Vulnerables

JORGE BOTELLA



 

PIEZA DRAMÁTICA EN CUATRO ACTOS
 
 


PRIMER ACTO

ESCENA  1


Estancia interior de una casa rural de aldea. Cocina comedor con atuendos y decoración muy rústica, de mediados del siglo XX.
Una mujer de mediana edad , Lyudmyla, y su joven hija, Olha; dos bebés duermen en una rústica cuna. Ropaje centroeuropeo. La hija está sentada pelando patatas. La madre entra en la cocina, y después de observar a los niños se dirige a su hija.
El tono de la conversación es serio, distante. Las actitudes algo bruscas.
 

Lyudmyla

¿Has dado de comer a los niños?
Olha
Román ha comido algo más. Iryna ha debido quedarse con hambre, porque se me ha agotado la leche. De cualquier manera, ahí les tiene usted dormidos sin protestar.
Lyudmyla
En la próxima toma les cambias el turno.
Olha
Es lo que vengo haciendo. Tampoco al primero le dejo que se sacie. Que vayan aprendiendo a compartir.
Lyudmyla
Como hermanos que son.
Olha no responde, y sigue atenta a lo que está haciendo. Lyudmyla se acerca a la cuna y coge a Iryna en los brazos.

Lyudmyla

Que feliz duerme. La cojo y ni se espabila. No se parece a ti, nunca querías dormir sino en brazos. Tu hermano era menos caprichoso; ese dormía como Román, comía y dormía sin dar nada de guerra.
Olha
Deje tranquila a la niña en la cuna. No se vaya a despertar y a pedir más pecho.
Lyudmyla
¡Si yo te pudiera de algún modo ayudar! O si pudiéramos recurrir a buscar un ama de cría, pero ahora, con la guerra, no hay comida para los madres, y éstas no están sobradas para alimentar a hijos ajenos.
Olha
No nos quejemos. Milagrosamente nos queda una vaca y las gallinas. Las hortalizas que cuidamos y los frutos del bosque nos aseguran la supervivencia, si Dios nos protege para consumirlos, como parece se apiadó de nosotros cuando tuvimos la línea del frente a la puerta de casa.
Lyudmyla

Lyudmyla se lleva las manos a la cabeza.

Ni me lo recuerdes. Tu padre y tu hermano desaparecidos, sin que hayamos vuelto a saber de ellos. Luego pasó lo que pasó, y llegaron los mellizos, para obligarnos a vivir por ellos.
 Olha
Mejor estaríamos sin ellos.
Lyudmyla
Los niños no tienen culpa de nada.
 Olha
¿Y la tengo yo?
Lyudmyla
Heridas de guerra. Desgarros de violencia para humillar a la mujer. Sin nuestros hombres, somos presas de botín.
Olha
No juraría que ellos no se desquiten con las contrarias si el éxito les conduce más allá de la frontera.
Lyudmyla
De tu padre cabe esperar todo. A tu hermano no le veo agrediendo a una chica que podrías ser tú..., salvo que la otra le trastorne.
Olha
No apueste usted por nadie, la guerra desquicia al más santo. Nunca perderé la memoria de las caras de aquellos dos hombres que pararon ante el pajar demandándome un vaso de leche fresca. Jóvenes prematuramente envejecidos, mal vestidos, apestando, sin brillo en la mirada, desesperanzados. Meses llevarían sin arrimarse a sus familias. Víctimas y protagonistas de la pesadilla de matar o morir, cuando de pronto la figura de una joven mujer invade su vista, su  mente, todo su cuerpo, como si se hiciera real uno de los habituales sueños de catre que mueren al despertar.
Lyudmyla
No pretenderá justificarles.
Olha
Esa mujer se apiada y les da de beber tanta leche fresca como quieren, haciéndoles recordar sabores y olores olvidados. Te piden más, les das más. Bebe uno del cántaro mientras el otro te observa encendiéndole la pasión las entrañas.
Lyudmyla
No es necesario que repitas lo que ya me has contado.
Olha
La mujer se sabe perdida, porque ha oído hablar del hambre que la carne pasa en la guerra. Pero no se entrega: Una caricia... una bofetada..., una caricia más íntima, a la que ya la distancia no le deja responder. El perro, expectante en un primer momento, se aproxima a su defensa y se gana un tiro en la cabeza. Uno era moreno, el otro rubio, muy rubio. El moreno parecía insaciable, atacó él mientras el compañero me sujetaba por detrás los brazos; cuando el primero se separó, le relevó el compañero. No se dieron por satisfechos, el moreno volvió a penetrarme por segunda vez, ahora con más brío, hasta saciarse, como si pudiera ser su última oportunidad en la vida. En silencio se retiraron hacia sus caballos y partieron, no sin antes dejarme una mirada acompañada con mueca del vencedor.
Olha hace silencio. Lyudmyla que estaba de pié se sienta y echa la cabeza entre las manos, llora.

Olha

Contra lo que esperaba, no volvieron para disfrutar de la presa. ¿Temerosos de venganza? No. Llevarían lejos su destacamento. Dejaron la semilla del diablo.
Lyudmyla
No hables así, ofendes a Dios.
Olha
No se puede dar por ofendido un Dios que ni evitó la guerra, ni contuvo a los soldados, ni protegió el seno de mi entraña. Preñada por partida doble ¡para toda la vida!
Olha rompe a llorar y es Lyudmyla quien se aproxima a consolarla. Durante un minuto la abraza y se miran. Luego Olha exclama.
 
¡Me han robado la juventud! ¡Me han robado la ilusión! ¡Me han robado la vida!
Lyudmyla
La guerra roba a los hijos los padres, a las madres los hijos, a las mujeres su hombre, a los jóvenes la salud, a los enfermos la cura, a los niños la inocencia, a los ancianos la paz. ¡Malditos sean los que promueven guerras pensando que acrecentarán su poder con los territorios ocupados, sin saber que esas tierras quemarán eternamente las plantas de sus pies mientras la pisen!
Olha
Perdemos la paz. Todos perdemos la paz. Tanto quienes mueren como los que sobreviven. Qué paz les podrá deparar a estos niños conocer que son fruto de la violencia del hombre sobre la mujer.
Lyudmyla
Ellos no son culpables. Sólo sabrán lo que tu les hables.
Olha
Cien voces corearán mi deshonra, aduciendo reclamar para mí justicia.
Lyudmyla
¿Justicia para nosotras? Imposible. La única reparación que nos queda serán los parches al dolor capaces de inventarnos. Tu bálsamo será el amor que puedas encender en tus hijos, serán ellos tu consuelo y razón para olvidar.
Olha
No quiero olvido. El rostro de estos niños me recordará perpetuamente la desesperación de aquellos dos hombres por apurar sentirse vivos cuando balas con su nombre les acechaban día tras día. Nunca conoceré si murieron o se salvaron, sobrevivirán en la memoria universal de una violencia que quizá ellos detestaban tanto como yo. Si no les hubieran sacado de sus casas para convertirlos en alimañas de trincheras, posiblemente la vida no habría retorcido sus conciencias.
Lyudmyla
¡Si al menos el escarmiento de esta guerra regenerara la humanidad!
Olha sigue pelando patatas mientras y Lyudmyla, que ha permanecido sentada en una silla y apoyada en la mesa, se levanta y se acerca al fogón.

Olha

Las guerras se sucederán mientras la sociedad aparte a la izquierda a las mujeres. Los hombres aún no han aprendido a amar, sólo saben poseer.
Lyudmyla
Es nuestro sino.
Olha
Son nuestros jóvenes quienes más están muriendo, pero quien muere quizá ni siquiera sea quien se lleve la peor parte. Te puedes imaginar la vida que les aguarda a los severamente mutilados, a los ciegos, a los desfigurados... Recordarán la causa de su incapacidad mientras les quede un soplo de vida. Si algún año concluye esta locura, para ellos habrá cese de hostilidades, porque nunca recobrarán la paz.
Lyudmyla
No, Olha, por mucha que sea la sangre derramada, llegará la paz y el olvido para todos. Mira como tu padre con el tiempo dejó de hablar de la Gran Guerra. Pues allá estuvo cuando tenía la edad de tu hermano. El tiempo cura más aprisa las heridas del alma que las del cuerpo.
Olha
Pues no le pido más al destino que estos niños no sufran otra guerra. Por ello daré por buenos todos los sufrimientos pasados.
Olha da por terminada la monda de patatas en la que ha transcurrido toda la acción anterior. Minutos de silencio mientras recoge y pone las patatas en remojo. Se aproxima a contemplar los bebés en la cuna. Mientras lo hace Lyudmyla la dice:

Lyudmyla

He mandado aviso al monasterio para que un monje se acerque a cristianar a las criaturas.
Olha
¿Qué dice que ha hecho?
Lyudmyla
Pedirles a los monjes que bauticen a los críos.
Olha
Primero tenía usted que haberme consultado si esa es mi voluntad.
Lyudmyla
¿Es que puedes tener otra distinta?
Olha
Si antes no lo he hecho, no crea que es por olvido, ni por vergüenza.
Lyudmyla
Que no tengan padre es mayor razón para que no les falte Padre Dios.
Olha
Que elijan cuando tengan uso de razón el Dios en el que quieran creer.
Lyudmyla
En nuestra tierra no cabe más que el Dios de nuestros padres. O ¿es que reniegas de nuestra tradición?
Olha
No reniego de nada, pero tampoco creo con tanta fe como para imponerla como ley a los demás. Ya que tan accidentalmente me han llegado estos críos, que crezcan en la moral de respetarse unos a otros. Esta guerra entre naciones cristianas cambiará muchas mentalidades; se hace difícil concebir que unos y otros bendigan con la misma cruz a los que envían a luchar y a matarse entre sí. Ese juego no puede consentirlo Dios.
Lyudmyla
Por eso mismo no puedes abandonar de la mano de Dios a tus hijos.
Olha
¿Abandonados? ¿Quién les da de comer? ¿Quién vela su sueño?
Lyudmyla
Tu les puedes cuidar y proteger, pero careces del poder de Dios para hacerlo sobre todo mal. ¿Qué te cuesta ponerles es sus manos? ningún mal les puede reportar.
Olha
Es mi responsabilidad. Déjeme hacer.
Lyudmyla
Son mis nietos. Me niego a que el diablo les pueda dominar.
Olha
Con tanto trabajo como tiene de enconar los odios en la guerra, no creo que se distraiga en pinchar con el tenedor a unos bebés.
Lyudmyla
¡Nietos! Tener nietos es padecer doblemente los pesares de la maternidad.
Olha
No se preocupe usted. Si molestamos, aunque no tengamos donde ir, hacemos las maletas. Alguien nos acogerá.
Lyudmyla
No te das cuenta que ya no puedo sufrir más. Ten algo de compasión conmigo. Busco tu bien y el de los hijos. Mira que diezmada ha quedado nuestra familia. Es momento de unir y no de romper.
Olha
Sí, madre. Pero cada una con su responsabilidad.


SEGUNDO ACTO

ESCENA  1


Se desarrolla en el mismo local en que estaban Lyudmyla y Olha. Comienza esta escena estando sola Lyudmyla sentada repasando ropa y al cuidado de los bebés. Llaman a la puerta y accede una persona vestida con hábito negro y sobre la cabeza el tocado propio de un clérigo de la iglesia oriental. Es una persona joven, de unos veinticinco años, y su nombre es Ihor. Comienza la escena con Lyudmyla tarareando una cancioncilla de cuna a los niños, cuando suenan los toques en la puerta.

Lyudmyla

Se puede pasar, no está el cerrojo echado.
Ihor
¿Da usted su permiso?
Entra en la casa.
Pregunto por Lyudmyla.
Lyudmyla
Adelante, adelante. Soy yo. Le espero desde hace días.
Lyudmyla se levanta, toma la mano del clérigo y la besa con devoción. Continúa:
Siéntese. No puedo ofrecerle sino una taza de té.
Ihor

Se sienta al otro lado de la mesa, quedando enfrentados para dialogar.

No se moleste en preparar té. No acostumbramos a tomar nada entre horas. Ya sabe lo ocupado que estamos en el monasterio. Es tiempo de muchos requerimientos y de atender a muchas necesidades.
 Lyudmyla
Me hago cargo. Mala época para todos. Esta guerra va a acabar con nosotros. Unos muriendo en el frente y los demás de pena.
Ihor
Tiempos de purificación para expiar por los pecados.
Lyudmyla
Y para no parar de pecar. Ya le contaré.
Ihor
Los imperios de Europa se forjaron con la espada, y ahora los está desmembrando la artillería. Al final del conflicto, gane quien gane, todos seremos un poco más súbditos de las potencias extranjeras que menos se hayan empobrecido por la destrucción. Lo peor es que esa dependencia repercutirá sobre la libertad de nuestras instituciones durante decenios.
Lyudmyla
Ustedes ¿son muchos en el monasterio?
Ihor
Bastantes de los legos, incluso mayores, se han unido voluntariamente al ejército. Los postulantes que estaban en edad militar han sido requeridos oficialmente para luchar contra el invasor. Quedamos los clérigos, los muchachos que educamos en la escuela y quienes no están en edad de combatir. Los consagrados por el orden divino no podemos hacer la guerra.
Lyudmyla
Entiendo.
Ihor
Oramos sin descanso por la paz y por el descanso eterno de los fallecidos, también del enemigo, que son, igual que nosotros, hijos de Dios.
Lyudmyla
Les mandé recado por el cartero, pues tengo un gran apuro espiritual. La desgracia nos ha visitado en la familia. Mi marido y mi hijo marcharon al frente y no hemos vuelto a saber de ellos. Así que quedamos mi hija y yo solas, y cuando la línea de fuego nos sobrepasó, permaneciendo a merced del enemigo, mi hija sufrió una terrible violación por un par esos soldados. A consecuencia de aquello resultó preñada y nacieron dos niños, un varón y una hembra. Gracias a Dios, mi hija no hizo ninguna tontería y dio a luz. Aquí los tiene.
Se levanta y acerca a la cuna. Ihor hace lo mismo, y se allega al otro lado de la misma. Siguen conversando en esa posición.
Mi gran apuro, es que mi hija no los quiere cristianar. Aduce que ya sabrán ellos qué hacer de mayores. Ya sabe... esas cosas nuevas que algunos propagan desde hace años. Pero yo creo que ella sólo lo dice como excusa. Para mí, que mi hija, en función de como fueron concebidos, considera a los niños como algo impuro, detestable, diabólico. Sólo nos queda que me los bautice a escondidas de ella. No le digo ahora mismo, sino cuando considere usted conveniente y yo lo pueda de alguna manera organizar.
Ihor
Eso no está permitido. Tendrá que convencer a su hija, o al padre de la criatura, lo que, por lo que me cuenta, quizá sea imposible. A los niños sólo se les puede bautizar de pequeños en la fe de los padres, con la presunción de que estos les van a educar tan cristianamente que se da por seguro que reciban la formación propia del catecumenado necesaria para practicar la religión. Es necesaria esa garantía para la lícita administración del bautismo a los pequeños.
Lyudmyla
No ha habido otro hombre en la vida de mi hija que pudiera ser padre de los niños. Es seguro que Olha los concibió al ser violada por aquellos soldados enemigos, las fechas no dejan lugar a dudas.
Ihor
Me hago cargo. En ese caso es la madre quien decide.
Lyudmyla
Si a esos niños lo más probable es que los acabe educando yo. Las abuelas podemos hacer valer que somos dos veces madres para asumir esa responsabilidad.
Ihor
Tienen que ser los legítimos padres. La doctrina sólo admite la administración condicionada por el inminente peligro de muerte, que no exime de posteriormente cursar el catecumenado.
Lyudmyla
En estos tiempo de guerra todos estamos expuestos a morir.
Ihor
No es suficiente. La entiendo perfectamente, pero quien ejerce la patria potestad es quien puede solicitar la administración del sacramento, y la ejerce su hija. Piense usted que me está pidiendo actuar contra la voluntad de la madre. ¡Olvídelo! hasta de haberlo considerado.
Lyudmyla
¿Usted cree que una cristiana de toda la vida va a dejar a sus nietos sin la protección del bautismo?
Ihor
Contradiciendo a la madre estaría usted cometiendo un grave pecado.
Lyudmyla
¿Acaso no está mandado hacer el bien y evitar el mal?
Ihor
Pero es que usted está obrando mal al suplantar la voluntad de la madre.
Lyudmyla
No me importa sufrir el castigo merecido si consigo el bien para los nietos.
Ihor
No es cuestión de heroicidades, sino de cumplir del mejor modo los preceptos.
Lyudmyla
Me decepciona que sea usted presbítero y no proteja a las criaturas por cumplir esos reglamentos.
Ihor
Le aclaro: No soy presbítero, sino diácono. Los diáconos somos legítimos ministros del sacramento del bautismo, pero nunca contra la voluntad de los padres. A Dios no se le engaña con trampas.
 

ESCENA  2

Olha entra por la puerta y se para en el umbral sorprendida de ver al monje en su casa. Ihor se levanta, Lyudmyla queda sentada. Saluda Olha.

Olha

Salud.
Lyudmyla
Ha venido este monje del monasterio para que tratáramos el tema que te comenté de cristianar a las criaturas.
Olha
Bienvenido, reverendo. No sé lo que mi madre le habrá dicho, pero hay poco que tratar, pues de momento no entra en mis planes bautizar tan pequeños a los niños. Si algún día lo hacen, que sea de propia voluntad. En cualquier caso, mi nombre el Olha.
Ihor
El mío, Ihor. Lo que usted dice es como se hacía en la primera cristiandad. Le he explicaba a su madre que adelantarles el bautismo a tan temprana edad se permite fundamentado en la fe de los padres y en el compromiso a instruirles desde pequeños en las verdades de la religión.
Olha
En probable que mi fe no sea en estos momentos sustento suficiente para asumir esa responsabilidad con mi hija y mi hijo.


Lyudmyla

Si tienes un problema de fe, aclárete, pero lo que no puedes hacer es que la consecuencia recaiga sobre ellos.
Ihor
Señora, cada uno tenemos la fe que tenemos, no la que quisiéramos tener.
Olha
La seguridad de la fe se esfuma con la infancia. Más en estas circunstancias tan inestables de guerra, donde parece que si Dios existiera pecaría por haberse olvidado de nosotras. Si al menos hubiera un padre con quien contrastar las opiniones sobre los hijos. Pero así, sola, no me queda más remedio que seguir al corazón.
Ihor
No culpe a Dios de las consecuencias de las ambiciones humanas. Precisamente porque ignoramos a Dios, y no que Dios se olvide de nosotros, es por lo que hay guerra, muerte y destrucción. El mismo odio que condujo a la cruz a nuestro Señor Jesucristo. Si nos amáramos como Él nos mandó no padeceríamos estas contrariedades.
Lyudmyla
No es cuestión de fe, sino de voluntad. Toda la vida hemos bautizado a nuestros hijos de pequeños para que Dios les tenga por amigos. Que vivan con esa protección, y, si acaso la enfermedad se ceba con una de esas pobres criaturas, que no muera como un animal.
Ihor
Lyudmyla, Dios se preocupa por todos. No es el bautismo el que confiere el alma, sino que se administra a quien Dios a revestido de ella. Por eso, todos, bautizados o no, somos amados de Dios. Muy especialmente los niños inocentes. Si nos conmueve cada una de esas criaturas, cuanto más Dios y sus ángeles se preocuparán por ella. El bautismo no es un rito mágico, sino signo de ese amor de Dios, de una realidad incluso anterior a cada nacimiento. Es para los padres y padrinos una llamada de responsabilidad a cooperar con la acción divina. Pero nadie es relegado por Dios porque no se le allegue a la pila bautismal. Sería injusto.
Olha
¡Ve madre como ni estoy loca ni me brota odio de las entrañas! Simplemente no acepto ritos de normalidad para lo que no procede del amor.
Ihor
Todo lo que nace procede del amor de Dios, especialmente las personas.
Olha
Sé lo que me digo.
Lyudmyla
Tengo labor que hacer. Os dejo que discutáis lo que haya que discutir. Se ve que mi opinión no va a contar. Allá vosotros. Yo he hecho lo que me tocaba, que es enfrentaros con el problema.
Lyudmyla sale del cuarto y quedan Olha y Ihor.
 

ESCENA  3

Ihor

No se angustie Olha. Nuestro Padre Dios vela por sus hijos, y les da el amor que pueda creer que no les debe.
Olha
Entiendo que ellos no tienen culpa alguna, que necesitan unos cuidados que estoy obligada a dárselos. Pero no son hijos deseados y anhelados. Cuando, además, me sorprendí trayendo a dos, me cayó el mundo encima. No estoy preparada para ello. Son la memoria perenne de una brutal agresión. Es como si se me hubiera negado el derecho a elegir lo más elemental de mi destino.
Ihor
Ese destino del que habla le brinda ocasión de ser generosa, incluso heroica.
Olha
No tengo talla de mártir.
Ihor
Pero sí madera de madre.
Olha
Me siento más ama de cría que madre. No me brotan los afectos.
Ihor
Llegarán, llegarán.
Olha
Ihor ¿por que no se lleva a los niños al monasterio?
Ihor
¡No sabríamos que hacer con ellos!
Olha
Eso mismo me ocurre a mí. Puedo darles el pecho, lavarles y acunarles. Cosas que cualquier otra persona podría hacer sin que supusiera para ella una evocación tan tormentosa como lo es para mí.
Ihor
En el monasterio hemos acogido a algunos huérfanos, desasistidos y sin familia. Les damos manutención y enseñanza. Pero no son bebés. Cuenta usted con la ayuda de su madre.
Olha
Tengo dieciocho años recién cumplidos. ¡Compréndame! No puedo concebir toda una vida determinada contra mi voluntad.
Ihor
No creo que nadie de nuestra patria salga indemne de esta guerra. E igual los de la parte enemiga. Piense en los miles y miles de muertos, desplazados, huérfanos, viudas, mutilados..., todos empobrecidos sin que la inmensa mayoría haya hecho nada para merecerlo.
Olha
Al final ustedes todo lo resuelven aduciendo un castigo de Dios. Según mi madre, merecido por abandonar la tradición. Pero yo soy joven y no me resigno a carecer de futuro. Ustedes, los clérigos, ya lo tienen configurado; no sé ni me importa si les apasiona esa elección. A mí me queda todo por descubrir, por disfrutar, aunque pueda parecerle un sinsentido soñarlo en tiempo de guerra, y no voy a enterrar mis ilusiones ni por esos niños, ni por mi madre, ni por nadie.
 
 

TERCER ACTO

ESCENA  1
Se desarrolla en el mismo escenario anterior, pero en el local no está la cuna de los niños. Olha está recogiendo y doblando ropa que va almacenando sobre la mesa, como preparando un equipaje de viaje. Durante un minuto la escena se centra en los preparativos de Olha, transcurrido el cual abre la puerta y entra Lyudmyla, viene con una cesta grande al codo, como si viniera de una visita. Se sorprende al no ver la cuna de los niños. Se dirige a Olha alterada. Durante toda la conversación Olha mantiene un tono distante.

Lyudmyla

¿Donde están los niños?
Olha
Los he vendido.
Lyudmyla
¿Cómo que los has vendido?
Olha
Los he vendido. ¿No los parí yo? Pues les he procurado un futuro mejor.
Lyudmyla
¿Estás loca?
Olha
No estoy loca. ¿No quería usted que los cristianara? Ahora tienen quien lo haga. Están en manos de buena gente.
Lyudmyla
Un hijo no se puede vender. Es una responsabilidad y un afecto personal. Román e Iryna no son cosas que se puedan llevar al mercado.
Olha
No los he llevado al mercado. Han venido sus nuevos padres a recogerlos. Ihor, el diácono del monasterio, se ha encargado de buscar una madre para los niños mejor que por la que han venido al mundo.
Lyudmyla
¡Pero no mejor que el cariño con que su abuela los iba a educar! ¿Por qué lo has tramado todo a escondidas de mí? ¡Quizá aún estamos a tiempo de deshacerlo!
Olha
No estamos en un juego. Lo hecho es lo mejor para ellos.
Lyudmyla
Lo mejor para ti.
Olha
Sí, también lo mejor para mí. No se lo puedo negar. Me asiste el derecho a no tener que pechar con las consecuencias de las pasiones ajenas. Comprendo que le preocupen más los niños que yo. No se lo puedo reprochar, como tampoco me voy a condenar porque mis sentimientos sean distintos. El último año ha colmado mi capacidad de sufrir. He dicho: Basta.
Lyudmyla
¡Por el amor de Dios!
Lyudmyla se deja caer al suelo y esconde el rostro con las manos entre fuertes sollozos.
¡Por el amor de Dios! Cómo has podido hacerme esto. A una madre no se le traiciona de esta manera. ¿Acaso no te he cuidado y protegido todo este tiempo como mejor he sabido hacerlo? ¿No te das cuenta de lo que has hecho? Te pesará toda la vida.
Olha
Tenía que tomar una resolución ya, antes que me apresara la responsabilidad por el tiempo transcurrido. Lo pasado quedará como un accidente que me amenazó, pero al que me sobrepuse para no empeñar la posibilidad de ser feliz. Román y Iryna son parte de una pesadilla de la que afortunadamente he despertado.
Lyudmyla
Eso crees porque eres demasiado joven para saber cuánto aprieta la conciencia. Precisamente, porque te has quitado una razón por la que luchar, el bien debido a esas criaturas te remorderá la conciencia cada rato de sosiego.
Olha
No tenga miedo, madre. Me sobra con vencer los obstáculos para sobrevivir en este tiempo de guerra al que parece estamos condenadas.
Lyudmyla
Esta guerra acabará, y cada cual tendrá que pechar con la responsabilidad de lo que ha hecho. Cuando se serene el hervor de la sangre, perdurará la memoria del bien y el mal obrado al amparo de la permisividad de la situación. Volveremos algún día a ser de nuevo sólo mujeres y hombres centrados en sus obligaciones y trabajos, aunque nos acompañen las cicatrices de lo sufrido.
Olha
Por ello preciso desconectar antes que la vorágine del horror me atrape. ¿Nunca se ha parado a considerar cuántos de nuestros hombres desaparecidos lo serán porque han huido del frente? Sabiendo que eso no admite marcha atrás, asumen recomenzar una mueva identidad de vida. Los que lo han hecho así, refugiados en cualquier lejano lugar, se saben libres del conflicto de matar o morir. Eso es lo que realmente enloquece la conciencia. Para otros la pesadilla será ¿por qué no huí?
Lyudmyla
Desertar de las obligaciones es indigno de hombres y mujeres de bien.
Olha
Tan indigno como secundar las ambiciones bélicas de los dirigentes.
Lyudmyla
¿Qué sabrás tú de los intereses del Estado?
Olha
Por eso me preocupo de lo mío, porque nadie va a mover un solo dedo para ayudarme. Nos enseñaron que íbamos a ser ciudadanos, pero seguimos siendo vasallos para defender los intereses del señor. Por eso voy a procurarme una nueva vida donde la halle mejor.
Lyudmyla
No sueñes, hija mía, ¿dónde vas a ir si lo único que poseemos son estas cuatro paredes?
 Olha
Me han dado algo de dinero por los niños.
Lyudmyla
¿Por renunciar a tus hijos?
Olha
Sí, el precio del olvido. Con ese poco dinero podré rehacer mi vida en la ciudad. Me he enterado que es posible encontrar un puesto de trabajo en alguna de las fábricas cuyos trabajadores han ido a las trincheras. En una gran ciudad, lejos de aquí; sin ataduras, sin la crítica ajena, sin murmuraciones, sin reproches... entierro sin nostalgia mi pasado para lograr un futuro mejor.
Lyudmyla
Entonces ¿te vas y me dejas aquí sola?
Olha
Es usted fuerte y sobrevivirá tanto sola que conmigo.
Lyudmyla
He sido fuerte hasta ahora, con la ayuda de tu padre y tu hermano. He sido fuerte para ayudarte a parir y sobreponerte a la desdicha. Pero, cuando te hayas ido, dudo que me reste una razón por la que vivir.
Olha
La conozco como usted misma se conoce. Por mostrar su reciedumbre se sobrepondrá a lo que venga.
Lyudmyla
¡Qué equivocada estás, Olha!
Olha
Todo lo equivocada que me corresponde por mi edad.
Lyudmyla
Por ser tan joven me deberías escuchar.
Olha
Sólo yo conozca mi pesar.
Lyudmyla
¿Por qué te empeñas en pensar que siendo tu madre no te puedo entender? Precisas más cariño que nunca. Nos necesitamos con urgencia la una a la otra. ¿No ves lo solas que los acontecimientos nos han dejado?
Olha
Es esta soledad la que detesto. Tras el fin de la guerra regresarán a la aldea los mozos; para todos ellos estaré marcada. Por eso tengo que desaparecer cuanto antes. La soledad se diluirá cuando vaya conociendo gente en la ciudad que no sepan de mi pasado sino lo que les quiera contar. Allá seré una joven de aldea de las muchas desplazadas por las consecuencia de la guerra. Una más que perdió sus padres y su hogar. No lo dude, madre, no hay más futuro que el que pueda construir allá. En estos dos últimos años he aprendido algo de lo que debe saber una mujer para defenderse. He pagado un alto precio por la lección, pero la llevo bien aprendida.
Lyudmyla
Tus temores no son de razón. Aquí todos te querrán. Lo pasado, pasado está. Si crees que por criar dos hijos sin padre vas a ser repudiada de los demás estás equivocada. ¿Acaso alguien de la vecindad te ha molestado? ¡Dime quién y le saco los ojos!
Olha
Ningún joven quiere una mujer usada, sino para jugar. Sabida madre, tanto con hijos como sin ellos, eres una viuda. ¡Viuda, aunque no hayas gozado del amor! No, no, ni siquiera voy darles la oportunidad de sentir compasión. Me tengo por mujer digna y en plena juventud. No necesito su consuelo. Siento hacerla perder mi compañía... y la de los niños que usted tanto quería. Tómelo como daños de guerra, no como desamor.
 
 

CUARTO ACTO

ESCENA  1
Se mantiene el escenario de los actos anteriores. Lyudmyla está sola planchando con una plancha de carbón. Llaman a la pueRta, y Lyudmyla se acerca a abrir, tras correr el cerrojo y abrir la hoja aparece Ihor tras la puerta con su vestimenta clerical.

Ihor

Salud.
Lyudmyla le toma la mano y la besa.

Lyudmyla

Gracias por venir. Me encuentro en un apuro y se me a ocurrido acudir a usted. Ya sé lo muy ocupado que está en el monasterio, pero es un tema muy personal en el que solo puedo confiar en usted.
Ihor
Es propio de los diáconos ayudar en las necesidades a los feligreses, por lo que no tiene que agradecer nada. Cumplo con lo que creo que agrado a Dios. Con mi bicicleta acercarme a la aldea no es más que un agradable paseo... Vamos a lo importante: ¿Cómo se encuentra usted?
Lyudmyla
Hundida. Totalmente hundida. Ese no saber de mi hija no lo supero. Día tras día esperando noticias de si habrá llegado sana y salva a la ciudad. Esperaba que me escribiera nada más llegar, pero vea usted, han pasado once días, y nada.
Ihor
En estos tiempos de guerra once días para el correo no son tiempo. A veces nos llegan correos al monasterios transcurridos veinte o treinta días desde la fecha de encabezamiento del escribiente. Y eso que estamos algo mejor comunicados que la aldea, pues a diario se pasa por la oficina postal uno de los legos a recoger la correspondencia.
Lyudmyla
Estos días se me hacen una eternidad. Cada día aquí, sola, se me hace interminable. No hago más que pensar en ella, como cuando se fueron mi marido y el hijo no paraba de pensar en el peligro que corrían. Y los niños... dígame ¿por qué no me comunicó nada de los planes que urdía mi hija?
Ihor
Los clérigos tenemos en muchos asuntos que guardar la discreción exigida. Estaba decidida a abandonarlos. No pude persuadirla de lo contrario, quizá porque ni siquiera yo estaba convencido que lo que ella proponía no era lo mejor para las criaturas. Quería que nos los quedáramos en el monasterio, lo que se hacía imposible, pues los bebés necesitaban una madre. Comprendí que lo que buscaba era seguridad para los hijos. Al final mi labor se limitó a ponerla en contacto con familias de buenas costumbres comprometidas a no separar a los hermanos.
Lyudmyla
¿Pero no habrían estado mejor mis nietos con su abuela? Es que me consideran inútil.
Ihor
Lo tenía bien decidido su hija. Creo que lo que buscaba era alejar toda posibilidad de que pudiera haber marcha atrás en su propósito, si más adelante le pesara la ausencia de los críos. Si hubieran permanecido en su casa sería un permanente reclamo a rectificar.
Lyudmyla
Para ustedes parece que los mayores sobramos. ¿Es que mis sentimientos no cuentan? Pensé que el nacimiento de los chicos era el único consuelo que nos podía dejar la guerra. Olha no me habló de la violación hasta que se dio cuenta del embarazo. No sé si calló por evitarme el disgusto o por preservar su honra. ¿Como si yo pudiera albergar siquiera un pensamiento de duda sobre ella?
Ihor
Pensé que la había puesto a usted al corriente de todo desde el principio.
Lyudmyla
Sólo cuando, ante los signos, la pregunté si podía estar en estado. Entonces rompió a llorar y me puso al corriente de lo acontecido.
Ihor
Es muy joven y posiblemente no pensara que aquello iría a más.
Lyudmyla
Es como si Dios se hubiera olvidado de nosotros. Una desgracia tras otra por culpa de esta guerra maldita. Por eso me preocupo tanto por Olha, sólo cabe que pueda ocurrirle una desgracia para colmar el vaso de mi desdicha. Mi vida nada me importa ya... pero la de ella... su felicidad. No puede comprender usted lo que sufrimos las madres.
Ihor
Todos sufrimos.
Lyudmyla
Pero admítame que algunas tenemos más razón que otros para quejarnos. Por eso precisaría que me ayudara usted a alcanzar algo de consuelo.
Ihor
En lo que esté de mi parte, cuente con ello.
Lyudmyla
Pensaba que para redimir en algo la insensatez de ella, podría usted facilitarme el contacto con las personas que se han hecho cargo de las criaturas, para poder discretamente trabajar en su casa y estar cerca de esos niños. Sin que nadie sepa que soy su abuela. Una viuda necesitada de trabajo para comer. Puedo hacer en la casa lo que se precise. Sólo deseo estar próxima y ver que Román e Iryna crecen sanos y felices. No me importa lo que puedan pagarme, me basta que me den sustento para sobrevivir allá, cerca de los niños y que ocultamente les pueda dar todo el cariño de abuela.
Ihor
Lo que propone no es posible, pues ni yo mismo sé quienes se han quedado con la custodia de los bebés. Simplemente le facilité a Olha una lista de posibles familias interesadas en adoptar a los críos.
Lyudmyla
Pero no me responda que no puede conseguir esa información. Si hay quien puede hacer casi todo en esta región son los monjes del monasterio.
Ihor
También estamos constreñidos por el sigilo en las cosas del alma.
Lyudmyla
Indíqueme la lista de las posibles personas, y yo averiguaré el paradero de los niños, aunque me tenga que recorres aldea por aldea, pueblo por pueblo, y calle por calle cada ciudad. Consígame algún indicio: ¿Qué pueblo? ¿Qué ciudad? yo haré lo demás.
Ihor
No está permitido facilitar los pormenores conocidos respecto a una adopción. Comprenda el derecho que ampara a los nuevos padres. Posiblemente ni su hija podría sin culpa facilitarle esa información. Le repito que mi actuación ha sido mínima, pero ni siquiera puedo mencionar la menor pista. Sería como desvelar un secreto sacramental.
Lyudmyla
No le pido más que un indicio hacia dónde dirigirme. Lo demás déjelo de mi cuenta.
Ihor
Es inútil que insista.
Lyudmyla
¡Pero tengo derechos de sangre! ¿Es qué tan poco le obliga la piedad?
Ihor
Cuando entramos en el monasterio aprendemos que allá la obligación prevalece al corazón. No crea que no vivimos muchas situaciones de conflicto. Cuántas quisiéramos resolver personalmente, y de ellas tenemos que pedir perdón en penitencia pública por pensar como lo hacíamos antes de profesar.
Lyudmyla
¡Los encontraré! Hallaré a Román y a Iryna con la fuerza de Dios y pese a la cerrazón de los hombres.
Ihor
Nadie puede impedírselo. Incluso puede que sea más fácil de lo que piensa. Confíe en Dios, no en los hombres.
Lyudmyla
¡Ya veo que con quienes menos se puede contar es con los hombres de Dios!
Ihor
No se lo tome así. Cuando las autoridades hacen esas prevenciones, tendrán motivo para ello. Lo mejor que puede hacer por sus nietos, y por su hija, y por el otro hijo y por su marido, es rezar.
Lyudmyla
¡Dudo que mis oraciones puedan rectificar lo que otros hagan a los míos!
Ihor
La oración lo puede todo porque compromete el poder de Dios.
Lyudmyla
A ustedes en el monasterio sí que parece que les atiende. Ha pasado el frente de guerra una y otra vez, y ustedes incólumes. Nadie se atreve con las propiedades de los monjes.
Ihor
Once siglos creo que tiene de vida el monasterio, y es verdad que ha sobrevivido a enfrentamiento de las monarquías, a las invasiones de infieles, a las revoluciones sociales, a las guerras imperiales. Posiblemente todas las autoridades en lucha consideraron conveniente estar en paz con Dios.
Lyudmyla
Las guerras antiguamente parecían más nobles. Ahora con la aviación y la artillería diezman las ciudades, aunque en ellas no estemos más que mujeres, niños y viejos.
Ihor
Recuerde también como en la antigüedad se ponía cerco a las poblaciones hasta rendirse o morir de hambre y sed; cuando se saqueaba las ciudades, se pasaba a cuchillo a los supervivientes o se les deportaba como esclavos. La humanidad siempre se ha mostrado cruel. Lo paradójico es que entonces se culpaba al poder tiránico de organizar las contiendas para incrementar sus dominios, y ahora, cuando se considera que el pueblo es quien gobierna, siga siendo igual. Por eso quizá se respetan los lugares sagrados, para que tras el desastre, se venza o se pierda, haya el menos quien predique los valores que deberían haber evitado la guerra.
Lyudmyla
Y que lo diga usted. Es la impiedad la que conduce a la guerra y el pueblo quien la sufre, porque al pueblo nadie le pregunta si la quiere, eso nunca se ha hecho y, aunque se nos engañe con que el pueblo gobierna, nunca se hará.
Ihor
Los intereses de los poderosos priman sobre el respeto debido a la población. Históricamente también el clero tuvo culpa en ello, pero la mentalidad en los monasterios está evolucionado en los últimos tiempos. Sentimos la responsabilidad de haber hablado mucho de virtudes eclesiales o nacionales y poco de valores personales y humanos. Sin justicia real y sin solidaridad efectiva no hay perspectiva de paz perdurable. Ello se construye desde abajo, por la puesta en valor de la responsabilidad individual que demanda la ciudadanía; si las personas asumen el esfuerzo y la gratificación personal de la honradez, es cuando se transforman en condición de exigencia para las autoridades que los representan. Se puede aplicar lo mismo al entorno social, político o eclesial: En la medida que cada uno de nosotros traiciona los valores, traiciona al pueblo en sí mismo.
Lyudmyla
Empiece usted a practicar, y dígame donde puedo hallar a mis nietos.
Ihor
No intente transferirme una responsabilidad que me supera. Es su hija quien ha decidido lo que atañe a su vida, y usted tiene que admitirlo. Revolverse contra el destino no facilita las cosas.
Lyudmyla
Pero ayuda a tener una razón por la que vivir, más valiosa que todos sus sermones.
Ihor
Me he de ir. Volveré a visitarla.
Lyudmyla
Si no es para darme buenas noticias, ahórrese el paseo.
Ihor
En cualquier caso siempre me tendrá a su disposición.
Ihor se dirige a la puerta, y sale.
 
ESCENA  2
Se mantiene el escenario de los actos anteriores. Lyudmyla se levanta y pasea por la habitación considerando en voz alta las circunstancias avenidas a su anterior monótona vida.

Lyudmyla

¡Cuánto la vida puede cambiar en tan escaso tiempo! Impensable ni siquiera imaginar la posibilidad de lo acontecido el día previo del anuncio del comienzo de la guerra. Esfumarse la apacible vida familiar labrada año tras año: Mi hombre abriendo pozos en toda la comarca, mis hijos y yo llevando nuestra minúscula pero provechosa hacienda, todos convergiendo en el nido familiar. Una vida con sombras, porque existía un sol para marcar los contrastes. Contábamos con todo lo que una aldea puede ofrecer: Transcurrir los días sin sobresaltos ni desgracias; anhelar un buen enlace para los hijos; todo propicio para garantizar el tránsito monótono a la vejez. Pero sin saber por qué engulló nuestro sosiego los efectos de esta cruenta guerra, causa de todas las desdichadas consecuencias. Ahora, dispersos, sin ni siquiera saber de los otros el seguir o no con vida, los pesares o quién es víctima de la enfermedad o cualquier maldad. ¿Qué hicimos para merecer tanto mal? Ha debido visitar nuestra tierra un espíritu exterminador segando el remanso de las relaciones de paz, porque no se explica tanto mal en tan escaso tiempo. No hallo consuelo capaz de secar las lágrimas que lamentan lo irreconocible de mi situación, cuando hasta la lengua tengo ulcerada de maldecir a los caciques tendenciosos que propiciaron esta degeneración.
Lyudmyla se deja caer en el suelo con la cara entre las manos, y mientras gime sin consuelo cae el telón.
 
 

F I N