de dar la oportunidad a que las futuras generaciones, aprendiendo, lo hagan mejor. Lo mismo te diría a ti: lucha, pon esfuerzo en que tu vida sea útil para los que te han de suceder. Con tu buena voluntad y la ayuda de Dios, podrás formar una familia estable en la que todo marche bien. Mucho tiene que ver la soberbia, porque en el orgullo personal es donde se fraguan casi todas las desavenencias matrimoniales. Si pones voluntad en servir a los demás, si los dos dedicáis vuestra vida a empeñaros en sacar adelante vuestro proyecto común, la cosa funcionará, y los hijos crecerán felices.

- Pero tú lo pintas como si fuéramos casi perfectos. Yo no lo veo tan fácil. Es verdad que si te paras a pensarlo tienes razón en eso de que lo mejor que tenemos es la vida. Yo hace unos años habría dudado, hoy sí que tengo ganas de vivir, pero mañana no sé como pensaré.

- Pues no te pongas en lo peor.

- Tienes razón. Creo que toda nuestra generación ha crecido un poco acojonada para la responsabilidad.

- Es sobre todo por la comodidad. Habéis crecido tan arropados que cuanto supone sacrificio os da escalofríos. La verdad es que una vez metidos aguantáis como el que más, pero os cuesta haceros meramente el planteamiento.

- ¿Y a vosotros no os pasó lo mismo de jóvenes? Una vez mayores, se ven las cosas de distinta manera. ¿Tú no te lo pensaste bien antes de casarte?

- Tengo que reconocer que lo mío me costó. Pero lo de los críos yo lo planteaba de otra manera. A mí me preocupaba el que no tuviera para mantenerles, pero nunca la posibilidad de qué iba a pasar si luego resulta que no fueran felices. Respecto a los hijos uno transfiere su propia personalidad, yo, como me consideraba feliz, pensaba que lo normal es que ellos también lo fueran.

- ¿Y lo son?

- Tendrías que preguntárselo a ellos. Aparentemente sí. Con problemas como todos, pero nunca me han cuestionado por qué los traje al mundo.

- En el fondo, eres un tío con suerte. Creo que te lo mereces.

- Vosotros también.

- Ya me gustaría.

- Échale fe.

CAPITULO VIGESIMOSEGUNDO

El nuevo año se había presentado frío. En los últimos inviernos apenas nevaba sobre Madrid; ahora, durante tres días, el fenómeno atmosférico ha vestido la capital con un velo blanco. El transporte, renqueante, ha colapsado una vez más la ciudad. Los más afectados han sido los mendigos vagabundos y los que habitan una chabola, que aunque prohibidas, se extienden a lo largo de algunas vías de salida de la ciudad.

Casi toda la población había olvidado otras épocas en que la nieve era invitada habitual cada invierno. Los niños seguían siendo los únicos que se consideraban afortunados con el espectáculo. Aquí y allá se libraban combates con bolas apelmazadas, y en los parques, estáticos muñecos presidían plazoletas y parterres.

Curro, Roberto, Zinnia, Blanca y otros amigos habían pasado el puente del día de Reyes en Zaragoza. Los padres de Amós -antiguo compañero de facultad de Zinnia- tenían una casa de campo a la orilla del Ebro, y allá se habían retirado a pasar unos días de convivencia. Curro y Zinnia adelantaron un día el regreso con el fin de acercarse al Monasterio de Piedra que Curro no conocía y al que deseaba ir, más por pasar ese tiempo a solas con su novia que por las excelencias del lugar, teniendo en cuenta que en invierno sus encantos se encontraban mermados.

En el camino el cielo plomizo amenazaba tempestad. Hacía frío y dudaron si realizar su propósito o continuar viaje directo a Madrid. Tras algunas dudas decidieron seguir el plan previsto, llegando al Monasterio de Piedra hacia las once de la mañana.

Zinnia y Curro paseaban por el parque natural. El silencio ambiental se armonizaba con el murmullo, a veces estruendo, de arroyos y cascadas. Parecía como si tan sólo el agua fuera quien pusiera la voz. Algunos claros en el cielo permitían a ratos penetrar tímidos rayos de sol que se filtraban entre las desnudas ramas de los árboles; era como un alivio pasajero contra el frío que imperaba, más por impresión subjetiva que por efecto real sobre la temperatura. Conversaban en un tono bajo, como no queriendo romper la tranquilidad en que la naturaleza a su entorno reposaba.

Curro había planeado aprovechar este viaje para concretar con Zinnia sus planes para el futuro. Él estaba decidido a casarse, e intentaba conocer la correspondencia que su novia tuviera. De cualquier modo Curro quería forzar la situación, cada vez le animaba más la idea de vivir juntos.

- ¿Tú me quieres de verdad, Zinnia?

- ¿Lo dudas? Te quiero más que tú a mí. Quizá sea menos expresiva, pero el amor va por dentro, es algo como que ilumina todo cuanto haces, a mí me pasa eso.

- Pues si es así, podríamos casarnos. No me vengas a decir que todavía no estamos maduros, o que no tengo las ideas suficientemente claras sobre la vida. Ya seguiré aprendiendo después, si es preciso.

- Si no te he dicho nada.

Curro rió.

- Pero lo habrás pensado.

- Si lo hubiera pensado, entonces sí que te lo habría dicho. Pero yo también durante este tiempo he ido sacando conclusiones. Creo que sí, que podemos casarnos.

- Y yo que creía que me iba a enfrentar a un muro.

- ¿Por qué? Tantos motivos te he dado para ser pesimista.

- No, realmente no.

- Entonces, ¡si tú sabes que te quiero desde que empezamos a salir! Parecía necesario que nos conociéramos un poco. Todo el mundo hace así, lo que no significa nada más que eso: ver si la cosa funciona.

- Desde que te vi en el hall de aquella oficina, me quedé prendado de ti. Fíjate lo bueno que fue que no me dieran trabajo, así me llamaste tú. Aquella llamada es la mayor alegría que tengo constancia de recordar en lo que llevo de vida. Me dio un vuelco el corazón.

- Son los extraordinarios caminos de la casualidad. ¿Y a mí? ¿por qué me entró la vena de vender libros? ¡Qué buenos ratos pasamos! Te acuerdas cuando fuimos a vender la enciclopedia el cuartel aquél de los militares y nos salió un brigada gordísimo al que al agacharse se le rompieron los pantalones; el hombre se puso tan violento que nos despachó sobre la marcha y nos chafó la operación.

- Y aquella otra vez en que se te abrió la carpeta de apuntes al salir del vagón del metro y se te desparramaron todos los folios, unos dentro y otros en el andén; allí recogiéndolos sin poder salir el tren.

- Menos mal que la gente nos ayudó.

- Algunos, que la mayoría se partían de risa.

- ¡Que apuro!

Callaron un momento. El cielo se había cerrado más y comenzaron a caer algunas finas gotas de agua, que apenas les molestaron en principio. Bajaron a la gruta del trasdós de la "Cola de Caballo" y fuertemente abrazados, como quienes se quisieran fundir un uno, siguieron caminando hasta que llegaron a una laguna cuajada de vegetación acuática. Aquel remanso de agua acentuaba el silencio. Se sentaron en un banco de madera ignorando el frío con el calor de sus besos. Entremezclado con el lenguaje de los gestos y los silencios, siguieron conversando.

- ¿Entonces, para cuando organizamos la boda? -apuntó Curro.

- Ah, pues no sé. Si nos vamos al apartamento que he alquilado, poco nos costará adecentarlo un poco. Comprar una casa hoy se nos haría imposible; nos obligaría a aplazarlo hasta Dios sabe cuándo.

- Comparto tu opinión, a mí me gustaría no tener que esperar más de lo necesario, o sea, que lo hagamos lo antes posible. ¿En primavera?

- ¿Y por que no antes? Podría ser en San José -propuso Zinnia-. Siempre me ha caído bien ese santo.

- Quedan dos meses.

- ¿Te parece muy precipitado?

- A mí no. Por mí nos casamos hoy aquí mismo. Buen sitio sí es.

- Pero tonto, estas cosas llevan un trámite. Hay que hablar con la parroquia, preparar papeles. También nos tendríamos que preparar un poco espiritualmente. Tendrás que confesarte para empezar bien la cosa -indicó Zinnia, con cierta timidez.

- ¡Uf! Ya sabía que me saldrías con esas. Pero tienes razón; lo mismo me dice Ino. Lo que pasa es que para un hombre como yo, con la vida que he llevado no es tan fácil. Se va a escandalizar el cura.

- Todo lo contrario. Lo que importa en la vida no es lo que uno ha hecho, sino cómo está dispuesto a enfocar su futuro. Lo que marca el verdadero estado interior en el presente.

- Lo pensaré. El otro día Ino me trajo un librito sobre esos temas. Lo he empezado a leer y es interesante. Aunque todo eso siempre me pareció un tanto oscurantista, resulta que acabas encontrándole su sentido; el libro lo plantea en un plan tan positivo que te hace pensar a qué has estado todo el tiempo atrás. Te prometo que estudiaré el asunto.

- Estoy pensando -dijo Zinnia- en el susto que se van a llevar mis padres. Me lo estoy imaginando. Para ellos lo nuestro siempre a sido una tontería. Cuando les interesa, te tratan como una niña lista, y para otras cosas como si fueras retrasada mental; o sea, que o les sigues la corriente o no puedes tener razón. Por más que he intentado, nada. Ellos están en las suyas de que tengo que volver a estudiar, dejar la política y buscarme un novio rico.

- Con los míos ya veremos. Tal como están las cosas en casa no estamos para fiestas.

- Pues no organizamos fiesta. Mira, un problema menos. Te advierto que a mí lo que más me gustaría sería casarnos en una ermita chiquita y con los pocos amigos que sabes que están allá de corazón.

- Pues bien, esta semana comenzamos a buscar un sitio. ¿Se te ocurre alguna iglesia como esa que dices?

- En Madrid hay algunas. También podríamos hacerlo en la cripta de la Almudena. Aunque es tan sombría, tiene encanto.

- Donde tú quieras, a mí, como puedes suponer, me es totalmente indiferente. Donde más te guste.

- Pues podemos intentar ahí, en la cripta de la Catedral. A los pies de la patrona de Madrid.

- Pues mañana nos acercamos a concretar. ¿Nos pedirán muchos papeles?

- Supongo que las partidas de estar bautizados. No tengo experiencia, nunca me he casado con anterioridad -añadió Zinnia bromeando.

- Pues yo estoy bautizado de milagro. Parece ser que mis padres en principio no querían, pero mi abuela les dio tanto la lata que al final accedieron; luego me han confesado que estaban contentos de haberlo hecho, "por si acaso" solía decir mi padre.

El chiriviri que al principio era de muy poca intensidad, se fue convirtiendo en un aguanieve cada vez más cuajado. Curro y Zinnia abandonaron el banco donde al principio estaban algo resguardados, pues ahora empezaban a mojarse en serio. Se sentían, no obstante, totalmente dichosos, rodeados de la exquisita tranquilidad del ambiente. A la vera del caminillo, sobre algunas plantas, comenzaban a apuntar las blancas manchas de nieve.

- Se está poniendo el tiempo malo. Vamos a tener que emprender el regreso antes que esto empeore, tal como va nos podemos quedar bloqueados.

- Sí. Menos mal que llevo las cadenas.

- Pues por no tener que ponerlas daría cualquier cosa.

Viajaban en el coche de Zinnia. Apenas montaron, la calefacción desentumeció sus piernas. Comenzó a nevar con más intensidad, aunque de momento, sin llegar a cubrir la carretera.

- ¡Qué a gustito se está aquí!

- Si nos descuidamos nos coge de lleno.

- Espera a ver como está más adelante, nos queda mucho para Madrid.

Tenían que avanzar despacio porque, conforme el tiempo corría, la nieve comenzaba a dejar huella sobre la carretera con un tenue velo que se chafaba al paso de las ruedas del vehículo. En la carretera había poco tráfico, apenas se cruzaban con otros automóviles, que al igual que ellos, mantenían una prudente velocidad. El erial a derecha e izquierda de la calzada se iba tapizando de blanco, más allá una nube gris confundía la tierra con el cielo. De mucho en mucho trecho, al girar una curva, se podía divisar un pueblo de aspecto apagado que se amontonaba, como si tuviera frío, a la vera de la carretera.

Zinnia aplicaba su atención a la conducción. En alguna curva el coche se había dejado ir ligeramente de la trayectoria ordenada, un aviso que Zinnia no tomó en vano. Curro miraba el monótono paisaje; le gustaba ver nevar. En su interior sopesaba el poco tiempo que les restaba para casarse, no pensaba él que fueran a fijar una fecha tan próxima. Todo había ocurrido casi sin pensarlo. Sí, realmente tenían que darse prisa para preparar todo y comunicarlo a los amigos, más de uno se iba a sorprender.

- Iba pensando -dijo de pronto Zinnia- si nos amoldaremos bien a vivir juntos. Por mucho que nos queramos no deja de ser un cambio radical en la vida. Después si tenemos niños... ¡oh, qué divertido! Es como embarcarse a una aventura. Lo veía venir y no acababa de creérmelo.

- Es curioso, yo casi iba pensando lo mismo -replicó Curro-. Te lo has imaginado muchas veces, pero ahora cuando lo ves real y próximo parece que se agiganta la responsabilidad y todas las demás circunstancias. ¿No te da un poco de miedo?

- ¿Miedo? no. Al fin y al cabo es lo más natural del mundo. Yo creo que lo que más pesa es todo eso de los preparativos, pero como vamos a ir a lo imprescindible tampoco será tanto.

- A mí lo que me acojona, aunque sólo sea un poquito, es que luego nuestro amor no sea tan fuerte, nunca se sabe. Ya ves que te soy sincero. Se oyen tantas cosas por ahí. Es precisamente luego, después de la boda cuando comienza lo bueno, lo difícil. Claro que contigo todo va a ser muy fácil.

- Cualquier nueva situación exige esfuerzo, pero de los dos. Es muy posible que eso pase incluso si te toca la lotería, hay que acomodarse a las nuevas circunstancias.

- Lo que me tienes que prometer es que seguirás con todos tus trajines. No quiero ser yo quien estorbe ese montón de cosas que te gusta hacer en la vida. Todo lo contrario, en mí encontrarás tu más fiel animador.

- Eso lo irán marcando las circunstancias. No olvides que vamos a tener otra ocupación más: la de nuestra familia. Esa será la más responsable de todas: criar a los niños y educarlos. También es como una profesión y una gran labor. Cierto es que hoy en día cuidar la formación de tus hijos exige luchar por mejorar el ambiente social. Casi, casi, son hijos tuyos el cincuenta por ciento y de los medios de comunicación otro cincuenta por ciento. Por mucho que te esfuerces, como el ambiente no ayude, no te mueves más que en conjeturas. Eso sobre todo es lo que me anima a seguir en la política.

- Cuando ganen los vuestros vais a empezar a arreglarlo.

- Ya quisiera, pero la sociedad es algo que se mueve tan lentamente, al funcionar por hábitos cuesta mucho cambiar. Primero es necesario madurar intelectualmente, y luego, suponer que se está dispuesto a ser consecuente con la nueva experiencia, porque a veces cuesta y aunque se quiera las fuerzas no dan para más.

- Pues la culpa de casi todo es vuestra, de las mujeres. Los hombres os seguimos casi a pie juntillas lo que marcáis. Al menos en las cosas de ambiente y sociedad. Cuando la mujer va por buen camino arrastra al marido y a los hijos. Pero últimamente es que hay un desmadre.

- Nada de eso. La responsabilidad es por igual de hombres y mujeres. Lo que ocurre es que antes todo el sacrificio tenía que ponerlo la mujer, y el hombre con traer la nómina a casa bastaba, luego él podía hacer lo que quisiera, y eso tampoco es. Así que la mujer le ha imitado para que veáis a dónde se puede llegar.

- Le ha imitado y se ha pasado -interrumpió Curro-. Yo no te discuto que los dos deban ser leales y que la fidelidad les atañe por igual; lo que quiero decir es que la influencia de la mujer en la sociedad, al menos en el ámbito de las costumbres, es mayor y que cuando cae arrastra tras ella más gente. ¡Y no te digo en la familia! La que acaba consiguiendo que una familia se mantenga o se venga abajo en el ochenta por ciento de las veces, quizá incluso más, es la madre.

- Bueno, quizá tengas algo de razón. Pero entre nosotros dos todas las responsabilidades al cincuenta por ciento. ¿De acuerdo?

- Vale, vale. Si las que mandáis sois vosotras.

- Si encima tendremos la culpa de todos los males del mundo.

- He dicho de los males y de los bienes. No me taches de injusto.

Había amainado la nieve, ahora rodaban por la autovía cuyo firme permitía conducir con una mayor distensión. La nieve había cuajado sobre los campos y los tejados de los pueblos. Pararon a merendar en Medinaceli. Se echaron unas bolas mutuamente. Estaban contentos, ¡muy contentos!

CAPITULO VIGESIMOTERCERO

En casa de Zinnia la primera que supo del compromiso de boda fue Juana, la cocinera que llevaba tantos años con la familia como los que tenía la "niña".

- Me alegro mucho, señorita. Aunque sus padres se van a subir por las paredes. A ellos no les gusta ese chico, porque no es de su clase, ¡ni que Dios sellara las almas por categorías! Si la quiere, y usted a él, hacen bien en casarse, eso es la mayor riqueza que se lleva al matrimonio; además, como usted es un poco especial, no iba a enamorarse de un standard de la sociedad emperifollada.

- ¡Oh, Juana! Si le conocieras bien. Curro es muy distinto de lo que aparenta. Tras esa fachada un poco brusca, hay un hombre sensible, delicado, tenaz, sencillo. Un hombre con el que se puede convivir. ¿De qué me valdría un tío rico si fuera egocéntrico, vanidoso...? Eso es lo que no comprenden mis padres. Qué hay buenas personas también entre mis amigos de la facultad, claro que sí; pero sabes lo que te digo, que esta sociedad consumista estereotipa gentes más atractivas por lo que tienen que por lo que son, a mí me interesa todo lo contrario, si no con haber seguido en la onda de la familia todo habría salido rodado. ¡No me da la gana! y si mis padres se cabrean, peor para ellos.

Zinnia terminó sus palabras exaltada. Era cierto que había pocas cosas que la excitasen tanto como la conceptuación de las personas en relación a la clase social en que se desenvolvían. Defendía ella que la evaluación de las personas, si había de hacerse, debería responder a criterios de justificación de honradez y otras virtudes, en lo que el individuo es capaz de ser por sí, y no de situaciones heredades de fortuna o posición ajenas en todo a méritos personales.

- Si es que usted es muy idealista -le decía Juana- la última romántica; así no es fácil que la correspondan en esta sociedad.

- Por eso paso totalmente de este ambiente.

- Sí, hace bien. Sabe que yo siempre la he admirado. Lo que quiero decir es que no pretenda usted cambiar las cosas de como siempre han estado.

- Al menos si yo no lo comparto ya hay una menos; aunque no basta. Tendremos que luchar mucho, pero mientras no consigamos mucha más equidad seguirá pesando una lacra en la sociedad.

- Tantos lo han intentado sin conseguir nada.

- ¿Y cómo habría estado en mundo sin lo que esos aportaron?

- La verdad es que podría estar peor. Démonos por contentas.

- ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¡Ah, sí! con que si mis padres no aceptan a Curro. Bueno, a mí me gustaría que lo apreciaran, porque se lo merece. Te advierto que más salen perdiendo ellos, porque en Curro podrían encontrar la referencia que les hiciera reflexionar de cómo la vida no es tal como se la han montado.

- Le doy la razón en todo lo que dice, pero entiendo que sus padres hubieran hecho otros planes. Si ya con abandonar los estudios les dejó tan consternados, ahora sí que la van a tener buena.

- No llegará la sangre al río. Al fin y al cabo como son adictos a la filosofía yanqui del consumismo, también podrían considerar lo que ésta dice en torno a que cada persona haga con su vida lo que quiera.

- Pero para unos padres siempre sus hijos son sus hijos, y proyectan en ellos sus ideas. Tendrá que estar conmigo en que en eso no se distinguen mucho de los demás.

- Puede ser.

Juana, en el fondo estaba contenta de que Zinnia se casara con un hombre que parecía hacerla tan feliz, aunque en su interior tenía una cierta reserva de si todo no se debería a una obnubilación de la niña, que hubiera idealizado un tanto en exceso a su amigo. Juana no conocía personalmente a Curro.

* * *

Era sábado y en casa de Zinnia se reunían a comer con su hermano Sergio que había venido de Estados Unidos a pasar la Navidad, y partiría de regreso al día siguiente.

Zinnia había escogido ese momento, en que se encontrarían reunidos la familia, para comunicarles su decisión de contraer matrimonio con Curro. La noche anterior apenas durmió pensando en cómo acogerían sus padres esa noticia. Sabía que no les iba a ser de agrado, y estaba algo nerviosa.

Esperó la sobremesa para exponerles sus planes. Estaban tomando café. Ya en la comida había surgido el tema de sus estudios, asunto en el que Braulio volvía a hacer hincapié cada vez que se le presentaba oportunidad.

Ahora es Zinnia quien dirige la conversación.

- Quería daros una noticia. Curro y yo vamos a casarnos.

Así de escueta, de forma casi telegráfica, abordó el tema. Braulio y Montse automáticamente, como guiados por un resorte, fijaron la mirada en su hija.

- ¿No estarás hablando en serio? -dejó caer Montse, quien bien sabía que su hija no se andaba con bromas en temas de semejante índole.

- Totalmente en serio. Lo decidimos la semana pasada. Ya tenemos hasta la fecha fijada: el próximo día diecinueve de Marzo.

- ¿Pero estás loca? Vamos, que así, de pronto.

- Algún día tenía que llegar, hemos decidido ir por lo rápido. Si nos queremos, ¿a qué esperar?

- Una decisión así -tomó la palabra Braulio- no se puede tomar a la ligera. Yo ya no me meto a que ese chico te guste; pero de ahí a que os caséis sobre la marcha, me parece una falta de responsabilidad. Una cosa es que seáis buenos amigos, que lo paséis bien cuando salís por ahí, y otra que os unáis por vida. Me parece, con todos los respetos, una insensatez. Hija, desde que ese chico se te a cruzado no aciertas a dar una a derechas. Primero, dejas la carrera; luego, que te vas de casa; ahora vienes con que os casáis. ¿No te parece que vas tan de prisa que no te queda tiempo de valorar la realidad en que te mueves? Andas alucinada, y eso es síntoma de un enamoramiento, pero de los que pasan en poco tiempo.

- ¡Dios no lo quiera! -respondió Zinnia-. Estoy de acuerdo contigo en lo del enamoramiento, si no, no nos casaríamos. La que no comparto es la idea de que sea algo pasajero. Lo tengo muy claro y muy bien pensado. Lo que ocurre es que en vuestro esquema de pensar no encajan las cosas de la misma manera.

- Y ¿no estás dispuesta a escuchar el parecer de tus padres, y a dejarte aconsejar? -añadió Montse.

- Si ya sé vuestra opinión de antemano. Es como si os conociera mejor que vosotros a mí. Lo único que ocurre es que no aceptáis a Curro, y de ahí todo lo demás.

- ¿Pues cómo le vamos a aceptar si no hace más que complicarte la vida? Desde que le conociste te has puesto del revés. Quieres más razones para que no sea de nuestro agrado. Es quien te está llevando a la ruina y quieres que le hagamos sin más hueco en la familia. No, hija mía, por muy carcas que nos consideres, aún no estamos locos.

Se hizo un breve silencio. Ya con anterioridad Zinnia había intentado llevar a su casa a Curro para presentárselo a sus padres, pero había sido inútil. Por eso no le sorprendía ahora la opinión de su madre, había venido con la mentalidad de que escucharía cosas parecidas. No buscaba una aceptación, ni que de pronto sus padres mudaran las ideas que se habían forjado de su novio. Ella iba a lo suyo, a comunicarles una decisión que había tomado, y que con o sin su conformidad pensaba llevar adelante.

Sergio rompió el silencio, como intentando distender el ambiente.

- ¿Y para qué os vais a casar? si lo que ahora se lleva es irse a vivir a ver cómo va, y luego más adelante, según os resulte, podríais formalizarlo.

- No, eso tampoco, -intervino Montse- lo que no hay que darle es cuerda al muchacho.

- Pues es la única manera de ver si en los que andan estos puede salir adelante. Peor será que una vez casados tengan que dar marcha atrás, eso es más frustrante.

- Creo que los que estáis un poco idos sois vosotros -replicó Zinnia-. Si nos hemos decidido es porque lo tenemos bien pensado, y a vuestro pesar, que parecéis unos bárbaros, estoy segura que vamos a ser felices. Lo que más me sorprende es que le crucifiquéis sin conocerle siquiera. ¿O es que la valía de los hombres la da el nivel social? Claro que aunque le conocierais todo en él serían faltas y defectos, pero por vuestra poca objetividad repleta de prejuicios burgueses. ¡Dios mío! ¡Si es que parecéis decimonónicos! ¿Acaso vosotros tuvisteis que tomaros a prueba? Quizá lo que os pasa es que os habéis olvidado lo que es el amor.

Montse con el pañuelo se secaba las lágrimas que le surcaban las mejillas. Braulio estaba más sereno, sobre todo daba vueltas a la idea de que con el matrimonio de su hija se esfumaban las pocas esperanzas que le quedaban de que su hija llegara a ser médico. El, de un modo inconsciente, había ligado su oportuna felicidad a que alcanzara éxitos profesionales. Braulio, que con el paso de los años había sufrido un cierto desencanto en sus relaciones matrimoniales, cada vez ligaba más su existencia a la profesión, y había llegado a convencerse que eran éstos, y no otros, los que en la vida procuraban, si no la felicidad, al menos la necesaria satisfacción para sobrellevar la existencia.

Sergio seguía la conversación un poco desconcertado. Por una parte le parecía normal que si su hermana había encontrado un chaval majo se fuera con él; por otra, consideraba que todo esto de casarse en serio estaba superado. Aunque en su casa había recibido formación cristiana, tanto el ambiente de relajación que se le había contagiado, como los años que llevaba en América, donde había tenido varios romances, le conducían a pesar que había soluciones más simples. Eso de que su hermana se comprometiera de aquella manera, le parecía absurdo; si aún no se habían soportado viviendo juntos, cómo podían estar seguros de que lo suyo iba a funcionar. Él había tenido varias aventuras con americanas en el apartamento en que vivía y ninguna había superado los tres mesas de prueba. Pensaba que aquí, en España, aún las cosas se debían conservar algo diferentes.

- Braulio intentó mediar-. Quizá lleves razón, Zinnia, comprende que nosotros vemos las cosas de otra manera, aunque cabe que seamos los equivocados. Es que así, de repente, que te vas a casar, y como quien dice ya, es un poco fuerte. Podríamos hacer las cosas con un poco más de calma; retrasar unos meses para que os conocierais mejor; de alguna manera eso nos haría a todos reflexionar un poco. Aunque cosa vuestra, podríais contar también con nosotros, pues de alguna manera nos afecta. Habla con Curro, replantearlo así, dándoos más tiempo. Al fin y al cabo sois jóvenes y no tenéis prisa.

- Mira, papá. Si lo hemos decidido así es porque nos ha parecido lo mejor valorando todas nuestras circunstancias. No me pidas que lo retrasemos porque no lo vamos a hacer.

- Pero para casaros necesitaréis dinero, y unos preparativos. No es como quien va y se compra un traje -interrumpió Montse.

- Es que vamos a hacerlo en plan tranquilo. Ya hemos apalabrado la iglesia. De convites, pompas y todo eso, nada. Si nos vamos unos días de viaje, que aún no lo tenemos decidido, será en plan tranquilo, lo que nos dé lo poco que tenemos ahorrado, no necesitamos más.

Braulio y Montse conocían que no era fácil que su hija cediese en sus pretensiones. Cuando a Zinnia se le metía algo en la cabeza era muy difícil de hacerla rectificar. En los últimos años había desbaratado uno tras otro todos los planes que habían concebido para su hija durante años.

Juana entró en el salón a retirar el servicio del café. Se palpaba la atmósfera del desacuerdo previsible. Nadie hizo ningún comentario mientras ella estuvo presente; cruzó una mirada con Zinnia, que tranquila le esbozó una sonrisa mientras la ayudó a disponer alguna taza sobre la bandeja. Los demás suponían que Juana ignoraba por completo el asunto que habían tratado, ella en cambio advirtió que el desenlace no había sufrido variación del supuesto previsible: Zinnia una vez más había hecho valer su carácter.

CAPITULO VIGESIMOCUARTO

Las dificultades que Zinnia encontró en su casa no movieron su decisión de mantener la fecha acordada con Curro para celebrar su enlace. Es cierto que la hubiera gustado una mayor comprensión hacia sus sentimientos, pero era tanto como pedir a sus padres que hubieran renunciado a los prejuicios que tenían arraigados por su concepción de la vida. También Curro trasmitió la noticia a los de su casa. Hoy juntos comentan las incidencias en uno y otro lugar.

- Sí, así fue -relataba Zinnia-, mi madre llorando, mi padre aferrado con que diéramos tiempo. Vamos, tratándome poco menos que de loca. ¡Qué difícil hacerles ver que los que desvariaban eran ellos! Todo porque son incapaces de ponerse en nuestro lugar, de entender que algo tan sencillo como quererse dos personas no sabe de clases ni de escalas sociales. Seguro que si lo ven en el cine les habría parecido tan moderno, pero en cuanto les toca de cerca es otra cosa. En el fondo piensan sólo en el dinero, aunque no se atrevieron a mencionarlo, en su interior están convencidos que vas por su dinero. Como no tienen otro esquema mental que vaya más allá, todo lo calibran desde esa perspectiva. Es triste que estén tan cogidos por el vil materialismo, sin que puedan llegar a comprender que la vida tiene otros alicientes más sugestivos. ¿No te parece?

- Pues no te cuento como me fue a mí. Todo lo contrario, no en el fondo, que casi es lo mismo, sino en la forma.

- ¡Cuéntame, cuéntame!

- A mi padre, que estaba como siempre un poco colocado, no le dio por otra cosa que por decir que había pegado un buen braguetazo. Mira que le aclaré que me casaba contigo y no con tus padres, pero como si nada. Mi madre qué si me había vuelto tarumba por casarme con todos los parabienes y por la Iglesia; qué si eso era comprometerme inútilmente y hacer gastos tontos. Mi padre, vuelta a insistir que sin boda el braguetazo no surte efecto, y los dos intentando insinuarme si te había dejado embarazada, que si por eso lo hacíamos con prisa. Luego empezaron con que si no estaba preparado, que todo era un capricho tuyo. ¿Tu crees qué esto es normal?

- Ellos tienen otra cultura.

- Aquí parece que todos son muy listos y se atreven a dar lecciones a los demás. Qué poco se acuerdan de cuándo ellos eran novios. Entonces todo era su libertad, su derecho, sus sentimientos. Llegas tú y qué si eres muy joven, qué si no sabes donde te metes. Parece como si lo de casarse lo hubieran inventado ayer. ¡Hay que joderse!

- Ellos ven las cosas desde otro punto de vista.

- Encima, dales la razón.

- No les estoy dando la razón, como tampoco se la doy a mis padres -afirmó Zinnia-. Lo que ocurre no es más que lo que esperábamos; al menos yo sabía que en mi casa no lo iban a aceptar por las buenas.

- Pues yo pensé que en la mía iban a pasar, pero de repente, ¿no sé de dónde? les ha salido una vena de responsabilidad paternal que asusta. Parece como si pensaran que iba a estar toda la vida con ellos haciendo de comodín.

- Te veo muy enfadado.

- Si es que no es para menos. Para algo que uno intenta hacer más o menos en serio en la vida, ahora resulta que lo bueno es lo contrario.

- También mi hermano decía lo mismo.

- Pues si de algo estoy seguro es de como hemos llevado lo nuestro. Y te lo digo yo que estoy de vuelta de otras experiencias.

- Si estás tan seguro, no te enfades por lo que opinen los demás. En el fondo ¿qué más nos da?

- Me molesta que cuando te has esforzado por hacer las cosas bien nadie te lo reconozca, ni siquiera tus padres. Al menos ellos deberían estar contentos, es lo que esperaba, pensaba que iba a darles una alegría y salen con esas. Mi madre empezó con que ella no pisa una iglesia ni para la boda de su hijo, como si fuera un delito o algo así, mi padre la dice: pues entonces sí que la pisaste, refiriéndose a cuando se casaron, entonces mi madre vuelve a lo de que eran otros tiempos y ahí se encandilan los dos en una discusión de la que acaban concluyendo que la culpable eres tú por burguesa y no sé cuantas cosas más. Es que de vez en cuando les salen los ramalazos marxistas y vuelven a concebir el mundo con las esencias de los sesenta. Al final, qué si yo soy un muñeco, qué si ya empiezo haciendo todo como a ti te gusta, qué si yo no he visto en mi vida a un cura a qué viene ahora hacer el paripé. Mi madre parece que estaba medio loca.

- Quizá la pillaste en un mal momento.

- Algo puede que hubiera de eso, porque se puso histérica, fuera de lo normal. Puede que sea porque alguno de los líos que se trajina vaya mal. Empieza a estar un poco desquiciada. Ahora mi padre es quien observa y casi sonríe, como si triunfara frente al aventurero rendido. La verdad, tenía ganas de salir ya de casa; esto ha sido la puntilla. Si las cosas se presentan así, casi mejor, menos compromisos con nadie.

- Te sientes herido ¿verdad?

- ¿Cómo no iba a dolerme? Si analizas y te paras a pensar, hoy y ahora, cuando has madurado algo más, te das cuenta que todo el problema viene de lejos. No sé como nos irá a nosotros, pero creo que salimos con algo a favor. Me asusta pensar en la idea de que pudiéramos acabar como ellos; por lo que supone de fracaso en la vida y por lo mal que lo haces pasar a los que tienes alrededor, aunque personalmente intentes evadirte con algún subterfugio. La verdad es que yo hace unos años pensaba un poco como ellos, que ese era el destino de la vida; luego, desde que te conocí, empecé a darme cuenta que hay otros valores, otra forma de hacer las cosas, eso sí, exige más esfuerzo.

- Eso es una suerte que a uno le toca en la vida -le interrumpió Zinnia- no todo el mundo tiene la misma formación, y las circunstancias influyen tanto, el ambiente social, todo influye para inclinar a la persona de un lado o de otro. Por eso es tan importante ser consecuente uno mismo, por un lado porque puedes jugarte la felicidad en la vida, y por otro porque inclinas la balanza de la sociedad un pelín hacia esta lado.

- A veces me pregunto si los equivocados no somos nosotros, que estemos como en un paraíso artificial. La sociedad funciona con unos modos tan distintos que parece como si esta jungla fuese la realidad más vital. ¿Quién me iba a decir que ambientes tan distinto como los de tu familia y la mía fueran a estar tan en línea en un caso así? ¿No será que realmente la vida es así, y nosotros estemos sumergidos en un sueño romántico, puro idealismo? El otro día hablando con un amigo me decía: ¡si yo hubiera sabido que mi mujer era así, no me caso ni loco! Y no es que le vaya tan mal en la vida, pero le notaba como si la familia fuera una pesada carga que soportar.

- Es que hay gente que no se ha dado cuenta aún que sacar un hogar adelante es un trabajo que exige cabeza, dedicación y esfuerzo; algo así como cualquier proyecto en la vida, una empresa por ejemplo. Mira tú nuestro partido, si no fuera por la dedicación de tanta gente día a día poniendo tanta ilusión, no se habría logrado nada. Me figuro que para sacar una casa adelante será igual, con ideal de servicio, sin esperar recibir más que la satisfacción del deber cumplido, que no es poco.

- ¿Y si ni siquiera llegas a alcanzar eso?

- Entonces sí que reconocería que la vida es injusta. Por eso creo que todo el que de verdad obra rectamente y de corazón, sin buscar la satisfacción o el consuelo, y habiéndose planteado qué debe hacer en la vida se propone conseguirlo poniendo los medios, aunque le exijan esfuerzo, alcanza la felicidad. Felicidad relativa, pero suficiente para vivir con un poco de paz. En cualquier otro camino no te lo garantizo.

- Si es tan sencillo ¿por qué no nos ponemos todos a ello?

- ¡No pides tú poco!

- En ese caso me darás la razón de que no es tan fácil como lo pintas. Entre otras cosas porque a mucha gente le falta lo necesario, y cuando vas así de puteado por la vida es difícil ser feliz. Tú pareces que lo ves muy claro, pero ¿y si al intentar elegir por donde ir en la vida te equivocas?

- Pienso que la misma vida te va marcando unas pautas que son tan de la misma naturaleza que es difícil equivocarte. No te digo que no puedas hacerlo, pero si una persona se plantea allá donde esté intentar servir a los demás, eso no tiene vuelta de hoja, es camino seguro. Pero que no espere recibir nada a cambio, ni siquiera la consideración.

- Desde luego, le acabarán tomando por gilipollas.

- Puede que sí, en una sociedad viciada por el propio egoísmo pensar en los demás no pega, ahora dime tú que queda del sentido de sociedad, de la solidaridad, planteando así las cosas. Si cada uno va sólo a lo suyo ¿para qué vivimos en comunidad? El resultado es que todo el sentido del trabajo, del esfuerzo, la convivencia misma se convierte en una carga que a duras penas se puede soportar, considerándolo todo como un mal menor para poder alcanzar unos beneficios. Contémplalo ahora al revés, con sentido positivo, en que yo me preocupo no tanto de lo que consiga para mi provecho, sino que con mi trabajo ayudo a los demás, entonces te sientes útil, encuentras un sentido de eficacia en la vida, y de rebote te alcanza el servicio de los demás hacia ti.

- Ves como te mueves en un mundo ideal. Si todos obráramos como tú dices, esto sería la gloria, en cambio la realidad palpable día a día es que como te descuides te ponen la zancadilla en cuanto pueden. Entre otras cosas porque ya la sociedad no permite que destaque nadie por bueno.

- ¿Y a ti que más te da que te acepten o rechacen? Yo te hablo de un plan para vivir con la conciencia tranquila y en paz. Como decía ese gran poeta que fue Fray Luis de León: "la senda por donde han ido / los pocos sabios que en la Tierra han sido".

- Lo que pasa es que tú eres demasiado buena, de lo que ya no hay. Lo que más me cuesta encajar es que lo crees, lo vives y además aquí al lado, en los fragores de la batalla de la vida. Si alguien te oyera pensaría que vives allá perdida en el campo, en un mundo idílico. ¡Qué bueno! Por favor, no cambies.

* * *

Zinnia y Curro se casaron el día diecinueve de Marzo en la cripta de la Catedral de Madrid. Braulio asistió a la ceremonia, no así su mujer que mantuvo su decisión de oponerse a un enlace que consideraba inconveniente. Los padres de Curro, al final asistieron; éstos conforme se acercaba la fecha de la celebración fueron aproximándose al parecer de su hijo, y en el último momento casi se podía decir que estaban contentos. De los amigos invitaron a los más allegados, pues mantuvieron hasta el final la idea de realizarlo en un ambiente de intimidad. El que hubieran previsto prescindir del habitual banquete, desconcertó a bastante gente, acostumbrada a identificar una boda con la fiesta. En la mente de todos, familiares y amigos, se juzgaba como desacertada la actitud de los novios.

Curro y Zinnia, que no contaban con recursos para grandes celebraciones, hubieran podido aceptar el ofrecimiento de Braulio de regalarles los costes de un convite, pero prefirieron mantener los propios planes que habían diseñado de acuerdo a su economía para recalcar su independencia, y dadas ciertas tiranteces familiares, optaron por la simplicidad de la celebración.

Marcharon una semana en viaje de novios a Lisboa.

CAPITULO VIGESIMOQUINTO

El partido Social-Republicano había decidido presentarse a las próximas elecciones. Aunque éstas debían celebrarse en el año 2.000, la precaria situación del Gobierno después de la huelga general, así como la contestación extendida por las diversas zonas de la geografía nacional, hacían presagiar un adelanto de los comicios. La nueva formación política no quería dejarse sorprender, y al comienzo de la primavera decidió comenzar a preparar su programa electoral.

Los secretariados de todas las federaciones se reunieron en Madrid. Acudían con la sensación de pergeñar un esquema importante que pudiera recabar la atención de los votantes frente a las demás tendencias ya institucionalizadas. El contenido del programa había de ser claro y rotundo. No se trataba de ofrecer unas cuantas variantes con las que distraer al electorado, sino una oferta válida, reflejo del mismo ser del partido. Para ello se optó por explicitar las líneas de actuación correspondientes a los respectivos departamentos o ministerios de la acción de gobierno.

Tras intensos debates se concretaron las resoluciones en un programa que se hizo público pocas semanas después, en el que a seguido de una presentación versando sobre la definición del partido, se pasó a la exposición de las futuras líneas de actuación, quedando redactadas así:

PRESIDENCIA:

* Transición hacia una nueva Constitución.

El objetivo de lograr un nuevo sistema estructurado en torno a una república federal, garantía de la independencia de los diversos poderes y de la diversidad política de nuestra sociedad, exige que sea redactada una nueva Constitución, marco legal en el cual sean reconocidas todas las libertades individuales.

Para que el nuevo sistema de Estado pueda ser constituido se precisa el respaldo popular a la nueva concepción propuesta, ya que ha de nacer de la toma de conciencia por parte del pueblo de su conveniencia y no de la violenta revolución de quienes desde su fuerza pudieran imponer formas que nacerían frustradas.

ECONOMIA Y HACIENDA:

* Establecimiento de una economía social de libre competencia.

* Redistribución de impuestos dirigidos a gravar en mayor medida el gasto que la renta.

* Desgravación de las inversiones en sociedades mercantiles.

* Redistribución de los impuestos directos, liberando los productos de primera necesidad y gravando en escala los de menor utilidad social.

INDUSTRIA Y DESARROLLO:

* Prioridad a la producción industrial de bienes. Aceleración de la inversión.

* Atención prioritaria a la calidad de producción.

* Atención prioritaria a la investigación.

RELACIONES EXTERIORES:

* Concordia universal. Atención al desequilibrio entre pueblos desarrollados y subdesarrollados.

* Marco europeo.

* Cultura hispana.

* Nuevo Mediterráneo.

DEFENSA:

* Profesionalización de las fuerzas armadas.

* Integración en confederaciones armadas de único fin defensivo.

AGRICULTURA:

* Capitalización de la industria agropecuaria. Potencialización de la investigación.

* Se relativiza el uso de la propiedad agraria a que cumpla los fines de producción socialmente aceptables.

* Se fomenta la creación de Sociedades Agrícolas Laborales.

ATENCION SOCIAL:

* Regulación de los fondos de la Seguridad Social.

- Reordenación de la gestión.

- Pensiones básicas estatales.

- Pensiones complementarias por capitalización.

* Reestructuración de la atención sanitaria y asistencial.

- Sistematización en la atención.

- Sociedades mixtas en los servicios.

* Atención prioritaria a la familia.

- Remuneración a la mujer por la atención familiar.

- Beneficios directos a la crianza de los niños.

EDUCACION:

* Racionalización de la enseñanza.

* Libertad de centro.

* Concertación pública-privada.

INFRAESTRUCTURA:

* Racionalización de la infraestructura a las demandas de la evolución social.

* Racionalización del suelo para la efectiva dotación de viviendas en relación a la demanda social.

LABORAL:

* Productividad.

* Redistribución del trabajo.

* Inserción del trabajador en todos los niveles de la sociedad laboral-mercantil.

JUSTICIA:

* Independencia.

* Normalización del procedimiento penitenciario.

* Aplicación progresiva de penas.

* * *

- ¿Y ahora qué?

Se encontraban reunidos los componentes del secretariado del partido Social-Republicano. Su objetivo, una vez que habían diseñado un programa de acción de gobierno, era estudiar como podían hacerlo llegar a la sociedad. La suposición de algunos de que las elecciones podrían adelantarse incluso hasta la inmediata primavera, les conminaba a realizar una difusión rápida, de modo que a la apertura de una posible campaña electoral ya hubiera su mensaje llegado previamente a los ciudadanos.

- ¿Y ahora qué? -volvió a repetir Marcos-. Tenemos programa; hemos conseguido objetivar nuestro ideal político en algo concreto que comunicar a la gente; pero sólo contamos con esto -y tomaba en sus manos los ocho folios que recogían la redacción-. ¿A ver qué se os ocurre? Sin recursos y sin créditos, hay que echarle imaginación.

- Sobre todo usar la cabeza sin ponerse nerviosos -intervino Vicent.

Vicent había sido elegido Secretario General en el último congreso. Hombre de un gran temple, compaginaba su carácter tenaz y agresivo con una lucidez para afrontar las situaciones delicadas, surgiendo en él casi siempre esa chispa que educía la solución inesperada. Continuó:

- Tenemos que conseguir que este programa llegue a cada uno de los hogares españoles. ¿Cómo? para eso estamos aquí. Qué no tenemos los dineros necesarios para imprimirlo, distribuirlo, etc... ya lo sabemos. Yo os propongo que hagamos un bombardeo de opiniones, que cada cual sugiera el modo de lograrlo, aunque le parezca lo más peregrino, pero de esta reunión tenemos que salir con una solución para que en el plazo más breve pasemos al ataque. Os quiero ver a todos con mentalidad de campaña.

- Distribuirlo a las agencias de prensa y publicarlo en los diarios -indicó uno de los asistentes-.

- Ningún periódico va a publicar todo el programa como no sea pagándolo. A las agencias y a los diarios es evidente que habrá que presentárselo, pero ya sabes, ellos publicarán su opinión, su idea de nuestro programa. Además no todo el mundo lee un periódico, y lo probable, a lo sumo, es que la gente le echase una ojeada como al resto de las noticias, pero nada más. Tiene que ser algo más directo.

- Es que sin medios es muy difícil conseguir lo que propones.

- Por eso os pido que avivéis el ingenio.

- Voy a decir una tontería: exponerlo en cartelones como hacían los chinos.

- Tendríamos que empapelar el país.

- Yo creo que eso aquí no valdría. Durante una campaña algo podemos hacer, pero así, de pronto, parece poco práctico.

- Entregarlo en mano cada uno a cuantos podamos. Promover asambleas cada federación en su zona; no sé, algún sistema de que la gente se interese y a su vez lo proponga a otros.

- Podríamos utilizar el sistema de las postales de cuando yo era niña -propuso Eva-; os acordáis, eso de que una mandaba diez, hacía una lista, se apuntaba la primera y luego le llegaban muchas más conforme se iba abriendo la pirámide. Pensándolo bien, para las postales y los sellos valía, pero aquí no se trata de que nos manden nada.

- No has dicho ninguna tontería -la cortó Zinnia-. Si se lo hacemos llegar a todos los que podamos, pongamos por ejemplo a mil personas, y éstas se lo envían cada una a otras diez, es como una cadena que va engrosando cada vez.

- No es nada descabellado. Has tenido una buena idea, Eva. Cada uno que lo fotocopie y lo envíe a sus conocidos.

- A mí me parece muy utópico -intervino Camilo-, es confiar en que la gente se moleste en sacar fotocopias, ponerse a escribir, buscar un sello, llevarlo al buzón; demasiado esfuerzo para no estar muy motivado.

- Hay que contar con que nuestros planes les hagan algo de tilín a quien los lea. Si no, es que hemos fracasado de antemano. Acuérdate de la huelga, nadie se iba a mover y al final todos se apuntaron.

- No es lo mismo -repuso Camilo- al fin y al cabo puede ser que la gente una vez puesta en situación responda; pero que cuentes con ella para que se moleste en hacer algo cogiéndola en frío, me parece difícil. Fijaos que es necesario todo los movimientos que os he descrito antes. Vamos, quizá en Alemania, pero no aquí.

- Que poca fe tienes.

- Lo que te digo. Algún estudiante puede que lo haga, si es que alcanza a entender el sistema, pero creo que incluso de ellos, pocos.

- ¿Qué te parece, Vicent? -preguntó Zinnia.

- Estoy con Camilo en que confiar en el esfuerzo que nos presten los demás es una aventura, aunque de alguna manera es una forma de ver como responde la gente al contenido del programa. Quien se sienta identificado se moverá para hacerlo llegar a otros. Si la gente valora la alternativa y se empieza a hablar de él: ¡qué si con esto estoy de acuerdo ! ¡con esto, ni hablar! unos por interés, otros por mera curiosidad, es verdad que puede divulgarse.

- Además - le interrumpió Eva- no es necesario que todo el mundo lo envíe por correo. Habrá quien lo fotocopie para los de su empresa, para comentarlo en una comida, para los del equipo de deporte, yo que sé, hay mil formas. Perdona que te haya interrumpido, Vicent.

- Haces bien. Lo que iba a decir es que en cualquier caso poco nos cuesta intentarlo. Es cuestión de que hagamos un buen diseño, lo presentemos con un poco de gracia, lo fotocopiemos cada uno y ¡a empezar la movida!

- Mirad, he estado echando unas cuentas -era Zinnia quien hablaba-. Si partimos de que entre los del partido contamos mil, a partir de ahí, con una progresión de triplicar a la semana, o sea que cada uno lo difundiera efectivamente a tres conocidos, al cabo de doce semanas se habría podido transmitir a dieciséis millones de personas.

- ¡Qué barbaridad! ¿No te habrás equivocado?

- ¿Creo que no?

- Pues que uno coloque tres a la semana tampoco perece tanto esfuerzo.

- Lo fundamental es partir de mil efectivos, reales; si no la proporción progresa muy lentamente.

- Pero Zinnia, de esos dieciséis millones hay que hacer una lectura restringida porque a muchas personas le ha podido llegar por diez conductos distintos, y a otras sin embargo nada. Además muchos no lo leerán, y por lo tanto se rompe la cadena.

- Yo lo que quiero decir es lo sorprendente de como una cosa se multiplica. Lo único que tenemos que intentar es pedir a cada uno que distribuya diez ejemplares del programa, a ver si así al menos de promedio salen tres. Me daría por satisfecha si así fuera.

- Opino que lo mejor es lanzarnos a ver que pasa -dijo Vicent-, sin perder de vista de que eso no quiere decir que no lo compaginemos con otros medios que se nos pudieran ocurrir. Nadie podrá decir que no arrancamos de la misma entraña de esta sociedad. ¿Todos de acuerdo?... ¿Tú, Camilo?... Pues manos a la obra.

CAPITULO VIGESIMOSEXTO

En el transcurso de los últimos años se había pronunciado la tensión entre el aparato del Estado y las generaciones juveniles que pretendían una más adecuada modernización de la acción del Gobierno. La enseñanza, la precariedad del empleo, y sobre todo, la trasnochada estructura militar que les obligaba a incorporarse al ejército durante casi un año, eran los puntos centrales de un enfrentamiento cada vez más acentuado.

Tradicionalmente la fuerza de los jóvenes sólo había contado con la presencia activa en manifestaciones más o menos violentas, pero ineficaces para alcanzar cualquiera de sus reinvindicaciones. Una y otra vez habían sido sometidos por la fuerza del poder, cuando no engañados con baldías promesas nunca cumplidas, e incluso con la extorsión y el chantaje a quienes en ese momento ocupaban puestos en las coordinadoras estudiantiles. Se hacía patente que era un enfrentamiento desigual en fuerzas, aunque no en razones, ya que los mismos problemas seguían vigentes año tras año.

La coordinadora de "jóvenes antimili" había adquirido verdadera dimensión en el año l.995. Tiempo atrás había actuado como testimonial repulsa al servicio militar obligatorio, a través de frecuentes manifestaciones y charangas, en diversos movimientos con desigual implantación. A partir de ese año, la coordinadora, desligada de su conexión a movimientos marxistas, había ganado en prestigio. Su lema "En el 99 no iremos", había trascendido a las escuelas, institutos de enseñanza y universidad. El objetivo marcado era el de concienciar a toda la población juvenil en que se había terminado el tiempo de la sumisión y comenzaba el de hacer valer sus derechos, aunque nadie les tuviera en cuenta por causa de no constituir censo electoral.

La coordinadora se planteó un objetivo concreto: en el año 1.999 los jóvenes no se incorporarían al servicio militar. Su plan de trabajo consistía, cara al exterior, en ceder un margen de tiempo para permitir rectificar al Gobierno de su empecinamiento, reestructurando el sistema militar existente; mientras que, de cara al logro de sus objetivos, era el tiempo necesario para conseguir concienciar a la juventud la oportunidad de su desacato.

Su labor se centró en contactar con los jóvenes de quince años, quienes en l999 habrían de incorporarse a filas. Su plan se extendió a nivel nacional, y cada vez eran más los componentes de la coordinadora surgidos de esas nuevas generaciones. Mentalizar a toda una promoción no era fácil, pero a su favor contaba el tiempo, la fluida comunicación, la fuerza de la unión, y una opinión generalizada en la sociedad que cada vez les era más favorable. Su mayor enemigo era la posible disparidad de criterios, pues su única fuerza llegado el momento de actuar era la total cohesión en la firme decisión de no incorporarse a filas, pasara lo que pasara.

Los años que transcurrieron entre l995 y l999 fueron de actividad continuada. La promoción que había de enfrentarse en primer lugar al dictado del Gobierno era la que más activa se encontraba, conocedora de que de su actitud final dependían tantas ilusiones puestas durante todo ese tiempo. Las manifestaciones se repetían periódicamente cubriendo todo el espacio de la geografía nacional. Los quinceañeros disfrutaban yendo de aquí para allá. En cada lugar se les unían padres, hermanos, novias, compañeras, y un gran número de personas a quienes simplemente les parecía que luchaban por un objetivo sensato.

Las pancartas y los cantares hacían referencia a la necesidad de un ejército profesional, a superar reminiscencias medievales, a terminar con los últimos reductos de la esclavitud... y otras tantas en que se interpelaba al Gobierno a romper los hábitos fascistas. Cada vez era mayor la firmeza que se trasmitía a la sociedad de que en la fecha anunciada los jóvenes no se incorporarían al servicio militar, y cada vez mayor los apoyos que encontraban. Tan sólo el Gobierno parecía hacer oídos sordos del clamor juvenil, mientras los distintos partidos, más espectadores que partícipes, iban acercando sus posturas a las demandas de los jóvenes.

* * *

Llegado 1999, es el momento en que ha de pasarse de los testimonios a la acción. Apenas se han presentado reclutas en sus puntos de destino. Los más, declarados oficialmente prófugos, están huidos en casas de amigos o parientes. Aquí uno, allá otro son detenidos y conducidos a los calabozos de los cuarteles militares en espera de los atemorizantes juicios sumarísimos. Se baraja el delito de sedición. Se intenta romper la actitud casi unánime de los mozos llamados a filas, sin otros logros que la expectación al resultado de su afirmada postura.

Cuando el número de detenidos avanza se hacen incapaces los calabozos de las unidades militares, tanto más en cuanto que muchos soldados se les unen en despropósitos de la instrucción, por lo que igualmente han de ser condenados. Los gobiernos militares dedican algunos cuarteles especiales, convertidos con premura en supuestos penitenciarios, donde se recluye a los jóvenes detenidos que no tienen cabida en sus cuarteles de destino, en muchos casos ni siquiera se puede conocer el destino previsto para los supuestos soldados ya que el caos supera toda la previsión administrativa militar. La abundancia de órdenes de caza y captura se almacenan sobre las comandancias de la Guardia Civil, incapaces de atenderlas.

Frente a la pretensión de los estamentos militares de juzgar los casos por su propia jurisdicción, y de forma global, el Colegio Nacional de Abogados toma parte en el asunto y reclama ante los tribunales ordinarios la negación a la aplicación de la jurisdicción especial, en cuanto, supuesto que sus actos fueran punibles, lo serían por desobediencia a decretos gubernamentales y no por desacato a autoridades militares, ya que los inculpados en todo caso al negarse a incorporar a la fuerzas armadas, no habrían perdido su condición civil. Además, en su escrito de apelación hacían mención a la transgresión constitucional alegada por los implicados, en cuanto que se realizaba en la realidad una discriminación por razón de sexo, de modo que a las mujeres se las liberaba de las obligaciones militares en tanto que se les había reconocido derechos similares como el de su inclusión en el seno de la Guardia Civil y cuerpos de Policía.

La sociedad civil se inclina del lado de la exculpación de los jóvenes. ¡Ya lo habían advertido, que se les hubiera escuchado! Claro que siempre hay quien opina en contrario: ¡Si la mili la hicimos todos, que se jodan ellos también! Las manifestaciones de apoyo por los más jóvenes son continuas. Se convoca huelga en la enseñanza media, se ocupan colegios e institutos, se habla de huelga de hambre. Entre los catorce y dieciocho años, todos están revolucionados. Por primera vez en su corta historia conocen el actuar independiente en la sociedad.

Entre los militares se escurre un viso de desunión. Hay quienes creen que por fin llegará la hora de la verdadera modernización del ejército, frente a los que exigen la contundente aplicación de la jurisdicción militar tradicional.

La situación es grave, al menos en la teoría, pues en la realidad nada amenaza la seguridad del Estado. El Gobierno apenas superado el varapalo de la pasada huelga de Diciembre, se encuentra ante un nuevo y difícil problema que afrontar. Parece como si hubiera perdido la confianza depositada en él en los últimos comicios. ¿Es qué la sociedad realmente empezaba a dar muestras de cansancio del sistema? La solución no era fácil, en cuanto que los jóvenes parecían dispuestos a mantener el pulso. Se podría dictar el estado de emergencia, militarizar la sociedad, pero todo a costa de un desgaste que no parecía poderse permitir. La actitud provisional fue la de palabras fuertes y hechos cortos. Se confió en la capacidad para confundir a un tiempo a los insurrectos y a la sociedad, en base de tergiversar las informaciones relativas al alcance de la contestación.

Así, al poco, las informaciones oficiales hablaban de "un escaso número de soldados que persisten en su obstinación, habiéndose la mayoría incorporado a sus unidades de destino". La oclusión de los canales por donde se trasmitía la información de la vida cuartelera se hizo total. Se suspendieron salidas y visitas, la opacidad conseguida parecía absoluta, pero día tras día la coordinadora comunicaba datos concretos que reflejaban la incólume capacidad de resistencia de los jóvenes.

Una moción parlamentaria, a la que ahora empezaban a sumarse diputados de uno y otro grupo, requirió al Gobierno al diálogo con las coordinadoras de los jóvenes. La situación política se hizo delicada. Hasta en el mismo seno de la mayoría socialista comenzó a resquebrajarse la disciplina que había caracterizado su actuación en los últimos años. Nadie meses atrás habría dado tanta importancia a un hecho que parecía una simple bravuconada. Así los hechos, el Gobierno, recogiendo velas, se dispuso a considerar la alternativa de un sistema de defensa estructurado en torno a un ejército voluntario y profesional.

CAPITULO VIGESIMOSEPTIMO

Curro llegó a casa con aspecto contristado. En su semblante se leía una mueca de contrariedad desacostumbrada al habitual buen humor del que en los últimos tiempos hacía gala. Zinnia se percató al instante de la situación y con delicadeza intentó indagar la causa de la aflicción de su marido.

- ¿Te pasa algo, Curro? Te noto como si estuvieras muy cansado. ¿Estás malo?

- No, yo no. Estoy bien. Es que he sabido que una antigua conocida, una amiga, Mabel, ¿te hablé alguna vez de ella?

- Sí.

- Pues está grave. Sida, tiene sida. Se va a morir. Maldita enfermedad. Ella siempre fue muy aprensiva, y parece como si hubiera sido un vaticinio.

- Pero hay quien se cura.

- A ella le han diagnosticado contaminación del virus BB; según dicen es el más fuerte, para el que aún no hay tratamiento y es de una rapidez contundente. Me lo ha dicho Julio, uno del barrio con quien he coincidido en el metro. No sabía ni que estuviera enferma. Parece que todo se ha desarrollado muy rápido. Pobre chica, realmente no ha tenido suerte en la vida.

- ¿Dónde está?

- En Guadarrama. En un sanatorio de contagiosos.

- ¿Vas a ir a verla?

- ¿Tú qué harías?

- No lo dudaría. Te puede necesitar.

- ¿Me acompañarás?

- Si lo quieres.

- Es duro que así, de pronto, una chica que hace meses parecía tan normal, ahora... ¡Dios mío, qué palo! ¡Qué habremos hecho los hombres para merecer esta enfermedad! Y el riesgo de contagio. Yo mismo puedo haberla contraído; sabes que tuve durante una época relaciones con Mabel, si ya tenía incubado el virus puede que me lo hubiera transmitido.

- No te pongas en lo peor.

- Es una posibilidad nada improbable.

- La enfermedad me parece, por lo poco que sé, que precisa periódica aportación del virus; vamos, como que éste es muy débil y necesita haber una considerable concentración para que sea grave la enfermedad.

- Vete a saber. Es como cuándo se creía que no se transmitía más que por relación sanguínea o sexual. Luego resulta que no, que hay otras muchas formas de contagio que al principio se desechaban. ¿No crees que merecería la pena que nos hiciéramos análisis?

- Yo lo que creo es que vienes excesivamente impresionado. Déjalo por ahora, ¿no te parece?... ya con más calma lo pensaremos.

Curro se encontraba bastante afectado. Desde que Julio le dio la noticia no podía quitarse de la cabeza la impresión de Mabel enferma. Se la figuraba demacrada, como algunas imágenes de enfermos que había presenciado en televisión. Seguro que estaría sola, dominada por la angustia y la depresión. Y él podría seguir el mismo camino. Bien es verdad que cuando mantenían relaciones Mabel no acusó ningún síntoma; claro que según decían, el primer desarrollo de la enfermedad era lento, también la probabilidad del contagio de la mujer al hombre era menor. En cualquier caso, qué gran contrariedad. Lo sentía profundamente por Mabel, a quien, aun sin volver a haberse visto, seguía apreciando. Y lo sentía por él y por Zinnia; ahora que parecía como si la vida hubiera vuelto a comenzar para ellos, la posibilidad de que tomara cuerpo esta contrariedad le abrumaba.

* * *

Curro y Zinnia aprovecharon un día festivo de Mayo para acercarse a visitar a Mabel al hospital donde estaba internada. Era un día claro de esa primavera portentosa de la sierra madrileña. El trazado de la nueva autopista que bordeando los montes del Pardo por la zona norte se había abierto el año anterior discurría entre verdes prados al sur de las montañas. El sol se mostraba radiante, casi hiriente, derrochando luz sobre las cumbres que entrecortaban el nítido azul del cielo. Todo en el ambiente invitaba a la vida, pero allá en aquel sanatorio, al pie de la ascensión al puerto, se apuntaban los destellos de la muerte.

Zinnia y Curro avanzaban por un corredor inundado de la luz que penetraba por los grandes ventanales abiertos a la naturaleza. A mano izquierda se alineaban las habitaciones en las que residían los enfermos. Había mucho silencio. La mayor parte de los internados permanecían en cama, algunos sentados leían, levantando los ojos al sentirlos pasar. Se hacía notar la escasez de acompañantes en aquel día de fiesta; era cierto, les dijo el celador que les acompañaba, las visitas a estos enfermos son muy escasas.

Mabel reposaba en la cama, la tez pálida, se había cortado el pelo muy corto. Sus ojos, sobre un rostro mermado en carnes, parecían más grandes, aunque había perdido fuerza su mirada.

- ¡Curro! ¡Qué alegría! ¿Cómo te has molestado en venir?

- No sabía... El otro día me encontré a Julio y me dijo... ¿Mabel, como estás? te voy a presentar a Zinnia, mi mujer, nos casamos en Marzo.

Zinnia se adelantó unos pasos hasta la cabecera de Mabel, inclinándose le dio un beso.

- Curro me había hablado de ti. Me alegro de conocerte.

- Zinnia, hazle muy feliz. Se lo merece, porque es un tío estupendo. También me habló de ti, de vuestros proyectos, me alegra de veras que hayan cuajado. Yo, ya veis, mucho peor de lo que aparento. Estoy que me muero. -Se echó a llorar.

- Tranquila Mabel, tranquila -dijo Curro.

Mabel intentó esbozar una sonrisa, mientras se secaba las lágrimas con el pañuelo que Zinnia puso en sus manos.

- Ya me he hecho a la idea. No creáis, los enfermos somos los que nos damos más cuenta de la realidad que nos ronda. Pero todo ha sido tan rápido que me ha costado aceptarlo. Los médicos te dan esperanzas, pero yo sé que en mi caso no existen. He querido saber en todo momento la verdad, creyendo que era más fuerte de lo que en realidad soy. A veces me pregunto si he hecho bien... quizá la ignorancia alivia la pena. Es terrible esta espera porque yo no me quiero morir. Pero dejemos esto, ¿cómo os va a vosotros?

- Bien -tomó Curro la palabra-. Muy bien. Al menos hasta ahora. Es que prácticamente no nos ha dado tiempo de nada.

- ¿Habéis comprado casa?

- No. Tenemos un apartamento alquilado. Por ahora no podemos permitirnos otra cosa. Están los pisos por la nubes. Cuando te mejores tienes que venir a vernos.

- Gracias. ¿Seguís con lo de los libros?

- No, qué va, yo me coloqué en un taller. ¿No lo sabías? Fue ya hace unos meses.

- Quizá algo me dijiste, pero no recordaba.

- Zinnia trabaja en una farmacia, pero su fuerte es la política. Está metida en un partido con el que van a dar la vuelta al país.

- ¿De verdad?

- Sí -contestó Zinnia-, sí que le dedico un poco de tiempo a ello; lo de darle la vuelta al país, buena falta haría, pero se necesitan mucho tiempo y muchos brazos, pesa demasiado.

- Qué bien. Nunca había visto de cerca una mujer dedicada a esas lides.

- Es como otra ocupación cualquiera.

- No creas, -repuso Curro- hace falta mucho talento, y ella lo tiene. Y no es porque esté delante.

- Tonterías. Más que talento hace falta sentido común.

- Es que la mayor parte de las veces van a la par -apuntó Mabel.

La conversación se había distendido del cariz que en un principio había tomado. Zinnia, aduciendo una excusa, salió hasta la galería, permitiendo que Curro y Mabel hablaran con más libertad.

- Has tenido suerte, creo que sí -le dijo Mabel-. La verdad es que tenías todas las razones para irte con ella. Ahora me alegra que lo hicieras. Con sinceridad te lo digo. ¿Sabes Curro? Lo que más miedo me da de la muerte es la vida... la vida que he llevado. Es como si estuviera con las manos vacías. ¿Qué he hecho? pasarlo bien, pero eso qué es. No tengo nada por lo que decir que haya valido la pena vivir, no dejo nada atrás, y eso, cuando te has de enfrentar a que ya no vas a tener más tiempo, lo es todo.

Fijando los ojos en Curro, le tomó la mano y poniéndola entre las suyas continuó.

- Aprovecha la vida, tú que aún tienes tiempo. Que si un día hayas de enfrentarte a la muerte te quede el consuelo de haber dejado huella, de haber hecho cosas bien. ¡Ah! no sé como decírtelo, es tan difícil de expresar... de haber cumplido... no sé, tú creo que me entiendes. Ahora estás comenzando de forma distinta, aprovecha. Yo acabo y tú empiezas: qué paradójico. Debías tener razón cuando me hablaste de eso que yo negaba y tú llamaste amor. Quizá por ello ahora me encuentro tal sola... tan sola.

- Pero tú has sabido querer, Mabel. Lo que pasa es que ahora no lo ves. Has amado a tu manera; bueno, como todos.

- No, Curro, no. He leído en un poeta: /en la antesala del tránsito/ sólo queda espacio para la verdad/. Y tenía razón. Ahora ya no se puede seguir fingiendo. Yo me amaba a mí misma, los demás erais como juguetes. Esta enfermedad me está dando ocasión de pensar. Las noches sin apenas dormir se hacen tan largas. A decir verdad apenas si me siento culpable de haber hecho cosas malas, pero me doy cuenta de haber perdido el tiempo de la vida. ¡Si yo pudiera de nuevo empezar!

- Yo creo que es cuestión de suerte, de casualidades, puro azar. A mí, cuando encontré a Zinnia se me abrió un nuevo horizonte, igualmente pudo no haber pasado. Pude haberme enredado más en lo de las drogas. Todo pudo ser.

- Tienes razón. Y si sigues llegas al por qué estoy aquí; y por qué no nací en mitad de la Amazonia. Pero sabes una cosa, Curro, cuando te has de enfrentar con que te vas de este mundo, así, sin más rollos, a lo crudo, no se te plantean esas preguntas tan abstractas; te interrogas sobre lo concreto, sobre lo que has tenido dominio. Aprovecha la vida, que es muy triste verse así, con las manos vacías. Además la vida se hace muy corta; bueno, para mí ha sido un suspiro, y pensar que ya vas a dejar de ser no te cabe en el cuerpo ¡Cuánto misterio en la vida y en la muerte!

- Algo que nos supera. Todos pasaremos por ahí, es lo más evidente y lo que más intentamos ocultar. Yo sólo he conocido una persona que la acepte como sin más: Zinnia. Realmente no le pega con su vitalidad y su amor a la vida, pero dice tenerlo asumido.

- En teoría puede ser fácil, pero cuando te llega el momento de la verdad, de verla ahí, a la escasa distancia de una pausa de días, es muy distinto. Es que no llegas a comprender lo que es morirte; ni pasado, ni presente, ni futuro; no te haces a la idea que hoy seas y mañana nada.

- Es que Zinnia cree en Dios, y en la vida del más allá.

- A veces pienso que debiera haber algo así aunque tuvieras que purgar tus penas; porque es tan absurdo este momento que es la vida al que no le encuentras explicación. Resignarse, que fácil de decir. ¡Curro, tengo miedo! Aunque aparente lo que aparente, me cago de miedo. Te lo digo a ti, que siempre fuiste un amigo. A nadie se lo he dicho, pero a ti sí, Curro, ¡tengo mucho miedo! Unos días intento sobreponerme, pero luego, en esas largas noches en que apenas duermo, me desespero.

Hicieron un corto silencio. Curro quisiera haberle dado ánimos, pero no le salía nada, era ella quien dirigía la conversación, quien desahogaba lo que le oprimía el corazón, cosa nada fácil de hacer con palabras; no obstante, Curro, que la había conocido bien, la entendía.

Zinnia regresó a la habitación, sentándose a los pies de la cama. Ella quisiera haber dicho tantas cosas pero prefirió callar. Temía herir la sensibilidad de aquella chica en cuya mirada se leía una profunda frustración.

- Zinnia -dijo Mabel- aprovechad para ser muy felices.

- Lo intentaremos.

- Ya veis, es lo único que puedo hacer ya: dar consejos. ¡Yo dando consejos! asombroso. Es curioso, pero cuando una se ve así, es como una de esas personas mayores que intentaría gritar a los demás por donde no han de ir, como si ya estuviera de vuelta de todo. Si pudiéramos volver a empezar a vivir con toda esta experiencia. Pero la vida es así, sólo hay una oportunidad y casi siempre se pasa de ingenuo por el mundo.

- Cuánta razón tienes.

Curro y Zinnia se despidieron de Mabel. Les costó salir y dejarla allá, en su soledad. Prometieron volver. Al enfermero le dejaron su teléfono por si agravaba su estado.

Fuera, hacía el mismo día radiante; la primavera, la vida, todo continuaba como si nada alterara su paso por el tiempo, sólo las personas envejecemos, morimos, pasamos -pensó Curro en su interior.

* * *

Mabel murió a los pocos días. Nadie recordó avisar a Curro. Tuvo una agonía lenta, con la única compañía de un curita extranjero, huido en su día de la dictadura marxista de su país, que dedicaba gran tiempo a la atención de los enfermos de aquel hospital de incurables.

CAPITULO VIGESIMOOCTAVO

La huelga general del pasado diciembre y el plante juvenil a la incorporación al servicio militar debilitaron la confianza del Gobierno, que vistas las cosas así, decidió disolver el parlamento y convocar elecciones.

Por un estudio de opinión que obraba en su poder, conoció que aún podía optar a la mayoría, en base a la fidelidad en el voto de un segmento de la población que mantenía su tendencia con independencia de los acontecimientos que habían concurrido. Con gran astucia se calibró la fecha en que habían de celebrarse los comicios para que el resultado les fuera lo más favorable posible. Los índices de participación, la realización de la campaña y otras circunstancias imprevisibles podían hacer depender los resultados, pero en cualquier caso, la encuesta reflejaba como más favorable para los intereses del partido en el Gobierno una consulta electoral realizada de forma inmediata y celebrada en los meses del verano.

La dispersión de los estudiantes, el trasiego de veraneantes, la relajación que en cualquier caso el verano propiciaba a la clase política, junto al mayor asentamiento de las personas mayores y la tendencia a permanecer en su hogar de la población rural, ofrecían como resultado una mayor garantía de éxito para los convocantes de realizarse en esas fechas las nuevas elecciones.

El Gobierno, que había sido acosado desde los medios de comunicación en los últimos meses, no tuvo reparos en presentar la situación política como inaplazable; y así, como en un gesto de condescendencia a la oposición, convocó las elecciones para el domingo ventiséis de Julio.

El revuelo no se hizo esperar, ya que dada la proximidad del verano, todos esperaban que si habrían de adelantarse, éstas se tendrían al comienzo del otoño. A la sorpresa se unió la indignación en cuanto que para nadie pasó inadvertido el que la fecha elegida favorecía los intereses del partido en el Gobierno. La cosa estaba hecha, firmado el decreto de disolución y de la convocatoria. Lo cierto es que ese 26 de Julio era un día más del año y por tanto hábil a todos los efectos políticos.

Aunque en los comentarios y comunicados de los diversos partidos se manifestara estar preparados para afrontar la confrontación electoral con plena garantía de éxito, lo cierto es que a una gran parte el decreto les había pillado con el paso cambiado. Comenzaron las prisas para determinar campañas y confeccionar listas. Se acudía a los bancos a concertar préstamos, se contrataba publicidad, se intentaba el poder ser presentado unos minutos en televisión. Las intrigas dentro de los partidos, con favoritismos y vetos, desplantes y fugas, saltaban a las páginas de los diarios con asiduidad. Algunos candidatos se apresuraron a realizar un curso para perfeccionar su imagen, y todos se mostraban especialmente cordiales con los medios de información.

Una gran actividad en los partidos, que apenas se traslucía en una definida oferta electoral. Los programas estaban plagados de ambigüedades, de lugares comunes y de fáciles concesiones electoralistas, apostando los más por la continuidad y la filiación al sistema.

El partido Social-Republicano adoptó las siglas PSR, como ya se le venía conociendo en los medios de difusión. Ellos, que de alguna manera habían comenzado meses atrás una campaña de promoción con la divulgación de su programa político, se encontraron como si la señal de salida les hubiera cogido en plena carrera. Tenían como nadie una oferta clara y precisa, renovadora, aunque contaban en su contra la situación extraparlamentaria y la escasez de recursos.

La difusión que habían emprendido, mediante la comunicación de ciudadano a ciudadano de su alternativa al sistema, había producido menor resultado que el previsto por los más optimistas, pero mayor que el esperado por los más agoreros. Lo cierto es que debido al sistema empleado era difícil conocer a ciencia cierta los verdaderos límites de su comunicación. En las ciudades más importantes se había observado una más favorable respuesta, en cuanto que aquellos papeles se transferían de mano en mano como una cierta novedad. En el ámbito rural, en cambio, se consideraba que había llegado a menos hogares, debido posiblemente a la menor ambientación. Se había detectado asimismo una diversidad de criterio a la hora de juzgar su contenido, desde quienes se encandilaban con la posibilidad de una alternativa estructurada en torno a una república federal, hasta quienes no entendían la diferencia con el sistema actual de monarquía parlamentaria y autonómica, y éstos no eran los menos, claro que, en un país con relativa poca formación política, no era de extrañar.

Lo positivo, a juicio de los mismos del PSR, era el que comenzara a ser conocido y se hubiera, al menos, abierto la curiosidad popular por algo nuevo. El que se hablara en pro o en contra de la forma de Estado como república, tenía una relativa importancia -decían algunos-, lo importante es que se hubiera comenzado el debate nacional sobre su posibilidad. Era claro que no estaba al alcance de todos vislumbrar las peculiaridades del nuevo sistema que se dibujaba en su programa, pero no era menos cierto que el camino estaba abierto, ahora sólo faltaba el contrastar, aclarar, discutir, pormenorizar las implicaciones que ello suponía para la sociedad.

Sobre la cuestión federal las posturas se encontraban más polarizadas. En algunas demarcaciones vino como anillo al dedo de quienes desde había años defendían una posibilidad semejante. Era cierto que muchos no secundaban otros aspectos del programa, pero defendieron la alternativa ofrecida como una valiente y clara viabilidad de progreso. Sirvió de ejemplo a quienes en el ámbito de otros partidos habían renunciado a defender esa postura mediante subterfugios políticos no siempre muy reconocidos.

El gran problema era el económico. ¿Cómo conseguir fondos para financiar un mínimo de campaña?

- Haremos como con la difusión del programa. Acudir directamente a la gente. Ahora ya no partimos de cero, y la prueba más contundente de que hay quien nos pueda apoyar con sus votos es que nos ayuden económicamente.

- Pero ya sabes que en cuanto rascas en el bolsillo de la gente las dificultades crecen. Existe la presunción de que los políticos medran con el esfuerzo ajeno; si encima vas y pides que te den esa colaboración directa... ¿no sé yo?

- No tenemos otras muchas alternativas.

- Yo estoy con Gabriel. Es hora de que la gente despierte, de que se enteren que si quieren algo mejor lo han de conseguir con esfuerzo, y ahí también entra el económico. Que la gente anda apurada, todos lo sabemos, pero que mucha gente puede hacer una pequeña ayuda, también. Al fin y al cabo es conseguir que se sientan protagonistas de poder consolidar nuestra alternativa, que la lleguen a hacer suya.

- Algo también podemos conseguir por otros medios. Algún crédito se puede obtener, si confiamos en una cierta perspectiva de voto. Con las asignaciones oficiales lo podríamos luego cubrir.

- Y tenemos las cuotas de los que estamos afiliados que van a tener que ser extraordinarias. Es por nosotros mismos por quienes debemos empezar el esfuerzo.

- Bien, de acuerdo. Articulemos todas esas posibilidades en paralelo.

La conversación la mantenían los que formaban el secretariado político del PSR. Nada más conocerse la convocatoria a elecciones se habían reunido para diseñar las líneas de la campaña. La elección de las candidaturas no había supuesto una gran dificultad; como estatutariamente se encontraba establecido el que se realizaran por cada demarcación federal, así se realizó. Partiendo de quienes estaban dispuestos a figurar en las listas, se realizaron elecciones abiertas entre todos los afiliados, opteniéndose la relación de candidatos que habían de figurar. La elección a la candidatura de Presidente del Gobierno se resolvió por elección en la secretaría federal entre los primeros de lista por cada demarcación. Realmente a ellos no les importaba demasiado esa denominación, en primer lugar porque no esperaban llegar a obtenerla, y en segundo, porque les parecía que ello debía realizarse una vez conocidos los resultados de las elecciones. En cualquier caso, como las circunstancias lo pedían, se plegaron a la realidad circundante a fin de tener un candidato que pudiera figurar en igual denominación a los de los restantes partidos. Para este puesto eligieron a Diego Sancha, aragonés, abogado y de una cabeza y capacidad de trabajo excepcionales, al decir de sus correligionarios.

- Yo creo -continuó Zinnia, que asistía a esa reunión- que por un lado tenemos las aportaciones que cada uno pueda realizar personalmente, que hemos de intentar exprimirnos como un limón, vamos, como cuando uno se empeña para comprarse un electrodoméstico. Por otro, acudir a los medios normales de financiación tocando los bancos y cajas de ahorro. No es fácil que estén muy por la labor de nuestro programa, pero habrá que intentarlo. También podemos, como dice Vicent, acudir directamente a la gente. Si por un lado es cierto que a todo el mundo le cuesta dar, por otro se evidenciará que no contamos con recursos extraños. Hay que intentarlo.

- Nos ha facilitado crédito una empresa de artes gráficas que está dispuesta a proporcionarnos los carteles necesarios. Tendremos que prescindir de los expositores comerciales, y la mano de obra será la de quienes estén dispuestos a colaborar. Ahí podremos contar con bastantes trabajadores y estudiantes dispuestos a robar horas al sueño. El que la campaña nos pille en verano nos facilita el que muchos jóvenes están con más tiempo libre. Esa será nuestra fuerza, la desusual ya en los demás partidos, la gente en la calle, el mano a mano directo.

- Tenemos en contra que el factor televisión para nosotros será inaccesible. Por lo que cobran en los anuncios la hacen coto de las formaciones con más medios. Así que es necesario conseguir cuantas entrevistas sea posible. En la estatal creo que nos será vedado, hay que hacer un ímprobo esfuerzo para participar en los debates que puedan organizar las privadas. Espero que cuenten con nosotros.

- Una cosa muy importante es que la campaña que podamos hacer en la universidad hay que empezarla ya. Dentro de quince o veinte días desaparecen los estudiantes de las facultades. Creo que es un asunto prioritario.

- Tienes razón. La verdad es que en la universidad hay bastante hecho. Es donde mejor se difundió el programa; prácticamente cada estudiante debe tener uno en casa.

- Pues por eso, lo que conviene es fomentar asambleas o mítines donde poder explicarlo mejor. Tenemos que conseguir ese contacto personal. En mi opinión debemos polarizar la campaña en torno a mítines pequeños, no tenemos fondos para grandes montajes, pero que se multipliquen a tope.

- Volviendo al tema económico, yo diría que pedir a cada asistente de cien a quinientas pesetas no es ninguna locura.

- Yo basaría nuestra propuesta en los veinte duros por persona. No es mucho, pero es algo que casi todo el mundo podrá dar, si pides más parece como si dejaras fuera a quien no le fuera fácil. Veinte duros, y ya se sobrentiende que el que pueda que aporte cuanto quiera. ¡Ea! pero a nuestros amigos más.

- A mí eso de institucionalizar lo de pedir para la campaña me sigue pareciendo algo raro. No sé, como no se lleva; vamos, yo no lo he visto nunca en mi vida.

- Es que vamos rompiendo esquemas -afirmó Gabriel-. Lo que es evidente es que o contamos con la ayuda de los demás o no adelantamos nada. ¡Hay que superar viejos principios!

- Lo que puede pasar es que aparezcan otros diciendo que son de los nuestros y timen a la gente.

- Tienes razón. Desde luego no vamos a uniformarnos. Claro que si para eso tienen que prepararse un mitin, merecido se lo tienen. Alguno habrá que vaya por su cara de piso en piso.

- Pero a ese no le darán.

- ¿Quién sabe?

- Otro aspecto, -apuntó Vicent- quede claro que cada federación tiene que afrontar su campaña, y por supuesto sufragar sus gastos. Así que nadie se lance con los ojos cerrados a montajes espectaculares en concurrencia con otras fuerzas políticas. Donde se pueda conseguir subvencionado por alguna corporación, fenomenal; o si es un sitio público a bajo coste. Pero tener en cuenta que uno aquí, otro allá... luego sale por un pico y empiezan los problemas.

- Tú hoy estás en plan negativo -le interrumpió Zinnia-. Un poquito más de esperanza. Al fin y al cabo todo el mundo se endeuda en unas elecciones; no vamos a ser los únicos que nos quedemos fuera.

- Por mí, como queráis. Más que endeudarse a lo que me refería es a ir contratando y dejar impagados. Que te fían, o sale algún avalista, es otra cosa. En cada parte qué os arregléis lo mejor posible. Pero yo insistiría en que es muy importante el contar con gente, en salir a la calle al tú a tú, el que el mitin le resulte a la gente familiar porque es en esa plaza que está a la vuelta de la esquina, o en el parque cercano a casa. Estar en la puerta del mercado repartiendo unas reseñas del programa en octavillas. Esa entrevista en la emisora local y el comentario en el café del pueblo. Nuestras posibilidades están ahí, en el trabajo de todos nosotros desde hoy mismo. En los medios de difusión no podemos competir con los grandes partidos que cuentan con todos los recursos a su disposición, así que hay que ganarles con una presencia continuada en la calle hasta que nuestro nombre, nuestras siglas y nuestro programa sea algo familiar al elector.

Era cierto que no lo tenían nada fácil. Durante los años de democracia, más o menos la gente había venido alineándose a una opción determinada, y variar ahora suponía una pequeña frustración, como reconocer el error de sus anteriores determinaciones. Inclinarse hacia una nueva oferta remediaba esa compunción, si bien reservaba una cierta dosis de aventura. Para ello había que llegar al individuo, motivarle, sugerirse como una fuerza renovadora de cierta entidad; conseguir antes del día de las elecciones el suficiente peso para que nadie que se sintiera inclinado por los aspectos atrayentes del programa pudiera echar marcha atrás pensando que la utilidad del voto pudiera desperdiciarse. Es cierto que existía un espacio electoral vacío, el que reflejaban los sondeos y la experiencia de consultas anteriores destinado a la abstención, pero que tampoco había que presumir que fuera llenado por su oferta. El gran reto consistía en sumar a su lado a quienes estuvieran inclinados a apostar por la remoción del sistema con independencia de matices de clase que suponían superados.

Tenían claro que el modo de hacer la campaña, además del lado por las circunstancias, habría de ser diferenciado del grueso de los partidos ya institucionalizados. Esa marca les era fundamental, evidenciando sus peculiaridades. Las caras de sus candidatos no eran muy conocidas, sus siglas novedosas, pero contaban con un carácter que les iba a marcar en toda la campaña: su condición de republicanos, articulando en torno a esa nota todas las características de su programa.

No eran los republicanos partidarios de bandera, signo o sello. Procuraron desde el principio prescindir de esos reclamos tan en boga, porque les parecían inconsistentes. Ni siquiera llegaron a coincidir en un slogan cabeza de publicidad. Lo cierto era que lo que más dominaba en el programa del partido era, por encima de la forma institucional del Estado, la dimensión social y la consagración de las estructuras pertinentes para la lucha contra la corrupción; de ahí dimanaba su concepción republicana, y no ésta un a priori estructural. Pero la gente corriente, los ciudadanos de a pie, partían siempre de los conceptos más fáciles de asimilar, y así les caracterizaron como republicanos, y como tales entendían que aportaban un modo de hacer política muy diferenciado.

CAPITULO VIGESIMONOVENO

El día 1 de Julio se abrió la campaña electoral. Los partidos acapararon la atención de los ciudadanos a través de los espacios de información pública. Una vez más las calles de pueblos y capitales se poblaron con los conocidos rostros de los líderes políticos, que desde una posición de sereno reposo reclamaban el voto para su formación. Las pantallas de la televisión cedían sus espacios a los grupos que contaban con representación parlamentaria, y en la radio, una y otra vez, melodías musicales que buscaban hacerse familiares identificaban su tonalidad con una optimista opción electoral.

Socialistas, conservadores, el bloque de izquierdas y los distintos partidos nacionalistas, eran las fuerzas que centraban la atención de los informadores y en consecuencia de los mismos electores. Más que en otras anteriores convocatorias se apreciaba incertidumbre en una substancial parte del electorado que parecía inclinado a respaldar algunas de las nuevas formaciones en liza, entre las que se encontraban el PSR, varios nacionalistas en sus respectivas autonomías y dos partidos ecólogo-pacifistas que mutuamente se hacían la competencia. De estos partidos o coaliciones sólo el PSR y el Partido Verde Pacifista habían presentado candidaturas en todas las circunscripciones, lo cual les diferenciaba de otros enmarcados en el ámbito regional.

Los socialistas partían como favoritos en todas las estimaciones, rayando, según algunos, las posibilidades de la mayoría absoluta, aunque otros les señalaban un considerable descenso. En cuanto a los conservadores, las distintas encuestas les preconizaban una estabilización muy en dependencia de la proporción de votantes que se dieran cita en las urnas. La gran novedad de las previsiones obtenidas en los sondeos la marcaba una creciente abstención que, según los índices facilitados por algunas entidades, al comienzo de la campaña se estimaba en algo más del 40%.

El PSR pudo presentar candidaturas en todas las provincias gracias al desarrollo que a lo largo de los años anteriores había conseguido a través de esa lenta pero eficaz promoción del partido, que a una vez pareció emerger de la nada al mapa político. Sin ser muy conocido en los ámbitos más generales de la política contaba con afiliados en todas las regiones, en cantidades irregulares, pero en todas suficientemente implantado como para aventurarse a intervenir en la lid electoral. El esquema básico de trabajo fue similar en todos esos lugares; partiendo de los afiliados y simpatizantes, se comenzaron a dar mítines, pegar carteles, repartir propaganda, solicitar ayuda económica para financiar la campaña. Su objetivo no era entrar en descalificaciones personales, ni enfrentamientos con otras fuerzas políticas, sino dar a conocer, desmenuzar, el contenido de su programa. Estaban convencidos de ser esa su mayor fuerza y la mejor credencial que los representara.

A través del Expréss y de otros diarios, empezó a evaluarse su oferta en competencia con las restantes alternativas, para bien o para mal, era común el que los comentaristas hicieran hincapié en su condición de oposición al sistema, nada bien entendida por una mayoría, pero que al contrario de lo que pudiera suponerse comenzaba a abrirse paso como una opción coherente. Se hilaban aspectos ideológicos con la posición que había mantenido al lado de los convocantes de la huelga general, y la coincidencia de sus puntos de vista con las aspiraciones juveniles en el recién acaecido plante ante las disposiciones relativas al servicio militar. Estos aspectos no pasaron desapercibidos tampoco para los estudiantes, quienes en número considerable colaboraron en las diversas fases de la campaña.

Conforme pasaban los días, los republicanos comenzaron a contar para los analistas políticos. Es cierto que no se les asignaba resultados significativos, pero se evaluaba sus planteamientos como renovadores, pasando poco a poco, de ser considerados como desestabilizadores, a utópicos, y por algunos, incluso, como la novedad política que fuera el germen de una posible actividad regeneradora.

Entre las cadenas de televisión se desarrolló una activa competitividad por ofrecer facetas de la campaña que atrajeran el interés de los espectadores, y así fue como la mayoría de ellas concedieron entrevistas a las fuerzas que fuera del arco parlamentario recibían una cierta valoración por parte de los ciudadanos. Entre ellos se encontraba el Partido Social Republicano, el Partido Ecólogo-Pacifista, la Formación Verde y la Plataforma Federal.

Diego Sancha, que encabezaba la candidatura del PSR al Congreso por la provincia de Zaragoza, y elegido aspirante a la Presidencia del Gobierno por dicha formación, fue invitado por una de las cadenas de televisión de ámbito nacional a ser entrevistado en directo por el periodista Tino Alfaya. El programa "Su presencia en la pantalla" había adquirido una cierta relevancia en los pocos días que llevaba en antena a causa de haber centrado las entrevistas más en el análisis concreto de ideologías y programas que en la casuística de las actuaciones pasadas de esos políticos y sus formaciones. Alfaya, que profesionalmente desde hacía algún tiempo había centrado su actuación como periodista en el mundo del análisis de las ideas y la cultura, forcejeaba con los entrevistados para conducir el diálogo por el itinerario que previamente había estudiado como de más interés para los telespectadores, aunque resultara incómodo para quien con él hubiera de despachar esos asuntos.

Ahora frente a Diego Sancha, una vez hecha la correspondiente presentación, es contra quien dispara sus preguntas:

- El partido Social Republicano se define por una estructura estatal republicana y federal, ello se sitúa en contra a la actual Constitución. ¿No le parece señor Sancha que enfrentarse al consenso alcanzado por la mayor parte de los partidos durante un periodo ya considerable de tiempo supone para un partido nuevo, primerizo en la confrontación electoral, una pretensión descabellada?

- Descabellada no, prometedora. La misión de las formaciones políticas es extraer de la misma sociedad las demandas sociales, ser capaz de darles contenido político, y ofrecerlas a la misma sociedad como alternativas conformantes del sistema de Gobierno y Estado. Existe una Constitución y nosotros la respetamos, al tiempo somos conscientes que para dar respuesta a muchas demandas de la sociedad se precisan estructuras políticas más progresistas, más evolucionadas que las contenidas en la Constitución del 78. Yo personalmente pienso que hubo a partir de 1976 una fase que pudiéramos llamar la de la transición. De hecho así fue bautizada por toda la opinión pública, pero cualquier transición supone un punto de partida, un punto de llegada y un espacio de tiempo para desarrollar la evolución de los contenidos desde el uno al otro. El proceso del paso de un sistema autoritario a un sistema democrático no era fácil, y se hizo como se pudo, pues eran por un lado momentos sujetos a constricciones sociales muy especiales, y por otro, ensayo general de reforma política. Han pasado veinte años, lejos ya de aquellas rémoras y con la experiencia acumulada del proceso político constituido, ha llegado el momento de dejar abierto el sistema a la evolución pertinente. Nunca se puede considerar un sistema cerrado, quienes así obran automáticamente quedan sumidos en el inmobilismo frente a una sociedad que se renueva y que cada generación demanda ser protagonista de su propio acontecer. Por eso le decía que los postulados de nuestro programa son prometedores, en cuanto que creo dan respuesta a cuánto está reclamando la sociedad por unas estructuras más justas.

- ¿Son ustedes antimonárquicos?

- Ni antimonárquicos, ni antinada. Simplemente defendemos las estructuras que nos parecen tienen más capacidad para organizar el Estado con las mayores garantías de libertad.

- Pero los socialistas también defendían el sistema republicano, y luego comulgaron a la perfección con la monarquía del Rey Don Juan Carlos?

- Para nosotros so se trata de problemas de actitudes personales. Si defendemos la estructura de Estado conformado en torno a una república es por varias características que no puede ofrecer el sistema monárquico. La elección del Jefe de Estado permite, en cuanto que es elevado a su cargo por los propios ciudadanos, contenidos de responsabilidad política de los que rinde cuenta a sus electores, al menos, al término del mandato. Por otra parte la estructura republicana, tal y como la propiciamos desde los planteamientos de nuestro programa, permite la división y el control de los diversos poderes en el Estado.

- Ya pasaremos más adelante a esos aspectos.

- Pues, cómo le iba diciendo... ¡ah, sí!, que efectivamente los socialistas, y posiblemente los centristas y las izquierdas, vamos, casi todos, yo creo que visceralmente eran republicanos, pero se encontraron con una monarquía instituida a la que en principio en aquellos momentos había que respetar. Más tarde, cuando los socialistas llegaron al poder se encontraron muy a gusto, pues una monarquía vacía de todo contenido de poder político, con un valor simbólico de arbitraje, era el marco adecuado para favorecer sus deseos de contar con unas posibilidades de controlar todos los resortes del poder desde la Presidencia del Gobierno, y así moldear el país conforme a su proyecto.

- ¿Usted cree que el pueblo español es republicano? ¿No le parece que las experiencias habidas en nuestra historia representan un fracaso?

- Nosotros defendemos la república, sería la Tercera República, pero cada momento histórico tiene sus propias vicisitudes. En los dos casos que usted me cita podríamos decir que el fracaso de la república no es otro que la mera continuación del propio fracaso monárquico. En lo profundo era un problema de Estado y de crispación social. Hoy el caso en el que nos encontramos es distinto; existe otra cultura política, otra situación económica... han cambiado mucho los tiempos. Hoy, desde la convivencia es posible de modo sereno, dialogado, evolucionar hacia otras estructuras que permiten mayores cotas de libertad, de control al poder, de participación. ¿Usted me pregunta si el español es republicano? Yo le respondo: la madurez política del ciudadano español le conducirá invariablemente en esa dirección.

- Dentro de todo el programa que ustedes han desarrollado, al decir de algunos todo revolucionario, ¿qué destacaría como de verdadera relevancia en el marco institucional además de lo ya comentado?

- Para mí más que las implicaciones que conlleva las posibles alternativas en el sistema institucional creo que es mucho más relevante un aspecto previo, el de la necesidad de la participación ciudadana en la construcción de la sociedad. Frente a otros planteamientos políticos que propician la intervención del Estado o cualquiera de las Administraciones públicas en una actitud cuasi paternalista, nuestro parecer es el favorecer la dinámica propia de la sociedad a través de la participación del ciudadano en organismos de índole cultural, recreativo, laboral, profesional, político, etc... En una palabra dinamizar la sociedad. Tenga usted en cuenta que el fomento de esas asociaciones, además de acercar al ciudadano al conocimiento de la realidad social que vive, le perfecciona, se autoeduca, se hace responsable. Aunque parezca que no, la postura más cómoda, tanto vista desde el poder como desde el gobernado, es la del "ordeno y mando", por un lado, y "el recurso al pataleo", por el contrario. La participación es creatividad, desarrollo, fomenta el diálogo y la imaginación. El bien gobernar más que en mandar está en el saber escuchar. Esto es lo que para mí es importante, luego viene el articular adecuadamente el marco de las instituciones. Aquí nosotros favorecemos la configuración federal. Cuántas frustraciones se hubieran evitado por la adecuada asimilación de este concepto, porque estado federal es el reconocimiento de la peculiaridad de cada nación, país o región, como quiera usted llamarlo; es el derecho a que lo que de modo propio le corresponde no lo es por delegación de otro poder institucional, sino que se tiene por propia naturaleza. La confederación viene pues para articular intereses que superan las propias posibilidades a cubrir o la de conjunción de afinidades entre las distintas nacionalidades en estado federal.

- Pero hablar de nacionalidades, estado, sistema federal, ¿no le parece incongruente con la unidad europea?

- Si hemos de plantearlo dentro de la unidad europea me parece menos desacertado todavía; gran parte de los países europeos son federaciones. El tema creo que hay que retomarlo en lo que le decía anteriormente: el sistema político hay que adaptarlo al suelo, a la realidad viva de la sociedad. Son los propios ciudadanos de cada porción territorial los que han de decidir sobre su definición política. Eso sí, tomando las decisiones con madurez y responsabilidad, sin coacciones ni reyertas. Pienso que en el mundo actual de la ágil comunicación, cada vez es mayor la interdependencia y debe triunfar la solidaridad, relajándose las fronteras. Aunque al tiempo se acentúa, y lo vemos en todos los países, el interés por mantener la propia identidad, el respeto a organización, costumbres y leyes; en el fondo la idea de lo constitutivo más íntimo del Estado.

- Lo que usted está auspiciando en el fondo aboca a la ruptura de la unidad de España.

- No lo creo. Un estado federal mantiene incólume su unidad, la de las nacionalidades o estados federados en el estado central. Lo que ocurre es que es una unidad estructurada sobre planteamientos políticos distintos. En el fondo, a dónde voy, pues a auspiciar que el esquema real debe ser el más adecuado a las reales circunstancias sociales, dejando a salvo la solidaridad entre los pueblos, la verdadera política es la que se constituye conociendo y respetando la idiosincrasia de cada territorio; lo contrario es encorsetar en el sistema realidades que le son ajenas, y eso a la larga es un lastre que dificulta la convivencia.

- Cada vez contemplamos en la sociedad como la añoranza por un orden que supere la inestabilidad, la violencia, la inseguridad; y cada vez se detecta que estas no merman. ¿Son ustedes partidarios de una acción de Gobierno fuerte que recupere la seguridad ciudadana?

- Sin duda, pero habría que determinar que contenido pretende dar al sentido de una "acción de Gobierno fuerte". Para mí lo importante es una acción eficaz, que no supone únicamente una actitud represiva. La seguridad ciudadana es un término que debe abarcar al 100% de los individuos de la colectividad. El planteamiento exacto debemos pues enfocarlo desde la resolución de los problemas en que se enraízan las causas que generan la violencia. Luchar contra la marginación, el paro, las drogas, el consumismo; no consiste en aplicar cataplasmas continuas que la más de las veces son espectaculares actuaciones ministeriales dirigidas a la opinión pública, sin ningún resultado evaluable. Para nosotros lo importante es realizar una política que estructuralmente permita que las causas de la delincuencia tiendan a desaparecer, intentando al tiempo reinsertar al delincuente. Las medidas policiales seguirán siendo necesarias porque los hombres con mucha facilidad nos inclinamos hacia la frivolidad y el desatino, lo que quiero decir es que la concordia de una comunidad depende en mucho más de las relaciones de justicia que puedan llegar a establecerse que en la promulgación de unas severas leyes de represión. Y por último, hacer una referencia a la necesaria reorganización de todo el sistema penal para conseguir una administración de la justicia rápida y eficaz.

- En el plano económico su partido auspicia una nueva configuración de socialismo. Una estructura fiscal fuerte, una colectivización de la propiedad mercantil, una protección hacia las economías más débiles. ¿No le parece que retoman presupuestos marxistas ya superados? ¿no van ustedes contra corriente?

- Me alegro que me haga esta pregunta. Su formulación coincide con los argumentos que desde otras fuerzas políticas nos rebaten. Tengo que decirle que no han entendido en nada las medidas económicas y la estructura social a la que aspiramos con nuestro programa político. Reconozco que en muchos aspectos nos salimos de la economía de texto, no seguimos el esquema neoliberal, y por eso muchos, en una visión simplista, nos etiquetan entre la gama de productos marxistas. Me gustaría tocar el tema con profundidad, claro que la limitación de nuestro espacio no lo permitirá, pero sí apuntar unos cuantos principios sin los cuales es difícil comprender la seriedad de nuestra propuesta. Buscar ese equilibrio adecuado entre la libertad, el derecho de propiedad y la justicia social, para que sean efectivos derechos de todos es muy importante. Piense usted que los desequilibrios sociales que propiciaron el marxismo no han desaparecido, lo único que ha quedado patente es que la praxis marxista no era la adecuada para resolverlos, pero los problemas siguen ahí, suavizados donde el desarrollo y la economía lo han permitido, pero estructuralmente presentes. Esto es muy importante no olvidarlo. Defendemos la propiedad privada. Limitamos la propiedad privada. En el fondo no es más que el reconocimiento efectivo del fin social que asignamos a los bienes de la naturaleza. Eso no es colectivización, sino racionalidad. Se trata en el fondo de arbitrar las medidas oportunas que equilibren las situaciones de injusticia que propicia el sistema liberal. Tampoco guarda ninguna relación con los sistemas marxistas en cuanto que consideramos que el motor de la creatividad es el individuo, sólo o asociado, pero no el Estado, por tanto el derecho a la propiedad de los medios de producción es imprescindible. Lo único que pretendemos ajustar es que los beneficios reviertan en la misma sociedad, que en el fondo es quien genera esa dinámica económica. Nadie genera beneficios de por sí, a espaldas de la sociedad, más allá del límite de la capacidad de su trabajo personal. Detrás de toda esta política subyace la concepción de que el trabajo es un servicio y no un medio de enriquecerse, un deber natural del ciudadano con la sociedad, por su misma naturaleza social recibe y debe construir la sociedad en un marco de solidaridad. Por ello nuestra política fiscal se orienta a gravar no la riqueza que por su utilización está cumpliendo un fin social, la que se destina a producir, a actividad mercantil, social, etc., sino la que el individuo destina a su propia satisfacción. Se trata de orientar el gravamen, impositivo, como dijo hace años el profesor Llorca, no hacia la renta sino hacia el gasto. Esto origina una fuerte inclinación a la inversión generadora de riqueza, frente a la postura contraria de una mayor intervención estatal. Estamos convencidos que es la secuencia que pide la dinámica de un Estado moderno.

- Pero a mí no me salen las cuentas. Si reducen impuestos y al tiempo quieren mejorar las prestaciones, ¿parece que no cuadra?

- Eso ocurre con una lectura simplista. Hay dos aspectos importantes: Primero, que no se trata en sí de una reducción de impuestos, sino en una distribución racional de esas cargas; en vez de gravar a quien gana más, se trata de gravar a quien gasta más. Segundo, se fomenta la inversión, la creación de riqueza y por tanto la capitalización de la sociedad, de donde se deriva la mejora de la producción industrial y consecuentemente el beneficio social. Si a eso unimos una óptima gestión de los recursos estatales se deriva un marco muy adecuado para el desarrollo social.

- En su programa abogan por la incorporación de los trabajadores a la propiedad de las empresas. ¿No tiene mucho de utopía y poco de realismo social?

- No es que propugnemos en sí el reparto de la propiedad industrial con los trabajadores. La propiedad es la propiedad, quien aporta el capital y por tanto si los empleados o los obreros de una determinada industria participan en la aportación del capital, participarán de la propiedad, en caso contrario parece que no. Lo que nuestro partido defiende no es la participación en sí en la propiedad sino en la gestión. El problema se plantea cuando se intenta dilucidar que factores son los motores de una sociedad mercantil. Un planteamiento objetivo da como resultado que el capital, el trabajo, y un elemento más abstracto que vendría a ser algo así como la tecnología históricamente heredada, son los que hacen realidad el posible funcionamiento de la entidad; entonces, ¿por qué se va a negar que sean el conjunto de esos elementos los que intervengan asimismo en la gestión de la empresa? Somos conscientes que supone una cierta revolución que en primer lugar necesita una adecuada formación en la responsabilidad. Esto va muy ligado al sentido social del trabajo, en la medida que se proyecta éste no como la venta de una prestación de la mano de obra, sino de integración en un proceso productivo cuyo fin es generar un servicio a la sociedad. De alguna manera le comprendo cuando usted lo considera utópico, pero creo que es algo que hay que propiciar, porque en el fondo la asunción de conceptos como éstos suponen las verdaderas revoluciones sociales.

Diego Sancha iba respondiendo a las preguntas de su interlocutor con serenidad y aplomo. Sus palabras surgían con fluidez, intentaba utilizar un lenguaje que fuera accesible a los espectadores, aunque a veces no lo conseguía. Entretenía sus manos con una pipa que en algunos intervalos, mientras la palabra la tenía Tino, intentaba encender para dar una que otra bocanada de humo. Estaba claro que no había tiempo para agotar los temas, y pretendía en sus respuestas transmitir al electorado la consistencia de la oferta que ofrecían, lejos de ser una demagógica frivolidad como desde algún sector se les había achacado.

- Hay en algunos aspectos en que todos los partidos parecen coincidir. Uno de ellos es la consolidación de la unidad europea. ¿Apuestan ustedes por esa integración progresiva hasta la configuración unitaria confederal?

- Abordando el tema de las relaciones internacionales habría que matizar muchos aspectos. Respecto a la relación europea que usted señala le indico que nuestro programa recoge la inequívoca vocación europea de España. Bien es verdad que las divergencias y fisuras que en los últimos años ha mostrado la Comunidad no son sorprendentes. Yo creo que hay que acotar muy bien los espacios en que se puede estructurar esa integración. Los que pretedan ir más allá, en una especie de federalismo político tropezarán con un muro infranqueable. La unidad económica, como se viene demostrando, es más accesible, en cuanto a la unidad política sí me parece que ronda lo que usted hablaba de utopía; y más que utopía, un profundo error. Entre Estados con siglos de existencia es muy difícil conseguir una integración consolidada, por eso lo importante creo que es centrar los esfuerzos en conseguir instrumentos operativos de homologación de un derecho internacional peculiar de la Comunidad. Pero con todo, lo que más me interesa de Europa es su destino histórico, si la Comunidad se vincula para cerrarse en sí, en un sistema proteccionista, o, por el contrario, si está dispuesta a que esa cooperación se proyecte hacia el exterior en programas de solidaridad con otros pueblos menos desarrollados. Voy a expresarle una opinión mía, muy particular, tengo la sensación que el siglo que comenzaremos el próximo Enero va a estar marcado por la gradual conquista del norte por el sur. Posiblemente sin violencia, simplemente como consecuencia de una presión demográfica que desplazará gran cantidad de personas en busca de trabajo y mejores condiciones de vida, y a la que no podrán contener las medidas que contra ello quiera imponer el mundo desarrollado.

- Ante la recesión económica de los últimos años y el endeudamiento de la Seguridad Social y del mismo Estado, ¿cree que existen posibilidades de un resurgimiento de la economía a corto plazo?

- Aunque no ha sido nuestro estilo en toda la campaña la desautorización a otras opciones políticas, aquí no cabe más que hacer una referencia a la desbarajustada actuación económica de los Gobiernos que se han sucedido en los últimos diez años. Una buena política económica se basa fundamentalmente en una política industrial pujante, todo lo demás son apaños de parcheo que no solucionan los problemas en su raíz. Una buena gestión económica está en función de una buena ordenación industrial, el desarrollo cultural, la precisa capacidad profesional de la población, la distribución de la riqueza, etc. ¿Qué ha ocurrido en España? pues que se confió en las medidas monetarias para luchar contra la inflación, y no era ese el aspecto trascendental a tomar en cuenta. En el vademécum de la acción de gobierno que publicó Arteaga se lee que los problemas estructurales nunca se resuelven con medidas coyunturales, y estoy plenamente de acuerdo. Las medidas monetarias, las restricciones a los créditos, los tipos de interés, son medidas para paliar problemas circunstanciales, pero no para pensar que resuelven las distorsiones profundas de la economía. En España durante una serie de años ha estado viviendo una parte de la sociedad, la más beneficiada, de la avenida de capitales extranjeros. Esa situación era ficticia porque no iba acompañada ni del ahorro interior productivo, ni de un plan estratégico para ordenar la inversión. Si juntamos a ello el déficit estatal, tiene usted radiografiado el espectro de la crisis.

- Sí, pero yo lo que quería hacer hincapié es si desde su partido presentan soluciones concretas. Se comenta a menudo que el margen para actuar en política económica es pequeño, por la obligada línea a seguir marcada por el contexto internacional.

- Estoy de acuerdo en que la influencia internacional en economía es determinante, aunque, con todo, el margen que resta a cada comunidad es amplio, se trata del enfoque que se dé para la superación de la crisis. Le voy a poner un ejemplo que entenderán bien quien desde sus casas nos acompañan en esta conversación; en una economía familiar ajustada puede administrarse muy bien los recursos, de modo que se estiran al máximo en base a que se aplican los gastos muy bien estudiados, se evita cualquier derroche, se actúa con pulcritud, se piensa en el mañana; o por el contrario se puede seguir viviendo alegremente hasta que llega el momento de la precipitación en la ruina. Si nuestro país se hubiera dispuesto en mejores condiciones, ahora las consecuencias estarían siendo menos traumáticas. Es muy importante planificar a más amplio plazo, restando importancia a la inmediatez de unos resultados al programar de cara a la galería con vistas a los próximos comicios electorales. Es muy significativo que aquí apenas se invierte en investigación, no se adecua la preparación profesional, no se beneficia fiscalmente la inversión, así no hay modo de mejorar el rendimiento productivo. Es un problema de responsabilidad social, de haber perdido el norte. Me pregunta si tenemos soluciones y yo le diría que todo nuestro programa es la propuesta a una solución articulada que pretende enfrentarse a una realidad que está ahí. Lo que no podemos hacer es milagros, pero en la lucha contra la corrupción, en el desarrollo industrial, en la reforma agraria, en la educación, en las comunicaciones, en la estructuración de las empresas, en la objetivación de recursos, en el equilibrio fiscal, en todas esas o otras muchas más están las posibles soluciones; hay capacidad de reacción, eso se lo aseguro, lo único que se trata es de ir dando respuesta adecuada a cada uno de los problemas.

- En los últimos tiempos se presta desde algunos partidos especial atención al papel de la mujer en la sociedad y la política. En su programa no encontramos objetivos a cubrir en este tema. Muchas televidentes tendrán interés en este aspecto. En las candidatura de su partido vemos que, cono en todos, figuran ellas como candidatas al Congreso en menos proporción a los varones. ¿Supone que se mantiene una cierta discriminación por razones de sexo en la dedicación a la política en la sociedad española?

- En nuestro partido, desde luego, no hay ninguna discriminación. Como usted conoce todos los cargos dentro del partido, así como los representantes del partido en las instituciones, son elegidos democráticamente en listas abiertas, de modo que no cabe posible discriminación en cuanto es de suponer que los afiliados apoyan a aquellos que creen tienen mejores condiciones para ocupar el encargo que se somete a su consideración. Lo que puede ser discriminatorio en todo caso es asignar un porcentaje de cargos a ocupar por mujeres, ya que rompe la lógica de la igualdad de oportunidades. Claro que se entiende que en aquellas formaciones que mantienen los sistemas de candidaturas cerradas o consensuadas sea más lógico esa medida, en cuanto las garantías democráticas son menores. Pero ya le digo, en nuestro partido existen total igualdad entre ambos sexos desde el derecho de afiliación hasta el de la misma Secretaría Federal. En cuanto a la política de nuestro partido hacia la mujer, se refleja en ese mismo reconocimiento de la igualdad de derechos, por ello podría parecer a algunos que no están presentes en el programa; a mí lo que me resultaría discriminatorio sería lo contrario, el que hubieran de ser contemplados sus derechos de modo especial. Otro aspecto distinto es el del reconocimiento de la protección a la maternidad, bueno, más que a la maternidad a la función que como madres pueden ejercer en la crianza de los hijos. Para quien así desee libremente ejercer esa atención y custodia, proponemos el reconocimiento de la sociedad con la signación de un salario durante el periodo de la primera crianza del hijo. No es un trato de favor, sino la protección social de una labor que en caso contrario habría de recaer en terceras personas, y muy posiblemente sin la misma eficacia.

- Nos quedan ocho minutos, y no quisiera que termináramos esta conversación sin tocar un tema. Ustedes se han presentado durante toda la campaña con una especie de talante regenerador como si tuvieran la panacea para terminar con la corrupción ejercida desde el poder. ¿Cree sinceramente que lograr ese objetivo está en la alternativa de estructuras políticas que desde su partido preconizan?

- Desde luego no. La simple variación de las estructuras en sí no garantizan nada, bueno... algo sí, en la medida que buscamos que dentro del aparato del poder éste se encuentre más controlado, de modo que ayude a una mayor trasparencia. Como usted me pide que le sea sincero, no tengo por más que serlo y reconocer que las formas ayudan, pero no producen de por sí esa posibilidad. Tendríamos que adentrarnos un poco en la profundidad de la misma realidad social e indagar, porque es muy posible que el desarme moral se haya instalado en todos los estratos de nuestra sociedad. Esto es mucho más grave que si se tratara de una situación coyuntural de abuso de poder, y a ello parece apuntar todos los indicios. El problema no es simple, sino complejo... muy complejo. El objetivo está en conseguir que sea la misma sociedad quien adquiera una capacidad de autocrítica mayor, de recapacitar que a la larga la desarticulación de todo un comportamiento moral se vuelve contra la misma sociedad. ¿Dónde está la solución? pues yo me inclino en que hay que volver a buscar los radicales sentidos sociales que deben atribuirse al poder, a la propiedad, al trabajo, a la justicia, a la renta, a la persona, a la vida. Son valores que hoy están en crisis porque se ha perdido el referente de solidaridad. Retomando su pregunta, yo le respondería que en nuestro partido no objetivamos únicamente la lucha contra la corrupción en las esferas de la Administración, sino en todos los estamentos sociales, ya sean partidos, sindicatos, patronal, empresarios... y ahí hasta donde usted quiera. Lo que sí es importante señalar es que las instituciones del Estado deben ser las primeras en prestar ejemplo, pues en ellas se miran el resto de la sociedad. No sé si lograremos ese objetivo, pero lo que sí está en nuestro ánimo es que desde la cota de poder que nos asigne el electorado pondremos nuestro grano de arena en favorecer la justicia.

- Por último, porque el tiempo se nos hecha encima. ¿Qué papel va a desempeñar el partido Social Republicano en la legislatura? En caso de que nadie obtuviera una mayoría absoluta, ¿hacia quienes se inclinaría su apoyo?

- Lo tenemos clarísimo. Este asunto se debatió en nuestro último congreso y el resultado fue muy elocuente. Vamos a estar en el legislativo con una clara idea de apoyar las propuestas que se ajusten a nuestro programa, vengan de donde vengan, y rechazaremos todas las que sean contrarias. Si se refiere a la posibilidad de que entremos en una coalición de gobierno, le diría que hoy en día nos parece muy difícil que pudiéramos secundar esa postura, por la dificultad de entendimiento que podría presentarse con los partidos mayoritarios instalados en el sistema. Así que nuestra posición va a estar más en seguir trabajando desde el Parlamento hacia nuestros objetivos. Es muy importante que estemos ahí, no sólo porque nuestro partido está muy implantado ya con una relativa madurez en todo el territorio nacional, sino también para ir contrastando con otras fuerzas políticas la necesidad de esos cambios profundos en el sistema.

- Una matización. Si los resultados en las urnas les concedieran el arbitraje como partido bisagra, hacia donde se escorarían: ¿derecha o izquierda?

- Nuestro programa es de progreso, pero creo que está tan distante de unos como de otros. Esas valoraciones de derecha e izquierda han quedado desfasadas, decimonónicas. Nuestro programa creemos que es coherente, ambicioso y estamos seguros de que va a contar con un gran respaldo en las próximas elecciones. Luego no sabemos lo que pueda pasar, lo único que puedo asegurarle es que seremos consecuentes en llevarlo a la práctica y que nadie que nos haya depositado su confianza quedará defraudado.

- Pues a mí no me queda más que desearles mucha suerte.

- Aquí no cabe la suerte, esto no es una lotería; es el pueblo quien tiene la decisión de inclinar la balanza hacia unas u otras alternativas.

- Le agradezco de veras que nos haya dado la oportunidad de contar con su presencia en nuestros estudios.

- A ustedes.

CAPITULO TRIGESIMO

25 de Julio, día de reflexión. Agotada la campaña electoral María invitó a merendar en su casa a los amigos que tantas tardes la habían acompañado desde la desaparición de Bruno. En las semanas anteriores apenas se habían visto, ocupados cada uno en las mil tareas que la campaña exigía. Todos habían hecho de todo, dar mítines, pegar carteles, pedir dinero, tanto en Madrid como en los pueblos cercanos. Muchos, coincidiendo esas fechas con el verano, habían cogido sus periodos de vacaciones para poder disponer de más tiempo para ocuparse en esos menesteres. Las tres semanas se habían hecho cortas intentando cada uno multiplicar su actividad tanto como les fuera posible. Al cabo de ese tiempo se encontraban cansados pero contentos de la labor realizada, más en cuanto que las diversas consultas que la prensa iba publicando les presagiaban unos resultados prometedores. Aún los sondeos reflejaban una importante indecisión de voto y muchos encuestadores hablaban de una cierta tendencia hacia el apoyo a nuevas formaciones, sin especificar cuáles eran, ni su posible porcentaje.

A la reunión habían acudido Curro y Zinnia, José Angel, que debido a que el Expréss no salía los domingos tenía la tarde libre, con Sara, su mujer, Marcos, que era el número dos de la candidatura por Madrid, y Alicia, una amiga de María, las cuales trabajaron juntas durante la campaña buscando donaciones extraordinarias.

La conversación giraba en torno a cómo se había desarrollado la campaña y las perspectivas que se abrían para el partido de cara al futuro; mientras, daban cuenta de una tarta de zanahorias que había preparado María, sobre la cual había colocado velas de variados colores asignando distintos valores que representaban el número de escaños a conseguir; como no desveló a los demás las valoraciones dadas a cada color, entre ellos hacían cábalas sobre lo que la imaginación de María presagiaba.

María en los últimos meses se había rehecho bastante de la depresión consecuente de la desaparición de Bruno, habiéndose incorporado a labores de divulgación del PSR. Aunque, como ella decía, no acababa de comprender mucho la línea política que éste seguía, lo hacía porque le parecían unos idealistas honrados que luchaban contra la corrupción que terminó con la vida de su marido.

- Yo os digo que las encuestas no son absolutamente fiables -era José Angel el que hablaba-. La agencia Norte, que es la que ha trabajado para el periódico, da un margen de indecisos del 20%; y a estas alturas es demasiado. Lo que parece claro es que socialistas y conservadores retroceden. Los nacionalistas se mantienen en las comunidades tradicionales, aunque parte os ceden a vosotros algunos miles de votos. La izquierda desciende considerablemente, y las nuevas formaciones parecen que sois las más favorecidas. Estos os dan un 13% de los votos totales, que aplicados por demarcaciones pueden representar unos veinticinco escaños.

- Con los datos que contamos en el partido -añadió Marcos- procedentes de las informaciones que han llegado de cada federación, esos porcentajes coinciden con lo previsto hace una semana, pero estamos muy confiados en que la entrevista del miércoles de Diego en televisión haya aumentado nuestras posibilidades. Yo confío en que una parte importante de esos que aún se declaran indecisos se vuelquen hacia nuestra oferta. Creo que la mayoría son gentes que tienen seguro a quienes no van a votar, y entre las opciones que en última instancia están dando un tirón que les puede arrastrar está la nuestra.

- Estuvo bien Diego; -dijo Sara- a mí, que no le conocía de nada, me causó muy buena impresión. Me pareció un hombre muy racional, muy maduro; me convenció todo lo que dijo, eso que yo no entiendo nada de política, daba la imagen de un hombre sincero y convencido de lo que defendía. Vamos, que creo que resultó un éxito.

- Es un gran valor -respondió Zinnia-. Tiene muy buena cabeza, y se entiende muy bien con todo el mundo. Sabe escuchar; acordaos de eso que comentó sobre lo de que gobernar está más en escuchar que en mandar, o algo así, le va como anillo al dedo.

- No sé, no sé, -interrumpió José Angel-. Para andar en política hay que ser más astuto que honrado. Una vez oí decir a un alto cargo de la Administración que para ser un buen político hay que tener la sangre tan fría como para ser capaz de clavar un cuchillo a un niño pequeñín que te está mirando.

- ¡Qué barbaridad!

- No decía que hubiera que hacerlo, entendedme, en cuanto a posición moral, sino al sentido de frialdad para tomar decisiones. Siempre se ha dicho que por el poder uno es capaz de vender a su padre.

- Pues no tiene por que ser así -era Curro quien intervino-. A mí me parece que si se pierde la racionalidad, la humanidad... no sabría como decirlo, la sensatez, es cuando la política cae en un juego sucio de intereses, pero por su propia naturaleza no es de necesidad que sea así, ¡joder! Parece que contra más nos las damos de civilizados, más nos volvemos unos salvajes.

- A lo que íbamos -retomó el tema Zinnia-, que Diego lo hizo muy bien y eso nos va a ayudar mucho. Lo que decía Marcos, que podemos contar con que parte de esos indecisos nos apoyen.

- Estáis vosotros y están otros, -señaló José Angel- que hay varios partidos locales en algunas autonomías que también parecen contar.

- Pero yo creo que esos tienen el electorado más decidido. No quiero decir que todos los indecisos al final vayan a votarnos, sino que habrá bastantes que lo hagan.

- ¿Y a quiénes les robáis votos entonces? -preguntó María.

- Yo creo que a los socialistas un buen bocado, de los conservadores menos, porque esos tienen su clientela fija, aunque pueden perder las posiciones de centro que en las anteriores elecciones habían conseguido tomar, de ahí que puede ser que bajen hasta su cuota histórica. Del centro teórico vamos a tener bastante apoyo. Y después, un sector importante de lo que fue el electorado que mantuvo a la izquierda, no de viejos militantes, sino las clases humildes que ven nuestro programa mucho más hecho.

- Por lo que he notado en mi barrio -intervino Curro-, donde vivía con mis padres, sé que bastante gente está en favor del cambio que propugnamos. Hay tantas esperanzas frustradas allá, que el ambiente es muy favorable, por lo que hay que seguir trabajando mucho. La propaganda socialista ha sido muy fuerte y muchos van a lo menos malo, pero conocido, que lo que puede ser mejor, pero desconocido. Los "socis" nos tildan de burgueses aunque nuestro programa es cien veces más social que el que han desarrollado ellos en estos quince años.

- No os olvidéis de los jóvenes -dijo Marcos-, son casi cuatrocientos mil los que se incorporan desde las últimas generales. Ahí si que está una de las incógnitas, porque entre ellos se contaba una gran proporción de abstención. Pero fíjate que yo creo que bastantes se van a decidir a votar a última hora, y me da la impresión que sus gustos se dirigen hacia las nuevas formaciones, los ecologistas o nosotros.

- Pues cómo sigáis sumando resulta que sois los que vais a ganar -dijo Sara.

- Nosotros ya hemos ganado -respondió Zinnia-; nuestras posibilidades eran mínimas de partida, con escasos recursos para la campaña, todo lo que saquemos es ganancia.

- La gente ha respondido bien -intervino María-. Lo de pedir dinero fue una gran idea, porque así se ha podido hacer algo, y la mayoría lo ha entendido; al menos se notaba que aportaban con optimismo.

- Algunos, que otros decían que cómo iban a apoyar para que luego les recortaran los beneficios.

- De todo tenía que haber, Alicia. Reconoce que el resultado en general ha sido satisfactorio.

- No lo niego.

- A mí, ¿sabéis qué me da muy buena espina con respecto a los resultados?: pues que ha venido gente a afiliarse; y eso tengo entendido que ha sido general en todas las federaciones regionales. En algunas creo que ha sido muy importante -afirmó Marcos-. Además gente joven; vamos, con ganas de hacer cosas.

- Eso tiene el inconveniente que se monte gente en el carro que no tenga una idea clara de a donde vamos. Habrá que hacer un gran esfuerzo por formarla.

- Curro, eso hoy es más fácil que cuando empezamos, o hace cuatro o cinco años, entonces ni siquiera teníamos el partido hecho. El programa que logramos estructurar es bastante ambicioso, y creo que recoge muy bien lo que queremos.

- Pero se os puede juntar gente más atraída por lo revolucionario de la idea que otra cosa, quienes aporten un fermento de actividad violenta -añadió José Angel.

- Eso hoy en día no, -respondió Zinnia- quizá hace veinte años... ahora la gente es bastante pacífica y nuestra actitud no es nada belicosa. Pienso que la gente se apunta por eso de que hay que participar; están saliendo del letargo en que se les había sumido a base de repetir que ya estaba todo hecho. En cuanto hemos llegado diciendo que las cosas se pueden realizar mucho mejor, y que hay otras manera, no me extraña que reaccionen. Es que se ha aguantado mucho.

- Porque ha habido momentos de expansión, en los que la situación no era tan grave como en los últimos años. Parecía que el sistema funcionaba -intervino Alicia.

- Lo importante -retomó la palabra José Angel- es que la nueva evolución del sistema se haga racionalmente, con cordura, paso a paso; porque va a haber una fuerte oposición de los que están instalados que, o no estarán dispuestos a aceptarla, o la capitalizarán hacia sus intereses, tomando de vuestras propuestas lo que les parezca, la forma exterior, si es que observan que cuenta con la simpatía de la población, pero lo profundo, lo que realmente es la transformación social puede ser que se quede sin hacer.

- Para eso estamos nosotros ahí -repuso Zinnia-. Para realizar la acción política de que esa transformación social se lleve a efecto. Por eso es tan importante que contemos con un grupo parlamentario potente, qué se oiga nuestra voz. Yo estoy muy ilusionada. Que esto no es más que el comienzo, de acuerdo, y que pase lo que pase mañana vamos a seguir trabajando en esa dirección, por supuesto. José, a nosotros no nos interesa el protagonismo personal, es mucho más eficaz la labor desde la base, lo que hemos estado haciendo todos estos años. Por eso, como decía el otro día Diego, no tenemos ningún interés en que la semana que viene se nos cuente en el Gobierno, nos importa mucho más ir consiguiendo metas, seguir con la denuncia de la corrupción, dar al parlamento la vitalidad que no tenía; en resumen, ser fermento de ese revulsivo social. Que otros comparten nuestras ideas, o que las perfeccionan, ¿por qué no? fenomenal; pero por lo que no pasaremos es por secundar alternativas en la forma para que todo luego quede igual. Mañana la gente dirá si va entendiendo.

- Pero si no estáis en el Gobierno, ¿quiénes van a gobernar? Del resultado de las encuestas que antes comentábamos se ve que para nadie queda fácil, porque para mí lo que es seguro es que los socialistas esta vez no llegan a la mayoría absoluta, incluso es posible que se queden bastante abajo. Para formar una coalición estable tendrían que contar con los de izquierdas, que para mí van a perder escaños, y con alguien más. ¿Con los nacionalistas catalanes y vascos? ¿con los andalucistas? pero ahora que el federalismo lo lideráis vosotros parece absurdo, después de que el aparato del poder se ha opuesto durante toda la campaña. O hay un vuelco muy fuerte dentro del PSOE hacia posiciones de descentralizar radicalmente el país, o nada. Y federalismo con monarquía no pega, vamos, se pegan. El hecho de que entre los partidos nacionalistas, más vosotros, más la izquierda, haya 80 ó 90 escaños partidarios de esa transformación del sistema es cosa seria.

- E incluso a última hora pueden ser más.

- Cómo te descuides es un tercio de la cámara. ¿A qué lleva esto? -dirigía el razonamiento José Angel- pues a que o socialistas y populares hacen frente común, o van a tener que empezar a tomarse en serio el tema de las alternativas. Y yo personalmente, a socialistas y conservadores no les veo en coalición. Sería un desastre.

- Es que -propuso Curro- sería lo último, cómo una especie de equipo de salvación nacional, pero ¿para salvar qué?... ¿el orden constitucional? cuando desde la oposición se ha venido diciendo durante años que no funciona, parece un poco ridículo proponerse a ultranza una defensa así.

- De los conservadores no esperéis otra cosa. A mí -era Marcos quien intervino- me parece que tiempo han tenido para haber presentado alternativas constructivas en vez de cabrearse tanto porque todo el poder lo concentraban los otros. Ahora, seguro que a defender el sistema hasta las últimas. En cuanto a los socialistas, a mí me parece que no les queda más remedio que intentar subirse al carro de los nuevos vientos. Por otro lado esos lo arreglan en seguida con un congreso, retoman los históricos puntos programáticos de su praxis; ya los tienes republicanos de toda la vida, y aquí no ha pasado nada.

- ¿Y qué hacen con su programa? -preguntó ingenua Sara.

- Donde dije digo, digo Diego. Su capacidad para el discurso no tiene límites.

- No seáis tan frívolos -dijo Alicia- que en el PSOE hay muchos sensatos, y gente realmente valiosa, con auténtica vocación social. Para mí muchos de ellos están muy cerca de nuestros planteamientos, y creo que el éxito que podamos obtener les va a servir de revulsivo para trabajar dentro de su partido en esa dirección, y les van a tener que empezar a escuchar.

- ¡Of! Pero se van a tener que enfrentar a muchos intereses creados. Y si quieren ser consecuentes, tirar de la manta; y eso el partido no lo permite. Ahí está el problema.

- La fiel imagen de la misma España.

- Eso es lo que nunca pasará en nuestro partido -determinó Marcos- porque ello es consecuencia de la dimensión democrática que se adopta en la estructura interna. También coopera esa distinción entre quienes representan al partido en las instituciones y los que tienen cargos de responsabilidad en el partido. Me estoy dando cuenta que realmente lo tenemos muy bien planteado.

- A lo que íbamos -le interrumpió José Angel-. Que no va a ser fácil consolidar Gobierno sin que de un modo u otro se os empiece a tener en cuenta.

- Pero no adelantemos acontecimientos sin esperar los resultados de mañana -propuso María.

- Eso -corroboró Zinnia-, habría que decir a cada español: ahora la respuesta la tienes tú.

FIN